El caso es que esta tarde me venía un poco mal ir, y he ido esta mañana (está al lado de mi oficina) para intentar cambiarlo a otro día. La encargada del centro de donaciones me ha dicho que si no podía quedarme en ese momento, que los lunes y los jueves son los peores días en cuanto a cantidad de sangre disponible en los bancos; esta mañana era imposible que me quedase, pero he adelantado la hora a la que voy para poder cumplir hoy con algo que ya he asumido como responsabilidad.
Cuando he llegado a la oficina, he decidido pedirles a mis compañeros que vinieran conmigo, si no a donar aféresis, que es más pesado, sí a donar sangre, que es un momento; cuál no habrá sido mi sorpresa ya que, no sólo se han negado, sino que encima se lo han tomado con una carga de frivolidad que ha llegado a enfadarme un poco.
Todo esto me ha hecho reflexionar sobre lo poco que cuestan algunas cosas realmente en comparación con el aparente esfuerzo que supone hacerlas. Realmente, donar sangre cada 3 ó 4 meses es media hora, y se presta una ayuda social muy grande. No cuesta nada: nuestro cuerpo vuelve a generar esa sangre que hemos perdido en poco tiempo, mientras que la que se ha donado, sirve para salvar alguna vida, o, al menos, para salvar un poquito de vida, que con una sola bolsa no da para mucho.
Lejos del aspecto solidario está el egoísmo puro y duro: si todos nos acostumbramos a donar sangre, el día en que la necesites realmente, los bancos estarán llenos. Sorprendentemente, estas razones tampoco llegan a la gente; asumo que están muy ligadas al mismo razonamiento de esto no me va a pasar a mí, y es más fácil mirar hacia otro lado.
Pero la realidad es que los componentes que se donan con la aféresis son muy importantes para el tratamiento, sobre todo, de pacientes con cáncer. Y el cáncer, nos guste o no, es algo así como una lotería de enfermedad: todos estamos expuestos, todos podemos sufrirla sin previo aviso.
Pero sí, sigue siendo más fácil mirar hacia otro lado, pensar que no nos va a pasar a nosotros. Lo ha sido siempre, como constata el siguiente escrito de Martin Niemöller:
| Als die Nazis die Kommunisten holten, habe ich geschwiegen; ich war ja kein Kommunist. Als sie die Sozialdemokraten einsperrten, habe ich geschwiegen; ich war ja kein Sozialdemokrat. Als sie die Gewerkschafter holten, habe ich nicht protestiert; ich war ja kein Gewerkschafter. Als sie die Juden holten, habe ich nicht protestiert; ich war ja kein Jude. Als sie mich holten, gab es keinen mehr, der protestieren konnte. | Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata, Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista, Cuando vinieron a buscar a los judíos, no protesté, porque yo no era judío, Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar. |