08 enero, 2015

[London Christmas] Quinta crónica: bye bye, UK.

El viaje a los Cotswolds no fue pasado por agua: fue pasado por niebla. Así que los preciosos paisajes de los que nos habían hablado quedaron para otra ocasión, porque no se veía más allá de unos cuantos metros desde la carretera. Para compensar, estuvimos viendo unos pueblos muy monos, pero muy de película de terror: casas de piedra antigua en pueblos de una sola calle, con algún establecimiento cerrado, marcos de madera y humedad a más del 100%, seguro. Estuvimos en tres; el último de ellos en verano debe convertirse en Eurodisney, por la cantidad de tiendas y restaurantes que había. Eso sí, muchos de ellos cerrados hasta febrero por vacaciones post-navideñas, para que luego digan que los españoles tenemos más vacaciones que nadie.
 
La zona es muy recomendable: los pueblos tienen unas iglesias rodeadas de cementerios increíbles para lo pequeños que son. Íbamos con la idea de comer en un restaurante que nos habían recomendado Dácil y Kike pero nada, cerrado por vacaciones. La oficina de turismo, cerrada por vacaciones. Así que terminamos preguntando en un bar que aparentemente había salido en la tele (había carteles de “as seen in TV”) y donde ponían comida típica de pub inglés pero se definía como salón de té. Desconcertante, pero nos dejaron pasar con Eme, así que estupendo: los 0 grados que hacía en la calle no acompañaban y yo me veía comiéndonos un kebab en el coche con la calefacción a tope.
 
La vuelta a Watford por carreteras secundarias llenas de niebla fue una aventurilla, pero afortunadamente no había mucho tráfico y conseguimos llegar a la autovía sin ningún percance. Ese día creo que cogimos un poco de frío, porque al día siguiente estábamos los dos un poco tocados. Aun así, y puesto que era el último día, decidimos irnos a Londres a darnos una última vuelta y despedirnos de la ciudad. Además, teníamos pendientes dos visitas: las estaciones de St Pancras y King Cross y el British Museum.


Las estaciones están una al lado de la otra, aunque sus vías no se comunican, sumando un poco más al caos que es el tráfico ferroviario en Londres. St Pancras es una estación de ladrillo visto muy chula; además, es la única estación internacional de Reino Unido: donde llegan los Eurostar desde Francia, por el Canal de la Mancha. La conclusión es obvia: está infrautilizada y apenas había pasajeros, confirmando la idea de que el túnel submarino no está dando los beneficios esperados… Igual si no costase la pasta que cuesta, sería competitivo frente al avión, pero así… En fin, a King Cross a buscar el andén 9 y ¾. Os adelanto que estuvimos a punto de no encontrarlo, porque han reformado la estación y en vez de estar entre las vías 9 y 10 (donde actualmente no hay andén) lo han puesto en una pared ¡y hay cola! Tal cual, una cola de gente para hacerse una foto con el carrito de maletas y la lechuza falsa a medio entrar de las películas de Harry Potter. Nos quedamos muy alucinados y, evidentemente, no nos hicimos una foto. Por otro lado, está situado en perpendicular a las vías así que no tiene ninguna credibilidad técnica y recibió nuestra más airada desaprobación.
 
Decidimos pasear por Camden hasta llegar al British. Los dos lo habíamos visto ya, así que íbamos más por tener el check en este viaje y dar una vuelta por sus salas, tan impresionantes. Comprobamos que la piedra Rosetta sigue en su lugar y sin cambios aparentes y comentamos que la humanidad sería distinta si los egipcios, en su día, hubieran querido que sus documentos oficiales estuvieran escritos únicamente en su idioma. Vimos las momias y comprobamos que lo que más hay en el museo se puede enmarcar en la categoría “souvenirs”. Alucinante la cantidad de tiendecitas que han puesto por casi cualquier lado. Y el precio de las cosas, que yo quería comprarles a Antonio y a Carlos un patito de goma disfrazado de egipcio pero salía por la friolera de 5£.
 
Aguantamos poco en el British, la verdad: entre que estábamos un poco tocados, la gente que había, y que no ha cambiado nada en los últimos años nos fuimos temprano con la idea de comer por el Soho y volvernos a Watford. A pesar de que estábamos revueltos terminamos comiendo en un indio porque WHY NOT. Uno famoso, aparentemente, con una comida muy rica, llamado Punjab. Con esto ya teníamos otro check en Londres: los restaurantes indios son más habituales que los pubs ingleses, o casi. La verdad es que comimos mucho y muy bien, y entramos en calor y los indios son bastante bordes, aunque Adri dice que es el mismo modelo de indio que hay en Lavapiés, así que será cultural. La última visita fue a Forbidden Planet, una tienda de frikismos variados. Yo la recordaba de la última vez que estuve en Londres… pero estaba distinta. Sigo creyendo que estaba en remodelación porque había cuatro cosas y no, no había dos plantas. La resaca post navideña.
 
Nos despedimos de Londres con una de las pocas compras que he hecho en este viaje: un pijama horroroso pero que es un mono y es comodísimo. Es horroroso, de verdad, con un estampado de motivos navideños que haría vomitar a Papá Noel pero ES CÓMODO. Que ni me lo probé, porque estaba destemplada y cualquiera se quitaba toda la ropa.
 
En Watford nos esperaba Eme, que yo creo que sabía que nos íbamos porque había visto ya las maletas y estaba como muy nerviosa. Después de todo, a mis gatos les pasa exactamente lo mismo. Pero teníamos que limpiar el piso, llamar el taxi y prepararnos, en definitiva, para volvernos el martes a España. Nos despedimos de los vecinos, que tan bien se han portado con nosotros.
 
El martes amaneció lluvioso. Según la BBC, se esperaban lluvias los siguientes días… así que escapamos justo a tiempo. Habíamos llamado a un coche de alquiler con conductor (algo así como Uber en legal, pero no lo tengo claro ahora); como en la tarjeta ponía que aceptaban pago con tarjeta, nos dejamos todas las libras que nos quedaban en casa de Dácil y Kike. Debíamos ir con 7 libras en total, como ya volvíamos a España… menos mal que se nos ocurrió preguntar. La respuesta fue… desconcertante: “es que si os cobro con tarjeta os tengo que cobrar un 20% más de IVA”. ¿Cómo? ¿Qué esto no iba con impuestos? Le dijimos que bueno, que no teníamos dinero en efectivo y nos contestó: “No, es que no os puedo cobrar con tarjeta, pero de camino hay un cajero automático”. Así que tuvimos que sacar 30£ para pagar al conductor… También nos acordamos mucho del mantra “esto sólo pasa en España” que, oh sorpresa, resulta que no.
 
El viaje de vuelta fue estresante. Y es que yo no pagaría un billete en primera clase pero sí pagaría un billete que me garantizase viajar lejos de cualquier niño: teníamos dos delante y dos detrás y aquello no terminó en la comisaría porque mi libro era mucho más interesante que la realidad. Pero, en serio, dos horas y media de niño 1 llorando porque quería casito y niño 2, bebé que viaja encima de su padre, pateando mi asiento… Vamos, que agradecimos llegar a Madrid, donde nos esperaba la ineficacia habitual de la EMT y el sol. Pero sol de verdad, no como el que habíamos visto en UK, que parecía tímido. También los gatos, que están muy pesados desde el martes hasta el punto de que creo que me ha crecido un Miles en el regazo.


 
Como esta es la última crónica, no puedo menos que hacer un balance general:

  • Eran las primeras navidades que pasábamos fuera de España y han sido RELAJADAS. No había comidas de navidad, ni compras de navidad, ni estrés general de navidad. Muchos de los días nos hemos levantado y hemos decidido sobre la marcha qué nos apetecía y qué no. Eso ha sido un lujo asiático, debido fundamentalmente a que…
  • Yo hacía años que no cogía 3 semanas de vacaciones seguidas y ha molado mucho. Desconexión total y absoluta del trabajo y sus estreses. Mi jefe ha estado calladito, cuando yo temía que me llamara en algún momento para algún marroncete de estos así como casual que le gustan tanto.
  • El poder contar con un piso totalmente equipado para nosotros solos ha resultado algo excepcional, en cuanto a que estábamos cómodos y podíamos cocinar y hacer vida normal. Estamos muy agradecidos a Dácil y a Kike por habernos dado la oportunidad de disfrutar de su casa, que además es muy confortable. El colchón radiante es algo que estamos estudiando con mucha atención.
  • La experiencia cuidando a un perro ha sido muy buena, aunque creo que se ha debido más a que era Eme, que se ha portado estupendamente todo el rato y es súper cariñosa. Sigo manteniéndome en mi gatofilia a la hora de tener animales.
  • Hemos tenido una suerte terrible con el tiempo. En una ciudad donde llueve más de 100 días al año (33%), nos ha llovido únicamente 2 días en 3 semanas (9%). El primero nos dio igual porque no había transporte y no pensábamos salir, pero en Oxford fue bastante más molesto.
  • UK me parece cada vez más un país con un montón de cosas que ofrecer e igual nos terminamos animando a buscar trabajo por allí. Quién sabe. Sigo pensando que la calidad de vida en España es muy alta porque ofrece muchas otras cosas pero unos años… Si me adapté a Alemania, UK no puede ser más difícil y ya conocemos gente allí.
  • Íbamos con la idea preconcebida de que los ingleses no saben comer y hemos venido con la idea confirmada. No es que no sepan comer, es que incluso la materia prima es insípida y poco se puede hacer con esos mimbres. Y hay frigoríficos y frigoríficos de comida precocinada. Y le echan chorizo a todo (y automáticamente es español).
  • El sistema de transporte es complejo y la privatización de los servicios ferroviarios hace que sea bastante caótico. Sin embargo, tienen algunas muy buenas cosas que deberíamos importar a España. Me la juego a que el Consorcio o Renfe innovarán dentro de 10 años.
  • La globalización del comercio consigue que hayamos dejado de fijarnos en las tiendas o de ir a verlas, siquiera. Al final, cualquier cosa se consigue en Madrid o por internet, y no hay que cargar con ella. La parte buena es que deja fuera del radar un montón de cosas y no perdemos el tiempo en pensar si vamos o no a Harrod’s: ya lo compraremos en El Corte Inglés.
  • Londres es una ciudad que me sigue encantando y que tiene muchísimo que ver. Me da una envidia enorme la cantidad de parques que hay y lo bien cuidados que están. No me da ninguna envidia el precio de la vivienda ni el atasco continuo en el que viven. Tampoco el precio del transporte.
  • En la parte económica, nos ha salido muy bien: 750€ por persona, todo incluido. Se lleva la palma el transporte: 42% de los gastos, incluyendo el vuelo (que es sólo un 11% del total, ojo). No hemos comido mucho de restaurantes, así que por ahí nos ha salido muy bien.
Y ya en Madrid, planificando nuevos viajes. El próximo destino internacional ya lo tenemos en mente:París, oh, la, la. Aprovecharemos que tenemos unos gobernantes que son unos meapilas para irnos en el Corpus a ver a Fon y a Inés (e imagino que veremos de paso a Raque y a Nacho), que se mudaron en septiembre y nos ofrecen alojamiento y compañía. Aunque antes tenemos la intención de volver a coger las bicis e irnos a Murcia un finde largo y quizá a hacernos el Canal de Castilla, entre Palencia y Valladolid (bonus: ambos lugares son llanos).
 
¡Hasta la próxima crónica!

03 enero, 2015

[London Christmas] Cuarta crónica: left-side driving.

Hubo Salmón Wellington y, lo más importante, no nos sentó mal. Cierto que quedó un poco soso pero creo que fue porque no le eché suficientes historias. Entendedme, me da que confundí 1 tbs con 1 Tps pero es por la manía que tienen estos de medir cosas con cucharas distintas. 



Lo que fue un poco depresivo fue comparar el programa de Nochevieja de TVE con el de la BBC: Ramonchu con su capa y dos millones de anuncios vs un concierto de Queen y 10 minutos de unos fuegos artificiales brutales a la orilla del Támesis. Pero celebramos el año nuevo día veces, y comimos 12 cosas a las 12 de España y brindamos con la cuenta atrás a las 12 de UK, que es lo que importa.


Al día siguiente teníamos un plan y pocos trenes: ir a ver la New Year's Parade de Londres, que empezaba a las 12 del mediodía en Green Park. Hubo que poner el despertador por primera vez en 2 semanas (DRAMA), pero a las 10.29 estábamos cogiendo en tren en el andén correcto, Eme incluida. Como hacía una rasca de ir los grajos por los túneles del metro, íbamos forrados de ropa y Eme con su impermeable.



No la vimos entera, ya os lo adelanto, porque nos colocamos al lado de Picadilly a las 11.30 y a las 13 estábamos a punto de morir mitad de frío, mitad de desconcierto. Y es que la cabalgata es RARA. No tiene una temática ni un hilo argumental aparente más allá de "gente y cosas que desfilan". El primer grupo era una banda de música con majorettes de una High School de Texas, seguido por un grupo de coches de caballo vestidos como si acabaran de salir del rodaje de Downton Abbey. Y así todo: Transport for London sacando autobuses antiguos salpicados entre grupos, más majorettes yanquis, restos de los juegos olímpicos Londres 2012 (y lo ponía así), una carroza de un circo, un grupo de una escuela de baile local, representación de algún distrito en forma de coche con carteles impresos... Desconcertante.

Así que entre el frío, la heterogeneidad y la gente (teníamos al típico niño cabrón que se te pone detrás con su abuelo y al final, no se sabe cómo, terminan los dos en primera fila a base de dar codazos), decidimos que la 1 era una buena hora de irse a comer en algún pub caliente. La jugada de Camden no nos funcionó y no tuvimos éxito con restaurantes dogs friendly; la mitad estaban cerrados, probablemente recogiendo los restos de la fiesta de la noche anterior. En un sitio que estaba abierto y que ponía en la web que aceptaban perros nos pusieron mala cara y ya tienen una crítica negativa en yelp, ea.

No vimos nada claro lo de comer en Londres y...
- Nada, hacemos unos espaguetis con pesto en casa. ¿A qué hora sale el siguiente tren, Adri?
- En 20 minutos, pero Google Maps dice que tardamos 25 en llegar. El siguiente en 40.
- ¿Cómo vamos a tardar 25 minutos en llegar, si estamos AL LADO? Google, que es muy conservador.
- Vamos a intentarlo.
Y llegamos, después de hacer el último tramo corriendo. El tren salió 30 segundos después de que nos hubiéramos subido asfixiados de calor (recordatorio: íbamos forrados de ropa).

El viernes teníamos alquilado un coche, que, evidentemente, está mal hecho y tiene el volante en el lado del copiloto. Los británicos, que son muy así. Yo me levanté esa mañana con una idea en la cabeza: teníamos que coger el seguro a todo riesgo. Que nunca pasa nada, pero que jamás habíamos conducido por ese lado y era fácil llevarse el retrovisor con una columna. Lo cogió Adri, ya que el alquiler estaba a su nombre y nos vinimos hacia Church Road a por Eme. Digamos que tuvo un rato de conducción urbana que fue muy divertido de ver aunque dudo que él lo pasara también. Se hace raro, yo iba sentada en el sitio donde voy normalmente conduciendo. Pero al final te haces, sólo una vez intentó irse al "carril correcto" (según nosotros).


El destino era Cambridge. Quedaba teóricamente cerca, a poco más de una hora. Buscamos un parking que no fuera carísimo en la web de turismo y que no estuviera donde Cristo perdió el gorro... el GPS nos llevó por algunas calles interesantes de conducir, pero lo que no nos había dicho es que el parking iba a estar con el de Sevilla un sábado por la noche. Sí, tuvimos que hacer cola para entrar. Eme estaba deseando salir del coche y le encantó encontrarse con una gran explanada de césped donde echar una carrera.

Para mí era raro estar en Cambridge y no estar con Alex y con Estela, la verdad, pero ya iremos a verles a Munich. Como no teníamos guías, nos fuimos a la oficina de turismo, a que una señora sin ganas de trabajar me vendiera un plano por 2£ y no me diera ninguna explicación (cuando había otra contándoles un montón de cosas a otras turistas). Nos fuimos a hacer la ruta marcada en el plano, que nos dio un paseo por la zona histórica de la ciudad. 

El centro histórico de Cambridge es muy pequeño, pero muy cuco. Mucho edificio antiguo, con todos los college universitarios que, evidentemente, luchan por ver cuál es el más antiguo. Eso sí, el vecino tenía razón: en Cambridge hace un frío de la leche (según él, porque no hay ninguna montaña que les separe de Rusia). Comimos junto al río Cam y uno de sus puentes, en un pub dogs friendly con un servicio tan lento que casi pedimos también la cena.

La tarde en Cambridge nos llevó a dar un paseo junto al río, por una pasarela de madera que no sé yo, y a pasar junto a una iglesia redonda y un montón de college cerrados. Adri no se quiso comprar un sombrero y una capa, a pesar de que yo le dije que iba a quedar muy british todo, así que nos fuimos yendo hacia el parking, que ya anochecía y todavía teníamos que volver a Watford. 

Al llegar, terror: no teníamos plaza de aparcamiento; y es que esta calle es o zona azul o sólo residentes, pero delante de la casa hay un par de plazas de aparcamiento que normalmente usan los vecinos de arriba porque Kike y Dácil no tiene coche. Esa mañana había ido yo a pedirles que nos tenían que dejar el hueco el fin de semana y nos habían dicho que ningún problema. Pero al llegar, ahí estaban los dos coches aparcados y nadie en casa. Los vecinos de al lado, los que cuidan a Eme y nos invitan a tomar el té, nos habían ofrecido la suya y aparcamos ahí, pero no nos hizo ninguna gracia.

Hoy el día ha amanecido lloviendo. Mucho. He cogido yo el coche porque tenía que probar lo de conducir por el otro lado. No ha sido tan difícil como yo creía que iba a ser; imagino que en parte porque ayer ya me acostumbré a ir por el otro lado y en parte porque tenía las expectativas muy altas. Siempre te dicen que hay que cambiar el punto de vista, espejándolo, pero lo cierto es que no todo está espejado: ni los mando del volante, ni las marchas, por ejemplo (esto es, la primera no es la que está más pegada a mi pierna sino la más alejada). La que más ha sufrido ha sido mi mano derecha, que se ha llevado varios golpes contra la puerta cuando he intentado cambiar de marcha, hasta que me he hecho a la idea.

El destino era Oxford y la ruta más sencilla que ayer, porque en seguida se cogía la autopista. A pesar de haber ido gran parte del camino por la M25, lloviendo, no nos hemos atascado (¡chúpate esa, Crowley!). Eso sí, el firme drenante, que ayer me molestaba muchísimo por el ruido que hacía, hoy lo he considerado algún tipo de bendición. Aún con la lluvia constante, estaba seco. Recordadme que le ponga una vela a Santo Domingo de la Calzada cuando vuelva a España (pista: no).

Habíamos reservado una visita guiada por la ciudad a la 1, así que nos daba tiempo a dar una vuelta. Pero la lluvia, no muy intensa pero de ese tipo que en España llamamos calatontos, y las baldosas mal puestas nos han dejado empapados en breve, así que nos hemos ido al museo de historia natural donde, como gran curiosidad, conservan una pizarra escrita por Einstein. Pero el edificio es muy bonito y la colección de trastos antiguos es muy interesante. De ahí nos hemos ido de cabeza a la visita, cuya que nos ha dado una vuelta por la universidad y nos ha hablado de lo que es el elitismo y el tráfico de influencias (sin ella saberlo): la mitad de los primeros ministros que ha tenido Reino Unido han estudiado en Oxford. Pero también nos ha contado acerca de los sótanos de la biblioteca Bodleian, que recibe una copia de cualquier libro publicado en UK (llegan los miércoles) y hemos entrado a uno de los College más antiguos (data del sigo XIII).

Yo quería ir a comer Chicken Pie a The White Horse y allí hemos quedado con una amiga granadina que reside desde hace años en UK gracias a la política de empleo estable en el ámbito sanitario de las Comunidades Autónomas. Típico pub inglés donde hemos comido estupendamente, nos hemos calentado y nos han echado amablemente trayéndonos la cuenta sin haberla pedido. Aunque ya no llovía, nos hemos ido a otro pub, The Eagle and Child, porque hoy 3 de enero es el cumpleaños de Tolkien y es ahí donde se juntaba con CS Lewis y compañía a beber y hablar de literatura. Brindis por el profesor con un vino caliente especiado que nos ha sentado estupendamente y a casa, que el ticket del parking se terminaba y había que volver.



Evidentemente, los vecinos han vuelto a olvidarse de dejarnos el sitio (y no estaban)... pero en fin. Mañana nos espera un viaje a los Cotswolds y el lunes volveremos a Londres a despedirnos. 

¡Un beso y feliz año!