30 diciembre, 2013

Sed felices



Un día para terminar 2013. Un día para comenzar 2014.

Los que me conocéis ya sabéis que no puedo ser más entusiasta de las efemérides. La principal, cómo no, es mi cumpleaños. Y esta es la segunda, claro. Ya sé que no cambia nada, que el jueves volveré a ir a trabajar como si fuera 7 de noviembre y no 2 de enero, pero los cambios de año (tanto el mío vital como el del calendario) suponen para mí un punto de inflexión mental. Un momento de pararse un poco y reflexionar, tanto sobre lo que ha sido el año 2013 como lo que esperamos para 2014.

En el primer caso: 2013 ha sido, sin ninguna dudas, un año de altibajos. Fundamentalmente emocionales. En febrero se terminó una de las relaciones más complicadas que he tenido nunca, y empezó la recuperación. Y ha habido algunos movimientos raros, decepciones, alegrías, que vienen de gente de quien no lo esperarías, y que duelen y alegran. Lo normal, vaya, sólo que 2013 ha sido especialmente intenso en esta faceta de mi vida.

Pero si de algo me alegro es de que mi vida social se ha expandido enormemente. Ya en 2012 era intensa, pero lo de 2013 ha sido maravilloso. Y si algo he aprendido es que la gente va y viene, pero que, en el fondo, sigue ahí. Que no hay peligro de pérdida si se habla con sinceridad. Que algunos sois ahora mucho más cercanos y a otros os he perdido un poco la pista, pero que los benditos smartphones nos ponen a todos a golpe de swype. No voy a personalizar, porque sabéis quiénes sois y dónde estáis. Gracias por estar ahí, de verdad. Sois mi familia en Madrid y sin vosotros me sentiría muy sola.

En 2013, además, ha nacido mi primera sobrina. El 14 de abril, para hacernos la gracia a toda esta familia republicana que tiene. Ahora está muy grande, a punto de echar a andar sin haber cumplido los 9 meses, y más guapa que guapa. Orgullo de #AuntingMarta, claro. La veo poco, porque al final vivir a más de 200km tiene esas cosas, pero sistercilla nos manda fotos a diario :_)

Desde el punto de vista profesional, estoy viviendo el gran reto que es trabajar en el caos. Mi TOC lo pasa mal, y hay veces que me desespero horrores, pero está siendo una experiencia muy divertida, y de la que están saliendo miles de anécdotas. Echo enormemente de menos a mis antiguos compañeros de todos esos trabajos que he tenido, pero ya están integrados en la parte social, y nos seguimos viendo, ¿qué más puedo pedir?

En resumidas cuentas, aunque duro, 2013 me ha dado mucho más de lo que he perdido. Entre otras cosas, una tranquilidad como nunca antes he tenido, y bastante claridad mental en ciertos temas otrora confusos. También un poco más de cinismo, pero supongo que eso lo ponen, inevitablemente, los años. Los 33 se notan y no sólo en los kilos.

Y llega 2014. Diría que lo afronto con pocas expectativas, pero sería totalmente falso. Entre otras cosas porque soy incapaz de no proyectar, y mi cabeza nunca deja de estar activa y pensando en cuatro cosas a la vez.

Así que os puedo decir que de 2014 espero que algunas historias se consoliden. Que terminen de extinguirse algunas de ellas, y que se queden ancladas definitivamente en el pasado. Pero, fundamentalmente, espero que las historias nuevas, las bonitas, terminen de tomar forma y se queden en mi vida. Sin más expectativas que ser felices, eso sí, que las historias siguen su curso y como me gustaría hoy que se desarrollasen no tiene por qué ser la mejor opción con el paso del tiempo. Pero que se queden conmigo, siendo felices.

También espero viajar más. Mucho más. A priori, ya tengo apalabrados varios viajes: a Murcia, a Córdoba, a Granada, a Japón. Irán saliendo más, estoy segura. Y si el dinero lo permite, me gustaría emprender un par de aventuras. Veremos.

Por otro lado, en unos días empezamos de nuevo el reto #28x5. Estar más cómoda con mi cuerpo es uno de los objetivos principales para 2014, y este tipo de juegos me ayuda a conseguirlo. Cambiar mi alimentación, hacer más ejercicio; estar mejor, en definitiva. También leer más, escribir más de transporte, y aprovechar mejor el tiempo. En este pack incluyo el tratarme mejor a mí misma, y perdonarme los errores. Como decía una amiga, hablarme cuando fallo como hablaría a un bebé: firme pero cariñosa. Que el fallo se corrija, pero sin que sea un drama.

Y, finalmente, si algo espero de 2014 es seguir estando a vuestro lado. Volver a cocinar para los amigos, que es una costumbre que estoy perdiendo. Escaparme para comidas, cañas, copas cuando sea necesario. Al final, el tan manido ser feliz.

Sólo eso. 

Sed felices en 2014

Luchad por serlo. 

Y vividlo conmigo.

17 diciembre, 2013

El reto 28x5: conclusiones

Lo prometido es deuda: vengo a contaros los resultados del reto #28x5.

Un éxito.

En estos 28 días he cumplido con bastante regularidad los cinco objetivos que me impuse, llegando a ganar el 91.43% de los puntos. Mi tabla de resultados:

S1 S2 S3 S4 T T [%]
Alimentación 14 14 13 13 54 96,43%
Líquido 13 13 14 9 49 87,50%
Ejercicio 14 14 14 14 56   100,00%
Rutina 14 14 12 12 52 92,86%
Placer 14 12 7 12 45 80,36%
Total 69 67 60 60 256 91,43%

Una pequeña aclaración, eso sí: esta última semana he estado de vacaciones y modifiqué ligeramente mi objetivo de cambio de rutina. En vez de salir sólo 3 veces a la semana, lo cambié a llegar antes de las 12 los días entre diario y antes de las 3 el fin de semana, además de modificar la prohibición del alcohol a sólo vino o cerveza de domingo a jueves.

Tengo sólo dos 0 en todos estos días: este domingo apenas bebí agua, y no creo que llegase al litro; y el viernes pasado no llegué antes de las 3 a casa, ni mucho menos. La semana que más puntué fue la primera, supongo que porque era la que estaba más motivada.

Conclusiones positivas:
  • Me ha servido para coger rutinas verdaderamente importantes. Fundamentalmente dos:
    • No pico entre horas. Nada. Quien me conozca un poco sabe lo complicado que es eso. Los puntos que he perdido en el objetivo de alimentación han sido por no hacer 5 comidas al día, en fin de semana y porque me he levantado tarde. Pero no he perdido ningún punto por picar entre horas. Perdonad que lo repita, pero ninguno. Esto ha supuesto que pareciera un cierto tipo de gremlin en ocasiones: “no, no puedo comer nada hasta las 9 porque sería picar entre horas y pierdo puntos”.
    • Voy al gimnasio. Mucho (100% de los puntos). De hecho, tengo que controlar un poco este tema, porque se me va de las manos. Ayer, ya sin reto, fui a una masterclass de spinning por la mañana (1h 15min) y a una masterclass de aerobic por la tarde (1h 30min). Y esta mañana no he ido a body fit porque tenía que hacer cosas en casa, pero ya estoy esperando a ir mañana, el jueves y el viernes por la tarde. En serio, increíble.
  • He perdido volumen. Una talla de pantalones, vaya: vuelvo a usar mis vaqueros de la 38 y los de la 40 que me compré por mi cumpleaños tengo que llevarlos con cinturón. No he perdido peso porque estoy cogiendo músculo, así que sigo en 71kg. Ni tan mal.
  • Tengo la piel distinta. No sólo tengo bastante menos celulitis, es que está infinitamente más hidratada. A mí me salen grietas en las piernas por el frío; en estas semanas tengo la piel estupenda sin usar cremas (puaj). Se lo agradeceré al objetivo de líquidos, claro.
  • Me siento mejor en general. Mantener una alimentación controlada y hacer ejercicio hacen que me levante con más ánimo, incluso a las 6.30 de la mañana. Y los días que no voy al gimnasio lo noto.

Conclusiones negativas (o menos positivas):
  • Yo y mis obsesiones. La idea de “¡los puntos!” la he tenido permanentemente en la cabeza: no podía perder puntos. Hay veces que ha llegado a ser un poco extrema, y a muchos os he dado el coñazo con los objetivos. Mis disculpas. Cuando me pongo, soy monotemática. Pero mi TOC funciona así, qué se le va a hacer ;)
  • El objetivo de placer. Es en el que menos he puntuado y creo que habría que redefinirlo. Se supone que es un objetivo de premio, y que debería contrastar con los otros cuatro, pero no ha sido así. Al final de la semana se convertía en una obligación (no he leído nada, no he escrito de transporte), cuando tendría que ser al contrario. En mi opinión, habría que redefinirlo, pero no sé muy bien cómo: los objetivos no predefinidos son difíciles de cuantificar, y se pueden terminar convirtiendo en “puntos gratis”. Habrá que pensarlo.

Y poco más. Volvemos después de navidades, con nuevos objetivos pero el mismo formato. Yo ya estoy pensando en cuáles serán los de alimentación y rutina, porque los otros dos los voy a mantener más o menos igual, y tengo que pensar en el de placer.

Ya os contaré después de reyes. Feliz año nuevo :)

18 noviembre, 2013

El reto 28x5


Desde hoy me vais a oír hablar de esto: el reto 28x5, especialmente en Twitter (#28x5, ya sabéis, podéis silenciar el hashtag para que no moleste).

El nombre se lo hemos puesto un poco de rebote: somos 5 chicas que nos hemos jugado unas pelas para, durante 28 días, cumplir unos objetivos que nosotras mismas nos proponemos. Además, son 5 objetivos, así que el nombre le viene estupendamente.

Se trata de lo siguiente: durante 28 días, empezando hoy 18 de noviembre, vamos a ponernos objetivos en 5 campos distintos:
Alimentación: no hace falta que sea una dieta, sino un objetivo que se quiera cumplir.
Yo he optado por hacer 5 comidas al día y, sobre todo, no picar entre horas. Si lo consigo: 2 puntos; si pico una vez, 1 punto; más de 1, 0. El desayuno y la cena debo hacerlo a base de proteínas.
El desayuno de esta mañana: café y sandwich de pan de centeno con pavo asado.

Líquidos: beber agua, que se nos olvida, y más en invierno. 
Mi objetivo es beber 2 litros de líquido al día, entre agua, infusiones y café. 

Ejercicio: hay que moverse, que nos pasamos el día sentadas y no puede ser. Además, con la llegada del invierno y la oscuridad, yo había dejado de salir a correr (ay, mis zombies).
En este caso, mi objetivo es bastante ambicioso: Ir al gimnasio 3 veces / semana (L,X,V); Ir y volver andando al trabajo los martes y los jueves; y salir a correr sábado o domingo, 1 hora. Tengo un día libre.

Cambio de rutina: siempre se quiere cambiar algo en el día a día, pero nunca nos terminamos de poner. 
Yo voy a intentar salir sólo 3 noches a la semana; con el bonus de no beber alcohol los días entre semana (de domingo a jueves). Ni una triste caña con limón, ojo.


Placer: algo que queremos hacer, pero para lo que nunca sacamos tiempo. 
De nuevo es un objetivo semanal: dedicar 2 horas a escribir de transporte; leer más de 4 horas a la semana; ver 2 capítulos a la semana de American Horror Story (elegida por votación en Twitter el sábado noche) en inglés con subtítulos en inglés. Tengo claro que este objetivo sólo es posible si cumplo el de rutina.

El sistema de recompensas es semanal: cada una hemos puesto 20€ en un bote virtual. Se reparten 10€ cada una de las tres primeras semanas, en función del marcador parcial, y 70€ la cuarta, con los resultados finales. El “premio” total se asigna al final de los 28 días, y no se reparte el dinero, sino alguna cosa que la persona pueda querer comprada en Amazon o similar.

El reto es individual, en el sentido de que cada una pone los objetivos que le parece conveniente, y autocontrolado, por lo que cada una se puntúa en el día a día (o en la semana, según el caso). Como ninguna está en esto para ganar dinero, yo tengo plena confianza en los autocontroles. Y digo esto porque es lo primero que me han preguntado cuando lo he contado, que la españolidad nos sale por todos los poros.

Mi motivación detrás de todo esto, aparte de compartir una actividad con amigas, es empezar. Al final, siempre ando dándole vueltas a la cabeza a “tengo que hacer deporte”, “tengo que comer mejor”, “tengo que escribir el artículo sobre rotondas”, etc. Son 28 días, y el que tenga un duración fija lo hace más asequible para mí. Evidentemente, mi plan es continuar después, pero probablemente tenga que redefinir los objetivos en función de los resultados de estos días.

El objetivo más difícil de cumplir va a ser el de rutina, con toda seguridad. Mi vida social se va a resentir mucho si sólo salgo un día entre semana, aparte del tradicional fin de semana. Parece broma, pero viviendo sola mis encuentros con amigos son fundamentales. La razón por la que he puesto este objetivo es que estoy agotada. Pensaba que el problema era el hierro, como otros años, pero mi análisis de sangre dicen que está por encima de lo normal. Necesito hacer ejercicio y descansar más por las noches, dicho por el médico. Así que me tendré que obligar a quedarme en casa 4 noches a la semana, y escribir, leer, ver series. Incluso cocinar, si viene alguien a cenar. Suena terrorífico, claro, pero sobreviviré

En cuanto al ejercicio, ya me he apuntado al gimnasio y ya he ido esta mañana. Sí, amigos, mi plan de ir tres veces a la semana es ir a las 7.00am. Al final, es el horario que mejor me viene, tanto por biorritmos (soy una alondra de las que madrugan cantando, como dijo no sé quién) como por temas laborales. La otra opción sería a las 19.30, cuando salgo, pero los gimnasios están llenos y yo agotada. Me quedo con mis mañanas, donde no hay nadie, y puedo realizar mayor esfuerzo físico. Esta mañana el transporte me ha hecho tardar más de la cuenta (casi 3 horas en total, maldita Avenida de América), pero lo iré ajustando. Lo peor es que el bus que me viene bien tiene su primera expedición a las 7am, y no me da tiempo a llegar. Ay, esas amplitudes de antaño de la EMT de Madrid.

Mañana por la mañana me pesaré y me mediré para ver cómo afecta todo esto a mis dimensiones actuales. Y escribiré las conclusiones el 15 ó 16 de diciembre, prometido.

13 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip: a modo de conclusión

Ya en Madrid, he montado un mapa con el recorrido que hemos hecho, así como dónde hemos dormido y qué hemos visitado.


En cada uno de los sitios donde hemos dormido, he enganchado la crónica del día, a la que le he añadido alguna foto (no muchas, ni Álex ni yo llevábamos cámara), así como la información que recordaba sobre sitios donde hemos comido y dormido.

Los números gordos:

  • Hemos recorrido unos 1.250km en 8 días.
  • Hemos gastado unos 75 litros de diésel.
  • Hemos dormido en 7 hoteles distintos: sólo hemos repetido en Aachen.
  • Hemos visitado 9 ciudades distintas y un parque natural, sin contar las ciudades donde hemos pernoctado..
  • Hemos gastado menos de 100€ por persona y día, todo incluído.
  • Hemos utilizado tres apps para Android, fundamentales: CoPilot (GPS), ibis y hoteles.com (alojamiento ambas).

Y a título personal:
Era la primera vez que viajaba con poco más que un esquema previo de dónde queríamos ir y qué queríamos hacer, sin tener el alojamiento buscado. Ha sido una experiencia muy buena, poder ir decidiendo en cada momento dónde ir o qué hacer, sin tener la obligación de parar en un sitio o en otro.

Creo que parte de esta buena experiencia ha sido basarnos en la idea de: "No tenemos prisa; si no da tiempo hoy, ya iremos mañana". Ha hecho todo mucho más agradable y distendido, sin nervios, agobios, y sí con mucho relax. Si llovía, nos metíamos en un museo. Si salía el sol, salíamos a dar una vuelta. Y así todo el viaje.

Era la primera vez que me iba de viaje con Álex y ha salido muy bien. Nos hemos reído mucho, y si no discutimos el día de Maastricht, creo que podremos irnos a otro viaje sin miedo a terminar de bronca. Probablemente repitamos.

La zona del Ruhr sigue tan bonita como siempre, y su gente tan amigable. Hemos tenido experiencias muy buenas en todos los hoteles en los que hemos estado, donde todo el mundo se ha portado genial. Cabe destacar un café que nos tomamos en Bonn, donde la camarera, muy educaba ella, me preguntó en alemán que de dónde éramos, que mi acento no era de por allí. Una cachonda.

He disfrutado más de los hoteles que no era cadenas. No sólo por lo inesperado de la habitación, también porque eran mucho más cálidos, en general. En el Ibis o en el Holiday Inn sabes lo que te espera, y es todo muy frío y muy eficaz. Si volviera a hacer otro viaje así, creo que me decantaría por buscar más hoteles locales que grandes cadenas, aunque estas son siempre un buen recurso de última hora, excepto cuando es la feria del año, ya sabéis.

Hasta las próximas crónicas.

12 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip, día 8

Nos hemos levantado en el polígono industrial de Koblenz con 2 grados de temperatura. No en la habitación, que anoche fuimos algo más hábiles y no sólo cerramos la ventana, es que hasta pusimos un poco la calefacción. De hecho, en el coche va puesta por defecto.

No recordaba nada de Koblenz. Así que me ha sorprendido una ciudad pequeñita pero con un centro histórico muy bonito. Calles peatonales, edificios antiguos... y la joya de la corona, la zona de los dos ríos.

Según unos esquemas para turistas, hay construidos unos diques tanto para ganarle un poco de terreno al río como para evitar inundaciones. Y es que resulta muy impresionante ver cómo dos rios tan anchos confluyen. Justo en el saliente hay una estatua, reconstruida a finales del siglo XX porque fue destruida en la II Guerra Mundial, con los escudos de los distintos Länder, y a la que se puede subir, a modo de mirador.


A esas alturas, y tras casi 3 horas andando por Koblenz, estábamos un poco helados y nos hemos parado a tomar un café... era la 1 y había alemanes terminando de comer, claro. Le he tenido que explicar a la camarera que sólo queríamos tomar un café, que lo de comer todavía no. La verdad es que no sé si ha sido contraproducente: hemos entrado en calor, pero la salida a la calle ha supuesto un golpe de frío estupendo. Tanto, que hemos terminado de ver la ciudad y nos hemos metido en un súper, que Álex quería comprar un encargo y los dos, volver a entrar en calor.

De hecho, ya hemos comido allí... es que hemos vuelto a encontrarnos un "all you can eat" de sushi y claro...

Y ya, al coche. Después de pasar por el Saturn a comprar el cable que llevábamos deseando todas las vacaciones: el que permite poner la música del móvil por los altavoces del coche. Y es que las emisoras son para dedicarles un capítulo entero, que no hay una buena. Y sí, sólo nos quedaba la vuelta a Charleroi, pero eran más de 200km y había que sobrellevarlos.

Álex ha sugerido pararnos a tomar un café en Aachen. Y no le he dicho que no. Eso sí, él se ha dormido en el coche y yo he aprovechado para hacer pruebas. Cosas como que a 180 el coche consume como el doble que a 140. O que el coche automático _tiene marchas_. Vamos, que eso ya lo sabíamos, lo novedoso es que en una posición lateral de la palanca de cambios, puedo modificarlas.

En Aachen, y para irnos aclimatando, hemos terminado sin saberlo a priori en un bar español llamado "Besitos" (tela marinera), donde sólo ponían música española. De hecho, estaba sonando Mecano... Y ya para Bélgica, que yo quería comprar Printen pero estaba todo cerrado :(

Hemos llegado medio bien al hotel del aeropuerto, no sin antes perdernos por un polígono industrial lleno, éste sí, de puticlubs. Estos belgas francófonos, que ya son más mediterráneos y se nota en las costumbres. No nos hemos parado en ninguno, que era tarde y estábamos cansados, pero los había tan sugerentes como "La Chine Imperiale". Y aquí estamos, en un Ibis Budget en el aeropuerto, con el despertador puesto a las 6.30 de la mañana y habiendo vuelto a pagar la gasolina a precio de oro: 1,465€

Mañana, Ryanair y a España. Se acabó el Road Trip.
  • Hemos comido en: un japonés, en Koblenz,
  • Hemos cenado en: comida de gasolinera :(
  • Hemos dormido en: Ibis Budget Charleroi Airport, Charleroi.

11 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip, día 7

A Álex se le debe haber pasado ya el espíritu aventurero, porque esta mañana en el Holiday Inn hemos reservado no uno sino los dos hoteles que nos quedaban: dos ibis budgets, en Koblenz y en Charleroi.

Y nos hemos ido a ver Bonn, con una previsión bastante poco halagüeña. Y así ha sido. Todo el día lloviendo, poco, pero no ha dejado. Y con un frío de tres pares... Pero bueno, nos hemos dado un paseo por Bonn, que sigue siento tan bonito como siempre. Nada que ver con Colonia, tan turística, ni con Düsseldorf, tan grande. Parece mentira que fuera la capital de Alemania durante varias décadas, la verdad.

Como el día no estaba para muchos paseos, hemos ido a ver el museo de la aritmética. Segunda vez que lo visito, segunda vez que me encanta. Cierto que aquí los dos ingenieros hemos sido incapaces de hacer funcionar algunas máquinas de cálculo de principios del siglo XX, para cosas tan básicas como hacer sumas y restas... ahí lo dejo. Pero hemos tocado todas las que estaban al uso, palanquita para acá, botón para allá.


Cuando hemos salido tocaba ir a comer... y tocaba comida dulce, que llevábamos unos días diciendo que un día teníamos que comer a base de tartas, porque a media mañana o a media tarde nunca tenemos ganas, pero tienen una pinta espectacular. Hemos buscado un sitio que nos llamara la atención y... tres trozacos de tarta para comer. Álex ha pedido un capuccino para acompañar y yo un chocolate caliente con chili (guindilla). Su puta madre, lo que picaba. He tenido que pedir un vaso de agua y cuando la chica me dice que si todo bien, le he tenido que decir que muy bien, pero que quizá un poquito fuerte. Ojo, que flotaban trozos de guindilla enteros en el chocolate.

Por la tarde habíamos decidido ir a ver el museo de la historia contemporánea alemana, o así lo ha llamado nuestro GPS... los alemanes lo llaman "Casa de la historia". Sí, no ha sido fácil de encontrar. Pero vamos, que casi no encontramos el coche: la puerta por la que habíamos salido del parking ponía un gran cartel "Kein Eingang" (no es una entrada). Lo cual es muy desconcertante, claro, pero no nos hemos atrevido a incumplir la ley, y hemos estado un rato buscando cómo entrar, hasta que hemos decidido usar la rampa de los coches.

El museo de la historia contemporánea alemana sigue igual de impresionante; empieza en 1945 y se extiende hasta nuestros días (hay una foto de Merkel, incluso). A mí la parte que más me gusta es la de la reconstrucción de Alemania tras la II Guerra Mundial, aunque tengo que decir que hoy he leído las explicaciones más tranquilamente y la creación y desarrollo de la DDR (Alemania del Este) son, como poco, capciosas. Vamos, que se nota que están escritas por quienes ganaron, que sólo les faltaba poner que los comunistas se comían a los niños.

Y ya para Koblenz. Alemania está en obras, o eso parece. Como mi móvil había muerto, no teníamos GPS, así que hemos confiado en los carteles. "Vaya, dirección Koblenz por desvío por obras". Y ahí ha empezado la ruta paisajística entre pueblos, trozos de autovía, ninguna iluminación y lluvia, lluvia todo el rato. Hemos llegado no sé cómo... bueno, sí, porque hemos cargado el móvil y algo de batería ha cogido, porque éste hotel está en un polígono de difícil acceso y ninguna iluminación.

Por cierto, que en este viaje nos hemos especializado en buscar el mejor sitio para cenar de los polígonos industriales... porque vaya racha llevamos. Hoy nos veía eligiendo entre un McDonalds, un Kentucky Fried Chicken u otro chino... cuando mágicamente he girado por una calle y ha aparecido un italiano. Vale, no ha sido magia, había un cruce y una calle, pero ningún cartel que lo anunciase. Pero hemos conseguido cenar estupendamente.

  • Hemos comido en: una pastelería, en Bonn.
  • Hemos cenado en: un italiano en el polígono, en Koblenz.
  • Hemos dormido en: Ibis Budget Koblenz Nord, Koblenz.

#BeDeRoadTrip, día 6

Frío. Frío. Frío. En serio, qué frío pasamos en el hotel de Colonia. Los dos nos levantamos con la misma idea en la cabeza, ¿es que estos no saben lo que es la calefacción? Pero, cuando fuimos a abrir la ventana... vaya, si estaba abierta. Toda la noche. ¿Por qué dejan las ventanas abiertas de los hoteles? Ahí os dejo la pregunta, para que reflexionéis.

Íbamos a irnos a Colonia en tren, ya que la parada estaba al lado del hotel. Pero ahí lo hicimos a la española (o madrileña, más bien): "Vaya, llueve. Pues cogemos el coche." ¿Sentido? Poco, pero ya que teníamos el coche en la puerta... y ¿dónde aparcamos? Pues también muy español: en todo el centro. De hecho, tan céntrico que estaba, literalmente, debajo de la plaza de la catedral.

"Pues ya que estamos, entramos a la Catedral". Sigue igual de absolutamente impresionante. De verdad, es un monumento que hay que ver, y es exactamente lo mismo que piensan a diario varias decenas de personas. Yo creía que siendo octubre iba a haber menos gente, pero no contaba con el contrapunto al turista japonés: las visitas de colegios e institutos. Así que, una vez más, la catedral de Colonia parecía una verbena. Igual de bonita y de ruidosa que siempre, qué se le va a hacer. Y a subir a la torre de la catedral: 533 escalones, unos 100m, dicen los carteles. Pues nada, para arriba, acompañados de varios colegios. Y para abajo, por la misma escalera estrecha. Es algo que deberían mejorar.

Cuando salimos de la catedral seguía lloviendo. Y llovió toda la mañana. Llegó un momento en que ni mi solución de inmigrante rumana ni el cortaviento de Álex funcionaba, así que optamos por ir a tomar un café (estábamos helados, ha llegado una ola de frío a Alemania y las máximas no suben de 10grados), y analizar la situación. Vamos, que tampoco tenía mucho análisis, pero algo había que hacer: llueve y estamos en Colonia. Ajá. Pues nada, un par de paraguas y a patearnos la ciudad.

Tuvimos suerte. Compramos los paraguas y dejó de llover. Luego volvió, pero ya había algún claro. Y dejó de llover después de comer (Un sopa con pelota y Bratwurst mit Kartoffelnsalat, que ya tocaba). Y nos pateamos Colonia, pero bien: la Altstadt, el puente del ferrocarril, la Neuemarktplatz... después de las 3 horas vespertinas andando, ya estábamos un poco reventados. Nos volvimos a meter en la Catedral, por si había algo más de tranquilidad, pero no lo conseguimos: estaba ensayando el coro. Nos quedamos un rato escuchándoles, y decidimos movernos ya hacía Bonn.

Y aquí estamos. En un Holiday Inn en un parque empresarial (es que no hay putas), donde yo llegué anoche absolutamente helada. Vamos, que cenamos en un chino debajo del hotel y yo me subí inmediatamente a darme una ducha caliente y a acostarme. Además, no hay internet en la habitación, así que tampoco podía enviar la crónica.

Álex acaba de salir de la ducha y nos vamos a desayunar. Y a mandar esto. Y a ver Bonn. Esta noche, por cierto, dormiremos en Koblenz.
  • Hemos comido en: alemán interesante, cuyo nombre no recuerdo, Köln.
  • Hemos cenado en: Golden City Restaurant, Troisdorf.
  • Hemos dormido en: Holiday Inn, Troisdorf.

09 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip, día 5

Hoy la crónica va a quedar muy deslucida. Lo llevo pensando todo el día: después de las desventuras de ayer, lo de hoy es... nada. Vamos, que hemos echado un día muy completo, pero no hemos estado a punto de chocar con ningún bus y, aunque en Düsseldorf había mucho tráfico, ha ido todo estupendamente.

Eso sí, hay que remarcar el sitio donde dormimos anoche. El pueblo de Arcen es un sitio francamente bonito. De hecho, tiene un montón de rutas para hacer andando y en bici. El desayuno, de nuevo, pantagruélico. No tengo ganas de comer nada en toda la mañana.



A pesar de que yo anoche le dije a Álex que nos podíamos quedar en el hotel aquel, que era bien chachi, esta mañana hemos vuelto a recoger los bártulos (tenemos una pericia asombrosa), y al coche. Lo he vuelto a coger yo, que tampoco es plan de cogerle miedo y de nuevo camino a Alemania. Le he sugerido a Álex de coger un hotel en Düsseldorf y no jugárnosla, pero su respuesta ha sido: "¿ya no tienes ganas de más aventuras?". Evidentemente, challenge accepted!

El camino hacia Düsseldorf ha tenido de todo: tramos sin tráfico donde he conducido a 160 (de manera legal), tramos infernales de camiones y obras, tramos de diluvio universal e ir a 80. Ah sí, y hemos echado gasolina. A 1,489€ el litro de diesel. Yo no sé a cuánto está la gasolina en España, pero a mí me ha parecido una sobrada. Luego la hemos visto más barata, pero esto debía ser un polígono industrial de luxe e íbamos ya con el piloto encendido.


Hemos aparcado sin muchos problemas por el centro y hemos echado a andar. Concretamente, más de 6 horas dando vueltas por la Altstadt (la ciudad vieja), que es como muy recogida y muy bonita. Nos hemos subido a lo alto de la Rheinturm, 268m, y nos hemos hecho la típica foto de vértigo. Ya mandaré alguna.

Por lo demás, el día ha sido agradable, nos ha llovido un poco (a Álex no le ha gustado nada mi solución de inmigrante rumana, pero es que no tengo gorro ni paraguas), y en general hemos disfrutado de la ciudad.

Luego, a buscar una wifi (hay muy pocas abiertas), y a ver dónde dormíamos. Al final, hemos decidido acercarnos un poco a Colonia, donde iremos mañana. Los precios seguían algo altos, así que estamos en un pueblo de las afueras, un sitio un poco raro, pero donde nos han dado una habitación de la que salen un par de estudios de los del centro de Madrid. De hecho, Álex opina que esta habitación tiene más metros cuadrados que su casa. Eso sí, los cuadros con mujeres semidesnudas que hay en las paredes son... desconcertantes. Pero no tiene pinta ni de puti ni de picadero ni nada por el estilo. El recepcionista es un poco raro, pero no sabemos si es por que tiene un turbio pasado nazi, carcelario o camionero. Tiene un tatuaje en la mano, que Álex ha detectado a la primera, pero no sabemos de qué. También es verdad que luego ha desarrollado la teoría de que nazi no, porque a. tiene nariz de judío y b. nos ha recomendado un restaurante turco para cenar. Hemos terminado en un yanki, atendidos por una camarera sudaméricana, en español. Creo que Álex se ha sentido mejor al poder hacerse entender por sí mismo...

Mañana nos tocará Colonia, e imagino que ya bajaremos hacia Bonn. A Álex le hace ilusión dormir en 4 países distintos, así que quizá la penúltima noche la hagamos en Luxemburgo... yo ya le he sugerido que paguemos todo con su tarjeta de empresa, pero no sé si se animará.
  • Hemos comido en: italiano genérico, en Düsseldorf.
  • Hemos cenado en: Touch Down, Bergisch Gladbach.
  • Hemos dormido en: Hotel Kölner Hof, Refrath.

08 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip, día 4

El día ha empezado frío y no demasiado soleado en Gemünd. Después de un copioso desayuno típico alemán (huevos, Brötchen, embutido, mantequilla, quesos, nutella, etc.) con el que nos hemos puesto morados, hemos emprendido el camino hacia Maastricht. El objetivo era visitar la ciudad, e ir a dormir a Düsseldorf.

Ruta paisajística, pueblito, campo, pueblito, atravesando el parque de Eifel. ¿Hacia dónde vamos? Hacia Aachen de nuevo, y de ahí, a Maastricht. Ya veremos las señales.

Aquí hace falta una aclaración: cuando organizamos el viaje vimos que no teníamos un GPS. Investigamos aplicaciones de móvil que se desacargasen los planos y elegimos CoPilot. Cuando instalas la app, te deja elegir un país gratis. Venga, va, Alemania. Y no, no pudimos comprar más países. O toda Europa (30€) o nada. Así que, bueno, pues ya nos apañaríamos con planos de los de toda la vida.

En fin, que camino a Aachen. "Yo creo que seguimos para Laurensberg y ya encontramos las señales a Maastricht", digo. Y sí, ahí estaban. Entramos en Holanda y adiós CoPilot. Bueno, sólo había obras en todas las autovías, pero llegaríamos a Maastricht. Y hemos llegado, sólo que no lo sabíamos. Supongo que el que dejara de haber señales de la ciudad debería habernos dado una pista, pero no era tan obvio: estábamos en mitad de un área industrial, con una zona portuaria y obras, muchas obras y muchos desvíos. "No sé yo si esto es Maastricht, ahí pone 'Randweg Noord'", le digo a Álex.

Y ahí ha empezado el caos. Le habremos dado un total de 3 vueltas a Maastricht por la Randweg Noord y luego por la Zuid, que no son más que las rondas norte y sur de la ciudad (pero es difícil de entender si ves el típico cartel de fin-de-poblado, tachando el nombre de Randweg Noord). Os aseguro que intentábamos ir para el centro. Incluso al parking del centro, siguiendo una señal bastante evidente que ponía [P] Centrum. Pues hemos sido incapaces. De hecho, cuando pasábamos por tercera vez por el mismo puto punto, Álex ha decidido conectar el 3g y que google navigation nos llevase hasta el jodío centro, a la oficina de información turística, para soltar el coche. Yo ya estaba de los nervios, y más aún cuando el gps ha decidido que teníamos que hacer un giro de 180º en una calle de 4 carriles. Pero lo hemos hecho, y no ha sido lo peor: es que nos hemos metido casi-en-el-centro, pero por una calle donde sólo podía transitar el transporte público, motos y bicis. Nos hemos enterado cuando casi nos comemos un autobús de Veolia (ejem, yo pensaba que habían dejado el negociado de los transportes) y nos han empezado a decir muchas cosas en holandés (idioma del demonio). Vamos, yo no he soltado el coche en mitad del puente y que se apañase Europcar, de milagro.

Alex ya ha dicho que esto no tenía ningún sentido (1a vez del día), que aparcásemos donde fuera y que andásemos. ¿Y dónde hemos aparcado? En una zona de residentes. Menos mal que yo he leído el cartel y he intuído lo que decía, y lo hemos buscado en google y hemos vuelto a mover el coche (Álex, yo estaba de los nervios conductiles).

Maastricht... bueno, sí, es una ciudad bonita. El que ha puesto la señalética es un imbécil que no tiene ni puta idea de tráfico rodado, pero los amurallamientos romanos no tienen la culpa. De hecho, luego hemos descubierto que la oficna de turismo estaba en una calle peatonal, así que no sabemos dónde nos estaba llevando google.

Hemos dado un paseo más o menos rápido... el coche lo teníamos aparcado pagando (2h máximo, 5'2€ la broma) y yo no estaba de buen humor. Creo que Álex tampoco, aunque su comentario ha sido: "bueno, Marta, si lo típico cuando alguien llega a Holanda es atropellar a un ciclista". En fin, que hemos comido rápido (un crepe con nutella, ay), y hemos decidido volver a la gran Germania.

Pues tampoco. De hecho, escribo esto desde Holanda. Y es que cuando hemos llegado a Düsseldorf estaban todos, todos los hoteles ocupados. Todos. Yo he preguntado ya por curiosidad al de la recepción del Holiday Inn: "hay una gran feria de muestras en Colonia, la más importante del año". Están completos todos los hoteles hasta 90 km a la redonda (Essen, Duisburg, Düsseldorf, Monchengladbah, Kelfer...). Bueno, vamos a alejarnos del eje Köln Messe - Düsseldorf Airport, a ver si conseguimos algo.

Nada. En el pueblo más perdido de Alemania, ya llegando a Holanda, todo completo. "Esto no tiene ningun sentido", dice Álex (2ª vez). Cuando habíamos estado en la puerta del Ibis de Düsseldorf, habíamos aprovechado la wifi para instalar una aplicación de hoteles y buscar uno que no fuera carísimo (porque carísimos sí que había en Düsseldorf): nos mandaba a Venlo, Países Bajos. Bueno, vamos para allá y algo encontraremos de camino. Pues no. Nada. Todo lleno. De hecho, hemos llegado a Venlo y el hotel que nos había dicho la app también estaba lleno.

Yo ya me veía cenando en un McAuto y durmiendo en un parking con olor a hamburguesas, pero ahí lo hemos hecho bien: acabábamos de pasar por un "All you can eat" de ¡¡sushi!! La cosa estaba clara: vamos a cenar sushi hasta reventar, y ya veremos después lo que hacemos. Albricias, el sushi-bar tiene wifi. Albricias 2, hay un hotel a sólo 9 km que tiene habitaciones libres, 70€ desayuno y wifi. "Venga, reserva y cenamos tranquilos".

Y aquí estamos, redondos como bolas después de habernos puesto hasta las cejas de arroz y pescado crudo (según Álex, con el sushi no se hace mucho el mal) y en un hotel alucinante. De hecho, cuando hemos llegado a recepción, la chica nos ha saludado efusivamente ("¡Serrano!")y nos ha explicado que mi móvil estaba mal y que no sabía cuándo llegaríamos. Le hemos contado la historia de la feria, Düsseldorf y la búsqueda y ella nos ha respondido: "¡ah, es eso! Nosotros nunca recibimos reservas para el mismo día y hoy hemos tenido como 5". Estamos en un pueblo de 2.000 habitantes, en Holanda y a 108 kilómetros de Colonia. Jodía feria.

Pero el hotel es espectacular. Una habitación gigante, con los techos abuhardillados a dos aguas, y claraboyas en el techo. Alucinante. Bueno, según Álex: "esto no tiene ningún sentido" (3a y última vez).

Mañana deshacemos el camino y nos volvemos a Düsseldorf. Ya acaba la feria más grande del mundo de la gastronomía en Colonia y hay hoteles y a precios razonables. No sabemos si dormiremos en un sitio o en otro, pero sí esperamos que el día sea menos absurdo de lo que ha sido hoy.

Eso sí, comiendo sushi nos hemos reído todo lo que nos teníamos que reír. Si hasta hemos visto carpas peleándose.
  • Hemos comido en: cafetería genérica, en Maastricht.
  • Hemos cenado en: Sushimi, Venlo.
  • Hemos dormido en: Hotel de Maasparel, Arcen.

07 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip, día 3

Aachen nos ha despedido con un día luminoso. Frío, eso sí. Está empezando a bajar la temperatura y se nota. Hemos cogido la carretera dirección Monschau, y ha sido una ruta por pueblitos de montaña bastante maja.

Monschau sigue como lo recordaba... pero más turístico. Hotel, hotel, hotel, restaurante, panadería, hotel, tienda de souvenirs. De hecho, el parking era extremadamente caro: 2€ la hora, en la calle. Vamos, casi como la zona verde de Madrid. Hemos dado un paseo y nos hemos encontrado una sorpresa: la exposición Trash People. Son muñecos hechos con basura (latas, papeles, restos de fábricas) expuestos en la calle, con el objetivo de recordar que las latas de coca cola que tiramos ahora, serán los objetos que los arqueólogos encuentren en un futuro, y quedarán como lo recordable de nuestra parte de la historia. Quedaría en mera anécdota si no fuera porque yo ya tengo una foto con estos muñecos: fue en el año 2006, en la plaza de la catedral de Colonia, cuando Luis y yo fuimos a visitar a Yami. Es remarcable, porque es una exposición itinerante que ha estado expuesta en sitios como la Plaza Roja de Moscú o la Gran Muralla China. Y aquí están, de nuevo, los muñecos de mierda (literalmente).

Hemos dejado Monschau para dirigirnos hacia el parque nacional de Eifel; de manera bastante aleatoria hemos elegido el pueblo de Gëmund, en una de las tres entradas del parque, con la idea de comer, hacer una ruta y pasar la noche.

Y aquí estamos. Hemos comido en una Brauahaus de aquí, comida extremadamente abundante. En serio, pedimos un plato cada uno (8-10€) y yo no me lo puedo terminar. Cuando pueda, mandaré fotos, que es muy exagerado.

Hemos ido a preguntar a información turística y nos han recomendado una ruta por el parque, la T7, de unos 11'5km. Todo bien, hemos comido tarde y eran ya casi las 4 de la tarde: no nos apetecía quedarnos en mitad del parque de noche. El señor guía nos ha avisado de la distancia, pero no del desnivel. Y tenía, mucho. Pero hemos subido, y luego el paseo ha sido muy agradable.

Nos hemos encontrado con algo muy raro: una finca cerrada, con muchos (muchos) peluches ahorcados en escuadras... y muchos carteles. El principal: "Nationaler Kinderhasserpark Eifel". Mi alemán es muy precario, pero yo creo que eso significa algo así como "Parque nacional del odiador de niños de Eifel". Y hablaba de matar, y de que Eifel ha sido, es, y seguirá siendo el parque más nazi de Alemania. Una movida tan absurda y exagerada e increíble, que yo desconfío ya de mi conocimiento del idioma y Álex no hace más que repetirme que era una especie de parque del terror para niños (yo no meto a #supersobri ahí por nada del mundo). En serio, era acojonante. Habría 200 ó 300 peluches colgados del cuello por toda la valla... y muchos cartelescon mensajes que yo he entendido amenazadores por el exterior. En cuanto tengamos una conexión a internet menos precaria, lo buscamos en google, claro. Y ya mandaré las fotos.

Por lo demás, el paseo ha terminado bien, unas dos horitas de ruta, que ya por la parte intermedia era bastante llana. Al hotel un ratito, básicamente a entrar en calor, que la temperatura empezaba a bajar. De hecho, cuando hemos salido a cenar después de ver Los Simpsons en ProSieben, ya haría como unos 10-11 grados, y una humedad altísima. Vamos, un frío de pelotas. Pero Álex ha dicho que cómo nos íbamos a quedar a cenar en el restaurante del hotel, que podíamos ir a dar un paseo por la calle principal (y única del pueblo). Así que hemos
paseado 2minutos hasta que hemos elegido por eliminación: ni el restaurante del hotel, ni donde habíamos comido hoy, así que el turco. Y, por fin, he podido comer algo tan típicamente alemán como una Currywurst mit Fritten :))

En el hotel tenemos que dormir con el edredón y con una manta. Yo estaba por pedir que encendieran la calefacción, pero claro, en el paseíllo nocturno había unos alemanes jugando a los dados en una terraza, así que suponemos que para la población local esto debe ser "fresquete". Nos abrigaremos bien.

Mañana, a Maastrich y a Düsseldorf, probablemente. Lo decidiremos sobre la marcha.

06 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip, día 2

Qué bonito es Aachen. A mí no me importaría volver a vivir aquí.

Después de un desayuno potente a base de Brötchen con quesos de sabores, nos hemos ido a ver la ciudad.

Punto 1: he conducido yo el coche automático.
Punto 2: es como un coche de choque.
Punto 3: he jugado al air-embrague varias veces, y me he sentido bastante tonta.
Punto 4: no hace falta que por ciudad vaya todo el rato con la mano derecha en la palanca de cambios. De hecho, creo que Álex se sentiría más seguro si NO la llevase, no vaya a ser que lo ponga en modo "retroceder" en mitad de la vía.

Por cierto, que ayer me equivoqué de coche: es un Hyundai i30. Es el caso que le hago a los coches yo. De hecho, ni siquiera sé si Hyundai se escribe así...

Y a visitar Aachen. En la oficina de turismo nos han vendido una pequeña guía con la ruta a seguir, que nos iba llevando de sitio en sitio y contándonos cosas. Yo he recordado algunas historias (el monstruo que se aparecía a los señores borrachos y les llevaba a casa) (un monstruo muy útil, todo hay que decirlo) y descubierto otras nuevas (los niños que separaban agujas con el dedo meñique y que, por eso, saludar con ese dedo en alto señal de reconocimiento de aquisgranianos en todo el mundo)(ni de coña). Hoy, además, estaba la ciudad a reventar. Había una especie de ¿feria? por las calles, que abarcaba las cosas más dispares: desde la carpa de Greenpeace a la de los amigos de la caza, la cruz roja o los amigos del Carnaval. Todo el centro estaba lleno de estas carpas, y había

mucha gente por la calle. Un poco agobiante, en algunos momentos, cuando las amigas-del-carnaval-vestidas-de-leopardo se juntaban con los músicos de la orquesta municipal... Y muy ruidoso, especialmente para ser Alemania.

Pero hemos ido haciendo el recorrido esquivando gente, para comer a la hora local (13.15) y poder llegar a la visita guiada a la catedral que habíamos contratado (a las 14.00, en inglés, para que Alex pudiera enterarse de algo). Nos ha tocado un guía de los buenos, de los que se nota que les gusta lo que hacen, y la visita se ha alargado un cuarto de hora más. El trono de Carlomagno sigue siendo igual de soso que siempre, pero es que además nos hemos enterado de que Carlomagno realmente nunca lo usó, sino que se utilizaba como forma de validación de los reyes posteriores.

A las 16 habíamos quedado con un amigo mío de cuando estudiaba en Aachen... ¡10 años sin vernos! Desde que me volví yo a España en 2003. Así que un ratito de remember en el Egmont, y luego al Drielandpunt, el punto de las tres fronteras (donde se unen Alemania, Bélgica y Holanda). No es que sea la gran atracción turística, pero es gracioso, y más aún para unos meseteros cuya frontera más cercana está a 400km de distancia. Eso sí, el paraje es espectacular, en mitad de un bosque estilo Caperucita, pero con los móviles sonando cada vez que Orange y PepePhone cambiaba el roaming y nos daba la bienvenida a otro país.
El punto más alto de Holanda
Empezaba a anochecer y hemos decidido que mejor que no nos pillara subidos allí... y sí, digo subidos porque resulta que es el punto más alto de Holanda: 322,5m. La mayor parte de España vive al doble de altura y no nos ponemos tan ufanos, con tanto pivote y tanta placa. Es lo que tiene vivir robándole terreno al mar.

Había una señal de una capilla y hemos decidido seguirla. En Bélgica, así que volvíamos a no tener GPS. Ha sido una cosa rara: ha dejado de haber señales y hemos decidido tirar para Eupen, porque yo sabía que por allí ya cogía la autovía a Aachen con facilidad. Y nos hemos encontrado la capilla dichosa, que era bastante chula, con un monasterio y un calvario con todas las paradas preceptivas en un parque muy bonito.

Al volver a Aachen, ya con el GPS, hemos atravesado Kelmis (el pueblo de Bélgica donde viví unos meses en el año 2002). Ha crecido bastante, o yo lo recordaba más pequeño. Pero no hemos parado, había una animación por las calles similar a la de un cementerio.

Como volvíamos pronto a Aachen (cenar a las 19 era un poco demasiado), Álex me ha permitido hacer una pequeña ruta-de-la-nostalgia: a la RWTH, a pasar por Bau (la escuela de caminos). Sigue igual que siempre, con sus aulas magnas, su edifico grande y sus laboratorios, pero han puesto un gimnasio gigante justo detrás y han abierto un bar de cocktails justo delante. Eso sí, como las clases no empiezan hasta el 15, estaba todo muy tranquilo...

A la vuelta, hemos pasado por delante de la fábrica de Lindt, y de Lambeth, y por donde vivía yo, en Roermonderstrasse. Sin parar ni nada, pero me ha hecho gracia volver por ahí.

Y ya a cenar, que se nos estaba haciendo tarde. Realmente, echamos unos días tan completos andando, que es fácil adaptarse al horario local y comer y cenar pronto, terminamos reventados. A Álex le está gustando la comida local: muchas especias, pero todo rico, abundante y a buen precio.

Mañana dejamos Aachen y nos vamos a Monschau. Está en mitad de un parque natural que nos gustaría visitar, pero no sabemos qué día nos va a hacer, así que decidiremos sobre la marcha. Eso implica que no sabemos si vamos a dormir por Monschau, por Maastrich (el siguiente punto en el camino) o en Düsseldorf, y, por tanto, que quizá tengamos o quizá no, conexión a internet.

Os iré contando.

#BeDeRoadTrip, día 1

El día ha empezado temprano. Mucho más que normalmente. A las 4.15 ha sonado "Alegría" del Circo del Sol y a las 4.45 estábamos en el taxi, con bastante sueño. Yo he dormido unas 3 horas o 3 horas y media, pero Alex dice que apenas ha dormido media hora. Mis gatos se han quedado con cara de "¿pero dónde vas?", aunque creo que anoche ya sospecharon algo cuando les puse el arenero en el baño en vez del Litter Kwitter. C'est la vie.

Sorprendentemente, en Ryanair han sido mucho menos coñazo que habitualmente. No nos han hecho medir las maletas, y apenas han mirado los DNIs. Estarán flojos o no les pagarán o, sencillamente, que eran las 5.30 de la mañana. Ayer yo compré tapones para los oídos, así que conforme me he sentado en el asiento me los he puesto y, casi, casi, me he despertado en Bruselas. Vamos, que me enteré un poco de cuándo despegamos, pero poco más. Alex ni siquiera ha necesitado tapones.

Primera vez en el aeropuerto de Charleroi, pequeñito y cómodo: ni fingers ni autobuses, te bajas del avión y como una estación de bus, directo a la terminal. Y allí a por el coche. Sorpresa del día: no tienen ningún Corsa, el coche que habíamos alquilado. La de Europcar, con cara compungida, le pregunta a Alex que si puede conducir un coche automático. Respuesta afirmativa. Y es diésel, en vez de gasolina. Pues no nos vamos a quejar. Así que nuestro Opel Corsa se ha convertido en un Hyundai I3 ranchera que pasa de 0 a 100 en diez segundos, y donde nos sobra sitio por todos lados. Yo aún no lo he conducido, pero mañana me pongo. Y que conste que no lo he conducido porque tenía que hacer de copiloto por Bélgica, que allí no llevábamos GPS y la capacidad de perderse de Alex es proverbial...

De cabeza a Lieja, con parada en un área de servicio donde no hemos conseguido entendernos con el camarero, pero nos hemos hecho con un capuccino cada uno y un bollo. Teniendo en cuenta que él no hablaba otra cosa que no fuera francés y que nosotros ni papa, bastante que hemos conseguido desayunar.

Las dichosas escaleras...
Lieja la recordaba fea, no sé por qué. Estuve hace años, con mis padres, creo que en el verano que vinimos a Aachen (año 2000), y no me debió convencer mucho. Pero me ha sorprendido una ciudad bonita, aunque de este color grisáceo que tiene toda Bélgica. A la oficina de turismo, y a dar el paseo preceptivo. Nos encontramos con una calle - escalera gigante (360 escalones) que el folleto define como una obra de ingeniería (ejem) (a ver el puente de Milo les mandaba yo). Y me dice Alex que echemos una carrera para arriba, que me deja un tramo de ventaja. "Ajá... no. Pero tú sube corriendo si quieres". La subida ha merecido la pena, eso sí, pero pobre de la gente que vive en esos portales.

Por lo demás, un paseo agradable, con la lluvia respetándonos. Hemos comido en un parque enfrente de la catedral, una ensalada comprada en un Carrefour, al más puro estilo centroeuropeo. Eso sí, al ir a tomar un café hemos conseguido resistir la tentación del gofre y/o crepe que servían en la cafetería. Pero ha sido difícil. Habrá que volver a Lieja a comerse uno, en algún otro momento.

Visita a la catedral, a ver vidrieras random (de un asiático que había expuesto unas mientras las originales estaban siendo restauradas), vidrieras con los pasajes bíblicos habituales (Lázaro, los mercaderes en el templo, la santa cena) y cuadros. Sitiéndolo mucho, yo desde que leo al Hematocrítico, ya no veo del mismo modo las pinturas. Es imposible. Pero nos hemos echado unas risas, desde el respeto. Ya. Hemos obviado la pila bautismal que el señor de turismo ha definido como "una de las siete maravillas de Bélgica, 2€ cada uno" pero donde aparentemente no ha sido bautizado nadie famoso. Una pila bautismal muy fail.

Teníamos que llegar a Aachen, que era donde pensábamos pasar la primera noche. Lieja está a 40km, no es que tuviéramos una gran ruta, pero no teníamos alojamiento y preferíamos llegar temprano. Hemos puesto el GPS, con la confianza de que no fuera demasiado estricto con los límites estatales de Alemania, y nos hemos perdido solo un poco. Y es que la única indicación de autovía era Luxemburgo, y no, no teníamos dinero que blanquear. Así que hemos hecho un rato de ruta paisajística, primero por polígonos industriales SIN putas, y luego por campiña belga, hasta que el GPS ha decidido que estábamos lo suficiente cerca de Alemania para darnos indicaciones verbales, pero sin mapas. Un caprichoso, CoPilot.

Vamos a buscar hotel. Entre 40-60€ la noche, con el coche nos daba un poco igual que estuviera más o menos lejos del centro. Primer ibis: 99€ la noche, sin desayuno. Nein, danke. Segundo Mercure: 79€ la noche, sin desayuno, habitación de fumadores. Nein, nein, danke. Al tercero, la vencida: ibis budget por 49€ la noche, más 12 si queríamos desayuno. Y aquí estamos, en un ibis en un polígono industrial a 3 minutos del centro en coche, y con un desayuno a base de Brötchen prometido para mañana.

Nos hemos ido a dar una vuelta por Aachen. Lo habitual: Rathaus (ayuntamiento), Dom (catedral), Elissenbrunnen (el manantial sulfuroso), Pontstrasse. Hacía 7 años que no estaba en Aachen, y más de 10 desde la última vez que dormí aquí. Y sigue como siempre. Algún bar de menos, algún bar más, pero la Mayersche en su sitio, y las printen igual de ricas que siempre. Porque claro, había que comer Aachener printen. La bolsa pequeña (200gr) nos ha dado más calorías que todo lo comido a lo largo del día. Pero qué ricas están, de verdad. Una idea de negocio: vender printen en Madrid. Nos forrábamos.

Paseíto por Aachen, un poco de lluvia (anecdótica), y a tomar un refresco al Kaktus y cenar a Pont Pascha. Si mañana me tomó un café en la Molkerai y un helado en la San Remo, me habré vuelto a pasar todas la pruebas gastronómicas de Aachen. Falta, eso sí, ir a bailar a la B9, y a darse un baño a las termas, pero todo se andará: vamos a pasar una noche más aquí y nos hemos traído el bañador.

Así que todo muy bien. Temperatura por debajo de las condiciones normales, pero llevable. Mañana a ver Aachen, ruta guiada por la catedral incluida (en inglés, sólo a las 14), y a quedar con un amigo de mis tiempos mozos a echar un café.

Y ahora, aunque son sólo las diez de la noche, a dormir, que llevamos mucho tute encima. De hecho, Alex ya se ha dormido y creo que yo no voy a poder enviar esto hasta que no se despierte mañana: él ha sido incapaz de que su linux se conecte a la wifi, así que menos voy a poder yo.

Esta noche (si ya es domingo) o mañana, más.