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03 junio, 2015

AC/DC, el espectáculo

Ayer me sentí como Barbijaputa en un mitin del PP. Era un concierto, sí, de rock, también, pero el desconocimiento de la mitología asociada a este grupo consiguió que me asombrara más que disfrutara. No soy fan de AC/DC. Me suenan algunas canciones (¿2? ¿3?) y conozco una pero en diciembre decidí apuntarme al plan porque "estos conciertos son un espectáculo". Y ahí iba yo, al espectáculo.

Después de casi dos horas esperando, con unos teloneros que me gustaron mucho (Vintage Trouble) empezó el concierto de AC/DC con puntualidad australiana. El público conectó con algún sistema desconocido para mí que les hizo gritar y aullar cuando un meteorito salió de la luna, saludó a una tetona medio en bolas y aterrizó en un estadio de fútbol que supondremos era el Vicente Calderón. La música empezó a sonar y en una sincronización digna de Corea del Norte, los rockeros a mi alrededor empezaron a saltar y a pegarse. Yo me hice muy pequeña mientras miraba alucinada a la masa que de repente me rodeaba hasta que Adri me rescató a empujones. Los rockeros, que hasta ese momento iban con moñetes, habían dejado sus melenas al viento; tuve suerte y el que me tocó delante tenía el pelo limpio y olía bien.

Fue entonces cuando vi a dos abueletes en el escenario dándolo todo: el cantante y el guitarrista, Angus Young, que es el famoso famoso y que yo me pasé todo el concierto pensando que era como Pettigrew pero sin dientes, corbata de Howgarts incluida. No cantaba pero los labios le revoloteaban constantemente, como si tuviera la boca enchufada a un túnel de viento. Los realizadores tenían a bien hacer de esta imagen un primer plano habitual en las pantallas gigantes, así como la mano en la guitarra, donde destacaba una alianza que le sentaba como a un cristo dos pistolas. Daba mucha grima pero creo que sólo a mí porque la masa seguía saltando y gritando y yo intentaba ser incorpórea, porque, tío, si mis tetas te llegan a la cintura igual es el momento de que tengas un poco de cuidado. "Ser mujer en este tipo de conciertos es un puto problema", me dijo una chica de mi estatura a mi lado, probable receptora de algún codazo.

Las canciones fueron sonando con pausas un pelín largas entre ellas, probablemente para que el equipo médico tomara la tensión a los abueletes. Como todos los conciertos de grupos con años, las canciones clásicas son subidón, mientras que las nuevas son meh, momento en que la gente aprovecha para moverse hacia  sitios ignotos dada la densidad que había en el estadio.

El de la boina de chenilla y el elfo [foto de RTVE]
Aparentemente para que te guste el rock es necesario disfrutar de los fluidos corporales de otros. No sólo del sudor de los demás asistentes o de los minis de cerveza que, a 12€ cada uno, volaban por el aire, sino por la fiesta de saliva y sudor que había sobre el escenario. El cantante no se quitó en las 2 horas una boina de chenilla a pesar de brillar bajo los focos, cosa que combinaba magistralmente con unas boceras en las comisuras que nos acompañaron todo el concierto. Pettigrew, quien al principio sólo enseñaba sus canillas (y mi cerebro ya tenía dificultades para asociarles con su cara), se terminó convirtiendo en un elfo de Terry Pratchett vestido únicamente con unas bermudas de terciopelo rojo. Los cabezazos sobre la guitarra iban sincronizados con gotas de sudor que, gracias a los primeros planos, empecé identificando con un efecto especial de lluvia.

Hubo dos momentos cumbres. El primero es el que yo he llamado "voy a hacerme una felación mientras esta gente me observa" que consistió en un solo del elfo de ¿8 minutos? y que incluyó pasarela que se eleva a los cielos y más confetti que en casa de Ana Mato. El abuelete lo dio todo, incluso algún acorde en falso. El segundo fue después del final de pega cuando tocaron la única canción que conocía, "Highway to hell", con bolas de fuegos saliendo del escenario mientras yo rezaba por los chicos de prevención de riesgos y los cables eléctricos del escenario; y la siguiente, ni idea, que incluyó ¡salvas de cañones y fuegos artificiales! Para mí, espectadora externa a la religión AC/DC, era difícil entrar en el mundo de un grupo australiano donde había cañones de la Guerra de la Independencia Americana, que se disparaban bajo los gritos enfervorecidos del público: "Fire!".

Y ahí acabó todo: 2 horas exactas. Me ha fascinado observar a la gente a mi alrededor: se sabían el concierto. Adri era capaz de adivinar cuál era la siguiente canción, qué iba a pasar entonces, qué faltaba. Eso sí, su padre y él disfrutaron como enanos.

El concierto fue un espectáculo, pero muy lejos de lo que había esperado. Disfruté de un macro concierto en vivo, sí, pero fundamentalmente observé un espectáculo sociológico, en el que un montón de gente que ya peina canas se ponía unos cuernos de plástico parpadeantes y rendía culto a un señor mayor con cara de mala hostia, mientras aprovechaban para desfogar a saltos y empujones. Cuando salimos, me fascinó pisar la M30 y andar por encima de ella, pero eso ya es otra historia.

09 julio, 2008

Concierto de Pedro Guerra

Pedro Guerra - Vidas Después de varios intentos fallidos en el último mes y medio, ayer conseguí ir, por fin, a un concierto de Pedro Guerra. Hacía ya tiempo que quería ir a uno, pero llevaba un tiempo de baja de paternidad, como él mismo dijo anoche.

Tuvimos la suerte de poder ir a un concierto distinto: era la grabación de su próximo disco, un directo donde irán algunas caciones clásicas (Contamíname, Daniela, Mujer que no tendré...), algunas del nuevo disco (Lara, Humo, Cuando Pedro llegó...) y dos canciones inéditas (Fénix y otra que creo recordar se llamaba A los más grandes dedicada a la memoria de gente fallecida recientemente, como Ángel González o Fontanarrosa).

En esta grabación, además, colaboraban cuatro artistas invitados que cantaron con Pedro Guerra:
  • Miguel Ríos, con el que cantó Mujer que no tendré, en una versión pop-rock interesante, aunque tuvieron que repetir la grabación al final, porque no había quedado bien (el público encantado, claro).
  • Quique González, que no recuerdo qué canción cantó.
  • Luis Pastor, con quien cantó algo desconocido para mí (y para el público, creo).
  • Bebe, que consiguió malograr esa canción tan buena que es El marido de la peluquera. Si ya me parecía que la tía esta no sabía cantar, ayer, en directo, se reafirmó la idea. En serio, consiguió estropear una canción preciosa con una voz aguda, aguda, que parecía de un pajarillo a punto de palmarla.

Además, y aunque no estaba anunciado en la cartelería, actuó también Ismael Serrano. Fue una agradable sorpresa, la verdad, hacía ya tiempo que no le veía en concierto...

El auditorio Pilar Bardem, en Rivas Vacíamadrid, estaba lleno hasta la bandera. Sin embargo, la gente no se animó mucho... a pesar de que Pedro amenizó el concierto con todo tipo de historias y anécdotas para introducir las canciones, nos hizo reir, y nos hizo emocionarnos. En mi opinión, el precio de las entradas (8€) consiguió que fuera mucha gente que sólo le conocía de oídas o por Contamíname y que, por tanto, apenas conociera la discografía del cantautor. Vamos, yo no veía a la gran mayoría de la gente cantar, moverse, animarse...

Pero fue un gran concierto, que duró unas 2 horas y media (menos mal que era en asientos) y del que disfruté como una enana; habrá que volver a otro, y habrá que comprarse el CD/DVD que saldrá de la grabación de ayer... cuando esté a la venta.

07 septiembre, 2007

Lo que duran dos peces de hielo...

peces-hielo...en un whisky on the rocks. Y es que no he podido menos que acordarme de esta canción de Sabina titulada 19 días y 500 noches al ver este producto en la web de Compradicción. Recordando el principio de la canción:
Lo nuestro duró
lo que duran dos peces de hielo
en un whisky on the rocks.
en vez de fingir,
o estrellarme una copa de celos,
le dio por reír.
De pronto me vi,
como un perro de nadie,
ladrando, a las puertas del cielo.

dos-pajaros
Esto me ha dado la excusa perfecta para hablar de un concierto en el que estuvimos hace bien poco, el día 1 de septiembre: Dos pájaros de un tiro la gira que está llevando a Sabina y a Serrat por toda España y parte del extranjero. Realmente, fue un gran concierto. Duró cerca de las dos horas y media, buena música, muchas risas, y mucha complicidad en el escenario, que es lo básico en este tipo de conciertos.

Dentro de que me gustó el concierto en su totalidad, disfruté especialmente con la parte de Sabina, o, más bien, con las canciones de Sabina, que son las que me sé. Fue raro oirlas cantadas por Serrat, que tiene un modo de cantar que en ningún caso se asemeja al de Sabina. Salimos de allí con esa sensación, que Serrat imprimía su toque a las canciones de Sabina (y no tengo muy claro que ese toque me gustara), mientras que Sabina adecuaba mucho más su modulación al estilo de las canciones de Serrat.

En el repertorio, las más conocidas de Serrat: Mediterráneo, Penélope o Tu nombre me sabe a yerba , por poner los ejemplos quizá más cercanos a mí. Otras muchas no las conocía.

En el repertorio, conocía todas las de Sabina, of course, aunque eché en falta algunas, que quizá no tenían cabida en este tipo de concierto. Aún así, se cantaron clásicos como Quién me ha robado el mes de abril, Y nos dieron las diez o Pacto entre caballeros.

En mi opinión, el concierto fue quizá tirando a demasiado melancólico, sobretodo comparándole con el del año pasado de la gira de Sabina. Imagino, porque no conozco la discografía de Serrat, que esto obecede al estilo mucho más lento de éste con respecto a Sabina. Un detalle a destacar, y que resultó divertido, fue el momento en el que cantaron esa rumba que dice no estaba muerto, que estaba de parranda a dúo.

Buen concierto, en definitiva, buen ambiente en Daimiel, con unos 10.000 espectadores según los periódicos locales, en una noche no especialmente calurosa (menos mal).