Mostrando entradas con la etiqueta Oporto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oporto. Mostrar todas las entradas

20 agosto, 2012

Portugal, día 2

Anoche tocó Oporto la nuit. En el plano que tenemos de la ciudad estaba muy claro: calles señaladas en color naranja y un cartel con la leyenda "BARES". Parecía que mejor imposible, pero no esperábamos encontrarnos con una densidad tan baja de locales. En serio, con esos criterios tanto en Madrid como en Ciudad Real hubiera sido necesario poner un gran punto naranja que cubriese bien toda la ciudad. También es verdad que el primer contacto fue descorazonador: no había ni dios. Ya no sabíamos si es que habían cenado todos (ayer vimos a gente empezando a cenar a las 17, pero confiábamos en que fueran alemanes) y se habían recogido o que la información estaba desfasada. Así que después de dar un par de vueltas, entramos en un restaurante donde había gente y donde nos encontramos con el único portugués que no habla portuñol de todo Oporto. Difícil de entendernos con él (lo del inglés tampoco era lo suyo), pero al final nos hinchamos a pescado, as usual. 

Eso sí, cuando salimos de allí, un par de horas después, aquello había cambiado radicalmente. No, no habían aparecido bares nuevos, pero había gente, así que fuimos a tomarnos un mojito a un bar que nos había llamado la atención antes. Primera cosa rara: allí está todo el mundo sentado y no baila nadie. Muy desconcertante, pero "donde fueres, haz lo que vieres". Segunda cosa rara: en Portugal se fuma en los bares. Fue un OMG bastante terrible para nosotras, que ya nos hemos olvidado del puto asco que da el humo cuando estás tomándote tranquilamente una copa. Pero en fin, nos parecía feo decírselo al portugués que teníamos al lado, así que lo dejamos estar. Tercera cosa rara: un mojito con cubitos de hielo. Y muy ácidos. 

No contentas, nos fuimos a buscar otro garito. Uno en el que sí se bailara, aunque se seguía fumando. Cuál no sería nuestra sorpresa cuando vemos que el camarero agitaba con mucho brío las hojas de menta, el hielo picado, el ron y el seven up (o lo que le echasen). En serio, los mojitos no se agitan. Qué país. Al menos, la música ochentera era bailable, aunque nos sorprendieron cuando pusieron "La bamba". Y ahí estuvimos, hasta la 1 que decidimos volvernos, no fuera que más tarde tuviéramos que hacer la croqueta y nos cayéramos al Duero. A la salida, las calles estaban a reventar de gente. Punto para Portugal: beber en la calle en pleno agosto es un #win. 

Hoy nos hemos ido a ver unos pueblos del norte: Guimaraes, Braga y Vila do Conde. 

Guimaraes es una ciudad preciosa. Se supone (ejem) que es la cuna de Portugal, y lo indican muy orgullosos en un cartel gigante, pero hay pocos indicios más. Tiene un centro histórico pequeño, con placitas llenas de soportales y casas antiguas muy bien cuidadas. Hay que decir que es "Ciudad Europea de la Cultura 2012", pero nosotras no lo sabíamos hasta que no hemos llegado. Un paseo por el pueblo y al "Paço dos duques de Bragança", con la idea de dar una vuelta y seguir hasta el castillo. Pero hemos sido gratamente sorprendidas de que el palacio fuera visitable y de acceso gratuito. Y por dentro era bien chulo, con el mobiliario original montado en las distintas habitaciones y una pequeña explicación en varios idiomas (incluido el español) en cada una de ellas. Para rematar, nos hemos hecho una foto tuenti en un espejo del siglo XVII, por eso de quitarle un poco de hierro a la visita.

Y luego al castillo, que era poco más que una muralla y una torre central. Bastante bien conservado para ser del siglo X, pero yo me sigo preguntando cómo podía vivir en un espacio tan chico el primer rey oficial de Portugal, ya en el siglo XII. O estaban muy apretados o algo no cuadra, pero a saber quién ha escrito la historia... Escaleras para subir a las murallas sin una mala barandilla... asumimos que quedaba todo solucionado con el cartel de "Cuidado, peligro de caídas" que aparecía al pie de una de ellas. 

Comida muy rica en Guimaraes, a base de verde, que ya estamos un poco hartas de comer tanto, y a Braga por la tarde. 

La primera sorpresa que nos ha deparado Braga (Ciudad de la Juventud 2012), ha sido una demostración de bailes populares de la región. Hemos estado viéndolos un rato y, oye, lo mismo que ver bailar jotas en cualquier lugar de España. Además, paseando por Braga, nos encontramos con una performance cristiana en la que un tío intentaba convencer a otros de que había que suicidarse por la crisis y demás. Hasta que venía alguien que les convencía de que Jesús les amaba y que no lo hicieran. Claro que el primero había estado poco hábil: detrás suyo había una pancarta gigante con el lema: "Jesus ama-te". Yo lo veía claro, y eso que todavía no controlo el portugués.

El paseo por Braga merece mucho la pena. Es una ciudad muy tranquila, con calles peatonales y miles de iglesias y edificios bonitos. Aunque la segunda sorpresa nos la ha deparado la catedral y el espectacular vestíbulo y órgano que tenía. Sin ser un edificio demasiado grande, el órgano era monumental. Como dirían en "Airbag": eso no son formas, son alardes. 

Y a cenar a la Feria de la gastronomía de Vila do Conde, que ya va por su decimocuarta edición. Puestos con delicatesen de la zona que no hemos podido comprar, por eso de no llevar el coche apestando a queso y a chorizo el resto de viaje, y casetas para comer. También un escenario donde, de nuevo, han estado bailando jotas. Y hemos cenado. Mucho. La especialidad de uno de los chiringuitos: una "Espetada do novinho" gigante, acompañada de un par de ensaladas de pescado. Eso sí, el sitio era típico del Algarve (sur de Portugal), pero tampoco nos íbamos a poner exquisitas. Hemos hecho buenas migas con el camarero, que ha flipado un poco con nosotras y el baile de las sillas, pero es comprensible: la mayor parte de la gente es totalmente ajena al funcionamiento de la mente colmena. 

Eso sí, en la feria gastronómica he hecho un señor descubrimiento: una tienda llamada "Cooking without" - dulces sin gluten y sin lactosa <3 Así que, de postre, unos bombones de leche condensada que estaban exquisitos :D

Y ya a Oporto, después de 13 horas dando vueltas por ahí. Por cierto, que aunque casi todos los edificios de Braga y Guimaraes también parecen dados la vuelta para dejar la decoración del baño en el exterior, son ciudades mucho, mucho más cuidadas que Oporto. No sabemos cuál es el problema que lleva a Oporto a ser un desastre de ciudad, con todos los edificios medio en ruinas... 

Y nos siguen extrañando varias cosas. Que los portugueses se crean tan europeos como para cerrar los museos a las 18 y cenar a las 19. En serio, almas de cántaro, ¿es que no habéis visto la luz que hay ahí fuera? Que lo del diseño de autovías no lo tiene demasiado controlado, hay unas salidas e incorporaciones terribles. Pero que no conducen mal, como nos habían dicho. Y que ver cuadros después de conocer al Hematocrítico de Arte es... complejo. 

Pero lo que nos llama poderosamente la atención en estos dos días que llevamos aquí es cómo, viniendo yamila y yo de un país que ha obtenido un préstamo en condiciones extremadamente favorables, no tenemos a todos estos portugueses rescatados haciendo cola para pedir nuestra mano. Incomprensible. Será una pregunta a realizar en el siguiente consejo de ministros a Montoro o, en su defecto, a Soraya. Nos tiene en un sinvivir. 

PS: La frase del viaje que se va perfilando: "pero cómo no les van a haber rescatado".

18 agosto, 2012

Portugal, día 1

Ayer llegamos a Oporto. La verdad es que el viaje se nos dio mucho mejor de lo que esperábamos, y a las 20.30 (hora local, una hora más si no vivís en Canarias) estábamos llegando a la "cozy room" que habíamos alquilado en Oporto. Es mi primera experiencia alquilando con airbnb.com y está siendo muy buena. Por 40€ la noche tenemos una habitación grande para nosotras solas, compartiendo el baño con los dueños, ¡que tienen dos gatos! Matilda y Simon. Alguna foto les caerá, claro.

La dueña de la casa, Sara, es una persona de lo más agradable. Muy habladora, nos explicó dónde podíamos ir a cenar por aquí cerca y nos prestó un mapa de Oporto. Estamos a un paseíto del centro, así que estupendo. Eso sí, el sitio de la cena tenía un punto decadente importante... pero es una sensación que se respira por toda esta ciudad. La comida estaba rica, nos decidimos por pescado (yami bacalao, yo algo llamado robalinho, que hoy he descubierto que era una lubina), y fue muy barato. Con un oporto (que no nos ha gustado), una ensalada y postre, pagamos 33€ entre las dos. 

Luego, dar una vuelta por la ciudad. Muy tranqui todo, la verdad, parece un sitio agradable para vivir. Nos encontramos un par de conciertos callejeros; el primero, del grupo "The soaked lamb", con motivo del Día Internacional de la Fotografía, mezclaba ritmos de manera ciertamente desconcertante. Cuando llegamos estaba como un fado, pero luego cantaron en inglés, y hasta en castellano... "La llorona", nada menos, citando a Chavala Vargas como una de las cantantes más conocidas por haberla versionado. Luego, un grupo cubano... que cuando llegamos estaba cantándole al Che el "Hasta siempre, comandante". Entre todo este mestizaje y la cabina londinense (que podéis ver en el blog de yami ) ya casi que no sabíamos dónde estábamos :P 

Hoy nos hemos despertado con pan recién hecho para el desayuno. Yo he probado la leche de soja, que nuestra "casera" tampoco puede tomar lactosa, y bueno... no es mi bebida favorita, pero está bebible y es mejor que un té por las mañanas. Su novio, João, nos ha dado mil explicaciones de dónde ir en Oporto y qué ver en cada sitio. Muy majetes los dos, la verdad, y muy acogedores. 

Y ahí nos hemos ido, a las 10 de la mañana con el objetivo de conocer Oporto un poquito. No hacía mucho calor (aunque yami diga que sí), la máxima ha sido de 25º, pero con mucha, mucha humedad. Que es lo que peor llevo yo. A mí dadme 35º a la sombra en Ciudad Real y estoy tan pancha. Pero aquí ando todo el día pegajosa... 

Rutilla por el Oporto histórico, empezando por el Mercado do Bolhão, un sitio con pinta de muy antiguo (o de muy roto), pero muy chulo. Nos ha llamado la atención que tenían una escalera para subir y otra para bajar, no vaya a ser que el gentío se acumulase. Vueltecita por el mercado, viendo puestos, pero, sobre todo, el edificio, en dos plantas, con la superior formando una galería en torno al gran patio central. Cuando nos íbamos nos hemos encontrado con la tuna, y a yami le ha parecido fatal.

Andando a la Estaçao de San Bento. Terminal, de ferrocarril, y de principios del siglo XX. No estoy segura, pero por lo que veo en Google, es la principal estación de Oporto. Por alguna razón que no acabamos de comprender, esta ciudad está decorada a base de azulejos, y la estación no iba a ser menos. Una vestíbulo con motivos diversos, que iban desde la historia del transporte (yo no he conseguido identificarla bien) hasta escenas de guerra. Pero lo fantástico, de verdad, estaba dentro: los túneles de acceso a la estación. Recubiertos de mampostería, suponen una impresionante llegada a la estación, por debajo de una de las colinas en las que está construido Oporto. Por cierto, que el vestíbulo también aparecen los dos ríos de la zona: el Miño y el Duero. 

Y a ver la muralla y la Iglesia de Santa Clara, siguiendo la rutilla que nos marcaba la guía. La muralla está claramente reconstruida y la Iglesia ha sido, básicamente, desconcertante. Una fachada encalada, que escondía dentro una iglesia pequeñita pero llena de dorados e imágenes de santos. yami ha creído identificar a Santa Clara, pero yo no lo tengo tan seguro... es que enfrente, y con la misma categoría jerárquica, había un señor. ¿Sería el primer travelo y todo era una alegoría de la transformación? yami dice que era su hermano, pero a saber.

La verdad es que lo más agradable de Oporto es callejear. No hay mucho turista, y tiene algunos rincones muy chulos. Hemos estado un buen rato viendo el Duero desde el puente de Luis I, que es el más cercano a la Catedral. Muy desconcertante, también: el puente va por encima de las casas. Y no, con toda seguridad el puente es posterior a éstas, probablemente del siglo XIX. Un puente mixto, por cierto, pasaba el tranvía y los peatones. Un ratito de ver el Duero y las bodegas de enfrente (a las que no nos hemos acercado), así como las barcas que iban de arriba a abajo. 

Por cierto, otra de las cosas que hay en Oporto en cantidad son gatos. Por todos lados, de todos los colores, pero más pequeños que los españoles, en general. Campan a sus anchas por toda la ciudad.

En fin, a la catedral, muy sencillita. Tampoco es que yo sea muy de ver iglesias, todo sea dicho, aunque hoy hemos entrado a unas cuantas: la de las Carmelitas, la de los dos clérigos, la de San Francisco (sólo hasta la puerta, que cobraban).

La comida, un arroz con marisco sentadas a la orilla del Duero, en uno de los restaurantes que recomendaba la guía ("Mercearia") . Ha salido algo más cara, especialmente porque nos han puesto el típico entrante que no pides, y que crees que irá incluido en el precio del cubierto, pero no, nos lo han cobrado aparte. Al menos, el arroz estaba muy rico, y hemos tenido que irnos del bar haciendo la croqueta y dejándonos casi la mitad de lo que nos habían puesto.

La tarde tenía un punto fundamental: la librería Lello. Al principio no conseguíamos encontrarla, pero cuando hemos llegado... una decepción. A ver, que el sitio es precioso, pero es una librería convencional, con todo tipo de libros chorras (desde cómo entrenar a tu perro a osteopatía) y música pop que no iba nada con el ambiente. Ah, y empleados cuyo único cometido era vigilar que no robases y decir: "No pictures, no pictures!" conforme veían aparecer una cámara de fotos. Nos hemos ido de allí un poco frustradas.

En general, mi impresión de Oporto es que está muy descuidado. Hay mucho edificio antiguo muy bonito, pero abandonado. Y es una sensación que se respira mucho por la ciudad, conviven edificios muy cuidados, con otros muy estropeados, con los azulejos de la fachada prácticamente caídos. Pero es una ciudad pequeña y agradable para pasear, y merece la pena echar un día para verla.

Ahora ya nos iremos a cenar, que nos ha contado dónde está la zona de salir de Oporto, y mañana, a Guimaraes, Braga y a Vila do Conde, donde nos han dicho en turismo que hay un festival de gastronomía.