Y luego a oír fados. De las dos opciones que teníamos, llegamos a un sitio llamado "Diligenças"... y digo llegamos porque pensábamos que estaba más lejos, pero las distancias en Coimbra son extremadamente cortas y debe ser que yami y yo todavía tenemos la mentalidad de Madrid. Y nos pasamos de largo en lo que nosotras considerábamos un paseíto. Pero mereció la pena; cantaba una fadista la mar de mona, con mucho dolor de todo. Y yo ya ando con una pregunta, ¿para que un fado sea un fado debe decirse la palabra fado? ¿Si no, no computa? No es nada sencillo, eh?
Y entre fado y fado cayó otra botella de vinho verde, de la misma marca, para no mezclar, que somos chicas sanas. Nosotras no tuvimos la culpa, claro, es que no la ponían por copas, ni por botellas de medio, así que... y era todo tan triste... y luego el dueño / camarero se puso a cantar fados. Y yami descubrió que el WC tenía un plástico que daba vueltas. Y era todo muy triste y muy sentido y muy portugués. Y, sí, todo era muy bonito hasta que salimos y yami propuso ir a la zona de "botellón" (o eso le había entendido ella al del albergue). Y ¿dónde estaba la zona de botellón? En todo lo alto de Coimbra. Yo que por la mañana me había despedido de la Universidad... pues no, a subir cuestas otra vez, hasta llegar a todo lo alto, descubrir que había dos bares y gente en la calle y que yami dijera: pues me han recomendado otro bar. ¿Y dónde estaba el otro bar? Abajo del todo de Coimbra. Eso sí, aprovechamos para ver las Escadas Monumentais, que ya os podéis imaginar que con ese nombre no tienen una docena de escalones.
Llegamos al bar más raro que he visto yo en todo Portugal y probablemente en toda Europa. Está en una casa antigua de Coimbra, y ocupa las tres plantas. Y las mesas y las sillas distribuidas por las habitaciones. Y un camarero súper gay, que no quiso echarse una foto con nosotras. Eso sí, el bar muy curioso, pero el peor mojito que he probado en mi vida. Creo que no lo agitaron, pero lo habían hecho con aguarrás. Así que fadeando en nuestro interior la pena del mojito (que no nos bebimos), nos fuimos a subir la cuesta que llevaba hasta el albergue. Os diría el nombre del bar, pero ni yo me acuerdo, ni estaba puesto en la puerta, así que iba a servir de poco.
Y esta mañana desayuno comunal. La verdad es que el albergue estaba muy bien organizado y nos hemos sentido muy bien tratadas. Hemos desayunado con gente de diversas nacionalidades, cada uno hablando en su idioma, pero todo como de muy buen rollo. Y nos hemos despedido del recepcionista salido de un anuncio de los años 70 que había en el hostel, camino de Lisboa.
En el camino hemos parado a ver las ruinas romanas de Conímbriga, pero no hemos entrado, que era muy caro. Eso sí, nos hemos comido todos los desvíos de obras del mundo y al final Marta, la titi del GPS, se ha cabreado con yamila. Que conste que yo me he pasado la mayor parte de los 200km durmiendo y no he tenido nada que ver.
Y ya estamos en Lisboa. En una casa en el centro, en la Praça da Figueira, con unas caseras la mar de majas. Vamos, que hemos llegado a las 2, y nos han invitado a comer. Una es italiana y la otra argentina, así que se ha hablado poco portugués y mucho menos inglés. Pero muy majas. Eso sí, deben estar forradas, el piso que tienen en el centro de Lisboa debe costar un riñón y parte del otro. Pero la habitación está estupenda, y está todo muy limpio :))
La odisea ha sido aparcar el coche, claro. Que aquí también hay zona SER, pero mucho más absurda que en Madrid. Hay calles en las que se paga, calles en las que no, calles en las que es carga y descarga pero funciona hasta una hora que saben los vecinos... todo muy gonadal, y sin información a priori. Evidentemente la poca zona llana que tiene Lisboa no tiene plazas de parking... así que a aparcar a las cuestas... dejémoslo en que a. ha sido toda una experiencia, b. yami ha estado a punto de comerse el carnet de conducir de pura desesperación y c. hemos dejado el coche en un sitio donde una vecina nos ha asegurado que no se lo va a llevar la policía. El viernes os lo cuento.
Por lo demás, a la oficina de turismo, a informarnos sobre transporte y a visitar el Barrio Alto. Hemos hecho un gran descubrimiento: Lisboa resbala. Sí, así en general. Si hoy no nos hemos partido un tobillo es porque el FSM estaba de nuestro lado por haberle honrado al mediodía. Y si subiendo es una movida, bajando ya es la risa. Nuestra filosofía ha sido: si nos rompemos un tobillo, que al menos sea patinando.
En el barrio alto, un paseíllo, algún bar típico que nos ha recomendado una de nuestras caseras, y una iglesia quemada en el terremoto de 1755. Pero ha sido más chulo imaginar que lo he hecho yo, claro, aunque he decidido no poner el pensamiento en alto, que, visto lo visto, aquí son muy religiosos y las riot nunca se sabe dónde acaban.
La praça do Comerço y el Tajo siguen en su sitio, y los lisboetas siguen siendo una amalgama de nacionalidades bastante original. Eso por no hablar de la cantidad de turistas que hay. Los portugueses siguen siendo igual de no-guapos que en el resto del país, por cierto. En fin, yo espero reconciliarme con Lisboa en estos días...
Mañana compraremos un abono turístico de un día para poder subirnos a los tranvías y llegar a Belem, y movernos un poco más por la zona. Ya nos han dicho que tengamos cuidado con el bolso, que los carteristas andan ocupados este verano.
Nos levantaremos a mesa puesta, que ya nos han informado de que nos preparan el desayuno a las 8.30, así que estamos como unas reinas. Sólo nos falta alguien que nos abanique (guiño, guiño, patada, codazo).
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