23 marzo, 2015

Días de crepes y amor

La carraquita de Renfe y nosotros
Murcia era el primer destino que Adri y yo teníamos previsto para 2015, tras volver de nuestras largas vacaciones en Watford. Se escapó un viaje a Barcelona por medio, aprovechando que teníamos que ir por trabajo. El plan original era ir con las bicis y hacer alguna ruta, aprovechando que Murcia es plana (hola, yami) y que suele hacer buen tiempo. Al final, alerta spoiler, ni nos llevamos las bicis ni ha hecho buen tiempo. Lo primero, porque logísticamente era complicadísimo trasladar las bicis: teníamos que llevarlas a la oficina y luego ir en bici a Atocha porque no nos dejan meterlas en ningún medio de transporte; para Adri hubiera sido sencillo porque trabaja al lado, para mí, una odisea desde San Blas. Así que decidimos alquilar allí. Pero al final el tiempo no ha acompañado y hemos hecho poca bici pero muchas otras cosas.

El miércoles nos plantamos en Murcia tarde… tanto en hora como en horario, que el Altaria (que Migue definió como “una carraquita de Renfe”) llegó con 20 minutos de retraso. Aparecimos en casa de Bego, nuestra anfitriona, cuando ya era jueves, pidiendo cama y descanso con urgencia.

El jueves amaneció tormentoso: lluvia, viento, nubes. Eso sí, Bego nos había preparado unos crepes estupendos que devoramos rellenos de nutella… Evidentemente, ya habíamos descartado las bicis. En su lugar, habíamos confirmado nuestra disposición a que los padres de Pablo nos hicieran caldero murciano para comer. Todo muy típico, en una zona inmensa de huerta, llena de naranjos y limoneros; los abuelos de Pablo habían sido los aguadores del pueblo, y la parcela conserva todavía algo de la maquinaria antigua de extracción de aguas. De hecho, como ha sido históricamente un punto importante, tienen hasta parada de autobús en la puerta. Antes de la comida nos dio tiempo a un pequeño paseo por el campo aprovechando que no llovía. Bego nos llevó a lo alto del monte por el “camino para adultos”, excursión que se zanjó con un vendaval en la cima del montecito y una caída por mi parte al bajar del bancal, no haya viaje sin que Marta se caiga.

El caldero estaba exquisito. Estaba hecho con un pescado que yo no conocía, llamado mújol, un pescado blanco muy suave y muy sabroso, que parece ser que es típico de allí. Inauguramos así el puente de comer de manera superlativa, con postre a base de melón, tarta de manzana y buñuelos de viento. La siesta era obligatoria después de semejante comilona, aunque no sin antes recoger naranjas y limones de la huerta. Creo que jamás he probado unas naranjas y unos limones tan fragantes; a Madrid nos llegan ya frigorizados mil veces.

Esa noche decidimos ir a ver el final-final-ahora-sí-director cut de Blade Runner, que acaban de estrenar en cines, en versión original. ¡Y nos fuimos en tranvía! Un servicio que está como sin terminar, sirviendo sólo a dos barrios de la ciudad y sin pasar por el centro, pero muy majo. Eso sí, frecuencias de media hora, luego dirán que no se usa y se preguntarán por qué… Blade Runner termina igual y los androides siguen soñando con ovejas eléctricas, aunque la película no lo diga. Cenamos por allí con Pedro, que se nos había unido para el plan cinéfilo, y hablamos de política y de España y de en qué se está convirtiendo este país.

El viernes volvió a amanecer lloviendo y nos entró una pereza absoluta que se saldó con un desayuno que parecía un brunch a base de huevos, bacon, ensalada caprese, café y mucha conversación. No recuerdo en qué momento dejamos de desayunar y nos pusimos a comer musaka, la verdad. Bici no, pero comer nos hemos comido Murcia. Siesta, cómo no, y al museo de la Ciencia y del Agua, llamado así porque el agua no es ciencia, claramente. Pequeño fail, aparecimos a las 18.30 y cerraban a las 19, así que los niños de Bego pisaron unos charcos por allí (nada científico pero muy gratificante para ellos) y nos volvimos a casa que teníamos cena de cumpleaños de Txema. De camino, nos encontramos de nuevo con Pedro que se nos unió ya y cuando íbamos a comernos unos helados, nos desviamos hacia una quesería y terminamos comprando unos quesos deliciosos para la cena. La maquinaría se puso en marcha con la llegada de Txema a casa de Bego y la casa empezó a oler a aderezo de hamburguesa (más bacon, cebolla, tomate…) y quesos y jamón ibérico. Vinos de la tierra, del que me quedo especialmente con el llamado Infiltrado. En serio, fue una gochada deliciosa de cena cuyo postre fueron unos cubatas hechos con limones de la huerta. Como hay que saber retirarse con elegancia, como bien dijo Pedro, nos acostamos a eso de la 1 sin estar apenas borrachos.

¡Bici! (Foto de Bego)
¡Y por fin llegó el sol! El sábado amaneció radiante y, tras desayunar de manera contundente, decidimos ir a alquilar una bici (la otra nos la dejó amablemente Pedro) e irnos a de ruta junto al río Segura. La logística de niños y trastos siempre es complicada, pero habiéndonos levantado con tranquilidad casi a las 10, a las 12.30 estábamos pedaleando río arriba.  Un carril bici nuevo pero que parece un pelín escaso para la cantidad de gente que había en un día festivo. Un par de veces estuvo a punto de atropellarnos algún motivado con ganas de correr por una zona con niños.

Pero hacía buen día, y nos apetecía comer en el campo, así que de camino a “Casa Paco”, en el Malecón, nos encontramos con un sitio llamado “Los Pájaros – Ateneo Huertano” con un patio lleno de mesas al sol y una pinta estupenda para quedarnos a hacer la fotosíntesis. Bonus track: el sitio parece ser el punto de encuentro del grupo poliamor de Murcia y Alicante y esa tarde había una charla. No nos quedamos, pero.


Comimos estupendamente, destacando la respuesta de Bego a la pregunta “¿Queréis café?”: “Café no, pero otro trozo de tarta de queso sí me comería”. Los niños estaban agotados y se habían quedado dormidos encima de la mesa, así que decidimos que era el momento de volver a Murcia. Además, empezaba a tronar de nuevo.

Como era sábado Bego nos propuso ir a una actividad llamada “Tardeo”: un café reconvertido en disco bar de 4 a 10 de la noche. A pesar de la siesta, llegamos al Tardeo del Kennedy a eso de las 8 y estaba de bote en bote. Un ambiente genial, la verdad, y una idea que me pareció espléndida: te tomas unas copas, te vas a cenar y a la cama temprano. Nos recibió Belén, la organizadora del evento, que nos contó que está funcionando verdaderamente bien, y que en cuanto termina la fiesta a las 10 reconvierten el sitio en café y aquí no ha pasado nada. La verdad es que a las 9 y media la gente empezaba a irse a cenar y nosotros hicimos lo mismo: ¡sushi! En un japonés al que nos llevó Bego que estaba todo exquisito. Seriously, qué niguiri de atún con foie flambeado. Lo demás estaba muy bueno, pero ese niguiri era para enmarcarlo. De hecho, repetimos. Y luego nos fuimos a buscar el helado que no nos habíamos comido el viernes y que tampoco nos comimos el sábado pero al que sustituí por un crepe de nutella, porque nunca se ha comido suficiente nutella. Vueltecita por los bares y a casa, que nos esperaba la cama y el viaje.


El domingo fue día de desayunar crepes (sí, qué pasa), recoger, despedirnos y volver a Madrid. La carraquita de renfe no se retrasó en su llegada a Madrid, aunque venía tarde de Cartagena. Salimos de Murcia lloviendo y llegamos a un Madrid nublado y un poco triste.

Tanto Adri como yo nos volvemos con muy buenas sensaciones, pero eso nos lo quedamos para nosotros. Volveremos a Murcia.

08 enero, 2015

[London Christmas] Quinta crónica: bye bye, UK.

El viaje a los Cotswolds no fue pasado por agua: fue pasado por niebla. Así que los preciosos paisajes de los que nos habían hablado quedaron para otra ocasión, porque no se veía más allá de unos cuantos metros desde la carretera. Para compensar, estuvimos viendo unos pueblos muy monos, pero muy de película de terror: casas de piedra antigua en pueblos de una sola calle, con algún establecimiento cerrado, marcos de madera y humedad a más del 100%, seguro. Estuvimos en tres; el último de ellos en verano debe convertirse en Eurodisney, por la cantidad de tiendas y restaurantes que había. Eso sí, muchos de ellos cerrados hasta febrero por vacaciones post-navideñas, para que luego digan que los españoles tenemos más vacaciones que nadie.
 
La zona es muy recomendable: los pueblos tienen unas iglesias rodeadas de cementerios increíbles para lo pequeños que son. Íbamos con la idea de comer en un restaurante que nos habían recomendado Dácil y Kike pero nada, cerrado por vacaciones. La oficina de turismo, cerrada por vacaciones. Así que terminamos preguntando en un bar que aparentemente había salido en la tele (había carteles de “as seen in TV”) y donde ponían comida típica de pub inglés pero se definía como salón de té. Desconcertante, pero nos dejaron pasar con Eme, así que estupendo: los 0 grados que hacía en la calle no acompañaban y yo me veía comiéndonos un kebab en el coche con la calefacción a tope.
 
La vuelta a Watford por carreteras secundarias llenas de niebla fue una aventurilla, pero afortunadamente no había mucho tráfico y conseguimos llegar a la autovía sin ningún percance. Ese día creo que cogimos un poco de frío, porque al día siguiente estábamos los dos un poco tocados. Aun así, y puesto que era el último día, decidimos irnos a Londres a darnos una última vuelta y despedirnos de la ciudad. Además, teníamos pendientes dos visitas: las estaciones de St Pancras y King Cross y el British Museum.


Las estaciones están una al lado de la otra, aunque sus vías no se comunican, sumando un poco más al caos que es el tráfico ferroviario en Londres. St Pancras es una estación de ladrillo visto muy chula; además, es la única estación internacional de Reino Unido: donde llegan los Eurostar desde Francia, por el Canal de la Mancha. La conclusión es obvia: está infrautilizada y apenas había pasajeros, confirmando la idea de que el túnel submarino no está dando los beneficios esperados… Igual si no costase la pasta que cuesta, sería competitivo frente al avión, pero así… En fin, a King Cross a buscar el andén 9 y ¾. Os adelanto que estuvimos a punto de no encontrarlo, porque han reformado la estación y en vez de estar entre las vías 9 y 10 (donde actualmente no hay andén) lo han puesto en una pared ¡y hay cola! Tal cual, una cola de gente para hacerse una foto con el carrito de maletas y la lechuza falsa a medio entrar de las películas de Harry Potter. Nos quedamos muy alucinados y, evidentemente, no nos hicimos una foto. Por otro lado, está situado en perpendicular a las vías así que no tiene ninguna credibilidad técnica y recibió nuestra más airada desaprobación.
 
Decidimos pasear por Camden hasta llegar al British. Los dos lo habíamos visto ya, así que íbamos más por tener el check en este viaje y dar una vuelta por sus salas, tan impresionantes. Comprobamos que la piedra Rosetta sigue en su lugar y sin cambios aparentes y comentamos que la humanidad sería distinta si los egipcios, en su día, hubieran querido que sus documentos oficiales estuvieran escritos únicamente en su idioma. Vimos las momias y comprobamos que lo que más hay en el museo se puede enmarcar en la categoría “souvenirs”. Alucinante la cantidad de tiendecitas que han puesto por casi cualquier lado. Y el precio de las cosas, que yo quería comprarles a Antonio y a Carlos un patito de goma disfrazado de egipcio pero salía por la friolera de 5£.
 
Aguantamos poco en el British, la verdad: entre que estábamos un poco tocados, la gente que había, y que no ha cambiado nada en los últimos años nos fuimos temprano con la idea de comer por el Soho y volvernos a Watford. A pesar de que estábamos revueltos terminamos comiendo en un indio porque WHY NOT. Uno famoso, aparentemente, con una comida muy rica, llamado Punjab. Con esto ya teníamos otro check en Londres: los restaurantes indios son más habituales que los pubs ingleses, o casi. La verdad es que comimos mucho y muy bien, y entramos en calor y los indios son bastante bordes, aunque Adri dice que es el mismo modelo de indio que hay en Lavapiés, así que será cultural. La última visita fue a Forbidden Planet, una tienda de frikismos variados. Yo la recordaba de la última vez que estuve en Londres… pero estaba distinta. Sigo creyendo que estaba en remodelación porque había cuatro cosas y no, no había dos plantas. La resaca post navideña.
 
Nos despedimos de Londres con una de las pocas compras que he hecho en este viaje: un pijama horroroso pero que es un mono y es comodísimo. Es horroroso, de verdad, con un estampado de motivos navideños que haría vomitar a Papá Noel pero ES CÓMODO. Que ni me lo probé, porque estaba destemplada y cualquiera se quitaba toda la ropa.
 
En Watford nos esperaba Eme, que yo creo que sabía que nos íbamos porque había visto ya las maletas y estaba como muy nerviosa. Después de todo, a mis gatos les pasa exactamente lo mismo. Pero teníamos que limpiar el piso, llamar el taxi y prepararnos, en definitiva, para volvernos el martes a España. Nos despedimos de los vecinos, que tan bien se han portado con nosotros.
 
El martes amaneció lluvioso. Según la BBC, se esperaban lluvias los siguientes días… así que escapamos justo a tiempo. Habíamos llamado a un coche de alquiler con conductor (algo así como Uber en legal, pero no lo tengo claro ahora); como en la tarjeta ponía que aceptaban pago con tarjeta, nos dejamos todas las libras que nos quedaban en casa de Dácil y Kike. Debíamos ir con 7 libras en total, como ya volvíamos a España… menos mal que se nos ocurrió preguntar. La respuesta fue… desconcertante: “es que si os cobro con tarjeta os tengo que cobrar un 20% más de IVA”. ¿Cómo? ¿Qué esto no iba con impuestos? Le dijimos que bueno, que no teníamos dinero en efectivo y nos contestó: “No, es que no os puedo cobrar con tarjeta, pero de camino hay un cajero automático”. Así que tuvimos que sacar 30£ para pagar al conductor… También nos acordamos mucho del mantra “esto sólo pasa en España” que, oh sorpresa, resulta que no.
 
El viaje de vuelta fue estresante. Y es que yo no pagaría un billete en primera clase pero sí pagaría un billete que me garantizase viajar lejos de cualquier niño: teníamos dos delante y dos detrás y aquello no terminó en la comisaría porque mi libro era mucho más interesante que la realidad. Pero, en serio, dos horas y media de niño 1 llorando porque quería casito y niño 2, bebé que viaja encima de su padre, pateando mi asiento… Vamos, que agradecimos llegar a Madrid, donde nos esperaba la ineficacia habitual de la EMT y el sol. Pero sol de verdad, no como el que habíamos visto en UK, que parecía tímido. También los gatos, que están muy pesados desde el martes hasta el punto de que creo que me ha crecido un Miles en el regazo.


 
Como esta es la última crónica, no puedo menos que hacer un balance general:

  • Eran las primeras navidades que pasábamos fuera de España y han sido RELAJADAS. No había comidas de navidad, ni compras de navidad, ni estrés general de navidad. Muchos de los días nos hemos levantado y hemos decidido sobre la marcha qué nos apetecía y qué no. Eso ha sido un lujo asiático, debido fundamentalmente a que…
  • Yo hacía años que no cogía 3 semanas de vacaciones seguidas y ha molado mucho. Desconexión total y absoluta del trabajo y sus estreses. Mi jefe ha estado calladito, cuando yo temía que me llamara en algún momento para algún marroncete de estos así como casual que le gustan tanto.
  • El poder contar con un piso totalmente equipado para nosotros solos ha resultado algo excepcional, en cuanto a que estábamos cómodos y podíamos cocinar y hacer vida normal. Estamos muy agradecidos a Dácil y a Kike por habernos dado la oportunidad de disfrutar de su casa, que además es muy confortable. El colchón radiante es algo que estamos estudiando con mucha atención.
  • La experiencia cuidando a un perro ha sido muy buena, aunque creo que se ha debido más a que era Eme, que se ha portado estupendamente todo el rato y es súper cariñosa. Sigo manteniéndome en mi gatofilia a la hora de tener animales.
  • Hemos tenido una suerte terrible con el tiempo. En una ciudad donde llueve más de 100 días al año (33%), nos ha llovido únicamente 2 días en 3 semanas (9%). El primero nos dio igual porque no había transporte y no pensábamos salir, pero en Oxford fue bastante más molesto.
  • UK me parece cada vez más un país con un montón de cosas que ofrecer e igual nos terminamos animando a buscar trabajo por allí. Quién sabe. Sigo pensando que la calidad de vida en España es muy alta porque ofrece muchas otras cosas pero unos años… Si me adapté a Alemania, UK no puede ser más difícil y ya conocemos gente allí.
  • Íbamos con la idea preconcebida de que los ingleses no saben comer y hemos venido con la idea confirmada. No es que no sepan comer, es que incluso la materia prima es insípida y poco se puede hacer con esos mimbres. Y hay frigoríficos y frigoríficos de comida precocinada. Y le echan chorizo a todo (y automáticamente es español).
  • El sistema de transporte es complejo y la privatización de los servicios ferroviarios hace que sea bastante caótico. Sin embargo, tienen algunas muy buenas cosas que deberíamos importar a España. Me la juego a que el Consorcio o Renfe innovarán dentro de 10 años.
  • La globalización del comercio consigue que hayamos dejado de fijarnos en las tiendas o de ir a verlas, siquiera. Al final, cualquier cosa se consigue en Madrid o por internet, y no hay que cargar con ella. La parte buena es que deja fuera del radar un montón de cosas y no perdemos el tiempo en pensar si vamos o no a Harrod’s: ya lo compraremos en El Corte Inglés.
  • Londres es una ciudad que me sigue encantando y que tiene muchísimo que ver. Me da una envidia enorme la cantidad de parques que hay y lo bien cuidados que están. No me da ninguna envidia el precio de la vivienda ni el atasco continuo en el que viven. Tampoco el precio del transporte.
  • En la parte económica, nos ha salido muy bien: 750€ por persona, todo incluido. Se lleva la palma el transporte: 42% de los gastos, incluyendo el vuelo (que es sólo un 11% del total, ojo). No hemos comido mucho de restaurantes, así que por ahí nos ha salido muy bien.
Y ya en Madrid, planificando nuevos viajes. El próximo destino internacional ya lo tenemos en mente:París, oh, la, la. Aprovecharemos que tenemos unos gobernantes que son unos meapilas para irnos en el Corpus a ver a Fon y a Inés (e imagino que veremos de paso a Raque y a Nacho), que se mudaron en septiembre y nos ofrecen alojamiento y compañía. Aunque antes tenemos la intención de volver a coger las bicis e irnos a Murcia un finde largo y quizá a hacernos el Canal de Castilla, entre Palencia y Valladolid (bonus: ambos lugares son llanos).
 
¡Hasta la próxima crónica!

03 enero, 2015

[London Christmas] Cuarta crónica: left-side driving.

Hubo Salmón Wellington y, lo más importante, no nos sentó mal. Cierto que quedó un poco soso pero creo que fue porque no le eché suficientes historias. Entendedme, me da que confundí 1 tbs con 1 Tps pero es por la manía que tienen estos de medir cosas con cucharas distintas. 



Lo que fue un poco depresivo fue comparar el programa de Nochevieja de TVE con el de la BBC: Ramonchu con su capa y dos millones de anuncios vs un concierto de Queen y 10 minutos de unos fuegos artificiales brutales a la orilla del Támesis. Pero celebramos el año nuevo día veces, y comimos 12 cosas a las 12 de España y brindamos con la cuenta atrás a las 12 de UK, que es lo que importa.


Al día siguiente teníamos un plan y pocos trenes: ir a ver la New Year's Parade de Londres, que empezaba a las 12 del mediodía en Green Park. Hubo que poner el despertador por primera vez en 2 semanas (DRAMA), pero a las 10.29 estábamos cogiendo en tren en el andén correcto, Eme incluida. Como hacía una rasca de ir los grajos por los túneles del metro, íbamos forrados de ropa y Eme con su impermeable.



No la vimos entera, ya os lo adelanto, porque nos colocamos al lado de Picadilly a las 11.30 y a las 13 estábamos a punto de morir mitad de frío, mitad de desconcierto. Y es que la cabalgata es RARA. No tiene una temática ni un hilo argumental aparente más allá de "gente y cosas que desfilan". El primer grupo era una banda de música con majorettes de una High School de Texas, seguido por un grupo de coches de caballo vestidos como si acabaran de salir del rodaje de Downton Abbey. Y así todo: Transport for London sacando autobuses antiguos salpicados entre grupos, más majorettes yanquis, restos de los juegos olímpicos Londres 2012 (y lo ponía así), una carroza de un circo, un grupo de una escuela de baile local, representación de algún distrito en forma de coche con carteles impresos... Desconcertante.

Así que entre el frío, la heterogeneidad y la gente (teníamos al típico niño cabrón que se te pone detrás con su abuelo y al final, no se sabe cómo, terminan los dos en primera fila a base de dar codazos), decidimos que la 1 era una buena hora de irse a comer en algún pub caliente. La jugada de Camden no nos funcionó y no tuvimos éxito con restaurantes dogs friendly; la mitad estaban cerrados, probablemente recogiendo los restos de la fiesta de la noche anterior. En un sitio que estaba abierto y que ponía en la web que aceptaban perros nos pusieron mala cara y ya tienen una crítica negativa en yelp, ea.

No vimos nada claro lo de comer en Londres y...
- Nada, hacemos unos espaguetis con pesto en casa. ¿A qué hora sale el siguiente tren, Adri?
- En 20 minutos, pero Google Maps dice que tardamos 25 en llegar. El siguiente en 40.
- ¿Cómo vamos a tardar 25 minutos en llegar, si estamos AL LADO? Google, que es muy conservador.
- Vamos a intentarlo.
Y llegamos, después de hacer el último tramo corriendo. El tren salió 30 segundos después de que nos hubiéramos subido asfixiados de calor (recordatorio: íbamos forrados de ropa).

El viernes teníamos alquilado un coche, que, evidentemente, está mal hecho y tiene el volante en el lado del copiloto. Los británicos, que son muy así. Yo me levanté esa mañana con una idea en la cabeza: teníamos que coger el seguro a todo riesgo. Que nunca pasa nada, pero que jamás habíamos conducido por ese lado y era fácil llevarse el retrovisor con una columna. Lo cogió Adri, ya que el alquiler estaba a su nombre y nos vinimos hacia Church Road a por Eme. Digamos que tuvo un rato de conducción urbana que fue muy divertido de ver aunque dudo que él lo pasara también. Se hace raro, yo iba sentada en el sitio donde voy normalmente conduciendo. Pero al final te haces, sólo una vez intentó irse al "carril correcto" (según nosotros).


El destino era Cambridge. Quedaba teóricamente cerca, a poco más de una hora. Buscamos un parking que no fuera carísimo en la web de turismo y que no estuviera donde Cristo perdió el gorro... el GPS nos llevó por algunas calles interesantes de conducir, pero lo que no nos había dicho es que el parking iba a estar con el de Sevilla un sábado por la noche. Sí, tuvimos que hacer cola para entrar. Eme estaba deseando salir del coche y le encantó encontrarse con una gran explanada de césped donde echar una carrera.

Para mí era raro estar en Cambridge y no estar con Alex y con Estela, la verdad, pero ya iremos a verles a Munich. Como no teníamos guías, nos fuimos a la oficina de turismo, a que una señora sin ganas de trabajar me vendiera un plano por 2£ y no me diera ninguna explicación (cuando había otra contándoles un montón de cosas a otras turistas). Nos fuimos a hacer la ruta marcada en el plano, que nos dio un paseo por la zona histórica de la ciudad. 

El centro histórico de Cambridge es muy pequeño, pero muy cuco. Mucho edificio antiguo, con todos los college universitarios que, evidentemente, luchan por ver cuál es el más antiguo. Eso sí, el vecino tenía razón: en Cambridge hace un frío de la leche (según él, porque no hay ninguna montaña que les separe de Rusia). Comimos junto al río Cam y uno de sus puentes, en un pub dogs friendly con un servicio tan lento que casi pedimos también la cena.

La tarde en Cambridge nos llevó a dar un paseo junto al río, por una pasarela de madera que no sé yo, y a pasar junto a una iglesia redonda y un montón de college cerrados. Adri no se quiso comprar un sombrero y una capa, a pesar de que yo le dije que iba a quedar muy british todo, así que nos fuimos yendo hacia el parking, que ya anochecía y todavía teníamos que volver a Watford. 

Al llegar, terror: no teníamos plaza de aparcamiento; y es que esta calle es o zona azul o sólo residentes, pero delante de la casa hay un par de plazas de aparcamiento que normalmente usan los vecinos de arriba porque Kike y Dácil no tiene coche. Esa mañana había ido yo a pedirles que nos tenían que dejar el hueco el fin de semana y nos habían dicho que ningún problema. Pero al llegar, ahí estaban los dos coches aparcados y nadie en casa. Los vecinos de al lado, los que cuidan a Eme y nos invitan a tomar el té, nos habían ofrecido la suya y aparcamos ahí, pero no nos hizo ninguna gracia.

Hoy el día ha amanecido lloviendo. Mucho. He cogido yo el coche porque tenía que probar lo de conducir por el otro lado. No ha sido tan difícil como yo creía que iba a ser; imagino que en parte porque ayer ya me acostumbré a ir por el otro lado y en parte porque tenía las expectativas muy altas. Siempre te dicen que hay que cambiar el punto de vista, espejándolo, pero lo cierto es que no todo está espejado: ni los mando del volante, ni las marchas, por ejemplo (esto es, la primera no es la que está más pegada a mi pierna sino la más alejada). La que más ha sufrido ha sido mi mano derecha, que se ha llevado varios golpes contra la puerta cuando he intentado cambiar de marcha, hasta que me he hecho a la idea.

El destino era Oxford y la ruta más sencilla que ayer, porque en seguida se cogía la autopista. A pesar de haber ido gran parte del camino por la M25, lloviendo, no nos hemos atascado (¡chúpate esa, Crowley!). Eso sí, el firme drenante, que ayer me molestaba muchísimo por el ruido que hacía, hoy lo he considerado algún tipo de bendición. Aún con la lluvia constante, estaba seco. Recordadme que le ponga una vela a Santo Domingo de la Calzada cuando vuelva a España (pista: no).

Habíamos reservado una visita guiada por la ciudad a la 1, así que nos daba tiempo a dar una vuelta. Pero la lluvia, no muy intensa pero de ese tipo que en España llamamos calatontos, y las baldosas mal puestas nos han dejado empapados en breve, así que nos hemos ido al museo de historia natural donde, como gran curiosidad, conservan una pizarra escrita por Einstein. Pero el edificio es muy bonito y la colección de trastos antiguos es muy interesante. De ahí nos hemos ido de cabeza a la visita, cuya que nos ha dado una vuelta por la universidad y nos ha hablado de lo que es el elitismo y el tráfico de influencias (sin ella saberlo): la mitad de los primeros ministros que ha tenido Reino Unido han estudiado en Oxford. Pero también nos ha contado acerca de los sótanos de la biblioteca Bodleian, que recibe una copia de cualquier libro publicado en UK (llegan los miércoles) y hemos entrado a uno de los College más antiguos (data del sigo XIII).

Yo quería ir a comer Chicken Pie a The White Horse y allí hemos quedado con una amiga granadina que reside desde hace años en UK gracias a la política de empleo estable en el ámbito sanitario de las Comunidades Autónomas. Típico pub inglés donde hemos comido estupendamente, nos hemos calentado y nos han echado amablemente trayéndonos la cuenta sin haberla pedido. Aunque ya no llovía, nos hemos ido a otro pub, The Eagle and Child, porque hoy 3 de enero es el cumpleaños de Tolkien y es ahí donde se juntaba con CS Lewis y compañía a beber y hablar de literatura. Brindis por el profesor con un vino caliente especiado que nos ha sentado estupendamente y a casa, que el ticket del parking se terminaba y había que volver.



Evidentemente, los vecinos han vuelto a olvidarse de dejarnos el sitio (y no estaban)... pero en fin. Mañana nos espera un viaje a los Cotswolds y el lunes volveremos a Londres a despedirnos. 

¡Un beso y feliz año!

31 diciembre, 2014

[London Christmas] Tercera crónica: Parques, mercados y museos.

Una semana sin crónicas. El resumen es que desde entonces hemos celebrado la nochebuena, el día de navidad y que hemos estado viendo parques, mercados callejeros y museos, además de tener un par de días de "balneario": nos ha faltado el spa y unas cuantas décadas para estar como jubilados aburridos.
#CookingAdri
Al final, decidimos el siguiente menú para la cena de navidad:
* Entrantes: brochetas de salmón ahumado con piña y salsa tártara, y roasted potatoes, por eso de hacer algo de aquí.
* Plato principal: tataki de atún a la pimienta con vinagreta de tomate y fresas. 
* Postre: Selva negra.

La verdad es que fue todo muy fácil de hacer; Adri se puso con la termomix y, aunque tuvimos algún problema con la nata (que no se montaba y fuimos a por otra con más grasa y entonces era demasiado), la tarta le salió muy rica. Yo me puse más tarde y se me olvidó hacer la piña a la plancha pero aún así las brochetas estaban muy ricas (esto me pasa por inventarme sobre la marcha las recetas y no acordarme luego XD). Pero el tataki me salió muy rico, aunque sigue siendo MUY picante. Yo ya no sé.

Así que cena tranquila, ¡sin Telepasión! Debe haber sido la primera vez en mi vida que no he tenido que aguantar eso, aunque luego nos enteramos del programa de los 50 años de Serrat... y lo vimos al día siguiente. 

Los días 25 y 26 teníamos el handicap del transporte: el 25 cierra todo (todo es todo, hasta el metro y no circula ningún tren) y el 26 es festivo (Boxing Day) y apenas circulan trenes, además de estar todo cerrado. Conclusión: nos quedamos haciendo de balneario. El 25 comimos cocido, que nos salió bastante aceptable para las materias primas que teníamos (el repollo tamaño naranja era un repollo, de verdad, no fue un error de Google Translate). De hecho, 25 y 26 fueron taaaaaan balneario entre otras cosas porque nos dedicamos a comer sobras de los días anteriores. 

El cocido anglo-madrileño
El 27 teníamos decidido ir a Londres, al mercado de Portobello, ¡el que sale en La bruja novata! Si Adri no me ha matado ya después de cantarle dos millones de veces lo de "Portobello rooooad, Portobello rooooad, donde se vende y se compra hasta el sol..." es que es amor. Además, y puesto que íbamos a ver un mercado callejero, nos llevamos a Eme. No había trenes, porque el fin de semana la estación estaba cerrada por obras, pero nos fuimos al metro. Watford - Baker Street (hello, Sherlock!) - Ladbroke Grove. Eme hizo todo el viaje con sus trasbordos estupendamente :D

Empezamos el mercado por el final pero me gustó mucho más que la parte principal. Digamos que la parte final era como el Rastro y la parte del principio como el Rastro con pretensiones. No compramos nada, pero nos encontramos con un mural en recuerdo a la España Republicana durante la Guerra Civil, con el "No pasarán", que en inglés es "They shall not pass"... que es lo mismo que dice Gandalf al balrog en el puente de Moria, yo ahí lo dejo.



Tras ver el mercado nuestro plan era ir a Camden Market, otro mercado callejero, pero el transporte nos volvió a fallar: la línea circular estaba cortada por obras y la línea central estaba cerrada completamente por un accidente. Así que cambio de planes: buscar un sitio para comer dogs friendly e ir a Hyde Park. El sito buscado como dog friendly era "friendly" si atabas al perro fuera... así que terminamos comiéndonos una Bratwurst en mitad de Portobello, pero ir luego a Hyde Park fue todo un acierto.

De camino, unos turistas debieron pensar que éramos autóctonos (el efecto Eme) y nos preguntaron por la calle donde vivían los famosos... en Notting Hill. Debe ser el sitio con más famosos por m2, al menos así en general. Esta vez no les supimos responder porque somos poco de hacer escraches a los que no son políticos sociópatas del Partido Popular.

Hyde Park, además de ser un parque impresionantemente grande en el centro de Londres y muy bien cuidado (al estilo inglés), alberga en navidad la "Winter WonderLand", una feria como la de cacharros de toda la vida pero con toques de hielo en los carteles y cara como ella sola (9£ algunas de las de dar más vértigo). Fue un paseo muy agradable comparando la casi inexistencia de brecha cultural: niños que berrean, gente que empuja, música de casetas que se mezcla... Lo más gracioso fue que nos encontramos con ¡otro perro de aguas! Como Eme y probablemente también canario, por el acento de sus dueños, aunque un pelín más grande. 

Y ya al metro, al siguiente reto: las escaleras mecánicas. Y es que en UK los animales pueden viajar sin problema en el transporte, pero en las escaleras mecánicas deben ir cogidos en brazos. La primera costó un poco por la falta de práctica (el viaje de ida sólo había tenido escaleras de piedra), pero la segunda a Adri le salió estupendamente :D

El domingo decidimos ir a Camden que nos habíamos quedado con ganas. Este sí es como el Rastro, con mucha gente y un rollo similar. Como en Portobello, no compramos nada porque de verdad que no vimos nada que
a. necesitáramos y
b. no pudiéramos comprar en España. Así que íbamos muy ligeros mientras cotilleábamos un poco. 

Eme en el pub.
Ese día habíamos hecho dos cosas bien: coger el overground (que es como el underground pero con otro nombre, como si fuera el hijo tonto en el siglo XIX) hasta Camden, por lo que nos salió mucho más barato, y buscar antes de ir un pub dogs friendly donde pudiéramos comer con Eme, que ese día también nos acompañaba. En Camden, que es un poco como Malasaña, era bastante más fácil de encontrar un pub así que en Portobello, mas como el barrio de Salamanca. La verdad es que fuimos al típico pub inglés con suelo enmoquetado y paredes de madera donde se quedaron sorprendidos de que les preguntásemos si podíamos pasar por el perro y se mostraron encantados con Eme. 

La siguiente parte guay fue comer con calefacción fuera de casa, por primera vez desde que estábamos aquí. Que los bocatas en el parque molan, pero mejor en agosto que en diciembre. Nos trataron muy bien a pesar de que eran las 14 y a ellos debía parecerles que estábamos merendando. El siguiente objetivo fue Regent's Park, otro de los gigantescos parques de Londres... y ya al metro, por Baker Street. Teníamos la intención de acercarnos aunque fuera a la puerta del museo de Sherlock, pero había tal cola para entrar que desistimos y nos vinimos para Watford.

Lunes de descanso y compras. El otro día en la BBC vimos una receta que nos gustó: Salmon Wellington, una especie de pastel de salmón con relleno de pepinos y miel. Si el día 1 no sabéis nada de nosotros es que hemos muerto de indigestión. Eso sí, encontrar cosas en un supermercado británico es muy difícil yendo, como nosotros, con mentalidad español (no tenemos otra para ir a comprar). Nuestra conclusión ha sido clara: ¿quién coloca los productos en el súper? Exacto: el mono borracho. Le debimos gustar en el Camino de Santiago y ahora nos persigue, haciéndonos parecer guiris idiotas dando miles de vueltas por pasillos llenos de groceries.

En un cementerio, parece apropiado.
Hoy, sin embargo, nos hemos vuelto a ir a Londres. Tocaba día de museos y teníamos el plan de ir primero al Británico a dar una vuelta (es inabarcable en un día) y al de ciencias. Pero el transporte ha vuelto a hacernos de las suyas, porque hay tal caos con las obras que no se terminan a tiempo que hasta el director del ADIF de aquí ha tenido que renunciar a su bonus de fin de año (como españoles nos hemos carcajeado mucho de que eso llegue a plantearse si quiera). El tren de y 21 cancelado, el de y 32 en hora, vía 7. Hasta ahí todo bien. El tren de y 32 ha llegado en hora, sí, pero a la vía 9. Y ni un aviso por megafonía. Me he sentido muy en Chamartín, la verdad. Caos en el andén, que estaba a rebosar de gente anonadada, y tren que se va de vacío. Una cosa preciosa que nos ha hecho replantearnos el día y coger otro tren a Brompton (si, el barrio con nombre de bici plegable) para ir primero al museo de ciencias.

Este museo está junto al de Historia Natural, donde hoy debían regalar algo. Igual un dinosaurio, quién sabe, porque no sé yo qué justificaría las distintas colas de MUCHA gente en sus distintos accesos... ahí había gente que habrá esperado una hora a pie quieto, a la sombra, con 2 ó 3 grados y una humedad como en la costa de Almería. Les hemos mirado con suspicacia (¿qué sabrían ellos que nosotros no?) y hemos seguido al museo de al lado. No es que estuviera vacío, pero se entraba sin esperar. Nos han intentado colar una donación de 5£ de esas que son como emboscadas pero esta vez nos hemos negado. El museo es guay y tiene una planta dedicada a que los niños se quieran hacer ingenieros. No sabéis donde os metéis, les he dicho yo, pero como ha sido en español, todos tan contentos.


A la salida el plan era ir al Británico pero ya era tarde (la pirula de los trenes) y queríamos coger el servicio off peak de antes de las 16.30. Así que hemos cogido un bus de dos plantas, nos hemos metido en un atasco, y nos hemos ido al Soho a comer (¡sushi!) y a pasear. Todo ha salido según lo previsto y ahora, de rebote, tenemos un calendario de gatos diciendo cosas monas ^____^

Cuando hemos llegado a Watford hemos ido a recoger a Eme, que estaba con los vecinos y ¡nos han invitado a tomar algo con ellos! Como ni siquiera habíamos entrado, hemos quedado a las 7 con ellos... lo normal, ellos ya había cenado y nosotros estábamos merendando. Pero ha sido una conversación muy agradable con unos señores extremadamente encantadores, ya jubilados, que nos han estado contando cosas de UK y nos han dicho que hablábamos muy bien inglés (chúpate esa, cliente franchute). De hecho, creían que habíamos hecho con Dácil y Kike un "house swap", un intercambio de casas durante periodos de vacaciones entre gente que no se conoce. Nos han estado contando que ellos hicieron varios cuando eran más jóvenes, y que les fue genial. De hecho, ahora tenemos IDEAS, pero esa es otra historia. 

Nos ha venido bien hablar en inglés que al final no interaccionamos nada con la cultura local. Eso sí, nos hemos despedido para ir a preparar la cena... y ellos casi se iban a la cama. 

Mañana Nochevieja: celebraremos la llegada de 2015 dos veces. A las 23.00 de aquí nos tomaremos las uvas (si tenemos estómago después del salmon wellington) y a las 0.00 brindaremos con... bueno, con algo. Igual con sidra, que está mucho más rica que el vino que hemos comprado.

La siguiente crónica ya será el año que viene así que, ¡feliz salida y entrada de año!

23 diciembre, 2014

[London Christmas] Segunda crónica: Misión Cocido

El domingo al final hicimos poco. Lo habitual: que terminé de escribir la primera crónica a las mil, que ya cómo vamos a irnos sin haber comido, que comes y se hace de noche. Nos fuimos a dar una vuelta por las oscuras calles y parques de Watford, pero poco más. Eso sí, Adri terminó de ver Firefly + Serenity (y yo las vi por cuarta vez, que tampoco está mal).

El lunes nos íbamos a Londres (ya se sabe, 2together + 2x1) a ver la Torre de Londres, que Adri tenía ganas de conocerla. Estuve hace 5 años y apenas me acordaba de los cuervos... Bocadillos al bolso y a coger un tren directo (15 min) y el metro, que según City Mapper la distancia entre Euston y Tower of London era de unos 40minutos en bici, a los que hay que sumarle los de perdernos un poco, y se nos iba de tiempo. Cargar la Oyster (¡gracias, Diana! Había 0.10£ en la que me dejaste ;)) y coger la Circle Line. 

Cuando llegamos a la Torre había cola en nada menos que ¡6 taquillas! Y había algunas cerradas, en una explanada enorme. En 2009 no estaba preparado como si fuera Eurodisney, ya os lo digo. La entrada eran 22£ con asterisco... * Ticket price includes a voluntary donation. [El precio de la entrada incluye una donación voluntaria]. Un truco estupendo: para no pagarla se lo tienes que decir al de la caja. A nosotros nos parecía mal ese tipo de voluntariedad impuesta, pero como ya íbamos a pagar sólo una entrada... pues pagamos 2£ a la Reina, que debe estar falta de cash.



La Torre sigue siendo un sitio impresionante: fortaleza, palacio, cárcel, patíbulo... en un recinto con muchos siglos de antigüedad. Cogimos una audioguía y NO nos hicimos una foto con los señores Beefeater porque pobres hombres. Para haber tanta cola al entrar, la verdad es que luego se diluía mucho aunque había decenas de niños de esos a los que quieres matar lentamente porque gritan. Pero, ¡espíritu de la navidad! Mucho mejor dejar que los cuervos se encargasen de ellos, y alguno hubo que estuvo a punto porque se empeñaban en acercarse mucho a pesar de las advertencias: "Beware of Ravens They bite!"
Estuvimos como 4 horas en la Torre. Incluso comimos ahí, sentados en un banco a las puertas de lo que es el pisito de la Reina. Que tenía pinta de usarse poco, pero ahí estaba un señor con gorro por si a alguien se le ocurría ¿acercarse? ¿Hacerse un selfie con la casa? Quién sabe.

A la salida, el objetivo era claro: comernos un crepe con nutella. A ver si os pensáis que se nos pasan rápido los antojos. Adri quería haber cogido la línea 9 Histórica de autobús para montar en un Routemaster antiguo pero resultaba que la habían quitado en julio. Peeero, la 15H seguía activa, y un autobús de los años 60 recorre la City pasando por la catedral de Saint Paul hasta Trafalgar Square. Evidentemente, fuimos dando bandazos en el piso de arriba.

Debajo del London Bridge
El plan era coger el tren a las 19, ya que la peak hour de tarde va de 16.30 a 19.00. Mala idea, ya os lo adelanto. Eran las 16.30, ya era casi de noche (el sol se pone a las 15.57) y estábamos algo cansados. Pero fuimos hacia Leicester Square (esquivando hábilmente Picadilly) y nos encontramos con una feria con cacharritos y ¡puestos de crepes! Vale, sólo había uno, pero no necesitamos más. El crepe más caro de la historia, pero qué bien nos sentó. Nos acercamos andando a Covent Garden, por dar un paseo y hacer tiempo, pero a las 18.05 ya estábamos en la estación... y faltaba una hora para que saliera nuestro tren. Yo abogué por hacernos los guiris e intentar colarnos en un peak hour service pero Adri no quiso... lo más que conseguí fue ir a preguntarle al señor de los tornos si podíamos entrar (y que nos dijera que no, claro). Sigo pensando que intentar colarnos y hacernos los guiris hubiera sido mejor plan, pero nos comimos una hora en la estación que nos dejó baldados.

Tanto es así que a las 21.45 ya estábamos muriendo y hemos dormido, de nuevo, 10 horas.

El plan de hoy era volver a Londres, porque todo cierra en navidad (y se alarga hasta el 26, que es boxing day). De hecho, el 25 es que no hay ni servicio de trenes. Pero nos hemos levantado un poco tarde y Adri ha dicho: "mejor nos quedamos". También es que viendo la BBC parecía que iba a acabarse el mundo: "Today will be worst than Panic Saturday", decían. Así que nos hemos dado prisa en ir a comprar la cena de mañana. Todavía no tenemos decidido qué vamos a hacer, pero sí que va a ser atún (el atún más caro del mundo, por cierto) comprado ¡en una pescadería! ¡Pescado fresco! En 2 años en Alemania jamás vi ninguna. 

Hemos hecho un poco de cola en el mercado, pero lo hemos conseguido. Y el Sainsbury no estaba muy lleno... aunque ahí es donde ha empezado verdaderamente el reto. Y es que aunque la cena de nochebuena no la teníamos muy clara, la comida de navidad sí: cocido. Dácil nos ha donado uno de los huesos de jamón que tiene en el congelador (¡mil gracias!) pero había que comprar todo lo demás. Hemos ido con toda nuestra buena intención. Evidentemente, aquí no hay bandejas de verduras preparadas para cocidos porque no hay ningún emprendedor con verdadera visión de negocio. Así que hemos tenido que escogerlas nosotros. Por el momento, tenemos zanahorias, nabos, apio, patatas y un repollo del tamaño de una naranja (igual va a ser otro Lost in Translation, quién sabe). Judías verdes no había por ningún lado. 

Siguiente paso, a por el pollo. Esto ha sido relativamente fácil porque teníamos que elegir entre un pollo recubierto de bacon, otro recubierto de hierbas o uno sin más. Así que hemos comprado un pollo chiquitín para darle sabor. El jamón ha sido imposible, como se podía prever. Sólo había en lonchas. Eso sí, chorizo el que quisiéramos. Porque aquí chorizo hay en todos lados, y se lo echan a cualquier cosa que, como dice Dácil, pasa a ser automáticamente "española". Pero como yo no le echo chorizo al cocido, lo hemos dejado ahí con el resto de "continental meats". 

Y lo que parecía fácil ha resultado imposible: garbanzos. Porque lo normal es tener una estantería llena de legumbres y 5 tipos distintos de lentejas, pero no tener garbanzos que no sean cocidos. De hecho, tenían hasta judías blancas. Así que garbanzos cocidos. Va a ser un cocido un poco raro, porque tampoco hay fideos, pero qué se le va a hacer.

Ya de vuelta nos hemos ido al parque con las bicis y con Eme. Un paseo de lo más agradable en el que hemos visto un tren en miniatura, con un montón de vías y hasta una rotonda para que la locomotora cambie de dirección. Adri ya ha dicho que hay que volver para montarse pero no sé si tendremos que robar algún niño para que le dejen... De vuelta a casa he resbalado en el barro y me he dado un buen guantazo con la bici. Ha sido como a cámara lenta mientras hacía ruiditos rollo "hui hui hui hui". Nada grave más allá de una raspón en el muslo y una colección de cardenales donde se me ha clavado la bici. Eso sí, nosotros pensábamos que habíamos cansado a Eme pero conforme ha entrado en la casa nos ha traído su nudo para jugar con ella... aunque luego ha caído una buena siesta, todo hay que decirlo.

Apetecible, ¿no?
Después de que Eme se levantara de su siesta, decidimos ir a la High Street para ver unos puestos callejeros que habíamos visto por la mañana, y así de paso teníamos una excusa para salir de casa. Craso error: todos los puestos habían desaparecido y en la High Street sólo quedaba la colección de franquicias habituales, incluido el restaurante-español-con-tacos-y-frijoles (ejem). El paseo sirvió para despejarnos y para que nos preguntaran por segunda vez en el día por una dirección... y pudiéramos responder con soltura, todo sea dicho. Creo que gracias a Eme parecemos 100% lugareños.

Mañana el plan es ir un rato a Londres por la mañana, por ir al British Museum que está al lado de Euston. Pero no tenemos ni pensados los entrantes de la cena (¡ni comprados!) así que no sé yo. Estamos consultando recetas británicas para ver qué hacer pero es que esta gente come fatal o muy aburrido. Uno de los platos que más nos encontramos al buscar es Roasted Potatoes (básicamente, patatas asadas). Y tienen como dos mil recetas... 

Están locos estos ingleses, que diría Astérix.

21 diciembre, 2014

[London Christmas] Primera crónica: Transport is the lifeblood of the city

Estoy muy vaga: llevamos ya casi 5 días en UK y no me he puesto a hacer ninguna crónica. Pero hoy hace un día gris, lloviznea, es domingo y bueno, que me he puesto. Conste que las amenazas de yami no han tenido nada que ver.
¡Adiós, Madrid!
Le daría emoción a la crónica contándoos que llevábamos preparando el viaje desde hace meses, pero la realidad es que desde que compramos los billetes allá por el mes de agosto apenas habíamos vuelto a ponernos con el tema. Otros viajes y la vida nos había tenido muy ocupados. Así que los últimos días apañamos una WunderList de tareas pendientes y resolvimos casi todo... fallamos en hacer una agenda de qué hacer, qué ver, pero ¡3 semanas! Ya habría tiempo. 

Lo principal, dejar a los gatos acomodados y con un calendario de cuidadores, estaba hecho. Así que el miércoles nos levantamos antes de que pusieran las calles y salimos a coger un taxi a la noche de Madrid. La verdad es que llegamos sin incidencias a Barajas y nos llevamos la primera sorpresa: cuando dejamos la maleta en el mostrador de EasyJet nos ofrecieron facturar, gratis, el equipaje de mano. ¡Gratis! ¡En una aerolínea de bajo coste! ¿Habíamos caído en un universo paralelo y no nos habíamos enterado? No sólo eso, nos dijeron que por acceder a facturar el equipaje de mano habíamos conseguido embarque preferente en el avión. 

Así que allí fuimos, todo contentos, a desayunar y embarcar antes que nadie en el avión cuando:
a. Adri despistó su DNI un rato lo suficientemente largo como para entrar con el vulgo y
b. Aena no nos asignó finger y fuimos todos apretados en un bus, así que el embarque preferente fue un MEH en toda regla. He de añadir que el vuelo iba a menos de la mitad, así que había pocos problemas de espacio.

Aterrizados en Londres - Gatwick a las 9.05 llegaba la ginkana para poder coger el tren de las 9.56: pasillos interminables no mecanizados, que nos condujeron al reconocimiento biométrico de la foto del pasaporte y a nuestra cara. Una cosa fascinante para mí, que era la primer vez que lo sufría: y así pasó, igual metí 3 veces mal el pasaporte en la máquina porque, ejem, lo metía cerrado y así era imposible que leyera la foto. Una señora, con toda la bordería de la Pérfida Albión, me ladró cómo se tenía que poner y nos dejaron acceder al país. Corriendo a la estación de tren... "Tengo que hacer pis", le digo a Adri. "Ahora no, que no llegamos". Y un tren es un tren, como todo el mundo sabe.

Una cola medianamente rápida nos permitió hacernos con una tarjeta 2Together para viajar en todos los trenes del país con un 33% de descuento durante un año. La chica que nos atendió nos comunicó que nuestros apellidos eran demasiado largos y que no cabían en la tarjeta, así que metía tijera. Pero nos dio la dichosa tarjeta y dos billetes hasta WatfordJunction: 50£ para empezar a jugar en UK (unos 63€). Oh, milagro, eran las 9.30 aún y ¡sí! Pude ir a un baño absolutamente de lujo en el aeropuerto. En serio, el baño de mi casa (y de las vuestras, que los he visitado casi todos) es infinitamente más cutre en comparación. Y, ojo, que también era gratis. 

Como Dácil nos había traído una tarjeta de teléfono inglés cuando estuvo en Madrid en octubre, ¡tenías 3G! Esto es un eufemismo, porque el que realmente tenía 3G era Adri... la tarjeta va en su teléfono que admite doble sim. "Déjame el móvil", fue un frase muy repetida mientras esperábamos el tren... hasta que decidimos que mejor sacrificábamos un poco de batería en aras del tethering y de que yo dejara de dar la brasa con un móvil que no es mío. Transbordo en Clapham Junction mediante, llegamos a Watford a la hora prevista y enfilamos a Church Road a ver a Dácil y a Kike.

El camino era sencillo y el piso está al lado de la estación. Cuando llegamos sólo estaba Dácil haciendo la maleta y organizando mientras Abril le daba patadas en la tripa por la parte de dentro. La pobre estaba cansadísima y no me extraña: los 7 meses le pesaban mucho ya. Pero nos explicó lo que nos faltaba por saber del piso, nos presentó a Eme y nos fuimos en busca del super más cercano, para tenerlo localizado, un Tesco Express muy a mano.

Os presento a Emme
A las 16.30 Dácil y Kike cogieron un taxi de camino al aeropuerto y a Madrid, y nos quedamos solos con Eme, en Watford, para pasar las siguientes 3 semanas en otro país. Lo primero, ir a hacer compra al Tesco Express para tener el frigorífico un poco lleno. Ahí fue donde empezó a horrorizarnos los precios de los alimentos en este país, con cosas tan bonitas como 2.98£ por un kilo de macarrones. Fuimos con Eme, con la correa, a pesar de que su dueña nos había dicho que se portaba muy bien e iba siempre contigo. Pero yo qué sé, nos generaba cierta inseguridad. También nos había dicho Dácil que la perra se quedaba fuera del Tesco tan pancha, pero tampoco nos fiábamos mucho y nos turnamos mientras hacíamos la compra. SPOILER: 5 días después ya ni cogemos la correa porque Eme te sigue y te espera en los cruces de las calles para cruzar contigo. 

El miércoles nos acostamos tempranísimo porque estábamos molidos... y dormimos como 12 horas seguidas. El plan del jueves era quedarnos en Watford, para conocerlo un poco y ver cómo nos organizábamos. Al final, fundamentalmente vagueamos, que estábamos cansados. También salimos tardísimo porque Adri vio en Twitter que AC/DC fijaba una segunda fecha de concierto en Madrid y estuvimos como una hora para conseguir entradas... La cola virtual de ticketmaster fue lo emocionante del día, aunque también fuimos a un super un poco más grande que está algo más lejos y que es algo más barato... sospechamos que el Tesco Express funciona como un Supercor tanto por precios como por horarios, así que ahora hacemos la compra en el Sainsbury. El pueblo es suburbio total: una calle comercial llena de franquicias, calles que realmente son carreteras, y muchos barrios residenciales que han crecido en torno a las estaciones de tren (railway, overground and underground porque hay que tener de todo) que conectan con Londres. 

El viernes nos preparamos para ir a Londres. La 2together nos permite viajar con el descuento en servicios off-peak (hora valle) y, viajando en tren, de lunes a viernes tenemos 2x1 en casi todos los monumentos que queramos ver. Teniendo en cuenta el precio estratosférico de las entradas, nuestro plan es visitar Londres entre semana y dejar los findes para el relax y para salir con las bicis por Watford (sí, también nos han dejado un par de bicis ^_^). Así que preparamos unos bocadillos y, ¡a Londres, pequeño! 

Llegamos a la estación de Euston en poco más de 20 minutos, y allí buscamos los cupones del 2x1 y compramos el boli más caro de la historia de los bolis (2,50£)  porque nos habíamos dejado el nuestro en Watford y con algo teníamos que rellenar los papeles... 

El modo de transporte innercity lo teníamos decidido de antemano: como no llovía, íbamos a probar la bici pública de la ciudad (conocidas como las Boris Bikes, por el alcalde que las puso en servicio... ¿os imagináis que se populariza el término BiciBotella en Madrid?). Por 2£ al día, teníamos cada uno una bici y un montón de estaciones para cogerlas y dejarlas. El trato: no más de media hora por trayecto. El cobro se hace mediante tarjeta de crédito y es comodísimo. En serio, en comparación con lo ortopédico que será en Madrid y la imposibilidad de Barcelona, el sistema nos gustó mucho. 

Y a meternos por las calles de Londres con las bicis y sin conocer el callejero. Una aventurilla que nos dejó en un rato en Convent Garden durante el cual aprendimos a conducir por el otro lado (con algunas dificultades en los cruces, yo tendía a irme al otro carril), nos metimos por una calle que era prohibida y nos topamos con el típico camionero con prisas para ir a la esquina de enfrente. Vamos, lo normal con la cantidad de tráfico que hay. Y eso que estábamos en la Congestion Zone de Londres, un área a la que sólo se puede acceder pagando (mucho, ya está en 11.5£ al día). Aunque eso significa que hay camiones de carga y descarga y pijos en todo terrenos, pero en fin. 


La primera parada era el museo del transporte porque TRANSPORTATION that's why. Que luego me pregunté que por qué pagamos 15£ para entrar (2x1 mediante, ojo) si estoy saliendo con la Wikipedia del transporte, pero ¡material móvil! Además, es The Year of the Bus y había un especial de publicidad y servicios, especialmente del Routemaster, el famoso bus de dos pisos de Londres, ya retirado. Estaba lleno de niños, porque entran gratis y había una excursión, pero la visita moló mucho. ¡Había hasta un trolebús! Con lo fan que soy yo de los trolebuses :_) Igual estuvimos allí 2 horas... antes de irnos a comer nuestros bocatas junto al Támesis.

Decidimos dejar el resto del día para pasear y ver Londres, que yo hacía 5 años que no estaba por aquí. Unos israelíes nos pidieron que hiciéramos una foto junto a una cita de Churchill que no, no era la de los fascistas porque sigue siendo mentira. Al llegar al parlamento y puesto que nos habíamos despertado con la noticia del butanazo a la sede del PP, el comentario fue: "Aquí no pasaría, mira qué medidas de seguridad" mientras examinábamos detenidamente las barreras y unos policías nos observaban con cara de pocos amigos. Al llegar a la Abadía de Westmister, decidimos volver a las bicis. Mal, la primera estación daba problemas con la tarjeta. Y no entendíamos bien el mensaje que nos daba el lector: "Swipe the card". "To swipe, birlar, golpear fuertemente, pegar, apandar", nos informó google translate. En serio, qué leches hacíamos. Efectivamente: irnos a otra estación, donde no teníamos que pegar a nuestra tarjeta y que nos soltó dos bicis de nuevo. 

La idea era pasar por Buckingham Palace donde no supimos bien si estaba o no la Reina (bandera de UK izada) de camino a Green Park donde nos encontramos con mucha señalización horizontal que nos gritaba "NO CYCLING". Tengo que hacer un inciso para haceros ver que en UK, aparentemente, no saben lo que es un manual de señalización horizontal como nuestra querida 8.2-IC y lo que hacen es escribir en el suelo el mensaje: SLOW o NO CYCLING es de los que más hemos visto, asumiendo que cualquiera que conduce por UK sabe hablar inglés y si no, haber tenido suerte en esta vida (o algo así). A lo que iba, que no se puede ir en bici por el parque. De hecho, siguiendo una ruta de cycling llegamos a una encrucijada de dos caminos por donde no se podía ir en bici por ninguno de los dos... Así que bici en la mano y andando que ya íbamos un poco justos para la media hora. 

Nos metimos en el barrio pijo de Londres, en la zona comercial de Oxford Street buscando una estación para dejar las bicis. Consultar el plano. Llegar a una. Todas los anclajes llenos. Se lo comunicamos a la máquina y nos deja 15 minutos más para buscar otra. Consultar el plano. Llegar a otra. Estación deshabilitada. Ajá, esto se pone interesante. Consultar el plano. Llegar a la tercera. ¡Uf! Varios sitios libres, y 1 minuto hasta el límite máximo. Not bad. 

El plan por aquel entonces era encontrar un sitio donde comernos un crepe con nutella porque hay caprichos así y porque estamos en el país de Cadbury y ya habíamos comido mucho (ay, esos Fingers). Pero nos dimos cuenta de que íbamos un poco justos de tiempo para coger nuestro tren off-peak y decidimos irnos andando hasta Euston que en teoría no andaba muy lejos... según palabras de Adri. Yo era incapaz de entender los planos que hay por todo Londres. Hasta que Adri me contó el truco: no están orientados al norte (ni indican donde está el norte, ejem) sino que están puestos en la dirección en la que se consultan. Una cosa terrible que hacía que Euston estuviera cada vez en un punto del plano y que yo me hiciera un taco con las calles. 

Tren de nuevo y a Watford, a descubrir que Eme nos esperaba ansiosa por jugar con nosotros. 

Ayer sábado nos quedamos de nuevo aquí, y aprovechamos que hacía un buen día (en términos británicos) para salir con las bicis a un parque gigante que hay cerca. No duramos mucho porque la rueda de atrás de mi bici iba perdiendo aire y creíamos que estaba pinchada... pero sirvió para probarlas y ver qué tal iban. A Eme le encantó el paseo, aunque sospechamos que se quedó con ganas de más. Por la tarde nuestro plan era irnos a tomar una cerveza a algún pub, pero el mundo suburbial tiene estas cosas terribles: o tomábamos algo en una franquicia o nada. Para que os hagáis una idea, terminamos pasando al centro comercial a ver si había cines, y ¡eco! Ahí estaba el Zara, así que eso debía ser el centro del pueblo. Cerca de casa habíamos visto un pub y decidimos parar allí a la vuelta... craso error, nos dijo el cartel de "Authentic Thai Food" que había en la puerta. Así que volvimos a casa para cenar y descubrir que Eme... no estaba. Un sustillo, sí, pero ya nos había avisado Dácil que la vecina tenía llaves y que si la escuchaba llorar algún día se la había llevado. La señora, muy maja. la trajo al poco contándonos la misma historia, y pidiéndonos permiso para cogerla el día de Navidad, ya que vendrían sus nietos... como su legítima dueña ya había dicho que sí, le aseguramos que no había problemas y nos quedamos comentando la razón que tenía Dácil cuando nos dijo que aquí tenían un rollo raro con el amor absoluto a los perros. 

Poco más; hoy domingo tenemos un plan similar al de ayer, y nos vamos ahora con las bicis, que la rueda de la "mía" ya está arreglada gracias a Adri. Mañana volveremos a Londres, probablemente a ver la Torre de ídem y a volver a probar las bicis. 

¡Seguiremos informando!