07 junio, 2015

[Paris à vélo] Día 3: Unas proteínas más, s’il vous plaît + Au revoir, París!

Aprovechando que Fon e Inés no trabajaban hoy, nos hemos ido los 4 a París. No teníamos muy claro dónde ir más allá de que a la 1 teníamos reserva para comer en el Barrio Latino. Al final nos hemos decantado por el Museo de Artes y Oficios y ha sido un acierto: es muy interesante y no había turistas. El museo tiene más de 200 años e incluso las vitrinas tenían historia. Tiene el problema de que está casi todo en francés y que la guía que te puedes descargar al móvil está en un popurrí de idiomas. Además, los puntos marcados para la audioguía no parecen coincidir con los de la aplicación. Aún así, con nuestros burdos conocimientos de francés hemos conseguido descifrar muchos de los carteles.

Lo que no hemos conseguido es saber qué nos estaba diciendo uno de los vigilantes cuando hemos continuado la visita hacia una ¿iglesia? que tenía dentro un péndulo de Foucault y una exposición de transportes (por que qué mejor sitio que una iglesia para poner unos andamios llenos de coches). Él señor nos estaba diciendo cosas y yo he pensado que nos pedía de nuevo los tickets, porque iba con un lector en la mano. Se los he intentado dar pero no los ha aceptado, sólo nos ha señalado con la mano el pasillo por el que habíamos venido. Luego nos han dejado pasar cuando íbamos con Fon e Inés en un claro ejemplo de discriminación por no ser ciudadanos.
¡Fondeus!
Bici y al restaurante, que estaba encima de una cuesta. Hemos llegado que nos comíamos lo que fuera, y hemos pedido la especialidad de la casa: una fondue de queso y otra de aceite, acompañada de ensalada y patatas asadas (y después fritas, que no se desperdicie un gramo de grasa) a voluntad, sentados en una terraza. Todo riquísimo. Unos japoneses que pasaban por allí han flipado con lo que estábamos comiendo y han decidido imitarnos, aunque creemos que se les ha ido la mano: han pedido para dos lo mismo que nosotros para cuatro. Después de dos millones de fotos, les hemos dejado dándole a la carne y el queso, e iban a buen ritmo...
Nosotros hemos decidido que la carne estaba bien pero que qué pasa con el postre y nos hemos apretado unos crêpes de nutella que no hemos tenido más remedio que irnos a los Jardines de Luxemburgo a echarnos la siesta. 

No parecen malas vistas para echarse una siesta
Curioso que había zonas de césped donde se permitía estar sentado (y estaban llenas) y otras que no (y estaban vacías). Nadie parecía vigilar para que se cumpliera pero se respetaba a rajatabla. Hemos caído derrotados no sin antes observar que teníamos a nuestro lado algo llamado "picnic-bebé"; no es más que lo que el propio nombre indica porque los franceses son casi tan poco originales como los alemanes para la nomenclatura.
Nos hemos ido de allí porque empezaba a refrescar y yo ya tenía tatuada en la espalda la hierba. Nos apetecía pasear cuesta abajo y hemos ido callejeando por el barrio. Nos hemos encontrado una feria de libro antiguo bastante chula y Fon se ha comprado un atlas de geografía de antes de la I Guerra Mundial.

Teníamos otra cita para un café, no sin antes pasar a comprarle "Le
Hobbit" a nuestra amiga Moni que nos lo había encargado. Por alguna razón hemos terminado en un bar lleno de adolescentes yanquis de viaje a Europa (Madrid-París-Londres) y que luego he descubierto que era un grupo de fútbol (soccer) europeo que, además, han decidido ir todas al baño al mismo tiempo que yo. Lo de los baños en esta ciudad está infradimensionado, en serio.

Rosetón en Notre Dame
A por bicis de nuevo pasando por Notre Dame, donde coincidimos con un atardecer impresionante y un concierto de órgano. Me acordé mucho de Franky y Migue que seguro que lo habrían disfrutado. En la estacón de bicis descubrimos que era la Fiesta de la Bici y Velib era gratuito (y había cola en el tótem). Nos fuimos a dar un paseo por la Place des Vosges y por la Bastilla, cuya rotonda debe estar diseñada para rememorar el siglo XVIII  y sus cosas. Me pareció hasta más peligrosa que la del Arco del Triunfo, que ya es decir. Me pregunto quién diseñará esas trampas. Pensábamos dejar las bicis en la Gare du Lyon y pasar a ver la estación pero fue imposible: la base de las bicis estaba llena. Pedimos 15 minutos más y nos fuimos hacia nuestro destino de esa noche, el Parc de Bercy, una actuación similar al Matadero de Madrid pero mucho más grande y con una biblioteca horrorosa. Allí nos esperaba la cena, a base de carnaza. Fon e Inés tenían una promoción en la que los entrantes salían gratis y nos pusimos de comida hasta las cejas, de nuevo. En fin, podría vivir a base de entrecottes y ensaladas.

Por la noche ya hacía frío y nos habíamos quedado un poco helados en la terraza, así que decidimos coger las bicis para volver a la estación y coger el tren, decisión que duró hasta que nos subimos a las bicis y enfilamos hacia casa. Ya entraríamos en calor. Yo agradecí mi chaqueta de bici con capucha: fuimos en paralelo al Sena gran parte del tiempo y luego atravesando el Bois de Vincennes, durante unos 9 km muy bonitos. Eso sí, nos penalizaron por tardar más de media hora en devolver la bici pero el paseo mereció mucho la pena. Volvimos a tener problemas para dejar la bici pero 15 minutos más y listo. Caímos rendidos de nuevo: ya eran altas horas de la noche en Francia aunque en España estaríamos terminando de cenar.

Esta mañana hemos desayunado por última vez con Fon e Inés y hemos quedado para un nuevo viaje: París - Londres en bici, que lo hemos visto anunciar por todos sitios y parece ser que es un proyecto de la UE llamado "Avenida Verde": 406 km en bici, ¡llanos!. Este verano está un poco justo pero para 2016...

Hemos pasado unos días estupendos en París, que nos ha resultado bastante menos caro de lo que esperábamos. Una de las cosas buenas de ir con locales es que vas a sitios chachis y te enseñan trucos como que pedir agua del grifo es lo normal y no te ponen mala cara. La media de comida ha sido de 16,5€ cada uno y eso poniéndonos hasta las cejas.

Nos hemos dejado mucho por ver pero era algo que llevábamos asumido y no nos preocupa: ya volveremos. La experiencia de las bicis ha sido excepcional, si hubiéramos andado todo el rato habríamos terminado mucho más cansados y hubiéramos abarcado menos ciudad. En media hora hacíamos muchos kilómetros de una manera muy cómoda y barata. Totalmente recomendable si venís a París (y para niños existe la opción P'tit Vélib).

El próximo viaje aún no está planificado pero con casi toda seguridad será cicloturismo, que tenemos mono.

¡Hasta la próxima!

06 junio, 2015

[Paris à vélo] Día 2: "Y yo quiero un millón de dólares"

Paso a nivel de camino al RER
Nos hemos levantado un poco más tarde gracias a las contraventanas y hemos cogido el cercanías para ir directamente al museo de Ciencias e Industria. Está al norte de París y nos pillaba de camino. No lo sabíamos (de verdad que no) pero el museo tiene una sección de transporte bastante chula. Si hemos estado 3 horas en el museo, una la hemos echado en esta parte. Aunque habíamos quedado a comer con Fon, no nos ha dado tiempo: las 12.15 es una hora difícil si quieres aprovechar la mañana. Hemos terminado comiendo en el museo y aprovechando la entrada un rato más. A la salida he protagonizado el piloto de "Friends": iba quejándome de que llevaba desde que habíamos llegado con ganas de tomarme un helado cuando nos ha parado una chica con una caja de mágnum en la mano para ofrecernos un par de ellos. Hemos aceptado, claro: caja comprada en el súper, cada uno coge un helado y los que sobran se lo das a quien sea antes de tirarlos. Ross no tuvo tanta suerte aunque yo probé a pedir un millón de dólares
Adri haciendo propaganda de su blog.
Cogimos las bicis y nos fuimos de camino a Montmatre cuando apenas hacía 35 grados a la sombra y un bochorno importante. Cuando dejamos las bicis, Montmatre había pasado a segunda prioridad, siendo sustituido por encontrar agua. Dimos unas cuantas vueltas buscando un súper bajo el riesgo de deshacernos y convertirnos en un charco parisino pero lo encontramos. Aprovechando el parón, le pedí a Adri conexión de datos y voilà! El email de la UE anunciando que nos daban una beca para una idea que habíamos presentado. Creo que el resto del camino hasta la cima del monte lo hice en estado de shock, pero llegamos al Sacre Coeur. Nos metimos en misa con el único objetivo de estar al fresco, que el sol caía a plomo y nos apresuramos a bajar después de hacer las fotos de rigor. Evidentemente, y aunque hay una bonificación de velib por subir las bicis hasta allí, no había ni una estación con bicis, así que tocó bajar andando.

Las vistas desde Montmatre

"Vamos a pasar por una de las calles con más sexshops de Europa", me informó Adri. Y llegamos al Moulin Rouge y a una zona que suena más sórdida de lo que realmente es. Seguía sin haber bicis, así que tocó andar hasta la Escuela de Fon. El plan era entrar al Louvre porque con sus carnets de Amigos del Museo podían meter a una persona más los viernes por la tarde; como había que esperar a Inés, decidimos hacer tiempo comiéndonos un crêpe en la otra punta de la ciudad. Bicis y a correr la contrarreloj por mitad de París y cuesta arriba, o no llegábamos con la media hora de uso de Vèlib. Mi crêpe de nutella estaba rico pero Adri y Fon se comieron uno salado que era un maxi crêpe de 3 pisos. Nos fuimos a un parque con fuente para conseguir que pasara.

Como Inés ya estaba llegando, volvimos a la bici y nos fuimos a Chatelet: bajando,la vida se ve de otro modo y conseguimos no vomitar la merienda. Entramos al Louvre a dar un paseo y a descubrir que es como el British pero ordenado; como puesto todo con más estilo. También descubrimos los sarcófagos-matriuskas porque todo el mundo nos había dicho que fuéramos a la sección de Egipto. A la de pintura ni nos acercamos, seguro que La Gioconda sigue expuesta detrás de un muro de gente y teníamos poco interés en agobiarnos.

Lo hicimos bien porque la tormenta que amenazaba París había caído durante nuestra visita y conseguimos no mojarnos. Eso sí, la temperatura había bajado 12 ó 14 grados de golpe y habíamos pasado a lo que yo denomino "frescor de chaqueta". Evidentemente, no llevaba, así que nos fuimos hacia el metro con el plan de la cena: ¡sushi! De camino, pasamos por el Pont des Arts al que han quitado los candados por el peligro que suponía para la estructura; tampoco pude encontrar a La Maga.

Lo del barco no era una metáfora.
A Adri le hizo ilusión montar en el metro: "es que en la línea 7 no me he subido nunca" así que él iba feliz por la nueva (ejem) experiencia y yo por ir caliente. Nos hinchamos con un "barco" de sushi de una manera obscena, en tanto en cuanto ni hacía ni 3 horas de los maxi crêpes. Salimos rodando a por un Uber pero tuvimos que alejarnos de la zona de bares para que la tarifa bajara a la mitad, en un claro ejemplo de que la ley de la oferta y la demanda funciona (o, según mi interpretación, de que son unos chorizos).

Llevamos a Champigny casi a medianoche. Yo me fui directa a la ducha, que iba en modo pies negros y a la cama y sin escribir nada de nada. Llevamos dos días muy intensos en París y aún nos queda otro.


  • Hemos comido en el museo de Ciencias.
  • Hemos cenado en Oi Sushi!

05 junio, 2015

[Paris à vélo] Días 0+1: Desde la calzada

¡Nos vamos! Au revoir, Madrid!
Hemos llegado a París, después de un vuelo algo retrasado y a unas horas que en el aeropuerto de Orly estaban a punto de encender las luces y echarnos.

El plan era coger un servicio de Uber para ir hasta casa de Fon e Inés, usando la aplicación. Conecto datos y lo solicito: origen, destino, ningún problema. Un minuto después, llamada entrante con código de país yanqui (+1)... Venga, a ver:
- Hello?
- [Parrafada incomprensible en francés.]
- Oh, sorry, do you speak English?
- No.
Se ponía la cosa estupenda. Pero como había voluntad, conseguimos entendernos:
- Sud? Ouest?  Where? Where?
- Sud!
Y así todo. Todavía considero un milagro que nos viéramos en el kiss&ride, sobre todo porque Adri y yo nos perdimos en el aeropuerto. Lo bueno de encontrar al señor de Uber es que ya podíamos comunicarnos en el idioma universal: las señas. Así me indicó que uno se tenía que poner en el asiento delantero, señal clara de que los servicios de Uber no son del todo legales aquí.

"20 minutos hasta casa de Fon", pensé yo, que iba delante, "al menos, serán tranquilos". ¡Craso error! El señor, pese a los evidentes problemas de comunicación se empeñó en darnos conversación. Nos preguntó de dónde veníamos, a qué nos dedicábamos, qué hacíamos en París y nos contó que sus padres van a Alicante a coger el ferry hasta Algeciras. A google gracias por la existencia de Translator.

Fon nos estaba esperando con la cama hecha y nos metimos en el sobre al poco de llegar. Cuando nos acostamos comentamos que las ventanas no tenían cortinas pero que bueno, que esto es Europa. Nos ha despertado un sol brillante a eso de las 6 de la mañana... Para enterarnos luego de que había contraventanas.

Teníamos un total de cero (0) planes para París. De lo poco que teníamos claro era el plan de transporte: billete de 10 viajes para llegar el centro y bici pública. Nos hemos ido con Fon a la estación y el billete de 10 viaje eran 10 billetes de 1 viaje. Que es lo mismo pero en modo ineficaz. Por suerte, la bici pública (Vélib) es sencilla de usar y sólo hemos necesitado un ticket. Por 1,70€ cada uno, teníamos 24h de bici, el equivalente a un viaje en metro. Ya os adelanto que lo hemos amortizado.

Hemos acompañado a Fon a su Universidad y hemos seguido con las bicis hasta la Ópera. París está haciendo un esfuerzo muy grande por introducir la bicicleta y hay mucho carril bici, en muchos casos a contramano. También es cierto que la carga y descarga y el aparcamiento irregular consiguen que el carril bici sea disfuncional. Por otro lado, como esta ciudad es un atasco continuo, los coches van a 10km/h y el riesgo es poco.
Adri con las bicis de  Vélib

Desde la Ópera hemos ido andando hasta el Louvre para no entrar: no nos apetecía nada meternos en un edificio con el día que hacía. Así que nos hemos ido andando por las Tullerías, sentándonos al sol en mobiliario urbano móvil (un acierto) y nos ha hecho una foto un secreta en la Concordia. Ojo, que se lo hemos pedido nosotros, pero es que pensábamos que era un señor normal.

El señor que nos hizo la foto tenía prisa.
Sillas individuales que se mueven. Estoy enamorada de esa idea.
La foto que nos hizo el secreta. Tenía menos prisa que el señor del Louvre ;)

Los Campos Elíseos estaban engalanados con policía armada hasta las cejas y banderas españolas y francesas, señal clara del paso del Borbón por allí a hacer lo que no se atreve a hacer en España: homenajear a los republicanos que liberaron París. Pero me desvío del tema.
Banderas españolas y francesas [foto desde la bici, en un semáforo en rojo]
Hemos vuelto a coger las bicis para bajar los Campos, hasta el Arco del Triunfo, que es una rotonda gigante sin ningún tipo de sentido. Luego nos hemos enterado de dos cosas: que el código de circulación no específica prioridad de circulación en las rotondas y lo normal es que tenga prioridad el que entre (esto explica por qué nadie nos cedía el paso yendo por dentro); la segunda, que los seguros no cubren accidentes en el Arco del Triunfo. Que no me extraña, porque la que había liada era peor que Plaza de Castilla. Aún así, hemos circulado con tranquilidad y hemos llegado al Trocadero, a dejar las bicis y a buscar un baño y un supermercado.

Debíamos seguir con la lógica de Londres: en los parques hay baños públicos. Error. Tras comprar una ensalada, nos hemos ido al Bois de Boulogne a comer en el césped y no había un maldito baño público. Tampoco había una cafetería, con excepción de una en mitad de una isla a la que se accedía en barco previo pago de 1,50€. Mira, no. Otra habrá. Pues no. Al final, hemos vuelto a nuestros ancestros y hemos hecho pis en el bosque, con la seguridad de que estábamos contraviniendo alguna normativa pero haciéndole caso a la naturaleza.

Bici de nuevo y al Trocadero y la Torre Eiffel. Era el punto neurálgico de turistas y de coches, porque vaya atasco había allí montado. Fotos de rigor pero sin poder subir: tendríamos que haber comprado la entrada hace semanas y, aún así, hacer cola. Nos hemos terminado sentando en un banco a la sombra y yo he aprovechado para echarme 10 minutos de siesta que me han dejado nueva.

¡París!
¿A que tengo mejor cara después de la siesta? 
Más bici y por la orilla del Sena hacia el Louvre de nuevo a recoger a Fon y a Notre Dame. Tampoco hemos pasado porque hoy no teníamos ganas de edificios por dentro. A las 7 habíamos quedado con Raquel y con Nacho (y con Luna e Iván, sus niños) para tomar algo y cenar.

[Pausa para dormir, que estaba muerta, termino la crónica en el tren camino a París]

Quedamos en un bar friki, lleno de referencias a películas y donde la gente quedaba a jugar. Nosotros nos lo ahorramos, que era ya la hora de cenar y había hambre. En el bar, por alguna razón, tenían patatas bravas; las pedimos por hacer la gracia y ahora necesito volver a Madrid a resarcirme. Raque nos estuvo contando en qué consistía su trabajo: I+D de galletas. Ahora quiero que me mande nuevos descubrimientos ;)

Los niños tenían que irse a la cama, lo cual es una excusa para decir que estábamos muertos después de todo el día y queríamos irnos a dormir. Descubrimos a las malas que la tan elogiada red de buses de París tiene un problema: las frecuencias caen hasta el submundo de la calidad del transporte y el autobús que por la mañana pasaba cada 6 minutos ahora lo hacía cada 45. Evidentemente, acababa de pasar. Tuvimos suerte y vino otro que nos acercaba, a pesar de que el SAE decía que tampoco porque el mono borracho debe ser el que maneja el sistema.

Ya en casa de Fon descubrimos varias cosas: que estábamos llenos de polvo y pegajosos, por un lado, y que nos habíamos quemado cual guiris en Benidorm. Gracias a que ya sabemos cerrar las contraventanas, hoy hemos dormido hasta las 8. Nos espera un día duro, así que lo vamos a agradecer.
Vamos camino de París a lucir un moreno albañil de lo más cool.

03 junio, 2015

AC/DC, el espectáculo

Ayer me sentí como Barbijaputa en un mitin del PP. Era un concierto, sí, de rock, también, pero el desconocimiento de la mitología asociada a este grupo consiguió que me asombrara más que disfrutara. No soy fan de AC/DC. Me suenan algunas canciones (¿2? ¿3?) y conozco una pero en diciembre decidí apuntarme al plan porque "estos conciertos son un espectáculo". Y ahí iba yo, al espectáculo.

Después de casi dos horas esperando, con unos teloneros que me gustaron mucho (Vintage Trouble) empezó el concierto de AC/DC con puntualidad australiana. El público conectó con algún sistema desconocido para mí que les hizo gritar y aullar cuando un meteorito salió de la luna, saludó a una tetona medio en bolas y aterrizó en un estadio de fútbol que supondremos era el Vicente Calderón. La música empezó a sonar y en una sincronización digna de Corea del Norte, los rockeros a mi alrededor empezaron a saltar y a pegarse. Yo me hice muy pequeña mientras miraba alucinada a la masa que de repente me rodeaba hasta que Adri me rescató a empujones. Los rockeros, que hasta ese momento iban con moñetes, habían dejado sus melenas al viento; tuve suerte y el que me tocó delante tenía el pelo limpio y olía bien.

Fue entonces cuando vi a dos abueletes en el escenario dándolo todo: el cantante y el guitarrista, Angus Young, que es el famoso famoso y que yo me pasé todo el concierto pensando que era como Pettigrew pero sin dientes, corbata de Howgarts incluida. No cantaba pero los labios le revoloteaban constantemente, como si tuviera la boca enchufada a un túnel de viento. Los realizadores tenían a bien hacer de esta imagen un primer plano habitual en las pantallas gigantes, así como la mano en la guitarra, donde destacaba una alianza que le sentaba como a un cristo dos pistolas. Daba mucha grima pero creo que sólo a mí porque la masa seguía saltando y gritando y yo intentaba ser incorpórea, porque, tío, si mis tetas te llegan a la cintura igual es el momento de que tengas un poco de cuidado. "Ser mujer en este tipo de conciertos es un puto problema", me dijo una chica de mi estatura a mi lado, probable receptora de algún codazo.

Las canciones fueron sonando con pausas un pelín largas entre ellas, probablemente para que el equipo médico tomara la tensión a los abueletes. Como todos los conciertos de grupos con años, las canciones clásicas son subidón, mientras que las nuevas son meh, momento en que la gente aprovecha para moverse hacia  sitios ignotos dada la densidad que había en el estadio.

El de la boina de chenilla y el elfo [foto de RTVE]
Aparentemente para que te guste el rock es necesario disfrutar de los fluidos corporales de otros. No sólo del sudor de los demás asistentes o de los minis de cerveza que, a 12€ cada uno, volaban por el aire, sino por la fiesta de saliva y sudor que había sobre el escenario. El cantante no se quitó en las 2 horas una boina de chenilla a pesar de brillar bajo los focos, cosa que combinaba magistralmente con unas boceras en las comisuras que nos acompañaron todo el concierto. Pettigrew, quien al principio sólo enseñaba sus canillas (y mi cerebro ya tenía dificultades para asociarles con su cara), se terminó convirtiendo en un elfo de Terry Pratchett vestido únicamente con unas bermudas de terciopelo rojo. Los cabezazos sobre la guitarra iban sincronizados con gotas de sudor que, gracias a los primeros planos, empecé identificando con un efecto especial de lluvia.

Hubo dos momentos cumbres. El primero es el que yo he llamado "voy a hacerme una felación mientras esta gente me observa" que consistió en un solo del elfo de ¿8 minutos? y que incluyó pasarela que se eleva a los cielos y más confetti que en casa de Ana Mato. El abuelete lo dio todo, incluso algún acorde en falso. El segundo fue después del final de pega cuando tocaron la única canción que conocía, "Highway to hell", con bolas de fuegos saliendo del escenario mientras yo rezaba por los chicos de prevención de riesgos y los cables eléctricos del escenario; y la siguiente, ni idea, que incluyó ¡salvas de cañones y fuegos artificiales! Para mí, espectadora externa a la religión AC/DC, era difícil entrar en el mundo de un grupo australiano donde había cañones de la Guerra de la Independencia Americana, que se disparaban bajo los gritos enfervorecidos del público: "Fire!".

Y ahí acabó todo: 2 horas exactas. Me ha fascinado observar a la gente a mi alrededor: se sabían el concierto. Adri era capaz de adivinar cuál era la siguiente canción, qué iba a pasar entonces, qué faltaba. Eso sí, su padre y él disfrutaron como enanos.

El concierto fue un espectáculo, pero muy lejos de lo que había esperado. Disfruté de un macro concierto en vivo, sí, pero fundamentalmente observé un espectáculo sociológico, en el que un montón de gente que ya peina canas se ponía unos cuernos de plástico parpadeantes y rendía culto a un señor mayor con cara de mala hostia, mientras aprovechaban para desfogar a saltos y empujones. Cuando salimos, me fascinó pisar la M30 y andar por encima de ella, pero eso ya es otra historia.

25 mayo, 2015

25M o el día de la ilusión


Hoy me he levantado contenta. Llevaba ilusionada con las elecciones que se celebraron ayer muchos días y sabía que podía caer y que sería desde muy alto. Pero ni las endorfinas ni el trabajo hecho me lo iba a quitar nadie. Y es que este año, por primera vez en mi vida, me impliqué activamente en la campaña de Ahora Madrid, el partido municipalista de unidad popular, concretamente dentro de la sección de movilidad. Desde ese grupo apoyamos a campaña en lo que nos pidieron: desde responder preguntas específicas de medios, como las de madridiario.es, hasta proponer un proceso ciudadano para la reforma integral del Eje de Santa María de la Cabeza.
Han sido unas semanas emocionantes y quiero pensar que he puesto un granito de arena en esta victoria de Ahora Madrid. Y es que para mí, aunque no hemos sido capaces de superar a Esperanza Aguirre y su Partido Popular en votos, este resultado es una victoria: hace un par de meses, nadie conocía Ahora Madrid, nadie conocía a Manuela Carmena, nadie conocía esta alternativa ciudadana. Y ahora hemos conseguido 20 concejales de los 57 posibles y lo más probable es que Ahora Madrid gobierne en el Ayuntamiento con el PSOE. Una coalición de izquierdas gobernando Madrid: casi no me lo puedo creer. Y ya, ya sé que el PSOE no es la izquierda que nosotros queremos, pero sus bases sí lo son. Veremos qué actitud adoptan en los próximos días.

Me quedo con algo poco usual: ayer, en el escenario de Ahora Madrid en la Cuesta de Moyano, Guillermo Zapata empezó la intervención en catalán, felicitando a Barcelona en Comú y a su próxima alcadesa, Ada Colau.

Dejando a un lado la parte emocional que ha supuesto para mí esta victoria, hay algunos datos que me gustaría sacar a relucir. Ojo, que no soy politóloga y ahora voy a entrar en modo cuñao, qué se le va a hacer:

La victoria de las candidaturas ciudadanas

Por mucho que la televisión se empeñara en decir que Podemos había ganado muchos concejales en las municipales, lo cierto es que las candidaturas ciudadanas como Ahora Madrid o Barcelona en Comú eran mucho más que ese partido político. Así lo demuestra, por ejemplo, el voto en Madrid: mientras Ahora Madrid obtiene 519.210 votos en la capital, Podemos se queda en 286.973, el 55%. No es ninguna tontería. En Ciudad Real, mi otra ciudad de referencia, se repite algo similar aunque menos pronunciado: 5.815 votos a Ganemos Ciudad Real frente a los 4.734 a Podemos; curiosamente, hay otros 1.150 votos que van a a coalición Ganemos-Los Verdes-IU que se presentaba a las autonómicas.

En Cataluña no ha habido autonómicas y espero con impaciencia los resultados de septiembre para ver cómo se comporta el binomio Barcelona en Comú / Podemos en la ciudad condal. Aunque considero que Madrid ejemplifica mejor el comportamiento general de España de cara a las generales, Barcelona, como segunda ciudad en población, es una referencia fundamental.

No me gustaría dejar sin nombre a la gente de Zaragoza en Común, Compostela Aberta, Marea Atlántica y demás coaliciones ciudadanas que, ahora sí, van a gobernar sus ayuntamientos desde y para la gente y que me generan muchas esperanzas. Gracias, de verdad.

Mi conclusión: la gente identifica a Podemos con candidaturas ciudadanas y no le importa tanto las siglas. Ojalá lo tengan en cuenta para las generales.

La derrota de Izquierda Unidad - Comunidad de Madrid

El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros.
Así comienza Crónica de una muerte anunciada, novela de Gabriel García Márquez, y así debió empezar el día de ayer en la sede de IUCM. En los últimos meses, la dirección del partido en la Comunidad de Madrid ha dado la espalda a afiliados y simpatizantes. Parafraseando a Sabina: que la culpa sea de Tania Sánchez o de Pérez y Gordo, mire usted, lo mismo me da. El caso es que se han cargado el partido desde dentro, lo han dinamitado y el resultado de las elecciones (menos de 30.000 votos en la ciudad de Madrid y unos 130.000 en la Comunidad) deja a la formación con el eterno dilema de siempre: reformarse o morir.

Aparentemente, IU lleva muriendo mucho tiempo quizá porque no se ha dado cuenta de que hace años que llegó el momento de reformarse. Si no se da cuenta ahora, en las generales de otoño los españoles firmaremos su defunción. Me da mucha pena, pero Madrid es la cara visible de la formación y está destrozando la imagen federal.

Mi conclusión: es hora de que IU deje de arrogarse la representación de la gente y pase a ser parte de la gente. El despotismo ilustrado está pasado de moda.

El punto de inflexión del PSOE

En líneas generales, el PSOE ha perdido votantes pero no tanto como se esperaba. En el total estatal para las municipales ha perdido unos 750.000 votos, que contrastan fuertemente con los casi 2 millones y medio que ha perdido el PP. Creo que en toda España ha querido jugar el papel de abuelo sabio y les ha salido bastante bien. En la CAM, con una campaña autonómica bastante flojita, lo han bordado.

Sin embargo, también creo que está a un paso muy pequeño de hacer un PASOK y ser insignificante en el cómputo nacional. Está Susana Díaz intentando formar gobierno en Andalucía y negándose a firmar un pacto anticorrupción. Les va a pasar lo mismo en otras comunidades autónomas y en otros ayuntamientos y de ellos va a depender la imagen pública que proyecten a partir de ahora, o deciden asumir que ha habido corrupción y hay que eliminarla, o en las generales van a perder aún más votos frente a partidos que enarbolan lo que debería ser una obviedad: que la corrupción no puede ser parte integral de la administración pública. 

Mi conclusión: Han salvado los muebles pero o vuelven al socialismo obrero del que presumen en sus siglas, o desaparecen. Los ciudadanos les han vuelto a dar una oportunidad y depende totalmente del PSOE el aprovecharla. 

La irrupción de Ciudadanos

Es un partido que no me gusta. Tienen un programa que me pone los pelos de punta, que aboga por el liberalismo económico, por la privatización de servicios públicos, y por una mayor participación de las empresas en los espacios de decisión públicos. Luego dicen que son de centro izquierda, en un giro dialéctico y un retorcimiento mental de proporciones épicas. 

La división de izquierda y derecha está hoy más vigente que nunca. Si algo he defendido siempre es que es imposible ser económicamente de derechas y socialmente de izquierdas, porque a la hora de distribuir el presupuesto o apuestas por lo social y pones el dinero de los impuestos en sanidad, educación, movilidad sostenible, etc. o lo pones en descuentos en impuestos directos a rentas altas, subvenciones a empresas e inversiones megalómanas. Ciudadanos intenta ser de derechas y de izquierdas y creo que le ha salido un discurso flojo, que ha convencido poco. Venían con la intención de ser la llave de la mayoría del país y se han quedado en algunos apoyos. La Comunidad de Madrid depende de ellos, eso sí, ¿dejarán gobernar a Cristina Cifuentes? ¿Tendremos una nueva autopista de entrada a Madrid, paralela a la A1? ¿O se abstendrán y serán parte de ese cambio que anunciaban, dejando gobernar en minoría a PSOE + Podemos?

Mi conclusión: Han sido perro ladrador y lo lamento, porque era mi esperanza de la fragmentación definitiva del voto de la derecha. De cara a las generales tendrán que definir mucho el discurso y se les juzgará por sus pactos.


La caída de la rancia derecha

La condesa de Bornos aspiraba a gobernarnos en Madrid, con mano de hierro y riéndose del pueblo que utiliza mientras, en el fondo, desprecia. Es toda una alegría haberle quitado su sonrisa de sátira. Porque venía a Madrid a ganar, venía a arrasar, con su nombre como única garantía y sin un mal programa porque el pueblo, ya sabéis, es idiota y no lee. Se ha quedado con 21 escaños en Madrid y ha sido superada por su rivalísima, Cristina Cifuentes, en votos dentro del municipio. Debe estar rascándose mucho porque el picor debe ser insoportable. Cifuentes depende de C's para gobernar la Comunidad y sigo pensando que no va a ser tan directo como se dice: C's está mirando a las generales. 

Por suerte, no sólo en Madrid la derecha ha sufrido un fuerte revés: ha sido prácticamente en toda España. Rita Barberá, alcadesa durante años de la maravillosa ciudad de Valencia, ayer salía cabizbaja después de reconocer la derrota. María Dolores de Cospedal declaró la ingobernabilidad de Castilla-La Mancha por el PP, tras intentar un pucherazo legal pero no moral. Teófila Martínez deja Cádiz en manos de un probable tripartito de izquierdas. León de la Riva abandona Valladolid y dejará de ofendernos con sus declaraciones machistas y xenófobas. 

En mi Ciudad Real deja de tener mayoría la  derecha, que lleva gobernando desde el año 79 con distintos nombres pero con las mismas caras. En las capitales de Andalucía se ha vuelto mayoritariamente a la izquierda. Como decía antes, han perdido 2.500.000 votos, más del 10% de la participación (22.5 millones). Nada menos. Es el gran derrotado de estas elecciones aunque lo quieran vender de victoria. 

Mi conclusión: Si algo ha demostrado el PP es que no son los gestores para hacernos salir de la crisis económica. En las generales sufrirán mucho para mantener un resultado mínimamente decente. 

Los pactos

Se va a tener que pactar en todo el territorio nacional, ya que apenas ha habido mayorías absolutas. Es una buena noticia. Es una gran noticia. Espero que los partidos no jueguen a bloquear y a sacar réditos electorales de cara a las generales. Espero que todos cumplan su programa, que se ciñan a lo que han prometido y lo que parece que la mayoría de la población desea.

En Madrid, el pacto claro parece venir de la mano de Ahora Madrid y el PSOE. Sinceramente, espero que el PSOE no se dé un tiro en el pie y, absteniéndose, le dé el gobierno en minoría al Partido Popular y a la condesa. En la Comunidad, veremos. Yo apuesto por un gobierno en minoría de PSOE + Podemos, con la abstención de C's. No es un resultado óptimo pero creo que es lo más previsible.

Espero que Castilla - La Mancha pase a ser gobernada por el PSOE y Podemos. Que Ciudad Real sea gobernada por el PSOE y Ganemos. Que, en general, se lleguen a acuerdos en todos los ayuntamientos y autonomías para que deje de gobernar la derecha: Barcelona, Zaragoza, ¡Valencia!, pero también las capitales pequeñas (Segovia, Valladolid, Oviedo) y todos los pueblos de España.

Me decepcionaría muchísimo que no se pactase por defecto o que se pidiera la luna para hacerlo, negociando y cambiando cromos de distintas áreas. No tendría sentido práctico ni estratégico: creo que la ciudadanía ha (hemos) superado el votar a siglas, y hemos empezado a votar a programas y querer ver resultados tangibles. 

Mi conclusión: la nueva política, y los partidos que se venden como tal, deben ser flexibles para poder enfrentarse al trabajazo que les han encargado los ciudadanos. Estoy convencida de que se puede y de que los resultados superarán, con mucho, los de cualquier mayoría absoluta.

Nuestras ciudades van a cambiar en los próximos cuatro años y yo estoy convencida de que va a ser a mucho mejor. 

23 marzo, 2015

Días de crepes y amor

La carraquita de Renfe y nosotros
Murcia era el primer destino que Adri y yo teníamos previsto para 2015, tras volver de nuestras largas vacaciones en Watford. Se escapó un viaje a Barcelona por medio, aprovechando que teníamos que ir por trabajo. El plan original era ir con las bicis y hacer alguna ruta, aprovechando que Murcia es plana (hola, yami) y que suele hacer buen tiempo. Al final, alerta spoiler, ni nos llevamos las bicis ni ha hecho buen tiempo. Lo primero, porque logísticamente era complicadísimo trasladar las bicis: teníamos que llevarlas a la oficina y luego ir en bici a Atocha porque no nos dejan meterlas en ningún medio de transporte; para Adri hubiera sido sencillo porque trabaja al lado, para mí, una odisea desde San Blas. Así que decidimos alquilar allí. Pero al final el tiempo no ha acompañado y hemos hecho poca bici pero muchas otras cosas.

El miércoles nos plantamos en Murcia tarde… tanto en hora como en horario, que el Altaria (que Migue definió como “una carraquita de Renfe”) llegó con 20 minutos de retraso. Aparecimos en casa de Bego, nuestra anfitriona, cuando ya era jueves, pidiendo cama y descanso con urgencia.

El jueves amaneció tormentoso: lluvia, viento, nubes. Eso sí, Bego nos había preparado unos crepes estupendos que devoramos rellenos de nutella… Evidentemente, ya habíamos descartado las bicis. En su lugar, habíamos confirmado nuestra disposición a que los padres de Pablo nos hicieran caldero murciano para comer. Todo muy típico, en una zona inmensa de huerta, llena de naranjos y limoneros; los abuelos de Pablo habían sido los aguadores del pueblo, y la parcela conserva todavía algo de la maquinaria antigua de extracción de aguas. De hecho, como ha sido históricamente un punto importante, tienen hasta parada de autobús en la puerta. Antes de la comida nos dio tiempo a un pequeño paseo por el campo aprovechando que no llovía. Bego nos llevó a lo alto del monte por el “camino para adultos”, excursión que se zanjó con un vendaval en la cima del montecito y una caída por mi parte al bajar del bancal, no haya viaje sin que Marta se caiga.

El caldero estaba exquisito. Estaba hecho con un pescado que yo no conocía, llamado mújol, un pescado blanco muy suave y muy sabroso, que parece ser que es típico de allí. Inauguramos así el puente de comer de manera superlativa, con postre a base de melón, tarta de manzana y buñuelos de viento. La siesta era obligatoria después de semejante comilona, aunque no sin antes recoger naranjas y limones de la huerta. Creo que jamás he probado unas naranjas y unos limones tan fragantes; a Madrid nos llegan ya frigorizados mil veces.

Esa noche decidimos ir a ver el final-final-ahora-sí-director cut de Blade Runner, que acaban de estrenar en cines, en versión original. ¡Y nos fuimos en tranvía! Un servicio que está como sin terminar, sirviendo sólo a dos barrios de la ciudad y sin pasar por el centro, pero muy majo. Eso sí, frecuencias de media hora, luego dirán que no se usa y se preguntarán por qué… Blade Runner termina igual y los androides siguen soñando con ovejas eléctricas, aunque la película no lo diga. Cenamos por allí con Pedro, que se nos había unido para el plan cinéfilo, y hablamos de política y de España y de en qué se está convirtiendo este país.

El viernes volvió a amanecer lloviendo y nos entró una pereza absoluta que se saldó con un desayuno que parecía un brunch a base de huevos, bacon, ensalada caprese, café y mucha conversación. No recuerdo en qué momento dejamos de desayunar y nos pusimos a comer musaka, la verdad. Bici no, pero comer nos hemos comido Murcia. Siesta, cómo no, y al museo de la Ciencia y del Agua, llamado así porque el agua no es ciencia, claramente. Pequeño fail, aparecimos a las 18.30 y cerraban a las 19, así que los niños de Bego pisaron unos charcos por allí (nada científico pero muy gratificante para ellos) y nos volvimos a casa que teníamos cena de cumpleaños de Txema. De camino, nos encontramos de nuevo con Pedro que se nos unió ya y cuando íbamos a comernos unos helados, nos desviamos hacia una quesería y terminamos comprando unos quesos deliciosos para la cena. La maquinaría se puso en marcha con la llegada de Txema a casa de Bego y la casa empezó a oler a aderezo de hamburguesa (más bacon, cebolla, tomate…) y quesos y jamón ibérico. Vinos de la tierra, del que me quedo especialmente con el llamado Infiltrado. En serio, fue una gochada deliciosa de cena cuyo postre fueron unos cubatas hechos con limones de la huerta. Como hay que saber retirarse con elegancia, como bien dijo Pedro, nos acostamos a eso de la 1 sin estar apenas borrachos.

¡Bici! (Foto de Bego)
¡Y por fin llegó el sol! El sábado amaneció radiante y, tras desayunar de manera contundente, decidimos ir a alquilar una bici (la otra nos la dejó amablemente Pedro) e irnos a de ruta junto al río Segura. La logística de niños y trastos siempre es complicada, pero habiéndonos levantado con tranquilidad casi a las 10, a las 12.30 estábamos pedaleando río arriba.  Un carril bici nuevo pero que parece un pelín escaso para la cantidad de gente que había en un día festivo. Un par de veces estuvo a punto de atropellarnos algún motivado con ganas de correr por una zona con niños.

Pero hacía buen día, y nos apetecía comer en el campo, así que de camino a “Casa Paco”, en el Malecón, nos encontramos con un sitio llamado “Los Pájaros – Ateneo Huertano” con un patio lleno de mesas al sol y una pinta estupenda para quedarnos a hacer la fotosíntesis. Bonus track: el sitio parece ser el punto de encuentro del grupo poliamor de Murcia y Alicante y esa tarde había una charla. No nos quedamos, pero.


Comimos estupendamente, destacando la respuesta de Bego a la pregunta “¿Queréis café?”: “Café no, pero otro trozo de tarta de queso sí me comería”. Los niños estaban agotados y se habían quedado dormidos encima de la mesa, así que decidimos que era el momento de volver a Murcia. Además, empezaba a tronar de nuevo.

Como era sábado Bego nos propuso ir a una actividad llamada “Tardeo”: un café reconvertido en disco bar de 4 a 10 de la noche. A pesar de la siesta, llegamos al Tardeo del Kennedy a eso de las 8 y estaba de bote en bote. Un ambiente genial, la verdad, y una idea que me pareció espléndida: te tomas unas copas, te vas a cenar y a la cama temprano. Nos recibió Belén, la organizadora del evento, que nos contó que está funcionando verdaderamente bien, y que en cuanto termina la fiesta a las 10 reconvierten el sitio en café y aquí no ha pasado nada. La verdad es que a las 9 y media la gente empezaba a irse a cenar y nosotros hicimos lo mismo: ¡sushi! En un japonés al que nos llevó Bego que estaba todo exquisito. Seriously, qué niguiri de atún con foie flambeado. Lo demás estaba muy bueno, pero ese niguiri era para enmarcarlo. De hecho, repetimos. Y luego nos fuimos a buscar el helado que no nos habíamos comido el viernes y que tampoco nos comimos el sábado pero al que sustituí por un crepe de nutella, porque nunca se ha comido suficiente nutella. Vueltecita por los bares y a casa, que nos esperaba la cama y el viaje.


El domingo fue día de desayunar crepes (sí, qué pasa), recoger, despedirnos y volver a Madrid. La carraquita de renfe no se retrasó en su llegada a Madrid, aunque venía tarde de Cartagena. Salimos de Murcia lloviendo y llegamos a un Madrid nublado y un poco triste.

Tanto Adri como yo nos volvemos con muy buenas sensaciones, pero eso nos lo quedamos para nosotros. Volveremos a Murcia.

08 enero, 2015

[London Christmas] Quinta crónica: bye bye, UK.

El viaje a los Cotswolds no fue pasado por agua: fue pasado por niebla. Así que los preciosos paisajes de los que nos habían hablado quedaron para otra ocasión, porque no se veía más allá de unos cuantos metros desde la carretera. Para compensar, estuvimos viendo unos pueblos muy monos, pero muy de película de terror: casas de piedra antigua en pueblos de una sola calle, con algún establecimiento cerrado, marcos de madera y humedad a más del 100%, seguro. Estuvimos en tres; el último de ellos en verano debe convertirse en Eurodisney, por la cantidad de tiendas y restaurantes que había. Eso sí, muchos de ellos cerrados hasta febrero por vacaciones post-navideñas, para que luego digan que los españoles tenemos más vacaciones que nadie.
 
La zona es muy recomendable: los pueblos tienen unas iglesias rodeadas de cementerios increíbles para lo pequeños que son. Íbamos con la idea de comer en un restaurante que nos habían recomendado Dácil y Kike pero nada, cerrado por vacaciones. La oficina de turismo, cerrada por vacaciones. Así que terminamos preguntando en un bar que aparentemente había salido en la tele (había carteles de “as seen in TV”) y donde ponían comida típica de pub inglés pero se definía como salón de té. Desconcertante, pero nos dejaron pasar con Eme, así que estupendo: los 0 grados que hacía en la calle no acompañaban y yo me veía comiéndonos un kebab en el coche con la calefacción a tope.
 
La vuelta a Watford por carreteras secundarias llenas de niebla fue una aventurilla, pero afortunadamente no había mucho tráfico y conseguimos llegar a la autovía sin ningún percance. Ese día creo que cogimos un poco de frío, porque al día siguiente estábamos los dos un poco tocados. Aun así, y puesto que era el último día, decidimos irnos a Londres a darnos una última vuelta y despedirnos de la ciudad. Además, teníamos pendientes dos visitas: las estaciones de St Pancras y King Cross y el British Museum.


Las estaciones están una al lado de la otra, aunque sus vías no se comunican, sumando un poco más al caos que es el tráfico ferroviario en Londres. St Pancras es una estación de ladrillo visto muy chula; además, es la única estación internacional de Reino Unido: donde llegan los Eurostar desde Francia, por el Canal de la Mancha. La conclusión es obvia: está infrautilizada y apenas había pasajeros, confirmando la idea de que el túnel submarino no está dando los beneficios esperados… Igual si no costase la pasta que cuesta, sería competitivo frente al avión, pero así… En fin, a King Cross a buscar el andén 9 y ¾. Os adelanto que estuvimos a punto de no encontrarlo, porque han reformado la estación y en vez de estar entre las vías 9 y 10 (donde actualmente no hay andén) lo han puesto en una pared ¡y hay cola! Tal cual, una cola de gente para hacerse una foto con el carrito de maletas y la lechuza falsa a medio entrar de las películas de Harry Potter. Nos quedamos muy alucinados y, evidentemente, no nos hicimos una foto. Por otro lado, está situado en perpendicular a las vías así que no tiene ninguna credibilidad técnica y recibió nuestra más airada desaprobación.
 
Decidimos pasear por Camden hasta llegar al British. Los dos lo habíamos visto ya, así que íbamos más por tener el check en este viaje y dar una vuelta por sus salas, tan impresionantes. Comprobamos que la piedra Rosetta sigue en su lugar y sin cambios aparentes y comentamos que la humanidad sería distinta si los egipcios, en su día, hubieran querido que sus documentos oficiales estuvieran escritos únicamente en su idioma. Vimos las momias y comprobamos que lo que más hay en el museo se puede enmarcar en la categoría “souvenirs”. Alucinante la cantidad de tiendecitas que han puesto por casi cualquier lado. Y el precio de las cosas, que yo quería comprarles a Antonio y a Carlos un patito de goma disfrazado de egipcio pero salía por la friolera de 5£.
 
Aguantamos poco en el British, la verdad: entre que estábamos un poco tocados, la gente que había, y que no ha cambiado nada en los últimos años nos fuimos temprano con la idea de comer por el Soho y volvernos a Watford. A pesar de que estábamos revueltos terminamos comiendo en un indio porque WHY NOT. Uno famoso, aparentemente, con una comida muy rica, llamado Punjab. Con esto ya teníamos otro check en Londres: los restaurantes indios son más habituales que los pubs ingleses, o casi. La verdad es que comimos mucho y muy bien, y entramos en calor y los indios son bastante bordes, aunque Adri dice que es el mismo modelo de indio que hay en Lavapiés, así que será cultural. La última visita fue a Forbidden Planet, una tienda de frikismos variados. Yo la recordaba de la última vez que estuve en Londres… pero estaba distinta. Sigo creyendo que estaba en remodelación porque había cuatro cosas y no, no había dos plantas. La resaca post navideña.
 
Nos despedimos de Londres con una de las pocas compras que he hecho en este viaje: un pijama horroroso pero que es un mono y es comodísimo. Es horroroso, de verdad, con un estampado de motivos navideños que haría vomitar a Papá Noel pero ES CÓMODO. Que ni me lo probé, porque estaba destemplada y cualquiera se quitaba toda la ropa.
 
En Watford nos esperaba Eme, que yo creo que sabía que nos íbamos porque había visto ya las maletas y estaba como muy nerviosa. Después de todo, a mis gatos les pasa exactamente lo mismo. Pero teníamos que limpiar el piso, llamar el taxi y prepararnos, en definitiva, para volvernos el martes a España. Nos despedimos de los vecinos, que tan bien se han portado con nosotros.
 
El martes amaneció lluvioso. Según la BBC, se esperaban lluvias los siguientes días… así que escapamos justo a tiempo. Habíamos llamado a un coche de alquiler con conductor (algo así como Uber en legal, pero no lo tengo claro ahora); como en la tarjeta ponía que aceptaban pago con tarjeta, nos dejamos todas las libras que nos quedaban en casa de Dácil y Kike. Debíamos ir con 7 libras en total, como ya volvíamos a España… menos mal que se nos ocurrió preguntar. La respuesta fue… desconcertante: “es que si os cobro con tarjeta os tengo que cobrar un 20% más de IVA”. ¿Cómo? ¿Qué esto no iba con impuestos? Le dijimos que bueno, que no teníamos dinero en efectivo y nos contestó: “No, es que no os puedo cobrar con tarjeta, pero de camino hay un cajero automático”. Así que tuvimos que sacar 30£ para pagar al conductor… También nos acordamos mucho del mantra “esto sólo pasa en España” que, oh sorpresa, resulta que no.
 
El viaje de vuelta fue estresante. Y es que yo no pagaría un billete en primera clase pero sí pagaría un billete que me garantizase viajar lejos de cualquier niño: teníamos dos delante y dos detrás y aquello no terminó en la comisaría porque mi libro era mucho más interesante que la realidad. Pero, en serio, dos horas y media de niño 1 llorando porque quería casito y niño 2, bebé que viaja encima de su padre, pateando mi asiento… Vamos, que agradecimos llegar a Madrid, donde nos esperaba la ineficacia habitual de la EMT y el sol. Pero sol de verdad, no como el que habíamos visto en UK, que parecía tímido. También los gatos, que están muy pesados desde el martes hasta el punto de que creo que me ha crecido un Miles en el regazo.


 
Como esta es la última crónica, no puedo menos que hacer un balance general:

  • Eran las primeras navidades que pasábamos fuera de España y han sido RELAJADAS. No había comidas de navidad, ni compras de navidad, ni estrés general de navidad. Muchos de los días nos hemos levantado y hemos decidido sobre la marcha qué nos apetecía y qué no. Eso ha sido un lujo asiático, debido fundamentalmente a que…
  • Yo hacía años que no cogía 3 semanas de vacaciones seguidas y ha molado mucho. Desconexión total y absoluta del trabajo y sus estreses. Mi jefe ha estado calladito, cuando yo temía que me llamara en algún momento para algún marroncete de estos así como casual que le gustan tanto.
  • El poder contar con un piso totalmente equipado para nosotros solos ha resultado algo excepcional, en cuanto a que estábamos cómodos y podíamos cocinar y hacer vida normal. Estamos muy agradecidos a Dácil y a Kike por habernos dado la oportunidad de disfrutar de su casa, que además es muy confortable. El colchón radiante es algo que estamos estudiando con mucha atención.
  • La experiencia cuidando a un perro ha sido muy buena, aunque creo que se ha debido más a que era Eme, que se ha portado estupendamente todo el rato y es súper cariñosa. Sigo manteniéndome en mi gatofilia a la hora de tener animales.
  • Hemos tenido una suerte terrible con el tiempo. En una ciudad donde llueve más de 100 días al año (33%), nos ha llovido únicamente 2 días en 3 semanas (9%). El primero nos dio igual porque no había transporte y no pensábamos salir, pero en Oxford fue bastante más molesto.
  • UK me parece cada vez más un país con un montón de cosas que ofrecer e igual nos terminamos animando a buscar trabajo por allí. Quién sabe. Sigo pensando que la calidad de vida en España es muy alta porque ofrece muchas otras cosas pero unos años… Si me adapté a Alemania, UK no puede ser más difícil y ya conocemos gente allí.
  • Íbamos con la idea preconcebida de que los ingleses no saben comer y hemos venido con la idea confirmada. No es que no sepan comer, es que incluso la materia prima es insípida y poco se puede hacer con esos mimbres. Y hay frigoríficos y frigoríficos de comida precocinada. Y le echan chorizo a todo (y automáticamente es español).
  • El sistema de transporte es complejo y la privatización de los servicios ferroviarios hace que sea bastante caótico. Sin embargo, tienen algunas muy buenas cosas que deberíamos importar a España. Me la juego a que el Consorcio o Renfe innovarán dentro de 10 años.
  • La globalización del comercio consigue que hayamos dejado de fijarnos en las tiendas o de ir a verlas, siquiera. Al final, cualquier cosa se consigue en Madrid o por internet, y no hay que cargar con ella. La parte buena es que deja fuera del radar un montón de cosas y no perdemos el tiempo en pensar si vamos o no a Harrod’s: ya lo compraremos en El Corte Inglés.
  • Londres es una ciudad que me sigue encantando y que tiene muchísimo que ver. Me da una envidia enorme la cantidad de parques que hay y lo bien cuidados que están. No me da ninguna envidia el precio de la vivienda ni el atasco continuo en el que viven. Tampoco el precio del transporte.
  • En la parte económica, nos ha salido muy bien: 750€ por persona, todo incluido. Se lleva la palma el transporte: 42% de los gastos, incluyendo el vuelo (que es sólo un 11% del total, ojo). No hemos comido mucho de restaurantes, así que por ahí nos ha salido muy bien.
Y ya en Madrid, planificando nuevos viajes. El próximo destino internacional ya lo tenemos en mente:París, oh, la, la. Aprovecharemos que tenemos unos gobernantes que son unos meapilas para irnos en el Corpus a ver a Fon y a Inés (e imagino que veremos de paso a Raque y a Nacho), que se mudaron en septiembre y nos ofrecen alojamiento y compañía. Aunque antes tenemos la intención de volver a coger las bicis e irnos a Murcia un finde largo y quizá a hacernos el Canal de Castilla, entre Palencia y Valladolid (bonus: ambos lugares son llanos).
 
¡Hasta la próxima crónica!