
La mirada límpida y angelical que presenta no hace más que esconder aviesas intenciones de morderte, o darte un manotazo, o tirar el mando a distancia o un sinfín de maldades que realiza con el único fin de que juegues con ella. La cabeza inclinada con la que parece mostrar atención no es más que una consecuencia de la enfermedad en los oídos que sufrió allá por septiembre del año pasado: la leucemia que sufre desde que nació (y que se llama leucemia pero es como el SIDA humano, una enfermedad que deprime el sistema inmune) sumada a una infección, en principio ligera, de ácaros en los oídos estuvo a puntito de matarla, llegó a tener fiebre que superaban los 42º, estaba muy débil, incluso dejó de comer un par de días.
A parte de combatir la infección que tenía en los oídos, y que llegó a traspasarse a la boca y a los ganglios, con millones de inyecciones de antibióticos y de un medicamente muy caro llamado interferón, se le estuvo administrando durante muchos días un líquido de limpieza y desinfección directamente al oído. Este líquido terminó perforando el tímpano y afectando al sistema vestibular, responsable del equilibrio en los mamiferos (ya sabéis, los líquidos que tenemos en el oído interno), por lo que en el punto álgido de la enfermedad, la gata no podía ni levantarse, porque se caía en redondo al suelo. Además, esta afección del sistema del equilibrio conseguía que llevara pegada todo el rato la cabeza al lomo, en dirección al oído afectado, y que no consiguiera fijar la vista, que también se dirigía hacia su izquierda constantemente.
A pesar de que casi milagrosamente consiguió superar la enfermedad, se quedó para siempre con la cabeza un poquito ladeada, lo cual le da un punto gracioso cuando te mira desde el suelo, como si realmente te estuviera prestando mucha atención; además, al volver a crecer la piel de los oídos, se le cerraron los conductos auditivos, y por tanto, al llamarla, mira para todos lados hasta que consigue encontrar con la vista el origen del sonido... esto lo va controlando cada vez más, y va respondiendo mejor a los sonidos, pero la cabeza sigue girada para un lado, y eso no hay nada que lo arregle.
Dadas las circunstancias, la gata no suele hacer alarde de grandes proezas con el aparato motor, aunque es cierto que cada vez se va soltando un poquito más... pero ella misma es consciente de sus limitaciones o, al menos, lo era. Cierto es que siempre le han interesado las ventanas más que ninguna otra cosa, y tiende a subirse a la mesa del salón para mirar los coches que pasan por Herrera Oria, o al alfeizar de mi ventana para jugar con las pinzas de tender la ropa.
Pero ayer batió todos los récords... mi hermana, Laura, limpiando el piso, encierra a la gata en la cocina para que no ande pisando lo que ya estaba fregado. Cuál sería su sorpresa cuando la ve aparecer corriendo por el pasillo. Se habrá colado antes de que cerrara la puerta, piensa. La vuelve a meter en la cocina, y la descubre ¡entrando por la ventana de su habitación! El siguiente esquema ilustra claramente el lugar del suceso, con la gata más o menos a escala:

Cuando me lo contó mi hermana me quedé casi, casi traumatizada... con el poco equilibrio que tiene (es una gata que la tires como la tires al suelo, nunca cae de pie), y saltando de una ventana a otra tan pancha como si fuera con el paracaídas puesto.
Como no deja de sorprenderme, cuando al rato bajé en el ascensor con los vecinos del octavo, me enteré de otra nueva travesura de aquí la gorda Talita: la vecina del octavo me pregunta por la gata y a continuación pasa a explicarle a su marido: Tiene una gata preciosa, yo la veo todos los días asomada a la ventana de la cocina, que a mí me da un miedo por si se cae, que no puedo ni mirarla.
Se me debió quedar una cara de estupefacción...
3 comentarios:
Aish, me ha dado mucha ternurina tu gatita, pobrecita.
El gato de mi vecina (vive en un quinto piso) ha tomado por costumbre, últimamente lo hace una o dos veces al mes, tirarse por la ventana de la cocina... el puñetero espera a que haya ropa en los tendederos de los vecinos de pisos inferiores y se agarra con las uñas, para ir cayendo piso a piso.
La primera vez verlo cayendo, resultó curioso, después de la segunda, tiene a todos los vecinos bastante enfadados, porque deja la ropa... ya te puedes imaginar.
Pero me imagino que debe impresionar pensarla saltando en el vacío con su falta de equilibrio.
Besos de una maia.
(Nota: es preciosa Talita).
¡Cuanto detalle! Sólo falta un gif animado con Talita saltando de una ventana a otra.
(por no hablar de un croquis con la posible posición de las ventanas (abatibles hacia fuera))
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