06 septiembre, 2004

Mi país inventado, de Isabel Allende

Lo de la hermosura femenina requiere comentario aparte. Es un conmovedor piropo a nivel nacional. La verdad es que nunca he oído en el extranjero que las chilenas sean tan espectaculares como mis amables compatriotas aseguran. No son mejores que las venezolanas, que ganan todos los concursos internacionales de belleza, o las brasileras, que pavonean sus culos de mulata en las playas, por mencionar sólo un par de nuestras rivales; pero según la mitología popular, desde tiempos inmemoriales los marineros desertan de los buques, atrapados por las sirenas de cabello largo que esperan oteando el mar en nuestras playas. Esta monumental lisonja de nuestros hombres es tan halagadora, que por ella las mujeres estamos dispuestas a perdonarles muchas cosas. ¿Cómo negarles algo si no hallan lindas? Si algo de verdad hay en esto, tal vez la atracción consiste en una mezcla de fortaleza y coquetería que pocos hombres pueden resistir, según dicen, aunque no ha sido en absoluto mi caso. Me cuentan los amigos que el juego amoroso de miradas, de subentendidos, de dar rienda y luego aplicar los frenos, es lo que los enamora, pero supongo que eso no se inventó en Chile, lo importamos de Andalucía.

oOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

En América Latina circula este chiste: ¿Sabe por qué en Estados Unidos no hay golpes militares? Porque no hay embajada norteamericana

[7/10]

No hay comentarios: