Ayer por la noche me ocurrió algo curioso. En una conversación con amigos que comenzó hablando de la sequía y continuó por derroteros tan poco habituales como los periodos de retorno de las tormentas, se terminó haciendo la pregunta:
¿Cuánto duró el diluvio universal que aparece narrado en la Biblia? Mi respuesta fue:
No lo sé, no soy católica, queriendo explicar con ello que dejé de dar clases de religión cuanto tenía 9 años (y estoy a punto de cumplir el cuarto de siglo), que nunca he ido a clases de catequesis (ni católica ni de ningún tipo), y que, en definitiva, mi cultura en este tema no pasaba de lo meramente superficial. Al igual que no pasaba de lo meramente superficial lo que conozco de otras religiones, como la judía.
Me respondieron que, en primer lugar, la no pertenencia a una religión no justifica su desconocimiento (justificándolo con que es mera cultura) , y en segundo, que sería más normal que conociera la religión católica en mayor profundidad que la judía, puesto que ésta está más arraigada en nuestra cultura que la judía. Una parte de la justificación fue
no soy de Egipto, pero conozco su historia.
No seguí con la discusión porque me parecía que no tenía mucho sentido entrar en un debate sobre hasta qué punto debe saber alguien de algo para considerarse una persona medianamente culta, y dónde está el límite que separa los conocimientos básicamente culturales del conocimiento en profundidad del tema en cuestión. Sin embargo, me sirvió para esta reflexión sobre el concepto de cultura.
Creo que si la pregunta hubiera sido
¿en qué año murió Alfonso X? o
¿cuál es el quinto decimal del número pi? y yo hubiera respondido,
no lo sé, no soy historiadora o
no lo sé, no soy matemática (aunque sí sé cuál es el quinto decimal del número
pi) no hubiera habido tantas
críticas (por ponerle un nombre, aunque no es exactamente ese). Dentro de mis conocimientos sé perfectamente que existió un rey llamado Alfonso X por allá por el siglo XIII, fundador de Ciudad Real para más datos, y que el número
pi es un número irracional que relaciona el radio de una circunferencia con el perímetro y con el área. Hasta aquí probablemente sepamos todos. Evidentemente, por su formación o intereses habrá gente que sepa más sobre Alfonso X o más sobre el número
pi, pero no creo que a nadie se le ocurriría tachar a otra persona de inculta por no tener esos conocimientos más avanzados.
Sin embargo, se asume que la religión, como doctrina, debe formar parte de la vida de cualquier persona que viva en una sociedad basada en ella. Y cualquier conocimiento trivial asociado a ella debe ser conocido para que se considere a esa persona como
culta. Lamentablemente, no estoy de acuerdo con esa definición, pues conocimientos como la duración del diluvio universal entra dentro de lo que para mí es la
cultura Trívial (en referencia al archiconocido juego, claro). Es decir, datos que aportan poco al conocimiento de algo (por seguir con el mismo ejemplo, la duración del diluvio no hace ser mayor conocedor de la religión católica), pero sin embargo, te puede servir para ganar un quesito en el juego.
Los cimientos de nuestra sociedad, tal y como la conocemos actualmente, no se basan únicamente en la religión católica, y aunque ésta está más cerca de nosotros que la judía, no creo que esté más cerca que las doctrinas políticas (¿quién fue el fundador del PSOE?), que las ideas científicas (¿qué gas hay dentro del casquillo de una bombilla?
guiño, guiño) o de las teorías económicas (¿cuándo se considera que un país entra en recesión económica?).
Y entonces, ¿porqué habría de interesarme especialmente por la religión y no por todo lo demás?