28 noviembre, 2014

Será maravilloso viajar hasta Mallorca...

Compramos los billetes el 11 de agosto, 3 meses antes de que saliera nuestro vuelo. Nos íbamos a Mallorca, a ver a Mónica y a Guillem, en un viaje que yo ya había aplazado demasiado tiempo. Adri no conocía la isla y yo había estado hace más de 20 años. Aprovechando el puente largo que nos ofrecía la fiesta de la Almudena en Madrid, parecía buen momento para volver.

El viernes 7 de noviembre llegó y empezamos el día bailando. Adri no lo entiende, pero los días son mejores si se empiezan así...

 

Ojo, que la canción lo tiene todo, ¡hasta una causeway! Como nosotros no tenemos miedo al avión, esa tarde nos fuimos a Barajas después de que yo esquivara una marrón de mi jefe que pretendía que me quedara a trabajar el puente, JA. Los monos borrachos no ponen únicamente mojones, aparentemente.

Si algo hemos aprendido en el Camino de Santiago es a hacer equipajes mínimos. Íbamos con una bolsa para los dos que no tuvimos ni que subir a los maleteros del avión. El viaje fue  bueno porque los de Ryanair han decidido dejar de ser unos pesados vendedores de biblias.

Moni y Guillem, esperándonos :D
Aterrizamos en el aeropuerto Mallorca y lo primero que nos llamó la atención fue lo vacío que estaba. Lo normal, un aeropuerto con demanda totalmente estacional que en invierno tenía todas las cintas paradas y los mostradores vacíos... pero aún así impresiona. Allí nos estaban esperando ya Moni y Guillem, con Morris, para llevarnos a nuestra primera cita del finde: la cena del Smial de Tol-Eressëa, la delegación local de la Sociedad Tolkien Española en Mallorca. Si de esta Adri no me ha dejado...

Allí nos encontramos con viejos conocidos como los anfitriones, Ricard y Laura, y con nuevos descubrimientos del smial insular. Fue una cena hobbit muy agradable, en la que nos reímos mucho; especialmente con la cabra navideña de Gavle, Suecia, que es vandalizada año tras año sin que el ayuntamiento pueda hacer mucho para solucionarlo. La montan el 1 de diciembre y hasta habilitan una webcam para poder ver en directo cuándo y qué le hacen al muñeco de 13 metros.

Cuando yo empecé a dormirme en el sofá pareció una buena  idea irnos... no era muy tarde, no serían más allá de las 12.30, pero estaba reventada después del día y aún nos quedaba unos kilómetros en coche para llegar a Sòller, donde viven Moni y Guillem. Túnel de peaje porque la alternativa es subir a unos 700 metros y volver a bajar... a nivel de mar. Nos estuvieron contando la política tarifaria del túnel, mucho más barato para residentes. Como descubriríamos en esos días, muchas cosas están pensadas para el turismo intensivo.

Moni nos tenía ya preparada el sofá cama en el salón, que nos presentó con el comentario: “hay un lado de la cama que está más duro”. Adri se ofreció a dormir en ese lado, aunque tengo que decir que con lo cansados que estábamos nos hubiéramos dormido en el suelo. Y dormimos muy bien. Cómo no: un montón de superhéroes vigilaban nuestro sueño, desde la pared, la tele y desde prácticamente cualquier sitio.

El día amaneció radiante y teníamos un súper plan: ir a desayunar al puerto. Aquí cabe una pequeña explicación: Sòller es un pequeño pueblo (unos 15.000 habitantes) situado en la costa noroeste de Mallorca, pero no en primera línea de playa. El Puerto de Sòller constituye una pedanía del núcleo principal, con entidad propia, y está situado a unos 5 kilómetros. Estos dos núcleos de población están unidos por un tranvía de principios del siglo XX, concretamente de 1913 y conservan trenes y coches antiguos dando servicio. Evidentemente, era parada obligada o Adri se iba a enfadar mucho… Moni nos había prometido día ferroviario y este era el primer punto: Guillem nos llevaba al Puerto en coche y hacíamos el trayecto en tranvía a la Estación de Sóller y de ahí a Palma, también en tren. Lamentablemente, nos encontramos con el cambio de horario invernal y con frecuencias cada hora, así que tuvimos que reajustar los planes: comernos un helado en la playa (¡oh, qué sacrificio!) y volver a irnos a Sóller a coger el tren.

Adri y el Tren de Sòller
Este tren que une Sóller con Palma también es un histórico: de 1912, recorre 27,3km hasta llegar a la capital, subiendo por las montañas. Precios de turistas, claro: 12.5€ el trayecto pero merecieron totalmente la pena. El tren es muy bonito, la ruta es preciosa, y en los túneles casi se puede tocar la piedra con la mano de lo justo de gálibo que van. Nosotros tuvimos suerte: como no había mucha gente, nos dimos un paseo y llegamos al coche de primera clase. Allí estaba el revisor, que ya nos había saludado y picado antes, en un habitáculo casi de cuento. En lugar de las clásicas filas de asientos, en este coche había sofás pegados a las paredes, como para hacer una tertulia. El revisor, que si es más majo nos hace café, nos estuvo contando que cuando los reyes van a Palma, hay veces que cogen el ferrocarril y se les reserva ese coche. Nos contó que una vez que fueron, su jefe les dijo que iban a subir, y él le respondió que más les valía que llevasen billete porque él se lo iba a pedir, como a cualquier viajero. Como su jefe vio que iba en serio, tuvieron que sacar los billetes a toda prisa, para que luego él se los pudiera picar. Un crack de señor, en serio, nos estuvo contando historias del tren y de la isla hasta que llegamos a Palma y nos hizo el viaje mucho más entretenido y absolutamente inesperado.

¡Íbamos en el 3! Si os fijáis, apenas queda gálibo libre... 
Si es que no se puede tener más clase viajando en tren.
En el coche de primera clase.
Cambio de agujas: el tren se vuelve a Sòller.

Yo hacía 20 años que no iba a Palma: desde el viaje de fin de curso de 8º de EGB. Había llovido y, evidentemente, no me acordaba de nada. Estuvimos dando un paseo por la ciudad,mientras esperábamos a Guillem que venía más tarde, con Moni contándonos historias. Pasamos por la Plaza Mayor hacia la Catedral, pero, ojo: la primera visita fue transportil, al Intercambiador principal de la isla, un nodo muy bien montado donde se une el Metro, el tren y los autobuses urbanos e interurbanos. Además, había estaciones de bici pública, pero no las pudimos coger porque no somos de allí…

Es tan mono el midi :_)
Se nos unió Guillem en la Plaza de las Cortes, junto al Olivo Centenario, para seguir con el paseo e irnos a comer. Moni nos tenía otra sorpresa preparada: fuimos a comer a un sitio llamado Trens, un restaurante temático con maquetas de trenes por todos lados. Y con un detalle muy guay: los entrantes y los postres te los traían en vagones (¡aquí sí se dice vagón!) por unas vías situadas junto a las mesas. Un detalle que no nos pudo gustar más, de verdad. Además, descubrimos una comida típica que yo desconocía: el frit mallorquí. Tengo que ver si lo hago yo, porque estaba riquísimo.
En el olivo centenario.
¡Trenes!
Las maquetas  molaban todo.

Mi cara de felicidad era porque el tren nos traía el frit, aunque yo aún no lo sabía.
Por la tarde habíamos vuelto a quedar con gente del smial para comer la mejor ensaimada que he comida en mi vida. En serio, todavía se me hace la boca agua al recordarla. El sitio se llama Ca’n Joan de S’aigo y es un horno tradicional con muchos años de historia. Me comí sólo una ensaimada porque veníamos de comer y porque ya era demasiado, pero entraban solas. Paseíto por Palma y foto con el ficus más grande de Mallorca. Me acordé tanto de Diana

Qué pinta, ay :)~
El ficus era grande, grande.
Esa noche ya nos lo tomamos con calma: fuimos a buscar a Aina y a un  bar de juegos, donde cenamos mientras echábamos un Trivial. Lo que tiene el trivial, descubrimos que existe una fruta que se llama tucán... o eso pareció pensar Adri como respuesta a la pregunta: "¿Qué nombre de fruta que también es un animal?". Grandes momentos del trivial, mientras devorábamos hamburguesas. Y a dormir, que los días tan intensos le dejan a una agotada.

Desayunando en Sòller. De las pocas fotos que tenemos los tres, hay que ver.
Al día siguiente nos subimos en el tranvía, ¡por fin! Desayuno en la Plaza de Sóller y luego, al tranvía. Pasa por mitad de la plaza, haciendo mucho ruido (está sin elastómeros) y con ese aire especial que tienen los tranvías antiguos. Nos subimos en el primer coche, para poder ver al conductor y disfrutamos mucho de los 5 kilómetros en los que el tren va pasando por sitios estrechísimos, prácticamente por los patios de la gente. De hecho, hay algunas paradas que más te vale que te subas al tranvía o te aplasta. En el Puerto de Sòller dimos un paseíto, viendo la zona y el hotel donde trabajaba Moni este verano, y esperamos a Guillem para la siguiente parte del viaje: subir a la montaña, por unas carreteras estupendas.
Las vías, por mitad de Sóller. El coche que se ve es la oficina de información turística.
¡Vamos en tranvía!
¡Hasta luego, Sòller! Mención especial a la knitting action de la farola, que hizo que me acordase de Ingrid.
Es tan bonito por dentro...
...como por fuera, ya en el Puerto.
Cuando se piensa en Mallorca se hace raro pensar en algo más que alemanes, playa y cerveza, pero el interior de la isla es montañoso, con el Puig Major  elevándose hasta los 1.445m de altitud. En una isla con una superficie de unos 3.500m2 así que esos picos consiguen que haya unas pendientes impresionantes, y un paisaje entre montañoso y costero muy espectacular. Subimos por la Ma-10 , que no da la vuelta a ninguna ciudad, parándonos en varios miradores y en los túneles para admirar el paisaje. A la altura del Torrent des Racó, pudimos ver hasta un coche despeñado hace años… y que seguía ahí.

Las vistas eran espectaculares. 
PK0 de la carretera  de montaña insular más chula de Baleares, seguro.
Eso de ahí es Sòller, la cala protegida donde se encuentra el Puerto.
Cómo mola hacerme fotos con la sudadera regalo de Diana y Carlos y obras de ingeniería, de verdad.
"Parece que estamos altos, ¿eh?"
¡Con Guillem! Que nos hizo de chófer en todo el viaje y apenas sale en fotos.
Nuestro destino era Lluc y su Monasterio, pero antes nos desviamos para ir un rato por una carretera aún más de montaña, la Ma-2141, y ver un lazo de carretera bastante espectacular llamado el “nudo de corbata”. En Google Maps se puede ver perfectamente y hacerse a la idea de lo que supone. En Lluc paramos a comer y ¡repetimos frit! Porque está rico, aunque esta vez era de marisco en vez de hígado. Tengo que decir que me gustó más el primero.
No me digáis que no es preciosa.
El nudo de corbata, con nuestra  aparición estelar.
Por la tarde nos esperaban las fiestas de Pollença, y más gente del smial. El pueblo me gustó mucho, la verdad, y pasamos la tarde muy entretenidos mientras Aina nos contaba como los cristianos, en el siglo XVI, echaron a los moros que intentaron invadir la isla ¡en pijama! Y es que uno nunca puede elegir en qué momento le van a invadir… peor hubiera sido en bañador, digo yo. En la feria vimos una exhibición de bailes regionales que a mí me recordaron mucho a las jotas manchegas, tanto por la música como por la danza en sí. Moni me confirmó que realmente este tipo de baile era muy similar en toda España, aunque cada uno tiene sus peculiaridades.
Vosotros no lo sabéis, pero estábamos mirando cosas de la XIX Mereth Aderthad.
Escalinata en Pollença.
En la feria había cetrería y berenjenas de Almagro, ¡de todo, señores, de todo!
El tiempo, que hasta ese momento había aguantado bastante bien, dijo que hasta ahí habíamos llegado y empezó a llover. Por suerte, ya era de noche. Yo estuve a punto de quedarme en Pollença porque Guillem decía que en su coche no entraba nadie que llamase a la sobrasada “chorizo de untar”. Mallorquines, reconocedlo, es chorizo de untar. No pasa nada, se untan cosas todos los días: nutella, mantequilla, quesos, ¡y hasta chorizo! Y cada región con sus peculiaridades, a ver si vais a bailar distinto las jotas y no vais a poder comer el chorizo como os dé la gana, faltaría más. Resuelto el pequeño incidente cultural, nos fuimos a cenar tranquilamente y a casa.

Disclaimer: la idea de llamar chorizo de untar a la sobrasada es invento de yami. Pero es taaaaan acertada, taaaaaan cierta, que la adopté hace ya mucho tiempo.

El viaje se acababa pero no queríamos irnos sin darnos un paseo por Sòller y sus calles peatonales. El revisor del tren del sábado nos había contado que en las escrituras de su casa aparecía la fuente de la plaza y por eso era la única que tenía agua, así que fuimos a verla y a dar un paseo en un lunes muy muy tranquilo.

La fuente de la plaza de Sòller, propiedad del revisor ;)
La Iglesia es tan majestuosa que parece una catedral.
Calles peatonales, un placer para pasear.
El tranvía, pasando pegado a las terrazas.
Y pasando junto a la Iglesia, en todo un ejemplo de integración urbana.
El vuelo salía a mediodía y ya sólo nos dio tiempo a comer de camino al aeropuerto y despedirnos de Moni y Guillem, no sin antes agradecerles una y mil veces habernos recibido y habernos hecho de guía. Queda pendiente otra visita, que nos queda mucha isla por ver, así que ¡volveremos! ¡Que no hemos probado el chorizo de untar!
¡Adiós, Mallorca! ¡Hasta la próxima!
Nota: Las fotos son indistintamente de Adri y de Moni. Hay alguna mía, pero irrelevante. ¡Gracias por dejarme publicarlas!

15 septiembre, 2014

Camino de Santiago, a modo de conclusión

Una vez terminado el viaje y reposado unos días, no quería dejar pasar el escribir un artículo de conclusiones y poner la ruta completa:

 


Si pincháis en las "ies", aparece la información de cada tramo según la grabó el GPS (¡me encanta!). Veréis que a veces no es muy fiable ;)

Consideraciones prácticas 

Adri y yo hemos preparado el viaje leyendo muchas páginas web, pero fundamentalmente dos:

bicigrino.com

En esta encontramos tanto consejos generales sobre la ruta en bici, como una lista de cosas que llevar. Nosotros la adaptamos a nuestras necesidades; en este link podéis ver lo que llevamos. Evidentemente, llegamos al 100% pero las cosas de último momento (móviles, cargadores y demás) no las marcamos.

Nos ha sobrado:

  • Funda de almohada – en todos los albergues, excepto en el primero, nos han dado una junto con la sábana bajera; en Ambasmestas lo solucionamos metiendo la almohada debajo de la sábana. 
  • Chanclas de ducha – en todos los sitios los baños estaban muy limpios. 
  • Pinzas de la ropa – en todos los albergues había sitios para tender con pinzas. 
  • Libreta y boli – lo que he ido escribiendo ha sido con el móvil. 
  • Bañador – al final no lo hemos usado, ni durante el camino ni en Rías Bajas, aunque bien que nos podríamos haber puesto en las Islas Cíes directamente. 
 Nos ha faltado:
  • Gorro de lluvia – nos hubiera venido estupendamente bien en las Islas Cíes. 
Hay otras cosas que no hemos usado, como los pantalones de lluvia o la llave de radios, por poner dos ejemplos, pero si volviera a hacerlo, volvería a echarlos. Todo lo que no hemos usado son elementos que considero fundamentales.

Además, en esta web encontramos el servicio para mandar las bicis de vuelta a Madrid sin que nos compensara comprarnos una nueva aquí. A pesar de que en Santiago todas las empresas de mensajería ofrecían el servicio de devolución de bicis, en las respectivas webs no encontramos esa opción (¡ni yendo a preguntar a oficinas en Madrid!).

Tienen también un servicio de alquiler de bicicletas y material para el camino; vimos muchas de sus bicis y eran mucho más profesionales que las nuestras. Puede ser una buena opción si no se tiene bici propia o si no compensa el andar moviéndola por toda la península ibérica. Yo acabo de ver que alquilan tándems y, Adri, ya sabes lo que viene a continuación ;)

caminodesantiago.consumer.es 

Aunque los perfiles no tenían nada que ver con la realidad, son muy macro, ha sido fundamentalmente para encontrar albergues. Información actualizada de alojamiento, con comentarios totalmente fiables acerca de la calidad de los sitios. Todos los albergues han salido de aquí y no nos arrepentimos de ninguno, en eso hemos tenido mucha suerte. Además, nos ha servido para planificar las etapas del viaje haciéndonos una idea (APROXIMADA) de los kilómetros y perfiles que tendríamos que recorrer cada día, así como de los pueblos por los que tendríamos que pasar.

Llevábamos los planos impresos, a escala 1:50.000, del IGN. Muy útiles por una sencilla razón: en google maps no aparece marcado el Camino de Santiago como tal, aunque aparezca la red de caminos. En varios puntos, tener los planos marcados ha sido fundamentalmente para poder orientarnos.

A partir de Sarria ha sido fundamental reservar albergue; el Camino se masifica y nos hemos encontrado con gente viniendo a preguntar a nuestros albergues y que estuvieran llenos. También es verdad que hemos elegido albergues pequeños, con habitaciones pequeñas… nunca hemos dormido más de 6 personas en el mismo habitáculo.


Algunos datos del viaje completo:
  • Hemos recorrido 220km en bici y unos 700km en el coche (unos 50 litros de gasolina). 
  • La velocidad comercial en bici ha estado en torno a 6-7km/h. Nuestras previsiones iban más a los 9-10km/h, así que nos hemos ido mucho en esto. 
  • Hemos gastado unos 60€ por persona y día, todo incluido y prorrateando los últimos días, mucho más caros. 
  • Si sólo hubiéramos hecho el Camino de Santiago y nos hubiéramos vuelto a Madrid el viernes, el gasto hubiera sido de 40€ por persona y día, distribuido en tercios entre alojamiento, comida y transporte. Ergo, se puede reducir, especialmente en el apartado comida si se opta por comer y cenar siempre de bocadillos. 
  • Hemos dormido en 8 sitios distintos: 5 albergues y 3 hoteles. 
  • Hemos estado en muchos pueblos y ciudades distintos. Probablemente el más pequeño haya sido Airexe, que tiene 28 habitantes según el Padrón 2012 (yo diría que como mucho 27 ya, el cura estaba dando misa por la muerte de un señor). El mayor Santiago de Compostela, claro. 

A título personal


Era la primera vez que hacía un viaje de cicloturismo. La experiencia ha sido MUY buena, la verdad. Sí que es cierto que como primer viaje de cicloturismo se hace duro, por mucho que algunos opinéis que exageraba con las cuestas (cuando lo hagáis vosotros, me lo contáis). Yo diría de empezar con algo más suave, como seguir el curso de un río; por qué los peregrinos, yendo hacia la costa, no lo hacían es algo que se me escapa totalmente, en serio.

Me he sentido muy cómoda con la bici y tenemos ganas de volver a hacer alguna ruta; de hecho, nos vamos a hacer un trozo de la ruta del Quijote porque, ESTA SÍ, es llana y porque Adri no conoce apenas Ciudad Real. Ya tenemos el plan montado, incluyendo transporte y alojamiento (gratis). En el futuro está el Canal de Castilla y, quizá, el Camino de Santiago Portugués el año que viene, desde Oporto. De hecho, yo he vuelto con mono de bici y el miércoles aprovechamos que teníamos que lavarlas para irnos a dar una vuelta por Madrid Río: 12km que no me supieron a nada ;)

Si hay una vía de tren, hay una foto.
Esta está hecha saliendo de Sarria.
Ha sido el primer viaje largo que hemos hecho Adri y yo; aunque la previsión era buena, la verdad es que ha salido todo muy bien. Ningún problema más allá de algún matiz ingenieril (“¿quieres leer bien ese plano?”) y alguna discusión acerca de puentes, túneles y vías a media ladera. Ya estamos deseando que llegue diciembre e irnos a Londres 3 semanas. Como nota adicional, tengo que decir que es curiosa nuestra tendencia a no hacer fotos ;)

El Camino de Santiago Francés discurre por un entorno precioso y bastante bien cuidado. Es más bonita la parte de Galicia que la de Castilla y León, ya que discurre por mitad de la fraga. Una vegetación densa bordea la mayor parte del camino, cruzada por ríos de puentes de madera o de piedra. Hay muchos pueblos pequeños que todavía conservan algo de aire rural; otros se han convertido en una feria de suvenires, en general los que son parada recomendada en las guías, y están muy masificados. En general, no se come barato en ningún sitio ya y todo está orientado hacia el turismo masivo, con cartas en varios idiomas (y ninguno el gallego).

¡Ay, el Camino!
La gente es idiota, en general. En un entorno natural tan bonito como el Camino de Santiago no dudan en tirar basura por los márgenes, o en mitad del bosque (en serio, si haces pis o no te limpies o llévate el pañuelo de papel); o incluso en llevar altavoces conectados al móvil y poner música. También es maleducada y, como no les gustan las bicis, no hacen mucho por dejar paso. Esto, sobre todo, a partir de Sarria: los últimos 100km del Camino se perdía a tramos la tranquilidad del resto, y era donde se veían más grupos y menos gente en parejas o en solitario.

La gente también es maja. Nosotros no hemos hecho amistades porque nuestro ritmo era completamente distinto al de los demás: ni íbamos al ritmo de los caminantes, ni al ritmo de las bicis. Así que no la volvíamos a ver a la gente con la que cenábamos en los albergues. En algunas cuestas me han ayudado a subir la bici. Y, en general, se dan muchos ánimos con una frase que se repite constantemente, sea cual sea tu nacionalidad: “Buen Camino”.

Santiago de Compostela parece que vive por y para los peregrinos del Camino. Imagino que es sólo mi impresión y que fuera del centro histórico no se nota tanto, pero es agobiante ver la cantidad de albergues, restaurantes y sitios en general que llevan la coletilla de “para peregrinos”. Por suerte, en Santiago comimos en un par de tascas típicas que nos recomendó una amiga: carta en gallego y ni rastro de guiris.

Las Rías Bajas siguen siendo un lugar bonito pero yo las recordaba más tranquilas; ahora, la presión urbanística ha conseguido que parezcan Benidorm con hoteles, apartahoteles, y todo tipo de edificios por todos lados. Los precios han subido en general y está muy preparado para el turismo.


La conclusión última es que lo hemos pasado muy bien; nos hemos divertido mucho, hemos penado otro tanto y hemos disfrutado el viaje. Hoy, una semana después, añoramos las cuestas... igual la de Cebreiro no, pero sí las demás. Y todos los días que pasamos entre Castilla y León y Galicia.

¡Buen Camino!
Todas las crónicas, con algunas fotos, en los siguientes links:
¡Hasta el próximo viaje!

08 septiembre, 2014

Camino de Santiago, días 9 y 10

Ayer amaneció lloviendo. Al principio parecía que iba a ser poca cosa pero cuando estábamos en el puerto de Cangas esperando el barco, el cielo cayó sobre nuestras cabezas. Como estábamos a cubierto no fue un drama pero AY. Las Islas Cíes. Diluviando.

Al ir a embarcar, la cosa no pintaba nada bien.
Teníamos 3h en las islas y 2 opciones:
  1. Quedarnos en la cafetería esperando que dejara de llover, aunque las previsiones eran de "ni de coña en todo el día".
  2. Irnos a dar un paseo bajo el lema "es agua, no ácido sulfúrico".
Obviamente, elegimos la 2. No íbamos bien preparados para la lluvia, llevábamos el chubasquero de la bici pero sin el pantalón de agua, que estaba de camino a Madrid

De hecho, tampoco llevábamos paraguas ni gorro. Pero es agua, no ácido sulfúrico.

Yo, haciendo de pollito mojado mientras me tomo un Cola Cao.
Muy bonitas las islas, sí, pero a la hora estábamos calados y con unas ganas locas de ducharnos y secarnos, así que nos dimos la vuelta y cogimos el barco anterior. Justo cuando, contra todo pronóstico, empezaba a aclarar el cielo pero también cuando empezaban a llegar hordas de gente con NEVERAS AZULES. Yo agradecí huir.

Al final, al coche y al hotel y a echarnos la siesta. Entre lo que llevábamos encima y el madrugón, nos vino genial. Al final salimos del hotel a más de las 6 de la tarde con la intención de ver nuestra ría: Combarro, Poio (otro distinto, claro) y cenar en Pontevedra.

Todo conseguido, a pesar de que Combarro es un parque temático donde la gente se pone muy nerviosa conduciendo; y que Adri decidió que yo necesitaba aprender a conducir en circunstancias extremas y me puso a subir cuestas infernales para llegar a ninguna parte. Salir del monte de nuevo y, ya sí, subir al monte correcto, donde está el Monasterio de Poio. Yo lo recordaba de haber estado hace años con mis padres pero sin la lluvia torrencial que nos acompañó entonces (¡todos los días!) era difícil reconocerlo.

Fuimos a cenar a Pontevedra que es una ciudad muy bonita donde apenas nos perdimos un par de veces para acabar en el parking del ayuntamiento y en una "feria franca" que, según nuestro punto de vista, debe ser muy similar a una feria romana/medieval.
Esto es todo lo que pisamos la playa

Pero cenamos en una pulpería para seguir con nuestra estricta dieta de pulpo con cosas. Esta vez, nos pasamos con las cosas... Una parrillada no-templaria después del pulpo y una ensalada que quizá fue un poco demasiado. Vamos, que no nos lo terminamos. Ni nos tomamos el tradicional helado de después, ojo ahí.

Hoy ha amanecido un día radiante. En serio, no ha bajado de 24º y ni una nube. Como si Galicia se estuviera riéndonos de nosotros. Hemos decidido bajar a la playa, por eso de pisarla antes de volver a Madrid, aunque el agua la hemos mirado desde un distancia prudencial. Y hemos aprovechado parte visitar otro castro que había al lado, pero como no debían ser los mismos tíos que en A Guardia hemos sido incapaces de ver algo más que piedras :(

Ya al coche y a ver O Grove y la isla de La Toja, que es como Benidorm pero cambiando el mar. Nos hemos bajado del coche por pisar tierra, pero vamos... A comer a Cambados, donde hemos pasado un rato muy desconcertados por la alternancia de centro histórico-casas modernas-centro histórico... Hasta que hemos leído que realmente son 3 pueblos unidos en uno (Hola, conurbación Alcobendas - S.S. de los Reyes). Hemos cambiado de bicho marino a los mejillones y las vieiras y hemos ajustado mejor que anoche.

La vuelta, por la costa, camino a Santiago ya... Ha incluido salirnos de la carretera después de ir a la isla de Arosa para echarnos un sueño en el coche a la sombra de un bosque que ha despertado la curiosidad de todos los lugareños. Estamos convencidos de que en las cercanías de Padrón ya se habla de un coche negro parado en un camino donde dormitan dos extranjeros.

En Padrón no nos han dicho nada, eso es verdad, pero hemos visto una estatua dedicada a Cela y sus cojones. Muy espectacular lo bien que habían captado su espíritu.
Arriba, Cela; abajo, los cojones de Cela.

Ahora estamos en el aeropuerto de Santiago, esperando que salga nuestro vuelo y con ganas de llegar a Madrid. Cansados ya pero contentos con las vacaciones. Próximo destino: Mallorca ^___^

* Parece que el vuelo de RyanAir va en hora. ¡Eso sí que es digno de contarse!

06 septiembre, 2014

Camino de Santiago, día 8

¡Sólo es mi 5a tostada!
La gochez absoluta se esconde en el desayuno buffet de un hotel. Olvidada la dieta sin hidratos por las vacaciones hemos decidido que la ventana anabólica nos va a durar hasta el lunes. Eso sí, en horario español: de 9 a 11.

Efectivamente, hemos salido a las mil. El día tampoco acompañaba: estaba nublado y llovía porque Galicia ha decidido trolearnos. Visto que ni playa ni visitas hemos cogido el coche para ir hacia Bayona, eligiendo la ruta paisajística: carretera sin peajes. Dos horas en llegar, claro, pero pasando por las rías, que siempre es bonito. Y un timing perfecto, hemos llegado a Bayona y ha abierto el día.

El océano en Bayona.
La medida de tiempo que tienen por aquí no tiene nada que ver con la de Madrid: dos rutas turísticas de más de una hora cada una nos las hemos hecho en hora y media; la segunda, alrededor de la fortaleza convertida en parador ha sido la más chula, ya que iba por el acantilado. Se podía entrar en la fortaleza pero había un tío que cobraba por pasar a un edificio patrimonio histórico concesionado y nos hemos negado.

Paseo alrededor del parador de Bayona.
El link a la foto panorámica.

Coche de nuevo y para Oia, a ver el monasterio, que nos lo habían recomendado en turismo. Nos han timado:
1. Estaba cerrado y ponía que estaba en proyecto de convertirse en un hotel de cuatro estrellas con spa.
2. Se podía visitar la iglesia, que también estaba cerrada, si avisabas en el estanco. Lo típico: un cura estanquero. Pero tampoco sabíamos dónde estaba el estanco.



Así que nos hemos ido de allí sin ver nada y con hambre, que ya eran más de las 2.

El siguiente destino era A Guarda, en la frontera con Portugal. Hemos comido pescado, en una dieta de lo más variada que llevamos a base de pulpo acompañado de cosas, y Adri ha propuesto subir al monte de Santa Tecla a ver el Miño y el país vecino. Ha sido la mejor decisión del día, por encima incluso de la pila de donuts de chocolate del desayuno.

Un pulpo exquisito.
Después de una subida entretenida por una carretera llena de curvas que nos ha metido en una nube (jodía humedad), hemos llegado al Castro de Santa Tecla, unas ruinas arqueológicas de un poblado celta. Con la gran suerte de que nuestra llegada ha coincidido con el inicio de una visita guiada incluida en el precio de la entrada al monte (1€/persona, el mejor aprovechado del viaje). El guía nos ha contado estupendamente cómo se organizaban los castros, sus calles, sus edificaciones en torno a patios empedrados, sus costumbres (hasta donde se conocen), y lo que era un campo de ruinas formadas por círculos de piedras se ha convertido en agrupaciones familiares con sus viviendas, sus cuadras, sus graneros. Alucinantes cómo una explicación de 30 minutos ha cambiado nuestra forma de leer el yacimiento.

El castro, con una de las casas patios.
El link a la foto esférica.

Hemos subido a la ermita de Santa Tecla, del siglo XII. El recibimiento ha sido desconcertante: megafonía con la banda sonora de "Titanic", tanto en los alrededores como en en interior de la nave. Yo he querido encenderle una vela a Leonardo DiCaprio pero Adri me ha dicho que no funcionaba así...

Al llegar al museo ¡otra visita guiada! del mismo señor tan didáctico. Nos ha estado contando que es allí donde se guardan piezas que dan fe del comercio del Miño que dio prosperidad a la zona: en el castro se calcula que vivían entre 3.000 y 5.000 personas, una barbaridad para la época (100 a.C. - 100 d.C.). La excavación lleva parada varios años y sólo se ha descubierto el 10% del poblado porque había que rescatar a Caja Madrid y no se puede tener todo.

Quedan un montón de cosas por descubrir, como por ejemplo los ritos funerarios: le he preguntado y me ha contado que en esta zona de la península no se había encontrado ni cementerio ni restos en ningún castro. Que probablemente serían ritos muy destructivos que no hayan dejado huella, como tirar a los muertos al mar.
La visita se alargaba a la ermita y el Vía Crucis, con mención especial a los pescadores portugueses y sus símbolos de identificación. Una cosa muy curiosa: el heredero familiar era el hijo menor, no el mayor como estamos acostumbrados.

En la ermita, la señora que la cuida nos ha estado contando la historia de Santa Tecla. Me resulta fascinante cómo se cuenta la mitología católica como si fueran hechos históricos comprobados. El contraste con la explicación del arqueólogo era brutal: mientras él hablaba en hipótesis dando por cierto hechos muy concretos (la evidencia nos dice que tenían el fuego en el centro del hogar pero se sabe de algunos que los tenían pegados a la pared) ella hablaba con convicción absoluta (vivió 90 años, sobrevivió a cuatro martirios). Esta sensación se acrecienta cuando te das cuenta de que hablan de la misma época histórica (la sra Tecla nació en el año 30). Un dislate absoluto de ciencia vs mitos.

Luego, paseíto por el vía Crucis explicándonos las fiestas locales y su decadencia a lo largo de los años (de 3 días de procesión y ayuno a una tarde), y ya para el coche: queríamos ir a Tuy y ya eran más de las 19.

Al final, no hemos visto Tuy. La razón: el puente internacional que une España con Portugal y que no puede molar más. Es mixto carretero y ferroviario: la calzada en el tablero y la vía sobre una estructura metálica, una cercha con forma de paralepípedo que vuela sobre la calzada. La impresión era que íbamos en una caja de reja metálica. Un puente del siglo XIX que le da mil vueltas a cualquiera de Calatrava.



Hemos hecho 200 fotos en el lado portugués, ya que se podía acceder a la vía. Un cartel nos avisaba para que estuviéramos atentos por si oíamos venir al tren (y esa era toda la seguridad que había). Pero no ha habido suerte y eso que Adri ha estado mirando la web esa de dónde están todos los trenes de España.

Si hay una vía, hay una foto.

Se nos ha hecho un poco tarde y queríamos pasar a comprar algo de cenar, que estamos un poco hartos de restaurantes. Así que al Lidl de Vigo a improvisar una cena en la terraza del hotel, con vistas al mar. Ha incluido pan, queso, nachos, salsas y ensaladilla rusa. Ah, y una botella de albariño que hemos enfriado en el lavabo del hotel a base de hielo y agua. Doy fe de que está fresquito.



Y ya a dormir, que mañana madrugamos de nuevo para ir a las Cíes. Veremos qué tiempo hace, que vuelven a dar lluvia...


  • Hemos comido: Casa Chupa Ovos, 20€/p.
  • Hemos cenado: En el hotel, cosas de Lidl.