21 febrero, 2014

La M25

"Existen diversos fenómenos -guerras, plagas, inspecciones sorpresa- que demuestran que la mano de Satán se esconde tras los asuntos del Hombre. Pero todo el mundo está de acuerdo en una cosa: el momento en que los estudiantes de demonología toman la circunvalación de la M25 hacia Londres es la prueba que se lleva la palma.
Naturalmente, es erróneo dar por sentado que la carretera es diabólica por la inaudita mortandad y la frustración que engendra a diario.

 Y es que no hay muchos sobre la faz de la Tierra que sepan que la forma de la M25 corresponde a la del sello odegra en la lengua del Sacerdocio Negro del Antiguo Mu, que significa "Salve a la Bestia, Devoradora de Mundos". Los miles de motoristas que recorren esa serpenteante distancia cada día surten el mismo efecto que el agua en el báculo de un monje tibetano, en contacto constante con una niebla de mal de menor grado que va contaminando la atmósfera metafísica en kilómetros y kilómetros a la redonda.

Aquel era uno de los mayores logros de Crowley. Le había costado años conseguirlo, tres pirateos informáticos, robos en dos casas, un soborno de menor cuantía y, una noche húmeda en que todo le había fallado, pasarse dos horas en un campo embarrado moviendo los hitos unos pocos metros insospechadamente significativos desde el punto de vista ocultista. Al contemplar la primera caravana de cincuenta kilómetros le invadió esa encantadora sensación tan agradable que le da a uno un juego sucio bien jugado."

Buenos presagios, Terry Pratchett y Neil Gaiman.

Imagen:  Exit 6a, Melissa Price

30 enero, 2014

Córdoba, un fin de semana



Fue un viaje de último minuto. Hacía unos días, Adri me había comentado que no conocía Córdoba. “¿Qué? ¿Cómo no vas a conocer Córdoba si te conoces media Europa? Nada, tenemos que organizarnos para ir un fin de semana”. Y el fin de semana resultó ser éste; a mí me anularon una cena el viernes y él tenía poco lío, así que ¿por qué no? Y, sinceramente, con toda la movida laboral, yo necesitaba desconectar de Madrid.

Miramos precios de alojamiento y transporte; nuestra primera opción era el tren, claro, pero era carísimo por ser a última hora, así que nos decidimos por alquilar un coche. Con respecto al alojamiento, un hotel de cuatro estrellas por 40€ la noche nos pareció más que razonable. Gastos fijos: 100€ de transporte + 80€ de hotel.

Y nos fuimos a Córdoba. Recoger el coche y ponernos en camino nos llevó poco, apenas había tráfico en la A4, y teníamos música y conversación por delante. Hicimos el cambio de conductor en Santa Cruz de Mudela y poco después a Adri se le ocurrió comentar que estaban rehabilitando la antigua carretera de Despeñaperros, la del puerto. “Vamos por ahí, ¿no?”. El GPS no quería, pero estábamos decididos a pasar, y nos salimos por Venta de Cárdenas y a la nacional.

La carretera y el ferrocarril
Un sitio precioso. En serio, merece la pena pasar y detenerse, está en pleno Parque Natural y la carretera la han dejado muy bien, de doble sentido. Algo desconcertante que aún no hayan quitado la señalización de autovía (esas señales de 50 gigantes) o los paneles de información variable que sólo sirven para un sentido, claro. Nos detuvimos en un lateral y pudimos ver el antiguo tramo en sentido Madrid, ahora cerrado, y la vía férrea de la línea Alcázar de San Juan – Jaén. No había apenas cobertura y no podíamos ver si iba a pasar un tren, pero lo intentamos.

Llegamos a Córdoba cuando ya había anochecido. Check in rápido, dejar las cosas y a dar un paseo. Estábamos un poco cansados los dos (vale, yo más, que el jueves se me fue un poco de las manos), pero nos apetecía salir a ver Córdoba de noche. Nos encontramos con un mercado romano, que es como los medievales pero cambiándole el nombre. Lo romano habitual: regalices de medio metro de largo, gofres o cervecerías con Cruzcampo. Creo que tardé en agobiarme como 2 minutos, estaba lleno de gente y apenas se podía andar… pero teníamos que pasar, necesitábamos llegar a la Torre de la Calahorra y al puente romano-que-no-es-romano para llegar al centro histórico de la ciudad, ya que nuestro hotel estaba al otro lado del río. No hacía mucho frío y pudimos dar un paseo tranquilo por la judería, que estaba muy tranquila y sigue tan bonita como siempre.

Y a cenar. A uno de mis sitios favoritos de Córdoba porque hacen un salmorejo espectacular: Casa Rubio, junto a la Puerta de Almodóvar… y con la obligada visita a la Cruz Roja y el “yo nací aquí”. Salmorejo, berenjenas rebozadas con miel de caña y flamenquín, y ya lo teníamos todo hecho. Lo acompañamos con una botella de vino blanco bastante rico, y al hotel, que las 4 horas de viaje pesaban y al día siguiente queríamos visitar bien Córdoba.

El sábado nos levantamos sin prisa, pero con ganas de ver la ciudad. Desayunamos a precio de risa para Madrid (2€, café, zumo natural y media tostada de tomate y aceite), y a andar. Volvimos a pasar por el mercado romano, ya vacío, de camino a la Calahorra y a la Mezquita, que era nuestro primer objetivo. Nos paramos en turismo a que una señora nada motivada nos diera un plano y nos dijera: “ahí está lo importante”. Al menos descubrimos que existen rutas hechas por “el legado andalusí” y yo quiero hacer ya una :)

Yo no pago entrada en la Mezquita porque el Cabildo tiene a bien dejarnos pasar gratis a los nacidos o residentes allí. Que tiene pelotas después de que se hayan apropiado de un bien público por la cara, pero en fin, son 8€. Me sigue resultando fascinante cada vez que entro. Es un monumento que hay que ver para sentir. A mí me encanta el ambiente que se respira en la parte más antigua, lo que era la mezquita original. Y creo que en la misma proporción me repele la catedral católica que han incrustado en el centro. Pero es una visita bonita, y al final estuvimos como una hora paseando entre los arcos. Salimos de allí con un poco de frío, y eso que en la calle empezaba a sentirse el sol cordobés y la temperatura primaveral que nos hizo durante todo el fin de semana.

Se me olvidaba contar que antes de entrar a la Mezquita nos hicieron una encuesta de turismo para la Junta de Andalucía. Y, claro, cómo no íbamos a contestarla: luego eso se analiza de cara a los hábitos de movilidad, en mi época en Avanza la utilizamos para calcular la demanda del autobús turístico. Puntuamos bastante bien a la ciudad, a un chaval fascinado por nuestras ganas de colaborar, con excepción del apartado “tráfico”; la petición fue clara: “sacad los coches del centro”.

En fin, de camino al Alcázar de los Reyes Cristianos, a dar un paseo por los jardines, ver gatos, peces y a Cristóbal Colón haciendo crowfunding (versión siglo XV). Es un sitio muy bonito, al lado del molino de La Albolafia; de hecho, nos enteramos de que la rueda del molino tuvo que ser restaurada porque Isabel la Católica era una melindres y le molestaba el ruido que hacía, así que la desmontó.
El molino de La Albolafia desde el Alcázar; al fondo, el puente romano y la Torre de la Calahorra
 Fuimos a ver las caballerizas reales también, pero nos echaron porque en los sitios del sur de España las cosas se cierran 3 horas al mediodía para comer y echarse la siesta. He de decir que yo no soy nada fan de los caballos: huelen mal; así que tampoco me importó mucho.

Nosotros nos fuimos a imitar las costumbres locales: tomar cañas y comer. Nos fuimos ya para la parte nueva, y yo quería tomarme una caña en el bar Correo, por eso de ser como mítico, pero el señor me contestó muy destemplado que allí no ponían combinados cuando le pedí una clara. Así que directos a la Plaza de la Corredera donde nos sentamos al sol a comer, ¡en manga corta! Una delicia viniendo del frío que hacía en Madrid (y que añoro con el frío que está haciendo estos días). Más salmorejo, claro, no nos íbamos a quedar con ganas.

El postre, a una tetería que a mí no me convenció mucho, pero donde empezó LA DISCUSIÓN. Soterrar vías de tren, ¿sí o no? Si alguien no nos conoce puede pensar que es una discusión que da para 10 minutos alargándola mucho, pero se equivoca. Vamos, que la discusión sobre el efecto barrera de las vías, los pasos a nivel, las falsas soterraciones con pantallas y demás nos llevó a que visitáramos la zona de vías soterradas del paso del AVE por Córdoba, que ya tienen 22 años. Y yo sigo pensando que es una gran idea, con una ejecución muy buena en esta ciudad; no apta para cualquier tipo de servicio, vale, porque no es lo mismo un AVE que un regional con 3 servicios al día, pero en general deseable. Que Adri opine en los comentarios, si quiere ;)
No me digáis que no es una losa preciosa, así, como soterramiento.
 Al hotel a darnos una ducha (¡en bus de Aucorsa! Teníamos que montarnos para que Adri guardase el billete), que habíamos quedado con Enrique y Noemí que venían a pasar la tarde y a cenar con nosotros desde Pozoblanco, y que además vinieron a recogernos al hotel. Como nos tuvieron que esperar un rato en la cafetería  ya aprovechamos para merendar; recuerdo a Adri diciendo: “¿6,60€ todo? Así no vamos a pasarnos del presupuesto jamás”.

Dimos un paseo hasta la Plaza del Potro, que aún no la habíamos visto, y nos fuimos a tomar unas cañas por las Tendillas y a escuchar el reloj que da la hora con rasgueos de guitarra. Enrique y Noemí nos llevaron a cenar a un sitio que no puedo dejar de recomendar: La Salmorejería. Pedimos una degustación de salmorejos que estaba impresionante. Y sí, tercera comida, tercer salmorejo. Un no vivir lo nuestro. A tomarse una copa, claro; yo propongo el Sojo, que recordaba rollo chill out, pero que ha cambiado a ser el bar de moda. Sigue teniendo una terraza impresionante sobre el Guadalquivir, y nos tomamos una copa tan a gusto (menos Enrique, que tenía que conducir, conste). No terminamos el día demasiado tarde, que llevábamos todo el día de pateo y el domingo teníamos que volver a Madrid, pero yo me alegré mucho de haber podido echar un rato con Enrique y Noemí, que hacía más de un año que no nos veíamos. Esperamos esa visita a Toledo.


El domingo nos daba tiempo a poco, pero queríamos aprovechar para subir a Medinat Al Zahara. Resulta que ya no se puede subir hasta el yacimiento con el coche, hay que dejarlo abajo, en el museo, y subir en bus. Me parece que el museo es una gran iniciativa, no es demasiado grande pero repasa toda la (corta) historia del lugar. Tengo que decir que hay hasta un panel dedicado al transporte, así que todo bien. Los buses que van hasta arriba están mal gestionados, eso sí, aunque haya un refuerzo. Pero mal, el ticket se debería comprar antes de subir. Medinat Al Zahara es inmensa, y está bastante bien restaurada. Nos quedamos sin visitar el “Salón Rico” que es de las zonas más impresionantes, pero estaba siendo restaurado. Otra vez será.



Volviendo a Madrid habíamos decidido parar a comer en Montoro, por recomendación de los pozoalbenses. La verdad es que es un pueblo bonito, en un meandro del Guadalquivir, de esos que es imposible que se inunde porque está construido en un risco. “Aparca aquí”, me dice Adri. Pero si algo aprendí en el viaje a Tenerife es que no se aparca en cuestas arriba pronunciadas. Lo dejamos bien aparcado, pero cuesta abajo, y nos fuimos a comer ¡al sol! A la plaza del pueblo. Un paseíto, y de nuevo al coche, que nos quedaban más de 3 horas a Madrid. Y por poco no salimos del pueblo: calles de 2 metros como máximo, con ángulos de 90º, y grandes pendientes. Saqué el coche casi intacto de allí, raspando sólo la parte de abajo en un escalón, que es lo normal que te encuentras en cualquier calle. Hubo un momento de pánico: “Adri, te dejo el coche”, a lo que él contestó: “que yo conduzca no nos va a dejar más tranquilos a ninguno de los dos”. Y tenía razón, claro. Cuando conseguimos salir de las cuestas el GPS nos llevó por un camino de barro estupendo, ¡si hasta Adri se tuvo que bajar a despejarlo de un rama gigante! Una aventurilla, de esas que terminas sentada en el coche con la gota de sudor cayéndote por la sien, pero de la que nos reiremos mucho.

Y a Madrid, Autovía del Sur sentido norte. Nos paramos en Guarromán a comprar hojaldres, porque yo no paso por ahí sin pararme desde que tengo uso de razón. Y volvimos a pasar y a parar en Despeñaperros. Un atasco de los de apagar el motor en el kilómetro 92 nos hizo temer que íbamos a tardar horas en llegar, pero luego resultó ser… nada. Nada, en serio. Ni un accidente, ni una incorporación complicada, ni nada. Todavía le estamos dando vueltas a qué pudo haber pasado.

En Madrid nos recibió el frío… pero ya no queda nada para la próxima excursión al sur: en unas semanas nos iremos a Granada por invitación de Franky :D

Un fin de semana estupendo, la verdad. Córdoba es maravillosa de visitar siempre… y con tan buena compañía sólo puedo calificarlo de fantástico.


  • Hemos dormido en: Hotel Eurostars Ciudad de Córdoba
  • Hemos comido en: Casa Rubio (20€/p con vino), terraza en La Corredera (15€/p con cañas), La Salmorejería (12€/p con vino y postre), y Bar Hanoy, en Montoro (10€/p con refrescos).
  • Hemos salido por: Sojo Ribera (6€/copa)

30 diciembre, 2013

Sed felices



Un día para terminar 2013. Un día para comenzar 2014.

Los que me conocéis ya sabéis que no puedo ser más entusiasta de las efemérides. La principal, cómo no, es mi cumpleaños. Y esta es la segunda, claro. Ya sé que no cambia nada, que el jueves volveré a ir a trabajar como si fuera 7 de noviembre y no 2 de enero, pero los cambios de año (tanto el mío vital como el del calendario) suponen para mí un punto de inflexión mental. Un momento de pararse un poco y reflexionar, tanto sobre lo que ha sido el año 2013 como lo que esperamos para 2014.

En el primer caso: 2013 ha sido, sin ninguna dudas, un año de altibajos. Fundamentalmente emocionales. En febrero se terminó una de las relaciones más complicadas que he tenido nunca, y empezó la recuperación. Y ha habido algunos movimientos raros, decepciones, alegrías, que vienen de gente de quien no lo esperarías, y que duelen y alegran. Lo normal, vaya, sólo que 2013 ha sido especialmente intenso en esta faceta de mi vida.

Pero si de algo me alegro es de que mi vida social se ha expandido enormemente. Ya en 2012 era intensa, pero lo de 2013 ha sido maravilloso. Y si algo he aprendido es que la gente va y viene, pero que, en el fondo, sigue ahí. Que no hay peligro de pérdida si se habla con sinceridad. Que algunos sois ahora mucho más cercanos y a otros os he perdido un poco la pista, pero que los benditos smartphones nos ponen a todos a golpe de swype. No voy a personalizar, porque sabéis quiénes sois y dónde estáis. Gracias por estar ahí, de verdad. Sois mi familia en Madrid y sin vosotros me sentiría muy sola.

En 2013, además, ha nacido mi primera sobrina. El 14 de abril, para hacernos la gracia a toda esta familia republicana que tiene. Ahora está muy grande, a punto de echar a andar sin haber cumplido los 9 meses, y más guapa que guapa. Orgullo de #AuntingMarta, claro. La veo poco, porque al final vivir a más de 200km tiene esas cosas, pero sistercilla nos manda fotos a diario :_)

Desde el punto de vista profesional, estoy viviendo el gran reto que es trabajar en el caos. Mi TOC lo pasa mal, y hay veces que me desespero horrores, pero está siendo una experiencia muy divertida, y de la que están saliendo miles de anécdotas. Echo enormemente de menos a mis antiguos compañeros de todos esos trabajos que he tenido, pero ya están integrados en la parte social, y nos seguimos viendo, ¿qué más puedo pedir?

En resumidas cuentas, aunque duro, 2013 me ha dado mucho más de lo que he perdido. Entre otras cosas, una tranquilidad como nunca antes he tenido, y bastante claridad mental en ciertos temas otrora confusos. También un poco más de cinismo, pero supongo que eso lo ponen, inevitablemente, los años. Los 33 se notan y no sólo en los kilos.

Y llega 2014. Diría que lo afronto con pocas expectativas, pero sería totalmente falso. Entre otras cosas porque soy incapaz de no proyectar, y mi cabeza nunca deja de estar activa y pensando en cuatro cosas a la vez.

Así que os puedo decir que de 2014 espero que algunas historias se consoliden. Que terminen de extinguirse algunas de ellas, y que se queden ancladas definitivamente en el pasado. Pero, fundamentalmente, espero que las historias nuevas, las bonitas, terminen de tomar forma y se queden en mi vida. Sin más expectativas que ser felices, eso sí, que las historias siguen su curso y como me gustaría hoy que se desarrollasen no tiene por qué ser la mejor opción con el paso del tiempo. Pero que se queden conmigo, siendo felices.

También espero viajar más. Mucho más. A priori, ya tengo apalabrados varios viajes: a Murcia, a Córdoba, a Granada, a Japón. Irán saliendo más, estoy segura. Y si el dinero lo permite, me gustaría emprender un par de aventuras. Veremos.

Por otro lado, en unos días empezamos de nuevo el reto #28x5. Estar más cómoda con mi cuerpo es uno de los objetivos principales para 2014, y este tipo de juegos me ayuda a conseguirlo. Cambiar mi alimentación, hacer más ejercicio; estar mejor, en definitiva. También leer más, escribir más de transporte, y aprovechar mejor el tiempo. En este pack incluyo el tratarme mejor a mí misma, y perdonarme los errores. Como decía una amiga, hablarme cuando fallo como hablaría a un bebé: firme pero cariñosa. Que el fallo se corrija, pero sin que sea un drama.

Y, finalmente, si algo espero de 2014 es seguir estando a vuestro lado. Volver a cocinar para los amigos, que es una costumbre que estoy perdiendo. Escaparme para comidas, cañas, copas cuando sea necesario. Al final, el tan manido ser feliz.

Sólo eso. 

Sed felices en 2014

Luchad por serlo. 

Y vividlo conmigo.

17 diciembre, 2013

El reto 28x5: conclusiones

Lo prometido es deuda: vengo a contaros los resultados del reto #28x5.

Un éxito.

En estos 28 días he cumplido con bastante regularidad los cinco objetivos que me impuse, llegando a ganar el 91.43% de los puntos. Mi tabla de resultados:

S1 S2 S3 S4 T T [%]
Alimentación 14 14 13 13 54 96,43%
Líquido 13 13 14 9 49 87,50%
Ejercicio 14 14 14 14 56   100,00%
Rutina 14 14 12 12 52 92,86%
Placer 14 12 7 12 45 80,36%
Total 69 67 60 60 256 91,43%

Una pequeña aclaración, eso sí: esta última semana he estado de vacaciones y modifiqué ligeramente mi objetivo de cambio de rutina. En vez de salir sólo 3 veces a la semana, lo cambié a llegar antes de las 12 los días entre diario y antes de las 3 el fin de semana, además de modificar la prohibición del alcohol a sólo vino o cerveza de domingo a jueves.

Tengo sólo dos 0 en todos estos días: este domingo apenas bebí agua, y no creo que llegase al litro; y el viernes pasado no llegué antes de las 3 a casa, ni mucho menos. La semana que más puntué fue la primera, supongo que porque era la que estaba más motivada.

Conclusiones positivas:
  • Me ha servido para coger rutinas verdaderamente importantes. Fundamentalmente dos:
    • No pico entre horas. Nada. Quien me conozca un poco sabe lo complicado que es eso. Los puntos que he perdido en el objetivo de alimentación han sido por no hacer 5 comidas al día, en fin de semana y porque me he levantado tarde. Pero no he perdido ningún punto por picar entre horas. Perdonad que lo repita, pero ninguno. Esto ha supuesto que pareciera un cierto tipo de gremlin en ocasiones: “no, no puedo comer nada hasta las 9 porque sería picar entre horas y pierdo puntos”.
    • Voy al gimnasio. Mucho (100% de los puntos). De hecho, tengo que controlar un poco este tema, porque se me va de las manos. Ayer, ya sin reto, fui a una masterclass de spinning por la mañana (1h 15min) y a una masterclass de aerobic por la tarde (1h 30min). Y esta mañana no he ido a body fit porque tenía que hacer cosas en casa, pero ya estoy esperando a ir mañana, el jueves y el viernes por la tarde. En serio, increíble.
  • He perdido volumen. Una talla de pantalones, vaya: vuelvo a usar mis vaqueros de la 38 y los de la 40 que me compré por mi cumpleaños tengo que llevarlos con cinturón. No he perdido peso porque estoy cogiendo músculo, así que sigo en 71kg. Ni tan mal.
  • Tengo la piel distinta. No sólo tengo bastante menos celulitis, es que está infinitamente más hidratada. A mí me salen grietas en las piernas por el frío; en estas semanas tengo la piel estupenda sin usar cremas (puaj). Se lo agradeceré al objetivo de líquidos, claro.
  • Me siento mejor en general. Mantener una alimentación controlada y hacer ejercicio hacen que me levante con más ánimo, incluso a las 6.30 de la mañana. Y los días que no voy al gimnasio lo noto.

Conclusiones negativas (o menos positivas):
  • Yo y mis obsesiones. La idea de “¡los puntos!” la he tenido permanentemente en la cabeza: no podía perder puntos. Hay veces que ha llegado a ser un poco extrema, y a muchos os he dado el coñazo con los objetivos. Mis disculpas. Cuando me pongo, soy monotemática. Pero mi TOC funciona así, qué se le va a hacer ;)
  • El objetivo de placer. Es en el que menos he puntuado y creo que habría que redefinirlo. Se supone que es un objetivo de premio, y que debería contrastar con los otros cuatro, pero no ha sido así. Al final de la semana se convertía en una obligación (no he leído nada, no he escrito de transporte), cuando tendría que ser al contrario. En mi opinión, habría que redefinirlo, pero no sé muy bien cómo: los objetivos no predefinidos son difíciles de cuantificar, y se pueden terminar convirtiendo en “puntos gratis”. Habrá que pensarlo.

Y poco más. Volvemos después de navidades, con nuevos objetivos pero el mismo formato. Yo ya estoy pensando en cuáles serán los de alimentación y rutina, porque los otros dos los voy a mantener más o menos igual, y tengo que pensar en el de placer.

Ya os contaré después de reyes. Feliz año nuevo :)

18 noviembre, 2013

El reto 28x5


Desde hoy me vais a oír hablar de esto: el reto 28x5, especialmente en Twitter (#28x5, ya sabéis, podéis silenciar el hashtag para que no moleste).

El nombre se lo hemos puesto un poco de rebote: somos 5 chicas que nos hemos jugado unas pelas para, durante 28 días, cumplir unos objetivos que nosotras mismas nos proponemos. Además, son 5 objetivos, así que el nombre le viene estupendamente.

Se trata de lo siguiente: durante 28 días, empezando hoy 18 de noviembre, vamos a ponernos objetivos en 5 campos distintos:
Alimentación: no hace falta que sea una dieta, sino un objetivo que se quiera cumplir.
Yo he optado por hacer 5 comidas al día y, sobre todo, no picar entre horas. Si lo consigo: 2 puntos; si pico una vez, 1 punto; más de 1, 0. El desayuno y la cena debo hacerlo a base de proteínas.
El desayuno de esta mañana: café y sandwich de pan de centeno con pavo asado.

Líquidos: beber agua, que se nos olvida, y más en invierno. 
Mi objetivo es beber 2 litros de líquido al día, entre agua, infusiones y café. 

Ejercicio: hay que moverse, que nos pasamos el día sentadas y no puede ser. Además, con la llegada del invierno y la oscuridad, yo había dejado de salir a correr (ay, mis zombies).
En este caso, mi objetivo es bastante ambicioso: Ir al gimnasio 3 veces / semana (L,X,V); Ir y volver andando al trabajo los martes y los jueves; y salir a correr sábado o domingo, 1 hora. Tengo un día libre.

Cambio de rutina: siempre se quiere cambiar algo en el día a día, pero nunca nos terminamos de poner. 
Yo voy a intentar salir sólo 3 noches a la semana; con el bonus de no beber alcohol los días entre semana (de domingo a jueves). Ni una triste caña con limón, ojo.


Placer: algo que queremos hacer, pero para lo que nunca sacamos tiempo. 
De nuevo es un objetivo semanal: dedicar 2 horas a escribir de transporte; leer más de 4 horas a la semana; ver 2 capítulos a la semana de American Horror Story (elegida por votación en Twitter el sábado noche) en inglés con subtítulos en inglés. Tengo claro que este objetivo sólo es posible si cumplo el de rutina.

El sistema de recompensas es semanal: cada una hemos puesto 20€ en un bote virtual. Se reparten 10€ cada una de las tres primeras semanas, en función del marcador parcial, y 70€ la cuarta, con los resultados finales. El “premio” total se asigna al final de los 28 días, y no se reparte el dinero, sino alguna cosa que la persona pueda querer comprada en Amazon o similar.

El reto es individual, en el sentido de que cada una pone los objetivos que le parece conveniente, y autocontrolado, por lo que cada una se puntúa en el día a día (o en la semana, según el caso). Como ninguna está en esto para ganar dinero, yo tengo plena confianza en los autocontroles. Y digo esto porque es lo primero que me han preguntado cuando lo he contado, que la españolidad nos sale por todos los poros.

Mi motivación detrás de todo esto, aparte de compartir una actividad con amigas, es empezar. Al final, siempre ando dándole vueltas a la cabeza a “tengo que hacer deporte”, “tengo que comer mejor”, “tengo que escribir el artículo sobre rotondas”, etc. Son 28 días, y el que tenga un duración fija lo hace más asequible para mí. Evidentemente, mi plan es continuar después, pero probablemente tenga que redefinir los objetivos en función de los resultados de estos días.

El objetivo más difícil de cumplir va a ser el de rutina, con toda seguridad. Mi vida social se va a resentir mucho si sólo salgo un día entre semana, aparte del tradicional fin de semana. Parece broma, pero viviendo sola mis encuentros con amigos son fundamentales. La razón por la que he puesto este objetivo es que estoy agotada. Pensaba que el problema era el hierro, como otros años, pero mi análisis de sangre dicen que está por encima de lo normal. Necesito hacer ejercicio y descansar más por las noches, dicho por el médico. Así que me tendré que obligar a quedarme en casa 4 noches a la semana, y escribir, leer, ver series. Incluso cocinar, si viene alguien a cenar. Suena terrorífico, claro, pero sobreviviré

En cuanto al ejercicio, ya me he apuntado al gimnasio y ya he ido esta mañana. Sí, amigos, mi plan de ir tres veces a la semana es ir a las 7.00am. Al final, es el horario que mejor me viene, tanto por biorritmos (soy una alondra de las que madrugan cantando, como dijo no sé quién) como por temas laborales. La otra opción sería a las 19.30, cuando salgo, pero los gimnasios están llenos y yo agotada. Me quedo con mis mañanas, donde no hay nadie, y puedo realizar mayor esfuerzo físico. Esta mañana el transporte me ha hecho tardar más de la cuenta (casi 3 horas en total, maldita Avenida de América), pero lo iré ajustando. Lo peor es que el bus que me viene bien tiene su primera expedición a las 7am, y no me da tiempo a llegar. Ay, esas amplitudes de antaño de la EMT de Madrid.

Mañana por la mañana me pesaré y me mediré para ver cómo afecta todo esto a mis dimensiones actuales. Y escribiré las conclusiones el 15 ó 16 de diciembre, prometido.

13 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip: a modo de conclusión

Ya en Madrid, he montado un mapa con el recorrido que hemos hecho, así como dónde hemos dormido y qué hemos visitado.


En cada uno de los sitios donde hemos dormido, he enganchado la crónica del día, a la que le he añadido alguna foto (no muchas, ni Álex ni yo llevábamos cámara), así como la información que recordaba sobre sitios donde hemos comido y dormido.

Los números gordos:

  • Hemos recorrido unos 1.250km en 8 días.
  • Hemos gastado unos 75 litros de diésel.
  • Hemos dormido en 7 hoteles distintos: sólo hemos repetido en Aachen.
  • Hemos visitado 9 ciudades distintas y un parque natural, sin contar las ciudades donde hemos pernoctado..
  • Hemos gastado menos de 100€ por persona y día, todo incluído.
  • Hemos utilizado tres apps para Android, fundamentales: CoPilot (GPS), ibis y hoteles.com (alojamiento ambas).

Y a título personal:
Era la primera vez que viajaba con poco más que un esquema previo de dónde queríamos ir y qué queríamos hacer, sin tener el alojamiento buscado. Ha sido una experiencia muy buena, poder ir decidiendo en cada momento dónde ir o qué hacer, sin tener la obligación de parar en un sitio o en otro.

Creo que parte de esta buena experiencia ha sido basarnos en la idea de: "No tenemos prisa; si no da tiempo hoy, ya iremos mañana". Ha hecho todo mucho más agradable y distendido, sin nervios, agobios, y sí con mucho relax. Si llovía, nos metíamos en un museo. Si salía el sol, salíamos a dar una vuelta. Y así todo el viaje.

Era la primera vez que me iba de viaje con Álex y ha salido muy bien. Nos hemos reído mucho, y si no discutimos el día de Maastricht, creo que podremos irnos a otro viaje sin miedo a terminar de bronca. Probablemente repitamos.

La zona del Ruhr sigue tan bonita como siempre, y su gente tan amigable. Hemos tenido experiencias muy buenas en todos los hoteles en los que hemos estado, donde todo el mundo se ha portado genial. Cabe destacar un café que nos tomamos en Bonn, donde la camarera, muy educaba ella, me preguntó en alemán que de dónde éramos, que mi acento no era de por allí. Una cachonda.

He disfrutado más de los hoteles que no era cadenas. No sólo por lo inesperado de la habitación, también porque eran mucho más cálidos, en general. En el Ibis o en el Holiday Inn sabes lo que te espera, y es todo muy frío y muy eficaz. Si volviera a hacer otro viaje así, creo que me decantaría por buscar más hoteles locales que grandes cadenas, aunque estas son siempre un buen recurso de última hora, excepto cuando es la feria del año, ya sabéis.

Hasta las próximas crónicas.

12 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip, día 8

Nos hemos levantado en el polígono industrial de Koblenz con 2 grados de temperatura. No en la habitación, que anoche fuimos algo más hábiles y no sólo cerramos la ventana, es que hasta pusimos un poco la calefacción. De hecho, en el coche va puesta por defecto.

No recordaba nada de Koblenz. Así que me ha sorprendido una ciudad pequeñita pero con un centro histórico muy bonito. Calles peatonales, edificios antiguos... y la joya de la corona, la zona de los dos ríos.

Según unos esquemas para turistas, hay construidos unos diques tanto para ganarle un poco de terreno al río como para evitar inundaciones. Y es que resulta muy impresionante ver cómo dos rios tan anchos confluyen. Justo en el saliente hay una estatua, reconstruida a finales del siglo XX porque fue destruida en la II Guerra Mundial, con los escudos de los distintos Länder, y a la que se puede subir, a modo de mirador.


A esas alturas, y tras casi 3 horas andando por Koblenz, estábamos un poco helados y nos hemos parado a tomar un café... era la 1 y había alemanes terminando de comer, claro. Le he tenido que explicar a la camarera que sólo queríamos tomar un café, que lo de comer todavía no. La verdad es que no sé si ha sido contraproducente: hemos entrado en calor, pero la salida a la calle ha supuesto un golpe de frío estupendo. Tanto, que hemos terminado de ver la ciudad y nos hemos metido en un súper, que Álex quería comprar un encargo y los dos, volver a entrar en calor.

De hecho, ya hemos comido allí... es que hemos vuelto a encontrarnos un "all you can eat" de sushi y claro...

Y ya, al coche. Después de pasar por el Saturn a comprar el cable que llevábamos deseando todas las vacaciones: el que permite poner la música del móvil por los altavoces del coche. Y es que las emisoras son para dedicarles un capítulo entero, que no hay una buena. Y sí, sólo nos quedaba la vuelta a Charleroi, pero eran más de 200km y había que sobrellevarlos.

Álex ha sugerido pararnos a tomar un café en Aachen. Y no le he dicho que no. Eso sí, él se ha dormido en el coche y yo he aprovechado para hacer pruebas. Cosas como que a 180 el coche consume como el doble que a 140. O que el coche automático _tiene marchas_. Vamos, que eso ya lo sabíamos, lo novedoso es que en una posición lateral de la palanca de cambios, puedo modificarlas.

En Aachen, y para irnos aclimatando, hemos terminado sin saberlo a priori en un bar español llamado "Besitos" (tela marinera), donde sólo ponían música española. De hecho, estaba sonando Mecano... Y ya para Bélgica, que yo quería comprar Printen pero estaba todo cerrado :(

Hemos llegado medio bien al hotel del aeropuerto, no sin antes perdernos por un polígono industrial lleno, éste sí, de puticlubs. Estos belgas francófonos, que ya son más mediterráneos y se nota en las costumbres. No nos hemos parado en ninguno, que era tarde y estábamos cansados, pero los había tan sugerentes como "La Chine Imperiale". Y aquí estamos, en un Ibis Budget en el aeropuerto, con el despertador puesto a las 6.30 de la mañana y habiendo vuelto a pagar la gasolina a precio de oro: 1,465€

Mañana, Ryanair y a España. Se acabó el Road Trip.
  • Hemos comido en: un japonés, en Koblenz,
  • Hemos cenado en: comida de gasolinera :(
  • Hemos dormido en: Ibis Budget Charleroi Airport, Charleroi.

11 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip, día 7

A Álex se le debe haber pasado ya el espíritu aventurero, porque esta mañana en el Holiday Inn hemos reservado no uno sino los dos hoteles que nos quedaban: dos ibis budgets, en Koblenz y en Charleroi.

Y nos hemos ido a ver Bonn, con una previsión bastante poco halagüeña. Y así ha sido. Todo el día lloviendo, poco, pero no ha dejado. Y con un frío de tres pares... Pero bueno, nos hemos dado un paseo por Bonn, que sigue siento tan bonito como siempre. Nada que ver con Colonia, tan turística, ni con Düsseldorf, tan grande. Parece mentira que fuera la capital de Alemania durante varias décadas, la verdad.

Como el día no estaba para muchos paseos, hemos ido a ver el museo de la aritmética. Segunda vez que lo visito, segunda vez que me encanta. Cierto que aquí los dos ingenieros hemos sido incapaces de hacer funcionar algunas máquinas de cálculo de principios del siglo XX, para cosas tan básicas como hacer sumas y restas... ahí lo dejo. Pero hemos tocado todas las que estaban al uso, palanquita para acá, botón para allá.


Cuando hemos salido tocaba ir a comer... y tocaba comida dulce, que llevábamos unos días diciendo que un día teníamos que comer a base de tartas, porque a media mañana o a media tarde nunca tenemos ganas, pero tienen una pinta espectacular. Hemos buscado un sitio que nos llamara la atención y... tres trozacos de tarta para comer. Álex ha pedido un capuccino para acompañar y yo un chocolate caliente con chili (guindilla). Su puta madre, lo que picaba. He tenido que pedir un vaso de agua y cuando la chica me dice que si todo bien, le he tenido que decir que muy bien, pero que quizá un poquito fuerte. Ojo, que flotaban trozos de guindilla enteros en el chocolate.

Por la tarde habíamos decidido ir a ver el museo de la historia contemporánea alemana, o así lo ha llamado nuestro GPS... los alemanes lo llaman "Casa de la historia". Sí, no ha sido fácil de encontrar. Pero vamos, que casi no encontramos el coche: la puerta por la que habíamos salido del parking ponía un gran cartel "Kein Eingang" (no es una entrada). Lo cual es muy desconcertante, claro, pero no nos hemos atrevido a incumplir la ley, y hemos estado un rato buscando cómo entrar, hasta que hemos decidido usar la rampa de los coches.

El museo de la historia contemporánea alemana sigue igual de impresionante; empieza en 1945 y se extiende hasta nuestros días (hay una foto de Merkel, incluso). A mí la parte que más me gusta es la de la reconstrucción de Alemania tras la II Guerra Mundial, aunque tengo que decir que hoy he leído las explicaciones más tranquilamente y la creación y desarrollo de la DDR (Alemania del Este) son, como poco, capciosas. Vamos, que se nota que están escritas por quienes ganaron, que sólo les faltaba poner que los comunistas se comían a los niños.

Y ya para Koblenz. Alemania está en obras, o eso parece. Como mi móvil había muerto, no teníamos GPS, así que hemos confiado en los carteles. "Vaya, dirección Koblenz por desvío por obras". Y ahí ha empezado la ruta paisajística entre pueblos, trozos de autovía, ninguna iluminación y lluvia, lluvia todo el rato. Hemos llegado no sé cómo... bueno, sí, porque hemos cargado el móvil y algo de batería ha cogido, porque éste hotel está en un polígono de difícil acceso y ninguna iluminación.

Por cierto, que en este viaje nos hemos especializado en buscar el mejor sitio para cenar de los polígonos industriales... porque vaya racha llevamos. Hoy nos veía eligiendo entre un McDonalds, un Kentucky Fried Chicken u otro chino... cuando mágicamente he girado por una calle y ha aparecido un italiano. Vale, no ha sido magia, había un cruce y una calle, pero ningún cartel que lo anunciase. Pero hemos conseguido cenar estupendamente.

  • Hemos comido en: una pastelería, en Bonn.
  • Hemos cenado en: un italiano en el polígono, en Koblenz.
  • Hemos dormido en: Ibis Budget Koblenz Nord, Koblenz.

#BeDeRoadTrip, día 6

Frío. Frío. Frío. En serio, qué frío pasamos en el hotel de Colonia. Los dos nos levantamos con la misma idea en la cabeza, ¿es que estos no saben lo que es la calefacción? Pero, cuando fuimos a abrir la ventana... vaya, si estaba abierta. Toda la noche. ¿Por qué dejan las ventanas abiertas de los hoteles? Ahí os dejo la pregunta, para que reflexionéis.

Íbamos a irnos a Colonia en tren, ya que la parada estaba al lado del hotel. Pero ahí lo hicimos a la española (o madrileña, más bien): "Vaya, llueve. Pues cogemos el coche." ¿Sentido? Poco, pero ya que teníamos el coche en la puerta... y ¿dónde aparcamos? Pues también muy español: en todo el centro. De hecho, tan céntrico que estaba, literalmente, debajo de la plaza de la catedral.

"Pues ya que estamos, entramos a la Catedral". Sigue igual de absolutamente impresionante. De verdad, es un monumento que hay que ver, y es exactamente lo mismo que piensan a diario varias decenas de personas. Yo creía que siendo octubre iba a haber menos gente, pero no contaba con el contrapunto al turista japonés: las visitas de colegios e institutos. Así que, una vez más, la catedral de Colonia parecía una verbena. Igual de bonita y de ruidosa que siempre, qué se le va a hacer. Y a subir a la torre de la catedral: 533 escalones, unos 100m, dicen los carteles. Pues nada, para arriba, acompañados de varios colegios. Y para abajo, por la misma escalera estrecha. Es algo que deberían mejorar.

Cuando salimos de la catedral seguía lloviendo. Y llovió toda la mañana. Llegó un momento en que ni mi solución de inmigrante rumana ni el cortaviento de Álex funcionaba, así que optamos por ir a tomar un café (estábamos helados, ha llegado una ola de frío a Alemania y las máximas no suben de 10grados), y analizar la situación. Vamos, que tampoco tenía mucho análisis, pero algo había que hacer: llueve y estamos en Colonia. Ajá. Pues nada, un par de paraguas y a patearnos la ciudad.

Tuvimos suerte. Compramos los paraguas y dejó de llover. Luego volvió, pero ya había algún claro. Y dejó de llover después de comer (Un sopa con pelota y Bratwurst mit Kartoffelnsalat, que ya tocaba). Y nos pateamos Colonia, pero bien: la Altstadt, el puente del ferrocarril, la Neuemarktplatz... después de las 3 horas vespertinas andando, ya estábamos un poco reventados. Nos volvimos a meter en la Catedral, por si había algo más de tranquilidad, pero no lo conseguimos: estaba ensayando el coro. Nos quedamos un rato escuchándoles, y decidimos movernos ya hacía Bonn.

Y aquí estamos. En un Holiday Inn en un parque empresarial (es que no hay putas), donde yo llegué anoche absolutamente helada. Vamos, que cenamos en un chino debajo del hotel y yo me subí inmediatamente a darme una ducha caliente y a acostarme. Además, no hay internet en la habitación, así que tampoco podía enviar la crónica.

Álex acaba de salir de la ducha y nos vamos a desayunar. Y a mandar esto. Y a ver Bonn. Esta noche, por cierto, dormiremos en Koblenz.
  • Hemos comido en: alemán interesante, cuyo nombre no recuerdo, Köln.
  • Hemos cenado en: Golden City Restaurant, Troisdorf.
  • Hemos dormido en: Holiday Inn, Troisdorf.

09 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip, día 5

Hoy la crónica va a quedar muy deslucida. Lo llevo pensando todo el día: después de las desventuras de ayer, lo de hoy es... nada. Vamos, que hemos echado un día muy completo, pero no hemos estado a punto de chocar con ningún bus y, aunque en Düsseldorf había mucho tráfico, ha ido todo estupendamente.

Eso sí, hay que remarcar el sitio donde dormimos anoche. El pueblo de Arcen es un sitio francamente bonito. De hecho, tiene un montón de rutas para hacer andando y en bici. El desayuno, de nuevo, pantagruélico. No tengo ganas de comer nada en toda la mañana.



A pesar de que yo anoche le dije a Álex que nos podíamos quedar en el hotel aquel, que era bien chachi, esta mañana hemos vuelto a recoger los bártulos (tenemos una pericia asombrosa), y al coche. Lo he vuelto a coger yo, que tampoco es plan de cogerle miedo y de nuevo camino a Alemania. Le he sugerido a Álex de coger un hotel en Düsseldorf y no jugárnosla, pero su respuesta ha sido: "¿ya no tienes ganas de más aventuras?". Evidentemente, challenge accepted!

El camino hacia Düsseldorf ha tenido de todo: tramos sin tráfico donde he conducido a 160 (de manera legal), tramos infernales de camiones y obras, tramos de diluvio universal e ir a 80. Ah sí, y hemos echado gasolina. A 1,489€ el litro de diesel. Yo no sé a cuánto está la gasolina en España, pero a mí me ha parecido una sobrada. Luego la hemos visto más barata, pero esto debía ser un polígono industrial de luxe e íbamos ya con el piloto encendido.


Hemos aparcado sin muchos problemas por el centro y hemos echado a andar. Concretamente, más de 6 horas dando vueltas por la Altstadt (la ciudad vieja), que es como muy recogida y muy bonita. Nos hemos subido a lo alto de la Rheinturm, 268m, y nos hemos hecho la típica foto de vértigo. Ya mandaré alguna.

Por lo demás, el día ha sido agradable, nos ha llovido un poco (a Álex no le ha gustado nada mi solución de inmigrante rumana, pero es que no tengo gorro ni paraguas), y en general hemos disfrutado de la ciudad.

Luego, a buscar una wifi (hay muy pocas abiertas), y a ver dónde dormíamos. Al final, hemos decidido acercarnos un poco a Colonia, donde iremos mañana. Los precios seguían algo altos, así que estamos en un pueblo de las afueras, un sitio un poco raro, pero donde nos han dado una habitación de la que salen un par de estudios de los del centro de Madrid. De hecho, Álex opina que esta habitación tiene más metros cuadrados que su casa. Eso sí, los cuadros con mujeres semidesnudas que hay en las paredes son... desconcertantes. Pero no tiene pinta ni de puti ni de picadero ni nada por el estilo. El recepcionista es un poco raro, pero no sabemos si es por que tiene un turbio pasado nazi, carcelario o camionero. Tiene un tatuaje en la mano, que Álex ha detectado a la primera, pero no sabemos de qué. También es verdad que luego ha desarrollado la teoría de que nazi no, porque a. tiene nariz de judío y b. nos ha recomendado un restaurante turco para cenar. Hemos terminado en un yanki, atendidos por una camarera sudaméricana, en español. Creo que Álex se ha sentido mejor al poder hacerse entender por sí mismo...

Mañana nos tocará Colonia, e imagino que ya bajaremos hacia Bonn. A Álex le hace ilusión dormir en 4 países distintos, así que quizá la penúltima noche la hagamos en Luxemburgo... yo ya le he sugerido que paguemos todo con su tarjeta de empresa, pero no sé si se animará.
  • Hemos comido en: italiano genérico, en Düsseldorf.
  • Hemos cenado en: Touch Down, Bergisch Gladbach.
  • Hemos dormido en: Hotel Kölner Hof, Refrath.

08 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip, día 4

El día ha empezado frío y no demasiado soleado en Gemünd. Después de un copioso desayuno típico alemán (huevos, Brötchen, embutido, mantequilla, quesos, nutella, etc.) con el que nos hemos puesto morados, hemos emprendido el camino hacia Maastricht. El objetivo era visitar la ciudad, e ir a dormir a Düsseldorf.

Ruta paisajística, pueblito, campo, pueblito, atravesando el parque de Eifel. ¿Hacia dónde vamos? Hacia Aachen de nuevo, y de ahí, a Maastricht. Ya veremos las señales.

Aquí hace falta una aclaración: cuando organizamos el viaje vimos que no teníamos un GPS. Investigamos aplicaciones de móvil que se desacargasen los planos y elegimos CoPilot. Cuando instalas la app, te deja elegir un país gratis. Venga, va, Alemania. Y no, no pudimos comprar más países. O toda Europa (30€) o nada. Así que, bueno, pues ya nos apañaríamos con planos de los de toda la vida.

En fin, que camino a Aachen. "Yo creo que seguimos para Laurensberg y ya encontramos las señales a Maastricht", digo. Y sí, ahí estaban. Entramos en Holanda y adiós CoPilot. Bueno, sólo había obras en todas las autovías, pero llegaríamos a Maastricht. Y hemos llegado, sólo que no lo sabíamos. Supongo que el que dejara de haber señales de la ciudad debería habernos dado una pista, pero no era tan obvio: estábamos en mitad de un área industrial, con una zona portuaria y obras, muchas obras y muchos desvíos. "No sé yo si esto es Maastricht, ahí pone 'Randweg Noord'", le digo a Álex.

Y ahí ha empezado el caos. Le habremos dado un total de 3 vueltas a Maastricht por la Randweg Noord y luego por la Zuid, que no son más que las rondas norte y sur de la ciudad (pero es difícil de entender si ves el típico cartel de fin-de-poblado, tachando el nombre de Randweg Noord). Os aseguro que intentábamos ir para el centro. Incluso al parking del centro, siguiendo una señal bastante evidente que ponía [P] Centrum. Pues hemos sido incapaces. De hecho, cuando pasábamos por tercera vez por el mismo puto punto, Álex ha decidido conectar el 3g y que google navigation nos llevase hasta el jodío centro, a la oficina de información turística, para soltar el coche. Yo ya estaba de los nervios, y más aún cuando el gps ha decidido que teníamos que hacer un giro de 180º en una calle de 4 carriles. Pero lo hemos hecho, y no ha sido lo peor: es que nos hemos metido casi-en-el-centro, pero por una calle donde sólo podía transitar el transporte público, motos y bicis. Nos hemos enterado cuando casi nos comemos un autobús de Veolia (ejem, yo pensaba que habían dejado el negociado de los transportes) y nos han empezado a decir muchas cosas en holandés (idioma del demonio). Vamos, yo no he soltado el coche en mitad del puente y que se apañase Europcar, de milagro.

Alex ya ha dicho que esto no tenía ningún sentido (1a vez del día), que aparcásemos donde fuera y que andásemos. ¿Y dónde hemos aparcado? En una zona de residentes. Menos mal que yo he leído el cartel y he intuído lo que decía, y lo hemos buscado en google y hemos vuelto a mover el coche (Álex, yo estaba de los nervios conductiles).

Maastricht... bueno, sí, es una ciudad bonita. El que ha puesto la señalética es un imbécil que no tiene ni puta idea de tráfico rodado, pero los amurallamientos romanos no tienen la culpa. De hecho, luego hemos descubierto que la oficna de turismo estaba en una calle peatonal, así que no sabemos dónde nos estaba llevando google.

Hemos dado un paseo más o menos rápido... el coche lo teníamos aparcado pagando (2h máximo, 5'2€ la broma) y yo no estaba de buen humor. Creo que Álex tampoco, aunque su comentario ha sido: "bueno, Marta, si lo típico cuando alguien llega a Holanda es atropellar a un ciclista". En fin, que hemos comido rápido (un crepe con nutella, ay), y hemos decidido volver a la gran Germania.

Pues tampoco. De hecho, escribo esto desde Holanda. Y es que cuando hemos llegado a Düsseldorf estaban todos, todos los hoteles ocupados. Todos. Yo he preguntado ya por curiosidad al de la recepción del Holiday Inn: "hay una gran feria de muestras en Colonia, la más importante del año". Están completos todos los hoteles hasta 90 km a la redonda (Essen, Duisburg, Düsseldorf, Monchengladbah, Kelfer...). Bueno, vamos a alejarnos del eje Köln Messe - Düsseldorf Airport, a ver si conseguimos algo.

Nada. En el pueblo más perdido de Alemania, ya llegando a Holanda, todo completo. "Esto no tiene ningun sentido", dice Álex (2ª vez). Cuando habíamos estado en la puerta del Ibis de Düsseldorf, habíamos aprovechado la wifi para instalar una aplicación de hoteles y buscar uno que no fuera carísimo (porque carísimos sí que había en Düsseldorf): nos mandaba a Venlo, Países Bajos. Bueno, vamos para allá y algo encontraremos de camino. Pues no. Nada. Todo lleno. De hecho, hemos llegado a Venlo y el hotel que nos había dicho la app también estaba lleno.

Yo ya me veía cenando en un McAuto y durmiendo en un parking con olor a hamburguesas, pero ahí lo hemos hecho bien: acabábamos de pasar por un "All you can eat" de ¡¡sushi!! La cosa estaba clara: vamos a cenar sushi hasta reventar, y ya veremos después lo que hacemos. Albricias, el sushi-bar tiene wifi. Albricias 2, hay un hotel a sólo 9 km que tiene habitaciones libres, 70€ desayuno y wifi. "Venga, reserva y cenamos tranquilos".

Y aquí estamos, redondos como bolas después de habernos puesto hasta las cejas de arroz y pescado crudo (según Álex, con el sushi no se hace mucho el mal) y en un hotel alucinante. De hecho, cuando hemos llegado a recepción, la chica nos ha saludado efusivamente ("¡Serrano!")y nos ha explicado que mi móvil estaba mal y que no sabía cuándo llegaríamos. Le hemos contado la historia de la feria, Düsseldorf y la búsqueda y ella nos ha respondido: "¡ah, es eso! Nosotros nunca recibimos reservas para el mismo día y hoy hemos tenido como 5". Estamos en un pueblo de 2.000 habitantes, en Holanda y a 108 kilómetros de Colonia. Jodía feria.

Pero el hotel es espectacular. Una habitación gigante, con los techos abuhardillados a dos aguas, y claraboyas en el techo. Alucinante. Bueno, según Álex: "esto no tiene ningún sentido" (3a y última vez).

Mañana deshacemos el camino y nos volvemos a Düsseldorf. Ya acaba la feria más grande del mundo de la gastronomía en Colonia y hay hoteles y a precios razonables. No sabemos si dormiremos en un sitio o en otro, pero sí esperamos que el día sea menos absurdo de lo que ha sido hoy.

Eso sí, comiendo sushi nos hemos reído todo lo que nos teníamos que reír. Si hasta hemos visto carpas peleándose.
  • Hemos comido en: cafetería genérica, en Maastricht.
  • Hemos cenado en: Sushimi, Venlo.
  • Hemos dormido en: Hotel de Maasparel, Arcen.