26 mayo, 2004

Vivimos en un mundo...

... que está cada vez peor.

Llegan personas a nuestras fronteras, heladas de frío, tiritando, en un estado en el que lo único que quieren es un poco de calor, algo que beber, un poco de comprensión.

Hay niños que trabajan en vertederos para poder conseguir cosas para venderlas y poder comer. Hay niños que trabajan en fábricas para abaratar los productos en el tercer mundo.

Existen guerras que parece no tener solución. O gente que parece que no quiere que se solucionen.

Hay dictadores dirigiendo países sin que nadie haga nada por cambiarlo. Con el beneplácito de los supuestos grandes.

En algunas zonas del mundo, la esclavitud es todavía una práctica habitual. Hay gente que vive toda la vida obligada a servir a otros, únicamente por haber nacido en una familia humilde.

Hay niñas a las que obligan a prostituirse en algunos países, para satisfacer un mal llamado turismo, que lo único que persigue es poder hacer fuera lo que no está permitido en su tierra.

Muchas mujeres, demasiadas, son maltratadas, asesinadas, rociadas con ácido, se les practican ablaciones, son humilladas... por seguir los mandatos que una religión ha impuesto. Un religión o la sociedad que tiene las raíces en ella.


Y mientras, miramos hacia otro lado. Salimos de casa, vamos a trabajar, a la Universidad, al cine, a tomar un caña, leemos, vemos la televisión, llamamos por teléfono... Y todavía nos atrevemos a quejarnos porque tenemos mucho curro, porque se acabó el pan en Mercadona, porque no encontramos la camisa que nos quede bien, porque hemos engordado, porque no nos gusta la comida, porque hay mucho ruido en las ciudades, porque llueve el día de la boda, porque tardan un mes más en darnos las llaves de nuestro nuevo piso... y por muchas más cosas. Y no nos damos cuenta (y yo la primera) de que hay gente en el paro que desearía ponerse a trabajar; de que hay gente que se muere de hambre porque en su país ni siquiera tienen trigo para hacer pan; que van semidesnudas porque no tienen con qué vestirse, les siente o no les siente bien; que están en los huesos y les gustaría engordar siquiera un poquito; que no tienen la posibilidad de juzgar si les gusta o no la comida, porque directamente no tienen; a los que les gustaría oir un poco más de ruido porque viven exiliados en el desierto; que miran al cielo implorando lluvia, porque hace tanto que no llueve, que la sequía ya es crónica y no tienen agua ni para beber; a los que les encantaría tener, aunque fuera, una cabaña en alguna parte, que pudieran llamar suya...

Y mientras, hay gente a la que le pagan millones por jugar al fútbol; hay gente que se gasta un millón de pesetas en cada uno de los zapatos que luce un día; hay gente que se gasta millones de euros para sufragar los gastos de las guerras del mundo; hay gente que se cree superior a los demás y con inmunidad para hacer lo que quiera; hay gente que... hay un 1% de la gente que tiene el 90 % de las riquezas del mundo, o una barbaridad similar. Hay gente que se dedica a hacer listas de los más ricos del mundo, pero a nadie le interesa las listas de los más pobres.

Y, además de conseguir con nuestros hábitos hacer polvo a la humanidad, también se lo estamos haciendo al medio ambiente. Porque el día después de mañana, lamentablemente, ya ha llegado.

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