15 abril, 2016

[Paraderos peruanos] Días 0 + 1: Viajar y zampar, ese binomio.

Primer vuelo de larguísima distancia para mí, mismo aburrimiento de paso por el aeropuerto. Da igual donde vayas, las medidas de seguridad son las mismas, quítese usted las botas y deje la botella de agua, no vaya a ser.

Viajamos separados porque viajar juntos hubiera supuesto pagar, al menos, 33€ del erario público y no lo hemos considerado necesario. Iberia, con su política de pagar por todo lo que no sea estrictamente obligatorio, te asigna un asiento al azar y se pueden ver parejas y familias mezcladas heterogéneamente por todo el avión. A saber si no es una política anti divorcios y pro vacaciones sin bronca. 

Comida de avión clásica, aunque esta vez dejan elegir entre pollo o pasta. Mejor proteína, pienso, se procesa más lento y tardaré más en tener hambre. Mal, viene con arroz. Al menos me ponen vino y, sorpresa, es de Ciudad Real. Un poco peleón, eso sí. 

Tras ver una película (La chica danesa, muy recomendable) me quedan aún 10 horas de viaje. Voy a intentar echarme una pequeña siesta, intentando ignorar al niño que llora. Mirando lo que ofrece Iberia, veo que hay un programa de meditación.

Lo pongo. Igual no medito pero sí me ayuda a dormir. Empezamos. Tensar y destensar músculos. Respirar. Empezar a flotar. "Ahora te abraza una suave nube blanca. Llegas a descansar sobre la nube y siente cómo te acuna. Está a la temperatura perfecta". No, verás, gente de Iberia, en una nube hace fundamentalmente mucho frío y mucha humedad. No es nada cómoda. Intento obviarlo, y pensar en una nube de algodón. Funciona regular pero Iberia no me va a permitir relajarme: "Al mirar abajo, ves que tienes una vista de 360º sobre la tierra. Puedes ver los océanos y las cimas de las montañas, desiertos y pastos". A ver, no, esto no funciona si os saltáis las más elementales leyes de la física. Para ver todo esto en vez de en una nube tendría que ir en una nave espacial. La cual, probablemente, sí estaría a la temperatura perfecta y bastante más seca. Así no voy a ningún sitio, está claro que lo mío no es el mindfullness. Mejor pongo música. 

Mejor no aburro con el resto del viaje, que fue fundamentalmente pesado y con poca animación ("vaya, un documental sobre España, no entiendo este primer plano de diez segundos de una postal con el culo de un torero en la Plaza Mayor de Madrid", "curiosos estos mineros chilenos que escriben todo el rato en inglés, ¡incluso dentro de la mina!", "señor, coja al niño que las turbulencias también le afectan a él, a ver si va a pensar que pasar por encima de Venezuela es inocuo para un español de bien", y un largo etcétera que incluye más comida de avión, claro).

Aterrizamos en Lima un poco más tarde de lo previsto, con un calor que yo calificaría de interesante. Vamos, una humedad brutal, como de estar en Barcelona en agosto. Al menos, el paso por el aeropuerto fue fácil, aunque mi idea de las limitaciones al aparcamiento de cualquier vehículo han pasado a incluir los carros de transporte de equipaje del aeropuerto. En serio, no hace falta que lo aparquéis en línea junto a la cinta, puedes llevar tu maleta hasta medio metro más atrás. 

El aeropuerto de Lima está en Callao y no hay absolutamente ninguna ruta de autobús oficial que cubra el trayecto. Aparentemente, el problema es la enemistad histórica entre las dos ciudades y su falta de acurdo en la gestión del transporte público. "Si existiera un consorcio como el de Madrid, se arreglaría", me dicen. "O no", pienso yo. En cualquier caso, durante el camino sólo vemos taxis y autobuses pequeños, mientras nos cuentan que el transporte público es fundamentalmente irregular por allí. Tras algo así como una hora de trayecto en un tráfico que deja al atasco del nudo norte como "sin grandes retenciones", llegamos a Miraflores, el barrio europeo (pijo) de Lima y donde está nuestro hotel. Ha sido el check in más lento de la historia de los check ins, pero esto me da una pista acerca de la velocidad del país en general.

Decidimos salir a cenar porque, total, son las 9 de la noche de Lima, las 4 de la mañana en España, y yo ya no sé si tras casi 24 horas despierta y haber hecho una comida cada 4 horas, si pedir un café o una copa. Tras un paseo por las inmediaciones del hotel (en sandalias, bendito calor), optamos por un restaurante enfrente y nos dedicamos a hacer el guiri: pedimos ceviche, tacu tacu de marisco y pisco sour. Deberes hechos.

La noche se presentaba interesante, porque mi cuerpo opinaba que era hora de levantarse e ir a trabajar. Conseguí dormir 4 horas de manera natural, pero para eso están las drogas (legales).

El primer día teníamos prevista visita de campo al "Metropolitano", la línea de BRT que opera en Lima: 25 km de plataforma reservada para autobús, con estaciones elevadas, buses de 18 metros. Aunque la visitamos en coche en hora valle, la sensación de estar permanentemente metida en un atasco no me la quitó nadie. Y era un atasco muy curioso, porque la mayoría de los vehículos eran de transporte público: combis de distintos tamaños, taxis, moto taxis. Todo lleno de gente. 

Fuimos a ver también una de las líneas alimentadoras del BRT, la que lleva al barrio de Payet. Un barrio construido en una de las laderas de la montaña, con un montón de casitas bajas con las esperas puestas para seguir levantando pisos en caso de necesidad. Hasta aquí, todo normal. Lo que nos resultó más curioso fue las verjas que había en las calles, puestas por los vecinos para "mejorar la seguridad". Desde luego, invitaba entre poco y nada a entrar por allí y no lo hicimos. 

Comimos en un restaurante peruano donde aprendimos que si la música no está a toda leche, no es un restaurante típico de verdad. Pedimos una especie de menú comunal que se llamaba algo así como "tempestad atlántica" (y no pacífica, ojo ahí) y que ponía "6-7 personas". "Igual es mucho", comenté, puesto que éramos 3. "No, está bien", dijo el camarero. Y, efectivamente, comimos bien y no sobró nada. Eso sí, estuvimos llenos toda la tarde, y ahí fue donde aprendimos que la comida peruana engaña y es mucho más pesada de lo que parece ("es pescado crudo, ¡comamos sin moderación!").




Reuniones por la tarde y a cenar, porque ningún viaje sin comer todo el rato sin medida. Habíamos quedado con un amigo mío, y decidimos bajar el ritmo y cenar más ligero: una ensalada de tataki de atún, que es la manera de mezclar dos platos en uno y que mi conciencia se quede tranquila. Yo probé además el "maracuyá saur", porque el pisco ídem me parece demasiado ácido. Un sabor raro, más amargo y con un toque de dulce, pero mejor que el pisco. Eso sí, no sé si es el jet lag, la falta de sueño o qué, pero termino tras un "saur" de estos como si me hubiera tomado tres cubatas españoles. Igual es la edad.

Mi primera impresión de Lima es que es una ciudad que está como a medio construir. No sólo los barrios periféricos, también Miraflores o San Isidro dan un poco esa impresión. Pero es una ciudad con muchísima vida, hay como pequeño comercio por todos lados, probablemente nada oficial y todo muy orgánico, como de cubrir necesidades inmediatas (y esto también aplica al transporte). Por ejemplo, en todos los semáforos venden bebidas autoembotelladas o fruta cortada y metida en bolsas de plástico que yo he decidido no probar porque me gustaría terminar el viaje sin un cólico. 

Hoy tenemos más visitas (¡cocheras! ¡estaciones de autobús!) y más comidas y más reuniones. Vamos, lo normal en un viaje de trabajo. Aguantaremos bien, aunque el jet lag me tiene despierta desde las 5 am. La calima que se ve desde la ventana de la habitación augura que, de nuevo, nos coceremos como pollos durante todo el día.

03 enero, 2016

Bye 2015, hello 2016

Tenemos el año recién estrenado y vengo a recuperar el blog para hacer memoria de lo que ha sido 2015. La impresión general es que ha sido un gran año aunque lleno de vaivenes. Por suerte, no han sido tanto en mi vida personal como en la profesional, y esos siempre son más sencillos de encarar, Los años de crisis me han curtido.

Empezamos el año en Londres, en un fantástico viaje de 3 semanas en el que la hospitalidad de Dácil y Kike nos permitió integrarnos en la vida inglesa. La narración de ese viaje está aquí, así que no me extenderé mucho más.

En enero trabajaba en algo que no me gustaba: auditaba concesiones públicas para que las compraran fondos buitre. Un trabajo que horrorizaba a mi ética y mi moral pero que me permitía vivir. Una serie de catastróficas desdichas me permitieron escapar de ahí. Y digo desdichas porque volver a estar en paro sólo tenía esa lectura para mí. La cosa fue así:
  • en marzo, y durante la revisión anual de objetivos, mi jefe me dijo que renovarían mi contrato en mayo. En esa conversación yo le dije que no me gustaría trabajar en auditorias, que prefería hacer proyectos y estudios de transporte (que era para lo que me habían contratado).
  • en abril me caí de la bici en Arenas de San Pedro. Me rompí (o no) la cabeza del radio, es decir, el codo. Digo "o no" porque creo que ni el traumatólogo lo sabe. El último diagnóstico fue: "debe ser una rotura sin desplazamiento porque no se ve en las radiografías". Yo la llamo, cariñosamente, la Rotura de Schrödinger: sólo la observación directa nos daría la solución ;)
  • en mayo, y tras negarme a ir a trabajar estando de baja, mi jefe me comunica que no hay renovación del contrato. Tormenta de emociones porque, joder, me han despedido y además estando de baja. 
  • en junio, y durante el viaje a París, la Unión Europea nos comunica que hemos ganado una beca de un concurso de emprendedores y que nos conceden 150.000€ para el proyecto. Un subidón que me convierte en autónoma y administradora de una empresa.
En julio me había convertido en empresaria, tenía un proyecto que me encantaba, nos contrataron otro estudio y todo iba viento en popa. Trabajaba en casa, así que decidimos buscar un piso más cerca del trabajo de Adri. Tuvimos suerte y lo encontramos rápido. El 31 de agosto nos mudamos a nuestro querido piso con vistas. Quizá no todo el mundo comparta la descripción, pero pasamos de un piso interior en el que veíamos tejados, a uno totalmente exterior desde el que se ven las vías de Atocha. 

No se me olvida un cambio importante en estos primeros meses: la izquierda había conseguido la alcaldía de Madrid. Os conté mis impresiones a la vuelta del día de las votaciones y creo que no erré demasiado (excepto en la Comunidad de Madrid, ay). De hecho, vistos los resultados de las últimas generales, sigo opinando que ya está bien de esta izquierda purista que vela más por un concepto tan utópico como únicamente teórico. No es lo que necesitamos. Por otro lado, que haya distintas opiniones dentro de un partido (y de, ojalá, un gobierno) sólo puede enriquecer la gestión. Creo que las generales se van a repetir en pocos meses, así que espero que todos recapacitemos y dejemos individualismos a un lado.

El cambio de gobierno en Madrid me ha traído muchas satisfacciones en general pero una en la profesional. En este segundo semestre del año me ofrecieron pasar a formar parte del equipo directivo de una de las mayores empresas municipales de Madrid. Se quedaba vacante por jubilación la Dirección de varios, entre los que se incluye Comunicación y Consultoría. No sólo cumplía el perfil requerido desde un punto de vista puramente técnico, además la Concejala de Medio Ambiente y Movilidad había pedido específicamente que el puesto fuera ocupado una  mujer. Y ahí estoy, siendo la primera directora que ha habido en una empresa con 70 años de historia y machista hasta extremos difíciles de imaginar. Si me animo, escribiré un post al respecto.

Dejar mi empresa, los proyectos, a mi socio, fue una decisión muy dura, que me tuvo sin dormir días. Un día, hablando con María, me dio la respuesta: "piensa en la decisión de la que no te podrás arrepentir". Y cierto es, si hubiera rechazado esta oferta es difícil que hubiera habido otra oportunidad. Sin embargo, siempre puedo volver a ser empresaria si las cosas no van bien.

El final de 2015 me encontró con un trabajo extraordinariamente exigente, que me ha puesto por delante unos retos que a veces creo que no voy a ser capaz de afrontar, pero que me apasiona. Me encuentro trabajando 11 horas diarias, gestionando un equipo humano complejo y difícil, un trabajo infinito y gratificante y esperando que 2016 continúe tan bueno como este fin de año.

Desde el punto de vista personal, el año ha sido mucho más tranquilo. Adri y yo vivimos juntos; oficialmente desde marzo de 2015. Ahora que nos hemos mudado, incluso estamos empadronados en el mismo sitio, nada menos. Es una relación que me genera muchas satisfacciones y que se va consolidando. Ambos compartimos una visión de la vida muy similar y hemos conseguido encajarla bien. Seguimos con una relación abierta que, sinceramente, es más teórica que práctica pero que genera un clima en el que nos encontramos muy a gusto ambos. Hay veces que alguno de los dos la ponemos en práctica y sin ningún drama. Genera tranquilidad. 

El final de año trajo a una nueva niña a la familia. Mi hermana ya tiene dos hijas y es que parece que sólo sabemos engendrar mujeres: por mi familia materna mi abuela tenía 2 hermanas, mi madre tiene sólo una hermana, mi hermana y yo y ahora mis dos sobrinas.

Lo que he echado en falta este año es haber tenido vacaciones. Hemos hecho muchas escapadas: a Murcia a ver a Bego, a París a ver a Fon, a Huelva a ver a María y César, a Barcelona a la Boda Osom de Ramón y Vicky, a Cantabria con mi familia, a Salamanca de finde romántico. Sin embargo, nos han faltado unas vacaciones largas. En 2014 estuvimos haciendo el Camino de Santiago y luego nos fuimos a Londres... algo así. Este año, mis múltiples movimientos laborales nos han impedido hacer planes.

En cuanto a 2016 se presenta interesante. No sólo estoy encargada del Plan de Sensibilización en temas de género de la empresa, sino que nos esperan dos viajes importantes:

  • A Perú, probablemente en abril y coincidiendo con un viaje de trabajo mío. 
  • A Japón, el 24 de septiembre. Tres semanas para las que ya tenemos comprados los billetes pero poco más.
Nos veremos por aquí en este año nuevo. Cuanto menos, con crónicas de viajes. Seguramente vayamos a más sitios, aprovechando puentes y fines de semana. De momento ya tenemos uno previsto gracias al regalo que nos hicieron nuestros amigos por nuestro cumpleaños: la vía verde del Plazaola. Previsiblemente la haremos en mayo.

Feliz 2016 :)

07 junio, 2015

[Paris à vélo] Día 3: Unas proteínas más, s’il vous plaît + Au revoir, París!

Aprovechando que Fon e Inés no trabajaban hoy, nos hemos ido los 4 a París. No teníamos muy claro dónde ir más allá de que a la 1 teníamos reserva para comer en el Barrio Latino. Al final nos hemos decantado por el Museo de Artes y Oficios y ha sido un acierto: es muy interesante y no había turistas. El museo tiene más de 200 años e incluso las vitrinas tenían historia. Tiene el problema de que está casi todo en francés y que la guía que te puedes descargar al móvil está en un popurrí de idiomas. Además, los puntos marcados para la audioguía no parecen coincidir con los de la aplicación. Aún así, con nuestros burdos conocimientos de francés hemos conseguido descifrar muchos de los carteles.

Lo que no hemos conseguido es saber qué nos estaba diciendo uno de los vigilantes cuando hemos continuado la visita hacia una ¿iglesia? que tenía dentro un péndulo de Foucault y una exposición de transportes (por que qué mejor sitio que una iglesia para poner unos andamios llenos de coches). Él señor nos estaba diciendo cosas y yo he pensado que nos pedía de nuevo los tickets, porque iba con un lector en la mano. Se los he intentado dar pero no los ha aceptado, sólo nos ha señalado con la mano el pasillo por el que habíamos venido. Luego nos han dejado pasar cuando íbamos con Fon e Inés en un claro ejemplo de discriminación por no ser ciudadanos.
¡Fondeus!
Bici y al restaurante, que estaba encima de una cuesta. Hemos llegado que nos comíamos lo que fuera, y hemos pedido la especialidad de la casa: una fondue de queso y otra de aceite, acompañada de ensalada y patatas asadas (y después fritas, que no se desperdicie un gramo de grasa) a voluntad, sentados en una terraza. Todo riquísimo. Unos japoneses que pasaban por allí han flipado con lo que estábamos comiendo y han decidido imitarnos, aunque creemos que se les ha ido la mano: han pedido para dos lo mismo que nosotros para cuatro. Después de dos millones de fotos, les hemos dejado dándole a la carne y el queso, e iban a buen ritmo...
Nosotros hemos decidido que la carne estaba bien pero que qué pasa con el postre y nos hemos apretado unos crêpes de nutella que no hemos tenido más remedio que irnos a los Jardines de Luxemburgo a echarnos la siesta. 

No parecen malas vistas para echarse una siesta
Curioso que había zonas de césped donde se permitía estar sentado (y estaban llenas) y otras que no (y estaban vacías). Nadie parecía vigilar para que se cumpliera pero se respetaba a rajatabla. Hemos caído derrotados no sin antes observar que teníamos a nuestro lado algo llamado "picnic-bebé"; no es más que lo que el propio nombre indica porque los franceses son casi tan poco originales como los alemanes para la nomenclatura.
Nos hemos ido de allí porque empezaba a refrescar y yo ya tenía tatuada en la espalda la hierba. Nos apetecía pasear cuesta abajo y hemos ido callejeando por el barrio. Nos hemos encontrado una feria de libro antiguo bastante chula y Fon se ha comprado un atlas de geografía de antes de la I Guerra Mundial.

Teníamos otra cita para un café, no sin antes pasar a comprarle "Le
Hobbit" a nuestra amiga Moni que nos lo había encargado. Por alguna razón hemos terminado en un bar lleno de adolescentes yanquis de viaje a Europa (Madrid-París-Londres) y que luego he descubierto que era un grupo de fútbol (soccer) europeo que, además, han decidido ir todas al baño al mismo tiempo que yo. Lo de los baños en esta ciudad está infradimensionado, en serio.

Rosetón en Notre Dame
A por bicis de nuevo pasando por Notre Dame, donde coincidimos con un atardecer impresionante y un concierto de órgano. Me acordé mucho de Franky y Migue que seguro que lo habrían disfrutado. En la estacón de bicis descubrimos que era la Fiesta de la Bici y Velib era gratuito (y había cola en el tótem). Nos fuimos a dar un paseo por la Place des Vosges y por la Bastilla, cuya rotonda debe estar diseñada para rememorar el siglo XVIII  y sus cosas. Me pareció hasta más peligrosa que la del Arco del Triunfo, que ya es decir. Me pregunto quién diseñará esas trampas. Pensábamos dejar las bicis en la Gare du Lyon y pasar a ver la estación pero fue imposible: la base de las bicis estaba llena. Pedimos 15 minutos más y nos fuimos hacia nuestro destino de esa noche, el Parc de Bercy, una actuación similar al Matadero de Madrid pero mucho más grande y con una biblioteca horrorosa. Allí nos esperaba la cena, a base de carnaza. Fon e Inés tenían una promoción en la que los entrantes salían gratis y nos pusimos de comida hasta las cejas, de nuevo. En fin, podría vivir a base de entrecottes y ensaladas.

Por la noche ya hacía frío y nos habíamos quedado un poco helados en la terraza, así que decidimos coger las bicis para volver a la estación y coger el tren, decisión que duró hasta que nos subimos a las bicis y enfilamos hacia casa. Ya entraríamos en calor. Yo agradecí mi chaqueta de bici con capucha: fuimos en paralelo al Sena gran parte del tiempo y luego atravesando el Bois de Vincennes, durante unos 9 km muy bonitos. Eso sí, nos penalizaron por tardar más de media hora en devolver la bici pero el paseo mereció mucho la pena. Volvimos a tener problemas para dejar la bici pero 15 minutos más y listo. Caímos rendidos de nuevo: ya eran altas horas de la noche en Francia aunque en España estaríamos terminando de cenar.

Esta mañana hemos desayunado por última vez con Fon e Inés y hemos quedado para un nuevo viaje: París - Londres en bici, que lo hemos visto anunciar por todos sitios y parece ser que es un proyecto de la UE llamado "Avenida Verde": 406 km en bici, ¡llanos!. Este verano está un poco justo pero para 2016...

Hemos pasado unos días estupendos en París, que nos ha resultado bastante menos caro de lo que esperábamos. Una de las cosas buenas de ir con locales es que vas a sitios chachis y te enseñan trucos como que pedir agua del grifo es lo normal y no te ponen mala cara. La media de comida ha sido de 16,5€ cada uno y eso poniéndonos hasta las cejas.

Nos hemos dejado mucho por ver pero era algo que llevábamos asumido y no nos preocupa: ya volveremos. La experiencia de las bicis ha sido excepcional, si hubiéramos andado todo el rato habríamos terminado mucho más cansados y hubiéramos abarcado menos ciudad. En media hora hacíamos muchos kilómetros de una manera muy cómoda y barata. Totalmente recomendable si venís a París (y para niños existe la opción P'tit Vélib).

El próximo viaje aún no está planificado pero con casi toda seguridad será cicloturismo, que tenemos mono.

¡Hasta la próxima!

06 junio, 2015

[Paris à vélo] Día 2: "Y yo quiero un millón de dólares"

Paso a nivel de camino al RER
Nos hemos levantado un poco más tarde gracias a las contraventanas y hemos cogido el cercanías para ir directamente al museo de Ciencias e Industria. Está al norte de París y nos pillaba de camino. No lo sabíamos (de verdad que no) pero el museo tiene una sección de transporte bastante chula. Si hemos estado 3 horas en el museo, una la hemos echado en esta parte. Aunque habíamos quedado a comer con Fon, no nos ha dado tiempo: las 12.15 es una hora difícil si quieres aprovechar la mañana. Hemos terminado comiendo en el museo y aprovechando la entrada un rato más. A la salida he protagonizado el piloto de "Friends": iba quejándome de que llevaba desde que habíamos llegado con ganas de tomarme un helado cuando nos ha parado una chica con una caja de mágnum en la mano para ofrecernos un par de ellos. Hemos aceptado, claro: caja comprada en el súper, cada uno coge un helado y los que sobran se lo das a quien sea antes de tirarlos. Ross no tuvo tanta suerte aunque yo probé a pedir un millón de dólares
Adri haciendo propaganda de su blog.
Cogimos las bicis y nos fuimos de camino a Montmatre cuando apenas hacía 35 grados a la sombra y un bochorno importante. Cuando dejamos las bicis, Montmatre había pasado a segunda prioridad, siendo sustituido por encontrar agua. Dimos unas cuantas vueltas buscando un súper bajo el riesgo de deshacernos y convertirnos en un charco parisino pero lo encontramos. Aprovechando el parón, le pedí a Adri conexión de datos y voilà! El email de la UE anunciando que nos daban una beca para una idea que habíamos presentado. Creo que el resto del camino hasta la cima del monte lo hice en estado de shock, pero llegamos al Sacre Coeur. Nos metimos en misa con el único objetivo de estar al fresco, que el sol caía a plomo y nos apresuramos a bajar después de hacer las fotos de rigor. Evidentemente, y aunque hay una bonificación de velib por subir las bicis hasta allí, no había ni una estación con bicis, así que tocó bajar andando.

Las vistas desde Montmatre

"Vamos a pasar por una de las calles con más sexshops de Europa", me informó Adri. Y llegamos al Moulin Rouge y a una zona que suena más sórdida de lo que realmente es. Seguía sin haber bicis, así que tocó andar hasta la Escuela de Fon. El plan era entrar al Louvre porque con sus carnets de Amigos del Museo podían meter a una persona más los viernes por la tarde; como había que esperar a Inés, decidimos hacer tiempo comiéndonos un crêpe en la otra punta de la ciudad. Bicis y a correr la contrarreloj por mitad de París y cuesta arriba, o no llegábamos con la media hora de uso de Vèlib. Mi crêpe de nutella estaba rico pero Adri y Fon se comieron uno salado que era un maxi crêpe de 3 pisos. Nos fuimos a un parque con fuente para conseguir que pasara.

Como Inés ya estaba llegando, volvimos a la bici y nos fuimos a Chatelet: bajando,la vida se ve de otro modo y conseguimos no vomitar la merienda. Entramos al Louvre a dar un paseo y a descubrir que es como el British pero ordenado; como puesto todo con más estilo. También descubrimos los sarcófagos-matriuskas porque todo el mundo nos había dicho que fuéramos a la sección de Egipto. A la de pintura ni nos acercamos, seguro que La Gioconda sigue expuesta detrás de un muro de gente y teníamos poco interés en agobiarnos.

Lo hicimos bien porque la tormenta que amenazaba París había caído durante nuestra visita y conseguimos no mojarnos. Eso sí, la temperatura había bajado 12 ó 14 grados de golpe y habíamos pasado a lo que yo denomino "frescor de chaqueta". Evidentemente, no llevaba, así que nos fuimos hacia el metro con el plan de la cena: ¡sushi! De camino, pasamos por el Pont des Arts al que han quitado los candados por el peligro que suponía para la estructura; tampoco pude encontrar a La Maga.

Lo del barco no era una metáfora.
A Adri le hizo ilusión montar en el metro: "es que en la línea 7 no me he subido nunca" así que él iba feliz por la nueva (ejem) experiencia y yo por ir caliente. Nos hinchamos con un "barco" de sushi de una manera obscena, en tanto en cuanto ni hacía ni 3 horas de los maxi crêpes. Salimos rodando a por un Uber pero tuvimos que alejarnos de la zona de bares para que la tarifa bajara a la mitad, en un claro ejemplo de que la ley de la oferta y la demanda funciona (o, según mi interpretación, de que son unos chorizos).

Llevamos a Champigny casi a medianoche. Yo me fui directa a la ducha, que iba en modo pies negros y a la cama y sin escribir nada de nada. Llevamos dos días muy intensos en París y aún nos queda otro.


  • Hemos comido en el museo de Ciencias.
  • Hemos cenado en Oi Sushi!

05 junio, 2015

[Paris à vélo] Días 0+1: Desde la calzada

¡Nos vamos! Au revoir, Madrid!
Hemos llegado a París, después de un vuelo algo retrasado y a unas horas que en el aeropuerto de Orly estaban a punto de encender las luces y echarnos.

El plan era coger un servicio de Uber para ir hasta casa de Fon e Inés, usando la aplicación. Conecto datos y lo solicito: origen, destino, ningún problema. Un minuto después, llamada entrante con código de país yanqui (+1)... Venga, a ver:
- Hello?
- [Parrafada incomprensible en francés.]
- Oh, sorry, do you speak English?
- No.
Se ponía la cosa estupenda. Pero como había voluntad, conseguimos entendernos:
- Sud? Ouest?  Where? Where?
- Sud!
Y así todo. Todavía considero un milagro que nos viéramos en el kiss&ride, sobre todo porque Adri y yo nos perdimos en el aeropuerto. Lo bueno de encontrar al señor de Uber es que ya podíamos comunicarnos en el idioma universal: las señas. Así me indicó que uno se tenía que poner en el asiento delantero, señal clara de que los servicios de Uber no son del todo legales aquí.

"20 minutos hasta casa de Fon", pensé yo, que iba delante, "al menos, serán tranquilos". ¡Craso error! El señor, pese a los evidentes problemas de comunicación se empeñó en darnos conversación. Nos preguntó de dónde veníamos, a qué nos dedicábamos, qué hacíamos en París y nos contó que sus padres van a Alicante a coger el ferry hasta Algeciras. A google gracias por la existencia de Translator.

Fon nos estaba esperando con la cama hecha y nos metimos en el sobre al poco de llegar. Cuando nos acostamos comentamos que las ventanas no tenían cortinas pero que bueno, que esto es Europa. Nos ha despertado un sol brillante a eso de las 6 de la mañana... Para enterarnos luego de que había contraventanas.

Teníamos un total de cero (0) planes para París. De lo poco que teníamos claro era el plan de transporte: billete de 10 viajes para llegar el centro y bici pública. Nos hemos ido con Fon a la estación y el billete de 10 viaje eran 10 billetes de 1 viaje. Que es lo mismo pero en modo ineficaz. Por suerte, la bici pública (Vélib) es sencilla de usar y sólo hemos necesitado un ticket. Por 1,70€ cada uno, teníamos 24h de bici, el equivalente a un viaje en metro. Ya os adelanto que lo hemos amortizado.

Hemos acompañado a Fon a su Universidad y hemos seguido con las bicis hasta la Ópera. París está haciendo un esfuerzo muy grande por introducir la bicicleta y hay mucho carril bici, en muchos casos a contramano. También es cierto que la carga y descarga y el aparcamiento irregular consiguen que el carril bici sea disfuncional. Por otro lado, como esta ciudad es un atasco continuo, los coches van a 10km/h y el riesgo es poco.
Adri con las bicis de  Vélib

Desde la Ópera hemos ido andando hasta el Louvre para no entrar: no nos apetecía nada meternos en un edificio con el día que hacía. Así que nos hemos ido andando por las Tullerías, sentándonos al sol en mobiliario urbano móvil (un acierto) y nos ha hecho una foto un secreta en la Concordia. Ojo, que se lo hemos pedido nosotros, pero es que pensábamos que era un señor normal.

El señor que nos hizo la foto tenía prisa.
Sillas individuales que se mueven. Estoy enamorada de esa idea.
La foto que nos hizo el secreta. Tenía menos prisa que el señor del Louvre ;)

Los Campos Elíseos estaban engalanados con policía armada hasta las cejas y banderas españolas y francesas, señal clara del paso del Borbón por allí a hacer lo que no se atreve a hacer en España: homenajear a los republicanos que liberaron París. Pero me desvío del tema.
Banderas españolas y francesas [foto desde la bici, en un semáforo en rojo]
Hemos vuelto a coger las bicis para bajar los Campos, hasta el Arco del Triunfo, que es una rotonda gigante sin ningún tipo de sentido. Luego nos hemos enterado de dos cosas: que el código de circulación no específica prioridad de circulación en las rotondas y lo normal es que tenga prioridad el que entre (esto explica por qué nadie nos cedía el paso yendo por dentro); la segunda, que los seguros no cubren accidentes en el Arco del Triunfo. Que no me extraña, porque la que había liada era peor que Plaza de Castilla. Aún así, hemos circulado con tranquilidad y hemos llegado al Trocadero, a dejar las bicis y a buscar un baño y un supermercado.

Debíamos seguir con la lógica de Londres: en los parques hay baños públicos. Error. Tras comprar una ensalada, nos hemos ido al Bois de Boulogne a comer en el césped y no había un maldito baño público. Tampoco había una cafetería, con excepción de una en mitad de una isla a la que se accedía en barco previo pago de 1,50€. Mira, no. Otra habrá. Pues no. Al final, hemos vuelto a nuestros ancestros y hemos hecho pis en el bosque, con la seguridad de que estábamos contraviniendo alguna normativa pero haciéndole caso a la naturaleza.

Bici de nuevo y al Trocadero y la Torre Eiffel. Era el punto neurálgico de turistas y de coches, porque vaya atasco había allí montado. Fotos de rigor pero sin poder subir: tendríamos que haber comprado la entrada hace semanas y, aún así, hacer cola. Nos hemos terminado sentando en un banco a la sombra y yo he aprovechado para echarme 10 minutos de siesta que me han dejado nueva.

¡París!
¿A que tengo mejor cara después de la siesta? 
Más bici y por la orilla del Sena hacia el Louvre de nuevo a recoger a Fon y a Notre Dame. Tampoco hemos pasado porque hoy no teníamos ganas de edificios por dentro. A las 7 habíamos quedado con Raquel y con Nacho (y con Luna e Iván, sus niños) para tomar algo y cenar.

[Pausa para dormir, que estaba muerta, termino la crónica en el tren camino a París]

Quedamos en un bar friki, lleno de referencias a películas y donde la gente quedaba a jugar. Nosotros nos lo ahorramos, que era ya la hora de cenar y había hambre. En el bar, por alguna razón, tenían patatas bravas; las pedimos por hacer la gracia y ahora necesito volver a Madrid a resarcirme. Raque nos estuvo contando en qué consistía su trabajo: I+D de galletas. Ahora quiero que me mande nuevos descubrimientos ;)

Los niños tenían que irse a la cama, lo cual es una excusa para decir que estábamos muertos después de todo el día y queríamos irnos a dormir. Descubrimos a las malas que la tan elogiada red de buses de París tiene un problema: las frecuencias caen hasta el submundo de la calidad del transporte y el autobús que por la mañana pasaba cada 6 minutos ahora lo hacía cada 45. Evidentemente, acababa de pasar. Tuvimos suerte y vino otro que nos acercaba, a pesar de que el SAE decía que tampoco porque el mono borracho debe ser el que maneja el sistema.

Ya en casa de Fon descubrimos varias cosas: que estábamos llenos de polvo y pegajosos, por un lado, y que nos habíamos quemado cual guiris en Benidorm. Gracias a que ya sabemos cerrar las contraventanas, hoy hemos dormido hasta las 8. Nos espera un día duro, así que lo vamos a agradecer.
Vamos camino de París a lucir un moreno albañil de lo más cool.

03 junio, 2015

AC/DC, el espectáculo

Ayer me sentí como Barbijaputa en un mitin del PP. Era un concierto, sí, de rock, también, pero el desconocimiento de la mitología asociada a este grupo consiguió que me asombrara más que disfrutara. No soy fan de AC/DC. Me suenan algunas canciones (¿2? ¿3?) y conozco una pero en diciembre decidí apuntarme al plan porque "estos conciertos son un espectáculo". Y ahí iba yo, al espectáculo.

Después de casi dos horas esperando, con unos teloneros que me gustaron mucho (Vintage Trouble) empezó el concierto de AC/DC con puntualidad australiana. El público conectó con algún sistema desconocido para mí que les hizo gritar y aullar cuando un meteorito salió de la luna, saludó a una tetona medio en bolas y aterrizó en un estadio de fútbol que supondremos era el Vicente Calderón. La música empezó a sonar y en una sincronización digna de Corea del Norte, los rockeros a mi alrededor empezaron a saltar y a pegarse. Yo me hice muy pequeña mientras miraba alucinada a la masa que de repente me rodeaba hasta que Adri me rescató a empujones. Los rockeros, que hasta ese momento iban con moñetes, habían dejado sus melenas al viento; tuve suerte y el que me tocó delante tenía el pelo limpio y olía bien.

Fue entonces cuando vi a dos abueletes en el escenario dándolo todo: el cantante y el guitarrista, Angus Young, que es el famoso famoso y que yo me pasé todo el concierto pensando que era como Pettigrew pero sin dientes, corbata de Howgarts incluida. No cantaba pero los labios le revoloteaban constantemente, como si tuviera la boca enchufada a un túnel de viento. Los realizadores tenían a bien hacer de esta imagen un primer plano habitual en las pantallas gigantes, así como la mano en la guitarra, donde destacaba una alianza que le sentaba como a un cristo dos pistolas. Daba mucha grima pero creo que sólo a mí porque la masa seguía saltando y gritando y yo intentaba ser incorpórea, porque, tío, si mis tetas te llegan a la cintura igual es el momento de que tengas un poco de cuidado. "Ser mujer en este tipo de conciertos es un puto problema", me dijo una chica de mi estatura a mi lado, probable receptora de algún codazo.

Las canciones fueron sonando con pausas un pelín largas entre ellas, probablemente para que el equipo médico tomara la tensión a los abueletes. Como todos los conciertos de grupos con años, las canciones clásicas son subidón, mientras que las nuevas son meh, momento en que la gente aprovecha para moverse hacia  sitios ignotos dada la densidad que había en el estadio.

El de la boina de chenilla y el elfo [foto de RTVE]
Aparentemente para que te guste el rock es necesario disfrutar de los fluidos corporales de otros. No sólo del sudor de los demás asistentes o de los minis de cerveza que, a 12€ cada uno, volaban por el aire, sino por la fiesta de saliva y sudor que había sobre el escenario. El cantante no se quitó en las 2 horas una boina de chenilla a pesar de brillar bajo los focos, cosa que combinaba magistralmente con unas boceras en las comisuras que nos acompañaron todo el concierto. Pettigrew, quien al principio sólo enseñaba sus canillas (y mi cerebro ya tenía dificultades para asociarles con su cara), se terminó convirtiendo en un elfo de Terry Pratchett vestido únicamente con unas bermudas de terciopelo rojo. Los cabezazos sobre la guitarra iban sincronizados con gotas de sudor que, gracias a los primeros planos, empecé identificando con un efecto especial de lluvia.

Hubo dos momentos cumbres. El primero es el que yo he llamado "voy a hacerme una felación mientras esta gente me observa" que consistió en un solo del elfo de ¿8 minutos? y que incluyó pasarela que se eleva a los cielos y más confetti que en casa de Ana Mato. El abuelete lo dio todo, incluso algún acorde en falso. El segundo fue después del final de pega cuando tocaron la única canción que conocía, "Highway to hell", con bolas de fuegos saliendo del escenario mientras yo rezaba por los chicos de prevención de riesgos y los cables eléctricos del escenario; y la siguiente, ni idea, que incluyó ¡salvas de cañones y fuegos artificiales! Para mí, espectadora externa a la religión AC/DC, era difícil entrar en el mundo de un grupo australiano donde había cañones de la Guerra de la Independencia Americana, que se disparaban bajo los gritos enfervorecidos del público: "Fire!".

Y ahí acabó todo: 2 horas exactas. Me ha fascinado observar a la gente a mi alrededor: se sabían el concierto. Adri era capaz de adivinar cuál era la siguiente canción, qué iba a pasar entonces, qué faltaba. Eso sí, su padre y él disfrutaron como enanos.

El concierto fue un espectáculo, pero muy lejos de lo que había esperado. Disfruté de un macro concierto en vivo, sí, pero fundamentalmente observé un espectáculo sociológico, en el que un montón de gente que ya peina canas se ponía unos cuernos de plástico parpadeantes y rendía culto a un señor mayor con cara de mala hostia, mientras aprovechaban para desfogar a saltos y empujones. Cuando salimos, me fascinó pisar la M30 y andar por encima de ella, pero eso ya es otra historia.

25 mayo, 2015

25M o el día de la ilusión


Hoy me he levantado contenta. Llevaba ilusionada con las elecciones que se celebraron ayer muchos días y sabía que podía caer y que sería desde muy alto. Pero ni las endorfinas ni el trabajo hecho me lo iba a quitar nadie. Y es que este año, por primera vez en mi vida, me impliqué activamente en la campaña de Ahora Madrid, el partido municipalista de unidad popular, concretamente dentro de la sección de movilidad. Desde ese grupo apoyamos a campaña en lo que nos pidieron: desde responder preguntas específicas de medios, como las de madridiario.es, hasta proponer un proceso ciudadano para la reforma integral del Eje de Santa María de la Cabeza.
Han sido unas semanas emocionantes y quiero pensar que he puesto un granito de arena en esta victoria de Ahora Madrid. Y es que para mí, aunque no hemos sido capaces de superar a Esperanza Aguirre y su Partido Popular en votos, este resultado es una victoria: hace un par de meses, nadie conocía Ahora Madrid, nadie conocía a Manuela Carmena, nadie conocía esta alternativa ciudadana. Y ahora hemos conseguido 20 concejales de los 57 posibles y lo más probable es que Ahora Madrid gobierne en el Ayuntamiento con el PSOE. Una coalición de izquierdas gobernando Madrid: casi no me lo puedo creer. Y ya, ya sé que el PSOE no es la izquierda que nosotros queremos, pero sus bases sí lo son. Veremos qué actitud adoptan en los próximos días.

Me quedo con algo poco usual: ayer, en el escenario de Ahora Madrid en la Cuesta de Moyano, Guillermo Zapata empezó la intervención en catalán, felicitando a Barcelona en Comú y a su próxima alcadesa, Ada Colau.

Dejando a un lado la parte emocional que ha supuesto para mí esta victoria, hay algunos datos que me gustaría sacar a relucir. Ojo, que no soy politóloga y ahora voy a entrar en modo cuñao, qué se le va a hacer:

La victoria de las candidaturas ciudadanas

Por mucho que la televisión se empeñara en decir que Podemos había ganado muchos concejales en las municipales, lo cierto es que las candidaturas ciudadanas como Ahora Madrid o Barcelona en Comú eran mucho más que ese partido político. Así lo demuestra, por ejemplo, el voto en Madrid: mientras Ahora Madrid obtiene 519.210 votos en la capital, Podemos se queda en 286.973, el 55%. No es ninguna tontería. En Ciudad Real, mi otra ciudad de referencia, se repite algo similar aunque menos pronunciado: 5.815 votos a Ganemos Ciudad Real frente a los 4.734 a Podemos; curiosamente, hay otros 1.150 votos que van a a coalición Ganemos-Los Verdes-IU que se presentaba a las autonómicas.

En Cataluña no ha habido autonómicas y espero con impaciencia los resultados de septiembre para ver cómo se comporta el binomio Barcelona en Comú / Podemos en la ciudad condal. Aunque considero que Madrid ejemplifica mejor el comportamiento general de España de cara a las generales, Barcelona, como segunda ciudad en población, es una referencia fundamental.

No me gustaría dejar sin nombre a la gente de Zaragoza en Común, Compostela Aberta, Marea Atlántica y demás coaliciones ciudadanas que, ahora sí, van a gobernar sus ayuntamientos desde y para la gente y que me generan muchas esperanzas. Gracias, de verdad.

Mi conclusión: la gente identifica a Podemos con candidaturas ciudadanas y no le importa tanto las siglas. Ojalá lo tengan en cuenta para las generales.

La derrota de Izquierda Unidad - Comunidad de Madrid

El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros.
Así comienza Crónica de una muerte anunciada, novela de Gabriel García Márquez, y así debió empezar el día de ayer en la sede de IUCM. En los últimos meses, la dirección del partido en la Comunidad de Madrid ha dado la espalda a afiliados y simpatizantes. Parafraseando a Sabina: que la culpa sea de Tania Sánchez o de Pérez y Gordo, mire usted, lo mismo me da. El caso es que se han cargado el partido desde dentro, lo han dinamitado y el resultado de las elecciones (menos de 30.000 votos en la ciudad de Madrid y unos 130.000 en la Comunidad) deja a la formación con el eterno dilema de siempre: reformarse o morir.

Aparentemente, IU lleva muriendo mucho tiempo quizá porque no se ha dado cuenta de que hace años que llegó el momento de reformarse. Si no se da cuenta ahora, en las generales de otoño los españoles firmaremos su defunción. Me da mucha pena, pero Madrid es la cara visible de la formación y está destrozando la imagen federal.

Mi conclusión: es hora de que IU deje de arrogarse la representación de la gente y pase a ser parte de la gente. El despotismo ilustrado está pasado de moda.

El punto de inflexión del PSOE

En líneas generales, el PSOE ha perdido votantes pero no tanto como se esperaba. En el total estatal para las municipales ha perdido unos 750.000 votos, que contrastan fuertemente con los casi 2 millones y medio que ha perdido el PP. Creo que en toda España ha querido jugar el papel de abuelo sabio y les ha salido bastante bien. En la CAM, con una campaña autonómica bastante flojita, lo han bordado.

Sin embargo, también creo que está a un paso muy pequeño de hacer un PASOK y ser insignificante en el cómputo nacional. Está Susana Díaz intentando formar gobierno en Andalucía y negándose a firmar un pacto anticorrupción. Les va a pasar lo mismo en otras comunidades autónomas y en otros ayuntamientos y de ellos va a depender la imagen pública que proyecten a partir de ahora, o deciden asumir que ha habido corrupción y hay que eliminarla, o en las generales van a perder aún más votos frente a partidos que enarbolan lo que debería ser una obviedad: que la corrupción no puede ser parte integral de la administración pública. 

Mi conclusión: Han salvado los muebles pero o vuelven al socialismo obrero del que presumen en sus siglas, o desaparecen. Los ciudadanos les han vuelto a dar una oportunidad y depende totalmente del PSOE el aprovecharla. 

La irrupción de Ciudadanos

Es un partido que no me gusta. Tienen un programa que me pone los pelos de punta, que aboga por el liberalismo económico, por la privatización de servicios públicos, y por una mayor participación de las empresas en los espacios de decisión públicos. Luego dicen que son de centro izquierda, en un giro dialéctico y un retorcimiento mental de proporciones épicas. 

La división de izquierda y derecha está hoy más vigente que nunca. Si algo he defendido siempre es que es imposible ser económicamente de derechas y socialmente de izquierdas, porque a la hora de distribuir el presupuesto o apuestas por lo social y pones el dinero de los impuestos en sanidad, educación, movilidad sostenible, etc. o lo pones en descuentos en impuestos directos a rentas altas, subvenciones a empresas e inversiones megalómanas. Ciudadanos intenta ser de derechas y de izquierdas y creo que le ha salido un discurso flojo, que ha convencido poco. Venían con la intención de ser la llave de la mayoría del país y se han quedado en algunos apoyos. La Comunidad de Madrid depende de ellos, eso sí, ¿dejarán gobernar a Cristina Cifuentes? ¿Tendremos una nueva autopista de entrada a Madrid, paralela a la A1? ¿O se abstendrán y serán parte de ese cambio que anunciaban, dejando gobernar en minoría a PSOE + Podemos?

Mi conclusión: Han sido perro ladrador y lo lamento, porque era mi esperanza de la fragmentación definitiva del voto de la derecha. De cara a las generales tendrán que definir mucho el discurso y se les juzgará por sus pactos.


La caída de la rancia derecha

La condesa de Bornos aspiraba a gobernarnos en Madrid, con mano de hierro y riéndose del pueblo que utiliza mientras, en el fondo, desprecia. Es toda una alegría haberle quitado su sonrisa de sátira. Porque venía a Madrid a ganar, venía a arrasar, con su nombre como única garantía y sin un mal programa porque el pueblo, ya sabéis, es idiota y no lee. Se ha quedado con 21 escaños en Madrid y ha sido superada por su rivalísima, Cristina Cifuentes, en votos dentro del municipio. Debe estar rascándose mucho porque el picor debe ser insoportable. Cifuentes depende de C's para gobernar la Comunidad y sigo pensando que no va a ser tan directo como se dice: C's está mirando a las generales. 

Por suerte, no sólo en Madrid la derecha ha sufrido un fuerte revés: ha sido prácticamente en toda España. Rita Barberá, alcadesa durante años de la maravillosa ciudad de Valencia, ayer salía cabizbaja después de reconocer la derrota. María Dolores de Cospedal declaró la ingobernabilidad de Castilla-La Mancha por el PP, tras intentar un pucherazo legal pero no moral. Teófila Martínez deja Cádiz en manos de un probable tripartito de izquierdas. León de la Riva abandona Valladolid y dejará de ofendernos con sus declaraciones machistas y xenófobas. 

En mi Ciudad Real deja de tener mayoría la  derecha, que lleva gobernando desde el año 79 con distintos nombres pero con las mismas caras. En las capitales de Andalucía se ha vuelto mayoritariamente a la izquierda. Como decía antes, han perdido 2.500.000 votos, más del 10% de la participación (22.5 millones). Nada menos. Es el gran derrotado de estas elecciones aunque lo quieran vender de victoria. 

Mi conclusión: Si algo ha demostrado el PP es que no son los gestores para hacernos salir de la crisis económica. En las generales sufrirán mucho para mantener un resultado mínimamente decente. 

Los pactos

Se va a tener que pactar en todo el territorio nacional, ya que apenas ha habido mayorías absolutas. Es una buena noticia. Es una gran noticia. Espero que los partidos no jueguen a bloquear y a sacar réditos electorales de cara a las generales. Espero que todos cumplan su programa, que se ciñan a lo que han prometido y lo que parece que la mayoría de la población desea.

En Madrid, el pacto claro parece venir de la mano de Ahora Madrid y el PSOE. Sinceramente, espero que el PSOE no se dé un tiro en el pie y, absteniéndose, le dé el gobierno en minoría al Partido Popular y a la condesa. En la Comunidad, veremos. Yo apuesto por un gobierno en minoría de PSOE + Podemos, con la abstención de C's. No es un resultado óptimo pero creo que es lo más previsible.

Espero que Castilla - La Mancha pase a ser gobernada por el PSOE y Podemos. Que Ciudad Real sea gobernada por el PSOE y Ganemos. Que, en general, se lleguen a acuerdos en todos los ayuntamientos y autonomías para que deje de gobernar la derecha: Barcelona, Zaragoza, ¡Valencia!, pero también las capitales pequeñas (Segovia, Valladolid, Oviedo) y todos los pueblos de España.

Me decepcionaría muchísimo que no se pactase por defecto o que se pidiera la luna para hacerlo, negociando y cambiando cromos de distintas áreas. No tendría sentido práctico ni estratégico: creo que la ciudadanía ha (hemos) superado el votar a siglas, y hemos empezado a votar a programas y querer ver resultados tangibles. 

Mi conclusión: la nueva política, y los partidos que se venden como tal, deben ser flexibles para poder enfrentarse al trabajazo que les han encargado los ciudadanos. Estoy convencida de que se puede y de que los resultados superarán, con mucho, los de cualquier mayoría absoluta.

Nuestras ciudades van a cambiar en los próximos cuatro años y yo estoy convencida de que va a ser a mucho mejor. 

23 marzo, 2015

Días de crepes y amor

La carraquita de Renfe y nosotros
Murcia era el primer destino que Adri y yo teníamos previsto para 2015, tras volver de nuestras largas vacaciones en Watford. Se escapó un viaje a Barcelona por medio, aprovechando que teníamos que ir por trabajo. El plan original era ir con las bicis y hacer alguna ruta, aprovechando que Murcia es plana (hola, yami) y que suele hacer buen tiempo. Al final, alerta spoiler, ni nos llevamos las bicis ni ha hecho buen tiempo. Lo primero, porque logísticamente era complicadísimo trasladar las bicis: teníamos que llevarlas a la oficina y luego ir en bici a Atocha porque no nos dejan meterlas en ningún medio de transporte; para Adri hubiera sido sencillo porque trabaja al lado, para mí, una odisea desde San Blas. Así que decidimos alquilar allí. Pero al final el tiempo no ha acompañado y hemos hecho poca bici pero muchas otras cosas.

El miércoles nos plantamos en Murcia tarde… tanto en hora como en horario, que el Altaria (que Migue definió como “una carraquita de Renfe”) llegó con 20 minutos de retraso. Aparecimos en casa de Bego, nuestra anfitriona, cuando ya era jueves, pidiendo cama y descanso con urgencia.

El jueves amaneció tormentoso: lluvia, viento, nubes. Eso sí, Bego nos había preparado unos crepes estupendos que devoramos rellenos de nutella… Evidentemente, ya habíamos descartado las bicis. En su lugar, habíamos confirmado nuestra disposición a que los padres de Pablo nos hicieran caldero murciano para comer. Todo muy típico, en una zona inmensa de huerta, llena de naranjos y limoneros; los abuelos de Pablo habían sido los aguadores del pueblo, y la parcela conserva todavía algo de la maquinaria antigua de extracción de aguas. De hecho, como ha sido históricamente un punto importante, tienen hasta parada de autobús en la puerta. Antes de la comida nos dio tiempo a un pequeño paseo por el campo aprovechando que no llovía. Bego nos llevó a lo alto del monte por el “camino para adultos”, excursión que se zanjó con un vendaval en la cima del montecito y una caída por mi parte al bajar del bancal, no haya viaje sin que Marta se caiga.

El caldero estaba exquisito. Estaba hecho con un pescado que yo no conocía, llamado mújol, un pescado blanco muy suave y muy sabroso, que parece ser que es típico de allí. Inauguramos así el puente de comer de manera superlativa, con postre a base de melón, tarta de manzana y buñuelos de viento. La siesta era obligatoria después de semejante comilona, aunque no sin antes recoger naranjas y limones de la huerta. Creo que jamás he probado unas naranjas y unos limones tan fragantes; a Madrid nos llegan ya frigorizados mil veces.

Esa noche decidimos ir a ver el final-final-ahora-sí-director cut de Blade Runner, que acaban de estrenar en cines, en versión original. ¡Y nos fuimos en tranvía! Un servicio que está como sin terminar, sirviendo sólo a dos barrios de la ciudad y sin pasar por el centro, pero muy majo. Eso sí, frecuencias de media hora, luego dirán que no se usa y se preguntarán por qué… Blade Runner termina igual y los androides siguen soñando con ovejas eléctricas, aunque la película no lo diga. Cenamos por allí con Pedro, que se nos había unido para el plan cinéfilo, y hablamos de política y de España y de en qué se está convirtiendo este país.

El viernes volvió a amanecer lloviendo y nos entró una pereza absoluta que se saldó con un desayuno que parecía un brunch a base de huevos, bacon, ensalada caprese, café y mucha conversación. No recuerdo en qué momento dejamos de desayunar y nos pusimos a comer musaka, la verdad. Bici no, pero comer nos hemos comido Murcia. Siesta, cómo no, y al museo de la Ciencia y del Agua, llamado así porque el agua no es ciencia, claramente. Pequeño fail, aparecimos a las 18.30 y cerraban a las 19, así que los niños de Bego pisaron unos charcos por allí (nada científico pero muy gratificante para ellos) y nos volvimos a casa que teníamos cena de cumpleaños de Txema. De camino, nos encontramos de nuevo con Pedro que se nos unió ya y cuando íbamos a comernos unos helados, nos desviamos hacia una quesería y terminamos comprando unos quesos deliciosos para la cena. La maquinaría se puso en marcha con la llegada de Txema a casa de Bego y la casa empezó a oler a aderezo de hamburguesa (más bacon, cebolla, tomate…) y quesos y jamón ibérico. Vinos de la tierra, del que me quedo especialmente con el llamado Infiltrado. En serio, fue una gochada deliciosa de cena cuyo postre fueron unos cubatas hechos con limones de la huerta. Como hay que saber retirarse con elegancia, como bien dijo Pedro, nos acostamos a eso de la 1 sin estar apenas borrachos.

¡Bici! (Foto de Bego)
¡Y por fin llegó el sol! El sábado amaneció radiante y, tras desayunar de manera contundente, decidimos ir a alquilar una bici (la otra nos la dejó amablemente Pedro) e irnos a de ruta junto al río Segura. La logística de niños y trastos siempre es complicada, pero habiéndonos levantado con tranquilidad casi a las 10, a las 12.30 estábamos pedaleando río arriba.  Un carril bici nuevo pero que parece un pelín escaso para la cantidad de gente que había en un día festivo. Un par de veces estuvo a punto de atropellarnos algún motivado con ganas de correr por una zona con niños.

Pero hacía buen día, y nos apetecía comer en el campo, así que de camino a “Casa Paco”, en el Malecón, nos encontramos con un sitio llamado “Los Pájaros – Ateneo Huertano” con un patio lleno de mesas al sol y una pinta estupenda para quedarnos a hacer la fotosíntesis. Bonus track: el sitio parece ser el punto de encuentro del grupo poliamor de Murcia y Alicante y esa tarde había una charla. No nos quedamos, pero.


Comimos estupendamente, destacando la respuesta de Bego a la pregunta “¿Queréis café?”: “Café no, pero otro trozo de tarta de queso sí me comería”. Los niños estaban agotados y se habían quedado dormidos encima de la mesa, así que decidimos que era el momento de volver a Murcia. Además, empezaba a tronar de nuevo.

Como era sábado Bego nos propuso ir a una actividad llamada “Tardeo”: un café reconvertido en disco bar de 4 a 10 de la noche. A pesar de la siesta, llegamos al Tardeo del Kennedy a eso de las 8 y estaba de bote en bote. Un ambiente genial, la verdad, y una idea que me pareció espléndida: te tomas unas copas, te vas a cenar y a la cama temprano. Nos recibió Belén, la organizadora del evento, que nos contó que está funcionando verdaderamente bien, y que en cuanto termina la fiesta a las 10 reconvierten el sitio en café y aquí no ha pasado nada. La verdad es que a las 9 y media la gente empezaba a irse a cenar y nosotros hicimos lo mismo: ¡sushi! En un japonés al que nos llevó Bego que estaba todo exquisito. Seriously, qué niguiri de atún con foie flambeado. Lo demás estaba muy bueno, pero ese niguiri era para enmarcarlo. De hecho, repetimos. Y luego nos fuimos a buscar el helado que no nos habíamos comido el viernes y que tampoco nos comimos el sábado pero al que sustituí por un crepe de nutella, porque nunca se ha comido suficiente nutella. Vueltecita por los bares y a casa, que nos esperaba la cama y el viaje.


El domingo fue día de desayunar crepes (sí, qué pasa), recoger, despedirnos y volver a Madrid. La carraquita de renfe no se retrasó en su llegada a Madrid, aunque venía tarde de Cartagena. Salimos de Murcia lloviendo y llegamos a un Madrid nublado y un poco triste.

Tanto Adri como yo nos volvemos con muy buenas sensaciones, pero eso nos lo quedamos para nosotros. Volveremos a Murcia.