La dueña de la casa, Sara, es una persona de lo más agradable. Muy habladora, nos explicó dónde podíamos ir a cenar por aquí cerca y nos prestó un mapa de Oporto. Estamos a un paseíto del centro, así que estupendo. Eso sí, el sitio de la cena tenía un punto decadente importante... pero es una sensación que se respira por toda esta ciudad. La comida estaba rica, nos decidimos por pescado (yami bacalao, yo algo llamado robalinho, que hoy he descubierto que era una lubina), y fue muy barato. Con un oporto (que no nos ha gustado), una ensalada y postre, pagamos 33€ entre las dos.
Luego, dar una vuelta por la ciudad. Muy tranqui todo, la verdad, parece un sitio agradable para vivir. Nos encontramos un par de conciertos callejeros; el primero, del grupo "The soaked lamb", con motivo del Día Internacional de la Fotografía, mezclaba ritmos de manera ciertamente desconcertante. Cuando llegamos estaba como un fado, pero luego cantaron en inglés, y hasta en castellano... "La llorona", nada menos, citando a Chavala Vargas como una de las cantantes más conocidas por haberla versionado. Luego, un grupo cubano... que cuando llegamos estaba cantándole al Che el "Hasta siempre, comandante". Entre todo este mestizaje y la cabina londinense (que podéis ver en el blog de yami ) ya casi que no sabíamos dónde estábamos :P
Hoy nos hemos despertado con pan recién hecho para el desayuno. Yo he probado la leche de soja, que nuestra "casera" tampoco puede tomar lactosa, y bueno... no es mi bebida favorita, pero está bebible y es mejor que un té por las mañanas. Su novio, João, nos ha dado mil explicaciones de dónde ir en Oporto y qué ver en cada sitio. Muy majetes los dos, la verdad, y muy acogedores.
Y ahí nos hemos ido, a las 10 de la mañana con el objetivo de conocer Oporto un poquito. No hacía mucho calor (aunque yami diga que sí), la máxima ha sido de 25º, pero con mucha, mucha humedad. Que es lo que peor llevo yo. A mí dadme 35º a la sombra en Ciudad Real y estoy tan pancha. Pero aquí ando todo el día pegajosa...
Rutilla por el Oporto histórico, empezando por el Mercado do Bolhão, un sitio con pinta de muy antiguo (o de muy roto), pero muy chulo. Nos ha llamado la atención que tenían una escalera para subir y otra para bajar, no vaya a ser que el gentío se acumulase. Vueltecita por el mercado, viendo puestos, pero, sobre todo, el edificio, en dos plantas, con la superior formando una galería en torno al gran patio central. Cuando nos íbamos nos hemos encontrado con la tuna, y a yami le ha parecido fatal.
Andando a la Estaçao de San Bento. Terminal, de ferrocarril, y de principios del siglo XX. No estoy segura, pero por lo que veo en Google, es la principal estación de Oporto. Por alguna razón que no acabamos de comprender, esta ciudad está decorada a base de azulejos, y la estación no iba a ser menos. Una vestíbulo con motivos diversos, que iban desde la historia del transporte (yo no he conseguido identificarla bien) hasta escenas de guerra. Pero lo fantástico, de verdad, estaba dentro: los túneles de acceso a la estación. Recubiertos de mampostería, suponen una impresionante llegada a la estación, por debajo de una de las colinas en las que está construido Oporto. Por cierto, que el vestíbulo también aparecen los dos ríos de la zona: el Miño y el Duero.
Y a ver la muralla y la Iglesia de Santa Clara, siguiendo la rutilla que nos marcaba la guía. La muralla está claramente reconstruida y la Iglesia ha sido, básicamente, desconcertante. Una fachada encalada, que escondía dentro una iglesia pequeñita pero llena de dorados e imágenes de santos. yami ha creído identificar a Santa Clara, pero yo no lo tengo tan seguro... es que enfrente, y con la misma categoría jerárquica, había un señor. ¿Sería el primer travelo y todo era una alegoría de la transformación? yami dice que era su hermano, pero a saber.
La verdad es que lo más agradable de Oporto es callejear. No hay mucho turista, y tiene algunos rincones muy chulos. Hemos estado un buen rato viendo el Duero desde el puente de Luis I, que es el más cercano a la Catedral. Muy desconcertante, también: el puente va por encima de las casas. Y no, con toda seguridad el puente es posterior a éstas, probablemente del siglo XIX. Un puente mixto, por cierto, pasaba el tranvía y los peatones. Un ratito de ver el Duero y las bodegas de enfrente (a las que no nos hemos acercado), así como las barcas que iban de arriba a abajo.
Por cierto, otra de las cosas que hay en Oporto en cantidad son gatos. Por todos lados, de todos los colores, pero más pequeños que los españoles, en general. Campan a sus anchas por toda la ciudad.
En fin, a la catedral, muy sencillita. Tampoco es que yo sea muy de ver iglesias, todo sea dicho, aunque hoy hemos entrado a unas cuantas: la de las Carmelitas, la de los dos clérigos, la de San Francisco (sólo hasta la puerta, que cobraban).
La comida, un arroz con marisco sentadas a la orilla del Duero, en uno de los restaurantes que recomendaba la guía ("Mercearia") . Ha salido algo más cara, especialmente porque nos han puesto el típico entrante que no pides, y que crees que irá incluido en el precio del cubierto, pero no, nos lo han cobrado aparte. Al menos, el arroz estaba muy rico, y hemos tenido que irnos del bar haciendo la croqueta y dejándonos casi la mitad de lo que nos habían puesto.
La tarde tenía un punto fundamental: la librería Lello. Al principio no conseguíamos encontrarla, pero cuando hemos llegado... una decepción. A ver, que el sitio es precioso, pero es una librería convencional, con todo tipo de libros chorras (desde cómo entrenar a tu perro a osteopatía) y música pop que no iba nada con el ambiente. Ah, y empleados cuyo único cometido era vigilar que no robases y decir: "No pictures, no pictures!" conforme veían aparecer una cámara de fotos. Nos hemos ido de allí un poco frustradas.
En general, mi impresión de Oporto es que está muy descuidado. Hay mucho edificio antiguo muy bonito, pero abandonado. Y es una sensación que se respira mucho por la ciudad, conviven edificios muy cuidados, con otros muy estropeados, con los azulejos de la fachada prácticamente caídos. Pero es una ciudad pequeña y agradable para pasear, y merece la pena echar un día para verla.
Ahora ya nos iremos a cenar, que nos ha contado dónde está la zona de salir de Oporto, y mañana, a Guimaraes, Braga y a Vila do Conde, donde nos han dicho en turismo que hay un festival de gastronomía.













