El viaje a los Cotswolds no fue pasado por agua: fue pasado por niebla. Así que los preciosos paisajes de los que nos habían hablado quedaron para otra ocasión, porque no se veía más allá de unos cuantos metros desde la carretera. Para compensar, estuvimos viendo unos pueblos muy monos, pero muy de película de terror: casas de piedra antigua en pueblos de una sola calle, con algún establecimiento cerrado, marcos de madera y humedad a más del 100%, seguro. Estuvimos en tres; el último de ellos en verano debe convertirse en Eurodisney, por la cantidad de tiendas y restaurantes que había. Eso sí, muchos de ellos cerrados hasta febrero por vacaciones post-navideñas, para que luego digan que los españoles tenemos más vacaciones que nadie.
La zona es muy recomendable: los pueblos tienen unas iglesias rodeadas de cementerios increíbles para lo pequeños que son. Íbamos con la idea de comer en un restaurante que nos habían recomendado Dácil y Kike pero nada, cerrado por vacaciones. La oficina de turismo, cerrada por vacaciones. Así que terminamos preguntando en un bar que aparentemente había salido en la tele (había carteles de “as seen in TV”) y donde ponían comida típica de pub inglés pero se definía como salón de té. Desconcertante, pero nos dejaron pasar con Eme, así que estupendo: los 0 grados que hacía en la calle no acompañaban y yo me veía comiéndonos un kebab en el coche con la calefacción a tope.
La vuelta a Watford por carreteras secundarias llenas de niebla fue una aventurilla, pero afortunadamente no había mucho tráfico y conseguimos llegar a la autovía sin ningún percance. Ese día creo que cogimos un poco de frío, porque al día siguiente estábamos los dos un poco tocados. Aun así, y puesto que era el último día, decidimos irnos a Londres a darnos una última vuelta y despedirnos de la ciudad. Además, teníamos pendientes dos visitas: las estaciones de St Pancras y King Cross y el British Museum.
Las estaciones están una al lado de la otra, aunque sus vías no se comunican, sumando un poco más al caos que es el tráfico ferroviario en Londres. St Pancras es una estación de ladrillo visto muy chula; además, es la única estación internacional de Reino Unido: donde llegan los Eurostar desde Francia, por el Canal de la Mancha. La conclusión es obvia: está infrautilizada y apenas había pasajeros, confirmando la idea de que el túnel submarino no está dando los beneficios esperados… Igual si no costase la pasta que cuesta, sería competitivo frente al avión, pero así… En fin, a King Cross a buscar el andén 9 y ¾. Os adelanto que estuvimos a punto de no encontrarlo, porque han reformado la estación y en vez de estar entre las vías 9 y 10 (donde actualmente no hay andén) lo han puesto en una pared ¡y hay cola! Tal cual, una cola de gente para hacerse una foto con el carrito de maletas y la lechuza falsa a medio entrar de las películas de Harry Potter. Nos quedamos muy alucinados y, evidentemente, no nos hicimos una foto. Por otro lado, está situado en perpendicular a las vías así que no tiene ninguna credibilidad técnica y recibió nuestra más airada desaprobación.
Decidimos pasear por Camden hasta llegar al British. Los dos lo habíamos visto ya, así que íbamos más por tener el check en este viaje y dar una vuelta por sus salas, tan impresionantes. Comprobamos que la piedra Rosetta sigue en su lugar y sin cambios aparentes y comentamos que la humanidad sería distinta si los egipcios, en su día, hubieran querido que sus documentos oficiales estuvieran escritos únicamente en su idioma. Vimos las momias y comprobamos que lo que más hay en el museo se puede enmarcar en la categoría “souvenirs”. Alucinante la cantidad de tiendecitas que han puesto por casi cualquier lado. Y el precio de las cosas, que yo quería comprarles a Antonio y a Carlos un patito de goma disfrazado de egipcio pero salía por la friolera de 5£.
Aguantamos poco en el British, la verdad: entre que estábamos un poco tocados, la gente que había, y que no ha cambiado nada en los últimos años nos fuimos temprano con la idea de comer por el Soho y volvernos a Watford. A pesar de que estábamos revueltos terminamos comiendo en un indio porque WHY NOT. Uno famoso, aparentemente, con una comida muy rica, llamado Punjab. Con esto ya teníamos otro check en Londres: los restaurantes indios son más habituales que los pubs ingleses, o casi. La verdad es que comimos mucho y muy bien, y entramos en calor y los indios son bastante bordes, aunque Adri dice que es el mismo modelo de indio que hay en Lavapiés, así que será cultural. La última visita fue a Forbidden Planet, una tienda de frikismos variados. Yo la recordaba de la última vez que estuve en Londres… pero estaba distinta. Sigo creyendo que estaba en remodelación porque había cuatro cosas y no, no había dos plantas. La resaca post navideña.
Nos despedimos de Londres con una de las pocas compras que he hecho en este viaje: un pijama horroroso pero que es un mono y es comodísimo. Es horroroso, de verdad, con un estampado de motivos navideños que haría vomitar a Papá Noel pero ES CÓMODO. Que ni me lo probé, porque estaba destemplada y cualquiera se quitaba toda la ropa.
En Watford nos esperaba Eme, que yo creo que sabía que nos íbamos porque había visto ya las maletas y estaba como muy nerviosa. Después de todo, a mis gatos les pasa exactamente lo mismo. Pero teníamos que limpiar el piso, llamar el taxi y prepararnos, en definitiva, para volvernos el martes a España. Nos despedimos de los vecinos, que tan bien se han portado con nosotros.
El martes amaneció lluvioso. Según la BBC, se esperaban lluvias los siguientes días… así que escapamos justo a tiempo. Habíamos llamado a un coche de alquiler con conductor (algo así como Uber en legal, pero no lo tengo claro ahora); como en la tarjeta ponía que aceptaban pago con tarjeta, nos dejamos todas las libras que nos quedaban en casa de Dácil y Kike. Debíamos ir con 7 libras en total, como ya volvíamos a España… menos mal que se nos ocurrió preguntar. La respuesta fue… desconcertante: “es que si os cobro con tarjeta os tengo que cobrar un 20% más de IVA”. ¿Cómo? ¿Qué esto no iba con impuestos? Le dijimos que bueno, que no teníamos dinero en efectivo y nos contestó: “No, es que no os puedo cobrar con tarjeta, pero de camino hay un cajero automático”. Así que tuvimos que sacar 30£ para pagar al conductor… También nos acordamos mucho del mantra “esto sólo pasa en España” que, oh sorpresa, resulta que no.
El viaje de vuelta fue estresante. Y es que yo no pagaría un billete en primera clase pero sí pagaría un billete que me garantizase viajar lejos de cualquier niño: teníamos dos delante y dos detrás y aquello no terminó en la comisaría porque mi libro era mucho más interesante que la realidad. Pero, en serio, dos horas y media de niño 1 llorando porque quería casito y niño 2, bebé que viaja encima de su padre, pateando mi asiento… Vamos, que agradecimos llegar a Madrid, donde nos esperaba la ineficacia habitual de la EMT y el sol. Pero sol de verdad, no como el que habíamos visto en UK, que parecía tímido. También los gatos, que están muy pesados desde el martes hasta el punto de que creo que me ha crecido un Miles en el regazo.
Como esta es la última crónica, no puedo menos que hacer un balance general:
- Eran las primeras navidades que pasábamos fuera de España y han sido RELAJADAS. No había comidas de navidad, ni compras de navidad, ni estrés general de navidad. Muchos de los días nos hemos levantado y hemos decidido sobre la marcha qué nos apetecía y qué no. Eso ha sido un lujo asiático, debido fundamentalmente a que…
- Yo hacía años que no cogía 3 semanas de vacaciones seguidas y ha molado mucho. Desconexión total y absoluta del trabajo y sus estreses. Mi jefe ha estado calladito, cuando yo temía que me llamara en algún momento para algún marroncete de estos así como casual que le gustan tanto.
- El poder contar con un piso totalmente equipado para nosotros solos ha resultado algo excepcional, en cuanto a que estábamos cómodos y podíamos cocinar y hacer vida normal. Estamos muy agradecidos a Dácil y a Kike por habernos dado la oportunidad de disfrutar de su casa, que además es muy confortable. El colchón radiante es algo que estamos estudiando con mucha atención.
- La experiencia cuidando a un perro ha sido muy buena, aunque creo que se ha debido más a que era Eme, que se ha portado estupendamente todo el rato y es súper cariñosa. Sigo manteniéndome en mi gatofilia a la hora de tener animales.
- Hemos tenido una suerte terrible con el tiempo. En una ciudad donde llueve más de 100 días al año (33%), nos ha llovido únicamente 2 días en 3 semanas (9%). El primero nos dio igual porque no había transporte y no pensábamos salir, pero en Oxford fue bastante más molesto.
- UK me parece cada vez más un país con un montón de cosas que ofrecer e igual nos terminamos animando a buscar trabajo por allí. Quién sabe. Sigo pensando que la calidad de vida en España es muy alta porque ofrece muchas otras cosas pero unos años… Si me adapté a Alemania, UK no puede ser más difícil y ya conocemos gente allí.
- Íbamos con la idea preconcebida de que los ingleses no saben comer y hemos venido con la idea confirmada. No es que no sepan comer, es que incluso la materia prima es insípida y poco se puede hacer con esos mimbres. Y hay frigoríficos y frigoríficos de comida precocinada. Y le echan chorizo a todo (y automáticamente es español).
- El sistema de transporte es complejo y la privatización de los servicios ferroviarios hace que sea bastante caótico. Sin embargo, tienen algunas muy buenas cosas que deberíamos importar a España. Me la juego a que el Consorcio o Renfe innovarán dentro de 10 años.
- La globalización del comercio consigue que hayamos dejado de fijarnos en las tiendas o de ir a verlas, siquiera. Al final, cualquier cosa se consigue en Madrid o por internet, y no hay que cargar con ella. La parte buena es que deja fuera del radar un montón de cosas y no perdemos el tiempo en pensar si vamos o no a Harrod’s: ya lo compraremos en El Corte Inglés.
- Londres es una ciudad que me sigue encantando y que tiene muchísimo que ver. Me da una envidia enorme la cantidad de parques que hay y lo bien cuidados que están. No me da ninguna envidia el precio de la vivienda ni el atasco continuo en el que viven. Tampoco el precio del transporte.
- En la parte económica, nos ha salido muy bien: 750€ por persona, todo incluido. Se lleva la palma el transporte: 42% de los gastos, incluyendo el vuelo (que es sólo un 11% del total, ojo). No hemos comido mucho de restaurantes, así que por ahí nos ha salido muy bien.
Y ya en Madrid, planificando nuevos viajes. El próximo destino internacional ya lo tenemos en mente:París, oh, la, la. Aprovecharemos que tenemos unos gobernantes que son unos meapilas para irnos en el Corpus a ver a Fon y a Inés (e imagino que veremos de paso a Raque y a Nacho), que se mudaron en septiembre y nos ofrecen alojamiento y compañía. Aunque antes tenemos la intención de volver a coger las bicis e irnos a Murcia un finde largo y quizá a hacernos el Canal de Castilla, entre Palencia y Valladolid (bonus: ambos lugares son llanos).
¡Hasta la próxima crónica!




























