Mostrando entradas con la etiqueta Aachen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Aachen. Mostrar todas las entradas

06 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip, día 2

Qué bonito es Aachen. A mí no me importaría volver a vivir aquí.

Después de un desayuno potente a base de Brötchen con quesos de sabores, nos hemos ido a ver la ciudad.

Punto 1: he conducido yo el coche automático.
Punto 2: es como un coche de choque.
Punto 3: he jugado al air-embrague varias veces, y me he sentido bastante tonta.
Punto 4: no hace falta que por ciudad vaya todo el rato con la mano derecha en la palanca de cambios. De hecho, creo que Álex se sentiría más seguro si NO la llevase, no vaya a ser que lo ponga en modo "retroceder" en mitad de la vía.

Por cierto, que ayer me equivoqué de coche: es un Hyundai i30. Es el caso que le hago a los coches yo. De hecho, ni siquiera sé si Hyundai se escribe así...

Y a visitar Aachen. En la oficina de turismo nos han vendido una pequeña guía con la ruta a seguir, que nos iba llevando de sitio en sitio y contándonos cosas. Yo he recordado algunas historias (el monstruo que se aparecía a los señores borrachos y les llevaba a casa) (un monstruo muy útil, todo hay que decirlo) y descubierto otras nuevas (los niños que separaban agujas con el dedo meñique y que, por eso, saludar con ese dedo en alto señal de reconocimiento de aquisgranianos en todo el mundo)(ni de coña). Hoy, además, estaba la ciudad a reventar. Había una especie de ¿feria? por las calles, que abarcaba las cosas más dispares: desde la carpa de Greenpeace a la de los amigos de la caza, la cruz roja o los amigos del Carnaval. Todo el centro estaba lleno de estas carpas, y había

mucha gente por la calle. Un poco agobiante, en algunos momentos, cuando las amigas-del-carnaval-vestidas-de-leopardo se juntaban con los músicos de la orquesta municipal... Y muy ruidoso, especialmente para ser Alemania.

Pero hemos ido haciendo el recorrido esquivando gente, para comer a la hora local (13.15) y poder llegar a la visita guiada a la catedral que habíamos contratado (a las 14.00, en inglés, para que Alex pudiera enterarse de algo). Nos ha tocado un guía de los buenos, de los que se nota que les gusta lo que hacen, y la visita se ha alargado un cuarto de hora más. El trono de Carlomagno sigue siendo igual de soso que siempre, pero es que además nos hemos enterado de que Carlomagno realmente nunca lo usó, sino que se utilizaba como forma de validación de los reyes posteriores.

A las 16 habíamos quedado con un amigo mío de cuando estudiaba en Aachen... ¡10 años sin vernos! Desde que me volví yo a España en 2003. Así que un ratito de remember en el Egmont, y luego al Drielandpunt, el punto de las tres fronteras (donde se unen Alemania, Bélgica y Holanda). No es que sea la gran atracción turística, pero es gracioso, y más aún para unos meseteros cuya frontera más cercana está a 400km de distancia. Eso sí, el paraje es espectacular, en mitad de un bosque estilo Caperucita, pero con los móviles sonando cada vez que Orange y PepePhone cambiaba el roaming y nos daba la bienvenida a otro país.
El punto más alto de Holanda
Empezaba a anochecer y hemos decidido que mejor que no nos pillara subidos allí... y sí, digo subidos porque resulta que es el punto más alto de Holanda: 322,5m. La mayor parte de España vive al doble de altura y no nos ponemos tan ufanos, con tanto pivote y tanta placa. Es lo que tiene vivir robándole terreno al mar.

Había una señal de una capilla y hemos decidido seguirla. En Bélgica, así que volvíamos a no tener GPS. Ha sido una cosa rara: ha dejado de haber señales y hemos decidido tirar para Eupen, porque yo sabía que por allí ya cogía la autovía a Aachen con facilidad. Y nos hemos encontrado la capilla dichosa, que era bastante chula, con un monasterio y un calvario con todas las paradas preceptivas en un parque muy bonito.

Al volver a Aachen, ya con el GPS, hemos atravesado Kelmis (el pueblo de Bélgica donde viví unos meses en el año 2002). Ha crecido bastante, o yo lo recordaba más pequeño. Pero no hemos parado, había una animación por las calles similar a la de un cementerio.

Como volvíamos pronto a Aachen (cenar a las 19 era un poco demasiado), Álex me ha permitido hacer una pequeña ruta-de-la-nostalgia: a la RWTH, a pasar por Bau (la escuela de caminos). Sigue igual que siempre, con sus aulas magnas, su edifico grande y sus laboratorios, pero han puesto un gimnasio gigante justo detrás y han abierto un bar de cocktails justo delante. Eso sí, como las clases no empiezan hasta el 15, estaba todo muy tranquilo...

A la vuelta, hemos pasado por delante de la fábrica de Lindt, y de Lambeth, y por donde vivía yo, en Roermonderstrasse. Sin parar ni nada, pero me ha hecho gracia volver por ahí.

Y ya a cenar, que se nos estaba haciendo tarde. Realmente, echamos unos días tan completos andando, que es fácil adaptarse al horario local y comer y cenar pronto, terminamos reventados. A Álex le está gustando la comida local: muchas especias, pero todo rico, abundante y a buen precio.

Mañana dejamos Aachen y nos vamos a Monschau. Está en mitad de un parque natural que nos gustaría visitar, pero no sabemos qué día nos va a hacer, así que decidiremos sobre la marcha. Eso implica que no sabemos si vamos a dormir por Monschau, por Maastrich (el siguiente punto en el camino) o en Düsseldorf, y, por tanto, que quizá tengamos o quizá no, conexión a internet.

Os iré contando.