18 noviembre, 2013

El reto 28x5


Desde hoy me vais a oír hablar de esto: el reto 28x5, especialmente en Twitter (#28x5, ya sabéis, podéis silenciar el hashtag para que no moleste).

El nombre se lo hemos puesto un poco de rebote: somos 5 chicas que nos hemos jugado unas pelas para, durante 28 días, cumplir unos objetivos que nosotras mismas nos proponemos. Además, son 5 objetivos, así que el nombre le viene estupendamente.

Se trata de lo siguiente: durante 28 días, empezando hoy 18 de noviembre, vamos a ponernos objetivos en 5 campos distintos:
Alimentación: no hace falta que sea una dieta, sino un objetivo que se quiera cumplir.
Yo he optado por hacer 5 comidas al día y, sobre todo, no picar entre horas. Si lo consigo: 2 puntos; si pico una vez, 1 punto; más de 1, 0. El desayuno y la cena debo hacerlo a base de proteínas.
El desayuno de esta mañana: café y sandwich de pan de centeno con pavo asado.

Líquidos: beber agua, que se nos olvida, y más en invierno. 
Mi objetivo es beber 2 litros de líquido al día, entre agua, infusiones y café. 

Ejercicio: hay que moverse, que nos pasamos el día sentadas y no puede ser. Además, con la llegada del invierno y la oscuridad, yo había dejado de salir a correr (ay, mis zombies).
En este caso, mi objetivo es bastante ambicioso: Ir al gimnasio 3 veces / semana (L,X,V); Ir y volver andando al trabajo los martes y los jueves; y salir a correr sábado o domingo, 1 hora. Tengo un día libre.

Cambio de rutina: siempre se quiere cambiar algo en el día a día, pero nunca nos terminamos de poner. 
Yo voy a intentar salir sólo 3 noches a la semana; con el bonus de no beber alcohol los días entre semana (de domingo a jueves). Ni una triste caña con limón, ojo.


Placer: algo que queremos hacer, pero para lo que nunca sacamos tiempo. 
De nuevo es un objetivo semanal: dedicar 2 horas a escribir de transporte; leer más de 4 horas a la semana; ver 2 capítulos a la semana de American Horror Story (elegida por votación en Twitter el sábado noche) en inglés con subtítulos en inglés. Tengo claro que este objetivo sólo es posible si cumplo el de rutina.

El sistema de recompensas es semanal: cada una hemos puesto 20€ en un bote virtual. Se reparten 10€ cada una de las tres primeras semanas, en función del marcador parcial, y 70€ la cuarta, con los resultados finales. El “premio” total se asigna al final de los 28 días, y no se reparte el dinero, sino alguna cosa que la persona pueda querer comprada en Amazon o similar.

El reto es individual, en el sentido de que cada una pone los objetivos que le parece conveniente, y autocontrolado, por lo que cada una se puntúa en el día a día (o en la semana, según el caso). Como ninguna está en esto para ganar dinero, yo tengo plena confianza en los autocontroles. Y digo esto porque es lo primero que me han preguntado cuando lo he contado, que la españolidad nos sale por todos los poros.

Mi motivación detrás de todo esto, aparte de compartir una actividad con amigas, es empezar. Al final, siempre ando dándole vueltas a la cabeza a “tengo que hacer deporte”, “tengo que comer mejor”, “tengo que escribir el artículo sobre rotondas”, etc. Son 28 días, y el que tenga un duración fija lo hace más asequible para mí. Evidentemente, mi plan es continuar después, pero probablemente tenga que redefinir los objetivos en función de los resultados de estos días.

El objetivo más difícil de cumplir va a ser el de rutina, con toda seguridad. Mi vida social se va a resentir mucho si sólo salgo un día entre semana, aparte del tradicional fin de semana. Parece broma, pero viviendo sola mis encuentros con amigos son fundamentales. La razón por la que he puesto este objetivo es que estoy agotada. Pensaba que el problema era el hierro, como otros años, pero mi análisis de sangre dicen que está por encima de lo normal. Necesito hacer ejercicio y descansar más por las noches, dicho por el médico. Así que me tendré que obligar a quedarme en casa 4 noches a la semana, y escribir, leer, ver series. Incluso cocinar, si viene alguien a cenar. Suena terrorífico, claro, pero sobreviviré

En cuanto al ejercicio, ya me he apuntado al gimnasio y ya he ido esta mañana. Sí, amigos, mi plan de ir tres veces a la semana es ir a las 7.00am. Al final, es el horario que mejor me viene, tanto por biorritmos (soy una alondra de las que madrugan cantando, como dijo no sé quién) como por temas laborales. La otra opción sería a las 19.30, cuando salgo, pero los gimnasios están llenos y yo agotada. Me quedo con mis mañanas, donde no hay nadie, y puedo realizar mayor esfuerzo físico. Esta mañana el transporte me ha hecho tardar más de la cuenta (casi 3 horas en total, maldita Avenida de América), pero lo iré ajustando. Lo peor es que el bus que me viene bien tiene su primera expedición a las 7am, y no me da tiempo a llegar. Ay, esas amplitudes de antaño de la EMT de Madrid.

Mañana por la mañana me pesaré y me mediré para ver cómo afecta todo esto a mis dimensiones actuales. Y escribiré las conclusiones el 15 ó 16 de diciembre, prometido.

13 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip: a modo de conclusión

Ya en Madrid, he montado un mapa con el recorrido que hemos hecho, así como dónde hemos dormido y qué hemos visitado.


En cada uno de los sitios donde hemos dormido, he enganchado la crónica del día, a la que le he añadido alguna foto (no muchas, ni Álex ni yo llevábamos cámara), así como la información que recordaba sobre sitios donde hemos comido y dormido.

Los números gordos:

  • Hemos recorrido unos 1.250km en 8 días.
  • Hemos gastado unos 75 litros de diésel.
  • Hemos dormido en 7 hoteles distintos: sólo hemos repetido en Aachen.
  • Hemos visitado 9 ciudades distintas y un parque natural, sin contar las ciudades donde hemos pernoctado..
  • Hemos gastado menos de 100€ por persona y día, todo incluído.
  • Hemos utilizado tres apps para Android, fundamentales: CoPilot (GPS), ibis y hoteles.com (alojamiento ambas).

Y a título personal:
Era la primera vez que viajaba con poco más que un esquema previo de dónde queríamos ir y qué queríamos hacer, sin tener el alojamiento buscado. Ha sido una experiencia muy buena, poder ir decidiendo en cada momento dónde ir o qué hacer, sin tener la obligación de parar en un sitio o en otro.

Creo que parte de esta buena experiencia ha sido basarnos en la idea de: "No tenemos prisa; si no da tiempo hoy, ya iremos mañana". Ha hecho todo mucho más agradable y distendido, sin nervios, agobios, y sí con mucho relax. Si llovía, nos metíamos en un museo. Si salía el sol, salíamos a dar una vuelta. Y así todo el viaje.

Era la primera vez que me iba de viaje con Álex y ha salido muy bien. Nos hemos reído mucho, y si no discutimos el día de Maastricht, creo que podremos irnos a otro viaje sin miedo a terminar de bronca. Probablemente repitamos.

La zona del Ruhr sigue tan bonita como siempre, y su gente tan amigable. Hemos tenido experiencias muy buenas en todos los hoteles en los que hemos estado, donde todo el mundo se ha portado genial. Cabe destacar un café que nos tomamos en Bonn, donde la camarera, muy educaba ella, me preguntó en alemán que de dónde éramos, que mi acento no era de por allí. Una cachonda.

He disfrutado más de los hoteles que no era cadenas. No sólo por lo inesperado de la habitación, también porque eran mucho más cálidos, en general. En el Ibis o en el Holiday Inn sabes lo que te espera, y es todo muy frío y muy eficaz. Si volviera a hacer otro viaje así, creo que me decantaría por buscar más hoteles locales que grandes cadenas, aunque estas son siempre un buen recurso de última hora, excepto cuando es la feria del año, ya sabéis.

Hasta las próximas crónicas.

12 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip, día 8

Nos hemos levantado en el polígono industrial de Koblenz con 2 grados de temperatura. No en la habitación, que anoche fuimos algo más hábiles y no sólo cerramos la ventana, es que hasta pusimos un poco la calefacción. De hecho, en el coche va puesta por defecto.

No recordaba nada de Koblenz. Así que me ha sorprendido una ciudad pequeñita pero con un centro histórico muy bonito. Calles peatonales, edificios antiguos... y la joya de la corona, la zona de los dos ríos.

Según unos esquemas para turistas, hay construidos unos diques tanto para ganarle un poco de terreno al río como para evitar inundaciones. Y es que resulta muy impresionante ver cómo dos rios tan anchos confluyen. Justo en el saliente hay una estatua, reconstruida a finales del siglo XX porque fue destruida en la II Guerra Mundial, con los escudos de los distintos Länder, y a la que se puede subir, a modo de mirador.


A esas alturas, y tras casi 3 horas andando por Koblenz, estábamos un poco helados y nos hemos parado a tomar un café... era la 1 y había alemanes terminando de comer, claro. Le he tenido que explicar a la camarera que sólo queríamos tomar un café, que lo de comer todavía no. La verdad es que no sé si ha sido contraproducente: hemos entrado en calor, pero la salida a la calle ha supuesto un golpe de frío estupendo. Tanto, que hemos terminado de ver la ciudad y nos hemos metido en un súper, que Álex quería comprar un encargo y los dos, volver a entrar en calor.

De hecho, ya hemos comido allí... es que hemos vuelto a encontrarnos un "all you can eat" de sushi y claro...

Y ya, al coche. Después de pasar por el Saturn a comprar el cable que llevábamos deseando todas las vacaciones: el que permite poner la música del móvil por los altavoces del coche. Y es que las emisoras son para dedicarles un capítulo entero, que no hay una buena. Y sí, sólo nos quedaba la vuelta a Charleroi, pero eran más de 200km y había que sobrellevarlos.

Álex ha sugerido pararnos a tomar un café en Aachen. Y no le he dicho que no. Eso sí, él se ha dormido en el coche y yo he aprovechado para hacer pruebas. Cosas como que a 180 el coche consume como el doble que a 140. O que el coche automático _tiene marchas_. Vamos, que eso ya lo sabíamos, lo novedoso es que en una posición lateral de la palanca de cambios, puedo modificarlas.

En Aachen, y para irnos aclimatando, hemos terminado sin saberlo a priori en un bar español llamado "Besitos" (tela marinera), donde sólo ponían música española. De hecho, estaba sonando Mecano... Y ya para Bélgica, que yo quería comprar Printen pero estaba todo cerrado :(

Hemos llegado medio bien al hotel del aeropuerto, no sin antes perdernos por un polígono industrial lleno, éste sí, de puticlubs. Estos belgas francófonos, que ya son más mediterráneos y se nota en las costumbres. No nos hemos parado en ninguno, que era tarde y estábamos cansados, pero los había tan sugerentes como "La Chine Imperiale". Y aquí estamos, en un Ibis Budget en el aeropuerto, con el despertador puesto a las 6.30 de la mañana y habiendo vuelto a pagar la gasolina a precio de oro: 1,465€

Mañana, Ryanair y a España. Se acabó el Road Trip.
  • Hemos comido en: un japonés, en Koblenz,
  • Hemos cenado en: comida de gasolinera :(
  • Hemos dormido en: Ibis Budget Charleroi Airport, Charleroi.

11 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip, día 7

A Álex se le debe haber pasado ya el espíritu aventurero, porque esta mañana en el Holiday Inn hemos reservado no uno sino los dos hoteles que nos quedaban: dos ibis budgets, en Koblenz y en Charleroi.

Y nos hemos ido a ver Bonn, con una previsión bastante poco halagüeña. Y así ha sido. Todo el día lloviendo, poco, pero no ha dejado. Y con un frío de tres pares... Pero bueno, nos hemos dado un paseo por Bonn, que sigue siento tan bonito como siempre. Nada que ver con Colonia, tan turística, ni con Düsseldorf, tan grande. Parece mentira que fuera la capital de Alemania durante varias décadas, la verdad.

Como el día no estaba para muchos paseos, hemos ido a ver el museo de la aritmética. Segunda vez que lo visito, segunda vez que me encanta. Cierto que aquí los dos ingenieros hemos sido incapaces de hacer funcionar algunas máquinas de cálculo de principios del siglo XX, para cosas tan básicas como hacer sumas y restas... ahí lo dejo. Pero hemos tocado todas las que estaban al uso, palanquita para acá, botón para allá.


Cuando hemos salido tocaba ir a comer... y tocaba comida dulce, que llevábamos unos días diciendo que un día teníamos que comer a base de tartas, porque a media mañana o a media tarde nunca tenemos ganas, pero tienen una pinta espectacular. Hemos buscado un sitio que nos llamara la atención y... tres trozacos de tarta para comer. Álex ha pedido un capuccino para acompañar y yo un chocolate caliente con chili (guindilla). Su puta madre, lo que picaba. He tenido que pedir un vaso de agua y cuando la chica me dice que si todo bien, le he tenido que decir que muy bien, pero que quizá un poquito fuerte. Ojo, que flotaban trozos de guindilla enteros en el chocolate.

Por la tarde habíamos decidido ir a ver el museo de la historia contemporánea alemana, o así lo ha llamado nuestro GPS... los alemanes lo llaman "Casa de la historia". Sí, no ha sido fácil de encontrar. Pero vamos, que casi no encontramos el coche: la puerta por la que habíamos salido del parking ponía un gran cartel "Kein Eingang" (no es una entrada). Lo cual es muy desconcertante, claro, pero no nos hemos atrevido a incumplir la ley, y hemos estado un rato buscando cómo entrar, hasta que hemos decidido usar la rampa de los coches.

El museo de la historia contemporánea alemana sigue igual de impresionante; empieza en 1945 y se extiende hasta nuestros días (hay una foto de Merkel, incluso). A mí la parte que más me gusta es la de la reconstrucción de Alemania tras la II Guerra Mundial, aunque tengo que decir que hoy he leído las explicaciones más tranquilamente y la creación y desarrollo de la DDR (Alemania del Este) son, como poco, capciosas. Vamos, que se nota que están escritas por quienes ganaron, que sólo les faltaba poner que los comunistas se comían a los niños.

Y ya para Koblenz. Alemania está en obras, o eso parece. Como mi móvil había muerto, no teníamos GPS, así que hemos confiado en los carteles. "Vaya, dirección Koblenz por desvío por obras". Y ahí ha empezado la ruta paisajística entre pueblos, trozos de autovía, ninguna iluminación y lluvia, lluvia todo el rato. Hemos llegado no sé cómo... bueno, sí, porque hemos cargado el móvil y algo de batería ha cogido, porque éste hotel está en un polígono de difícil acceso y ninguna iluminación.

Por cierto, que en este viaje nos hemos especializado en buscar el mejor sitio para cenar de los polígonos industriales... porque vaya racha llevamos. Hoy nos veía eligiendo entre un McDonalds, un Kentucky Fried Chicken u otro chino... cuando mágicamente he girado por una calle y ha aparecido un italiano. Vale, no ha sido magia, había un cruce y una calle, pero ningún cartel que lo anunciase. Pero hemos conseguido cenar estupendamente.

  • Hemos comido en: una pastelería, en Bonn.
  • Hemos cenado en: un italiano en el polígono, en Koblenz.
  • Hemos dormido en: Ibis Budget Koblenz Nord, Koblenz.

#BeDeRoadTrip, día 6

Frío. Frío. Frío. En serio, qué frío pasamos en el hotel de Colonia. Los dos nos levantamos con la misma idea en la cabeza, ¿es que estos no saben lo que es la calefacción? Pero, cuando fuimos a abrir la ventana... vaya, si estaba abierta. Toda la noche. ¿Por qué dejan las ventanas abiertas de los hoteles? Ahí os dejo la pregunta, para que reflexionéis.

Íbamos a irnos a Colonia en tren, ya que la parada estaba al lado del hotel. Pero ahí lo hicimos a la española (o madrileña, más bien): "Vaya, llueve. Pues cogemos el coche." ¿Sentido? Poco, pero ya que teníamos el coche en la puerta... y ¿dónde aparcamos? Pues también muy español: en todo el centro. De hecho, tan céntrico que estaba, literalmente, debajo de la plaza de la catedral.

"Pues ya que estamos, entramos a la Catedral". Sigue igual de absolutamente impresionante. De verdad, es un monumento que hay que ver, y es exactamente lo mismo que piensan a diario varias decenas de personas. Yo creía que siendo octubre iba a haber menos gente, pero no contaba con el contrapunto al turista japonés: las visitas de colegios e institutos. Así que, una vez más, la catedral de Colonia parecía una verbena. Igual de bonita y de ruidosa que siempre, qué se le va a hacer. Y a subir a la torre de la catedral: 533 escalones, unos 100m, dicen los carteles. Pues nada, para arriba, acompañados de varios colegios. Y para abajo, por la misma escalera estrecha. Es algo que deberían mejorar.

Cuando salimos de la catedral seguía lloviendo. Y llovió toda la mañana. Llegó un momento en que ni mi solución de inmigrante rumana ni el cortaviento de Álex funcionaba, así que optamos por ir a tomar un café (estábamos helados, ha llegado una ola de frío a Alemania y las máximas no suben de 10grados), y analizar la situación. Vamos, que tampoco tenía mucho análisis, pero algo había que hacer: llueve y estamos en Colonia. Ajá. Pues nada, un par de paraguas y a patearnos la ciudad.

Tuvimos suerte. Compramos los paraguas y dejó de llover. Luego volvió, pero ya había algún claro. Y dejó de llover después de comer (Un sopa con pelota y Bratwurst mit Kartoffelnsalat, que ya tocaba). Y nos pateamos Colonia, pero bien: la Altstadt, el puente del ferrocarril, la Neuemarktplatz... después de las 3 horas vespertinas andando, ya estábamos un poco reventados. Nos volvimos a meter en la Catedral, por si había algo más de tranquilidad, pero no lo conseguimos: estaba ensayando el coro. Nos quedamos un rato escuchándoles, y decidimos movernos ya hacía Bonn.

Y aquí estamos. En un Holiday Inn en un parque empresarial (es que no hay putas), donde yo llegué anoche absolutamente helada. Vamos, que cenamos en un chino debajo del hotel y yo me subí inmediatamente a darme una ducha caliente y a acostarme. Además, no hay internet en la habitación, así que tampoco podía enviar la crónica.

Álex acaba de salir de la ducha y nos vamos a desayunar. Y a mandar esto. Y a ver Bonn. Esta noche, por cierto, dormiremos en Koblenz.
  • Hemos comido en: alemán interesante, cuyo nombre no recuerdo, Köln.
  • Hemos cenado en: Golden City Restaurant, Troisdorf.
  • Hemos dormido en: Holiday Inn, Troisdorf.

09 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip, día 5

Hoy la crónica va a quedar muy deslucida. Lo llevo pensando todo el día: después de las desventuras de ayer, lo de hoy es... nada. Vamos, que hemos echado un día muy completo, pero no hemos estado a punto de chocar con ningún bus y, aunque en Düsseldorf había mucho tráfico, ha ido todo estupendamente.

Eso sí, hay que remarcar el sitio donde dormimos anoche. El pueblo de Arcen es un sitio francamente bonito. De hecho, tiene un montón de rutas para hacer andando y en bici. El desayuno, de nuevo, pantagruélico. No tengo ganas de comer nada en toda la mañana.



A pesar de que yo anoche le dije a Álex que nos podíamos quedar en el hotel aquel, que era bien chachi, esta mañana hemos vuelto a recoger los bártulos (tenemos una pericia asombrosa), y al coche. Lo he vuelto a coger yo, que tampoco es plan de cogerle miedo y de nuevo camino a Alemania. Le he sugerido a Álex de coger un hotel en Düsseldorf y no jugárnosla, pero su respuesta ha sido: "¿ya no tienes ganas de más aventuras?". Evidentemente, challenge accepted!

El camino hacia Düsseldorf ha tenido de todo: tramos sin tráfico donde he conducido a 160 (de manera legal), tramos infernales de camiones y obras, tramos de diluvio universal e ir a 80. Ah sí, y hemos echado gasolina. A 1,489€ el litro de diesel. Yo no sé a cuánto está la gasolina en España, pero a mí me ha parecido una sobrada. Luego la hemos visto más barata, pero esto debía ser un polígono industrial de luxe e íbamos ya con el piloto encendido.


Hemos aparcado sin muchos problemas por el centro y hemos echado a andar. Concretamente, más de 6 horas dando vueltas por la Altstadt (la ciudad vieja), que es como muy recogida y muy bonita. Nos hemos subido a lo alto de la Rheinturm, 268m, y nos hemos hecho la típica foto de vértigo. Ya mandaré alguna.

Por lo demás, el día ha sido agradable, nos ha llovido un poco (a Álex no le ha gustado nada mi solución de inmigrante rumana, pero es que no tengo gorro ni paraguas), y en general hemos disfrutado de la ciudad.

Luego, a buscar una wifi (hay muy pocas abiertas), y a ver dónde dormíamos. Al final, hemos decidido acercarnos un poco a Colonia, donde iremos mañana. Los precios seguían algo altos, así que estamos en un pueblo de las afueras, un sitio un poco raro, pero donde nos han dado una habitación de la que salen un par de estudios de los del centro de Madrid. De hecho, Álex opina que esta habitación tiene más metros cuadrados que su casa. Eso sí, los cuadros con mujeres semidesnudas que hay en las paredes son... desconcertantes. Pero no tiene pinta ni de puti ni de picadero ni nada por el estilo. El recepcionista es un poco raro, pero no sabemos si es por que tiene un turbio pasado nazi, carcelario o camionero. Tiene un tatuaje en la mano, que Álex ha detectado a la primera, pero no sabemos de qué. También es verdad que luego ha desarrollado la teoría de que nazi no, porque a. tiene nariz de judío y b. nos ha recomendado un restaurante turco para cenar. Hemos terminado en un yanki, atendidos por una camarera sudaméricana, en español. Creo que Álex se ha sentido mejor al poder hacerse entender por sí mismo...

Mañana nos tocará Colonia, e imagino que ya bajaremos hacia Bonn. A Álex le hace ilusión dormir en 4 países distintos, así que quizá la penúltima noche la hagamos en Luxemburgo... yo ya le he sugerido que paguemos todo con su tarjeta de empresa, pero no sé si se animará.
  • Hemos comido en: italiano genérico, en Düsseldorf.
  • Hemos cenado en: Touch Down, Bergisch Gladbach.
  • Hemos dormido en: Hotel Kölner Hof, Refrath.

08 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip, día 4

El día ha empezado frío y no demasiado soleado en Gemünd. Después de un copioso desayuno típico alemán (huevos, Brötchen, embutido, mantequilla, quesos, nutella, etc.) con el que nos hemos puesto morados, hemos emprendido el camino hacia Maastricht. El objetivo era visitar la ciudad, e ir a dormir a Düsseldorf.

Ruta paisajística, pueblito, campo, pueblito, atravesando el parque de Eifel. ¿Hacia dónde vamos? Hacia Aachen de nuevo, y de ahí, a Maastricht. Ya veremos las señales.

Aquí hace falta una aclaración: cuando organizamos el viaje vimos que no teníamos un GPS. Investigamos aplicaciones de móvil que se desacargasen los planos y elegimos CoPilot. Cuando instalas la app, te deja elegir un país gratis. Venga, va, Alemania. Y no, no pudimos comprar más países. O toda Europa (30€) o nada. Así que, bueno, pues ya nos apañaríamos con planos de los de toda la vida.

En fin, que camino a Aachen. "Yo creo que seguimos para Laurensberg y ya encontramos las señales a Maastricht", digo. Y sí, ahí estaban. Entramos en Holanda y adiós CoPilot. Bueno, sólo había obras en todas las autovías, pero llegaríamos a Maastricht. Y hemos llegado, sólo que no lo sabíamos. Supongo que el que dejara de haber señales de la ciudad debería habernos dado una pista, pero no era tan obvio: estábamos en mitad de un área industrial, con una zona portuaria y obras, muchas obras y muchos desvíos. "No sé yo si esto es Maastricht, ahí pone 'Randweg Noord'", le digo a Álex.

Y ahí ha empezado el caos. Le habremos dado un total de 3 vueltas a Maastricht por la Randweg Noord y luego por la Zuid, que no son más que las rondas norte y sur de la ciudad (pero es difícil de entender si ves el típico cartel de fin-de-poblado, tachando el nombre de Randweg Noord). Os aseguro que intentábamos ir para el centro. Incluso al parking del centro, siguiendo una señal bastante evidente que ponía [P] Centrum. Pues hemos sido incapaces. De hecho, cuando pasábamos por tercera vez por el mismo puto punto, Álex ha decidido conectar el 3g y que google navigation nos llevase hasta el jodío centro, a la oficina de información turística, para soltar el coche. Yo ya estaba de los nervios, y más aún cuando el gps ha decidido que teníamos que hacer un giro de 180º en una calle de 4 carriles. Pero lo hemos hecho, y no ha sido lo peor: es que nos hemos metido casi-en-el-centro, pero por una calle donde sólo podía transitar el transporte público, motos y bicis. Nos hemos enterado cuando casi nos comemos un autobús de Veolia (ejem, yo pensaba que habían dejado el negociado de los transportes) y nos han empezado a decir muchas cosas en holandés (idioma del demonio). Vamos, yo no he soltado el coche en mitad del puente y que se apañase Europcar, de milagro.

Alex ya ha dicho que esto no tenía ningún sentido (1a vez del día), que aparcásemos donde fuera y que andásemos. ¿Y dónde hemos aparcado? En una zona de residentes. Menos mal que yo he leído el cartel y he intuído lo que decía, y lo hemos buscado en google y hemos vuelto a mover el coche (Álex, yo estaba de los nervios conductiles).

Maastricht... bueno, sí, es una ciudad bonita. El que ha puesto la señalética es un imbécil que no tiene ni puta idea de tráfico rodado, pero los amurallamientos romanos no tienen la culpa. De hecho, luego hemos descubierto que la oficna de turismo estaba en una calle peatonal, así que no sabemos dónde nos estaba llevando google.

Hemos dado un paseo más o menos rápido... el coche lo teníamos aparcado pagando (2h máximo, 5'2€ la broma) y yo no estaba de buen humor. Creo que Álex tampoco, aunque su comentario ha sido: "bueno, Marta, si lo típico cuando alguien llega a Holanda es atropellar a un ciclista". En fin, que hemos comido rápido (un crepe con nutella, ay), y hemos decidido volver a la gran Germania.

Pues tampoco. De hecho, escribo esto desde Holanda. Y es que cuando hemos llegado a Düsseldorf estaban todos, todos los hoteles ocupados. Todos. Yo he preguntado ya por curiosidad al de la recepción del Holiday Inn: "hay una gran feria de muestras en Colonia, la más importante del año". Están completos todos los hoteles hasta 90 km a la redonda (Essen, Duisburg, Düsseldorf, Monchengladbah, Kelfer...). Bueno, vamos a alejarnos del eje Köln Messe - Düsseldorf Airport, a ver si conseguimos algo.

Nada. En el pueblo más perdido de Alemania, ya llegando a Holanda, todo completo. "Esto no tiene ningun sentido", dice Álex (2ª vez). Cuando habíamos estado en la puerta del Ibis de Düsseldorf, habíamos aprovechado la wifi para instalar una aplicación de hoteles y buscar uno que no fuera carísimo (porque carísimos sí que había en Düsseldorf): nos mandaba a Venlo, Países Bajos. Bueno, vamos para allá y algo encontraremos de camino. Pues no. Nada. Todo lleno. De hecho, hemos llegado a Venlo y el hotel que nos había dicho la app también estaba lleno.

Yo ya me veía cenando en un McAuto y durmiendo en un parking con olor a hamburguesas, pero ahí lo hemos hecho bien: acabábamos de pasar por un "All you can eat" de ¡¡sushi!! La cosa estaba clara: vamos a cenar sushi hasta reventar, y ya veremos después lo que hacemos. Albricias, el sushi-bar tiene wifi. Albricias 2, hay un hotel a sólo 9 km que tiene habitaciones libres, 70€ desayuno y wifi. "Venga, reserva y cenamos tranquilos".

Y aquí estamos, redondos como bolas después de habernos puesto hasta las cejas de arroz y pescado crudo (según Álex, con el sushi no se hace mucho el mal) y en un hotel alucinante. De hecho, cuando hemos llegado a recepción, la chica nos ha saludado efusivamente ("¡Serrano!")y nos ha explicado que mi móvil estaba mal y que no sabía cuándo llegaríamos. Le hemos contado la historia de la feria, Düsseldorf y la búsqueda y ella nos ha respondido: "¡ah, es eso! Nosotros nunca recibimos reservas para el mismo día y hoy hemos tenido como 5". Estamos en un pueblo de 2.000 habitantes, en Holanda y a 108 kilómetros de Colonia. Jodía feria.

Pero el hotel es espectacular. Una habitación gigante, con los techos abuhardillados a dos aguas, y claraboyas en el techo. Alucinante. Bueno, según Álex: "esto no tiene ningún sentido" (3a y última vez).

Mañana deshacemos el camino y nos volvemos a Düsseldorf. Ya acaba la feria más grande del mundo de la gastronomía en Colonia y hay hoteles y a precios razonables. No sabemos si dormiremos en un sitio o en otro, pero sí esperamos que el día sea menos absurdo de lo que ha sido hoy.

Eso sí, comiendo sushi nos hemos reído todo lo que nos teníamos que reír. Si hasta hemos visto carpas peleándose.
  • Hemos comido en: cafetería genérica, en Maastricht.
  • Hemos cenado en: Sushimi, Venlo.
  • Hemos dormido en: Hotel de Maasparel, Arcen.

07 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip, día 3

Aachen nos ha despedido con un día luminoso. Frío, eso sí. Está empezando a bajar la temperatura y se nota. Hemos cogido la carretera dirección Monschau, y ha sido una ruta por pueblitos de montaña bastante maja.

Monschau sigue como lo recordaba... pero más turístico. Hotel, hotel, hotel, restaurante, panadería, hotel, tienda de souvenirs. De hecho, el parking era extremadamente caro: 2€ la hora, en la calle. Vamos, casi como la zona verde de Madrid. Hemos dado un paseo y nos hemos encontrado una sorpresa: la exposición Trash People. Son muñecos hechos con basura (latas, papeles, restos de fábricas) expuestos en la calle, con el objetivo de recordar que las latas de coca cola que tiramos ahora, serán los objetos que los arqueólogos encuentren en un futuro, y quedarán como lo recordable de nuestra parte de la historia. Quedaría en mera anécdota si no fuera porque yo ya tengo una foto con estos muñecos: fue en el año 2006, en la plaza de la catedral de Colonia, cuando Luis y yo fuimos a visitar a Yami. Es remarcable, porque es una exposición itinerante que ha estado expuesta en sitios como la Plaza Roja de Moscú o la Gran Muralla China. Y aquí están, de nuevo, los muñecos de mierda (literalmente).

Hemos dejado Monschau para dirigirnos hacia el parque nacional de Eifel; de manera bastante aleatoria hemos elegido el pueblo de Gëmund, en una de las tres entradas del parque, con la idea de comer, hacer una ruta y pasar la noche.

Y aquí estamos. Hemos comido en una Brauahaus de aquí, comida extremadamente abundante. En serio, pedimos un plato cada uno (8-10€) y yo no me lo puedo terminar. Cuando pueda, mandaré fotos, que es muy exagerado.

Hemos ido a preguntar a información turística y nos han recomendado una ruta por el parque, la T7, de unos 11'5km. Todo bien, hemos comido tarde y eran ya casi las 4 de la tarde: no nos apetecía quedarnos en mitad del parque de noche. El señor guía nos ha avisado de la distancia, pero no del desnivel. Y tenía, mucho. Pero hemos subido, y luego el paseo ha sido muy agradable.

Nos hemos encontrado con algo muy raro: una finca cerrada, con muchos (muchos) peluches ahorcados en escuadras... y muchos carteles. El principal: "Nationaler Kinderhasserpark Eifel". Mi alemán es muy precario, pero yo creo que eso significa algo así como "Parque nacional del odiador de niños de Eifel". Y hablaba de matar, y de que Eifel ha sido, es, y seguirá siendo el parque más nazi de Alemania. Una movida tan absurda y exagerada e increíble, que yo desconfío ya de mi conocimiento del idioma y Álex no hace más que repetirme que era una especie de parque del terror para niños (yo no meto a #supersobri ahí por nada del mundo). En serio, era acojonante. Habría 200 ó 300 peluches colgados del cuello por toda la valla... y muchos cartelescon mensajes que yo he entendido amenazadores por el exterior. En cuanto tengamos una conexión a internet menos precaria, lo buscamos en google, claro. Y ya mandaré las fotos.

Por lo demás, el paseo ha terminado bien, unas dos horitas de ruta, que ya por la parte intermedia era bastante llana. Al hotel un ratito, básicamente a entrar en calor, que la temperatura empezaba a bajar. De hecho, cuando hemos salido a cenar después de ver Los Simpsons en ProSieben, ya haría como unos 10-11 grados, y una humedad altísima. Vamos, un frío de pelotas. Pero Álex ha dicho que cómo nos íbamos a quedar a cenar en el restaurante del hotel, que podíamos ir a dar un paseo por la calle principal (y única del pueblo). Así que hemos
paseado 2minutos hasta que hemos elegido por eliminación: ni el restaurante del hotel, ni donde habíamos comido hoy, así que el turco. Y, por fin, he podido comer algo tan típicamente alemán como una Currywurst mit Fritten :))

En el hotel tenemos que dormir con el edredón y con una manta. Yo estaba por pedir que encendieran la calefacción, pero claro, en el paseíllo nocturno había unos alemanes jugando a los dados en una terraza, así que suponemos que para la población local esto debe ser "fresquete". Nos abrigaremos bien.

Mañana, a Maastrich y a Düsseldorf, probablemente. Lo decidiremos sobre la marcha.

06 octubre, 2013

#BeDeRoadTrip, día 2

Qué bonito es Aachen. A mí no me importaría volver a vivir aquí.

Después de un desayuno potente a base de Brötchen con quesos de sabores, nos hemos ido a ver la ciudad.

Punto 1: he conducido yo el coche automático.
Punto 2: es como un coche de choque.
Punto 3: he jugado al air-embrague varias veces, y me he sentido bastante tonta.
Punto 4: no hace falta que por ciudad vaya todo el rato con la mano derecha en la palanca de cambios. De hecho, creo que Álex se sentiría más seguro si NO la llevase, no vaya a ser que lo ponga en modo "retroceder" en mitad de la vía.

Por cierto, que ayer me equivoqué de coche: es un Hyundai i30. Es el caso que le hago a los coches yo. De hecho, ni siquiera sé si Hyundai se escribe así...

Y a visitar Aachen. En la oficina de turismo nos han vendido una pequeña guía con la ruta a seguir, que nos iba llevando de sitio en sitio y contándonos cosas. Yo he recordado algunas historias (el monstruo que se aparecía a los señores borrachos y les llevaba a casa) (un monstruo muy útil, todo hay que decirlo) y descubierto otras nuevas (los niños que separaban agujas con el dedo meñique y que, por eso, saludar con ese dedo en alto señal de reconocimiento de aquisgranianos en todo el mundo)(ni de coña). Hoy, además, estaba la ciudad a reventar. Había una especie de ¿feria? por las calles, que abarcaba las cosas más dispares: desde la carpa de Greenpeace a la de los amigos de la caza, la cruz roja o los amigos del Carnaval. Todo el centro estaba lleno de estas carpas, y había

mucha gente por la calle. Un poco agobiante, en algunos momentos, cuando las amigas-del-carnaval-vestidas-de-leopardo se juntaban con los músicos de la orquesta municipal... Y muy ruidoso, especialmente para ser Alemania.

Pero hemos ido haciendo el recorrido esquivando gente, para comer a la hora local (13.15) y poder llegar a la visita guiada a la catedral que habíamos contratado (a las 14.00, en inglés, para que Alex pudiera enterarse de algo). Nos ha tocado un guía de los buenos, de los que se nota que les gusta lo que hacen, y la visita se ha alargado un cuarto de hora más. El trono de Carlomagno sigue siendo igual de soso que siempre, pero es que además nos hemos enterado de que Carlomagno realmente nunca lo usó, sino que se utilizaba como forma de validación de los reyes posteriores.

A las 16 habíamos quedado con un amigo mío de cuando estudiaba en Aachen... ¡10 años sin vernos! Desde que me volví yo a España en 2003. Así que un ratito de remember en el Egmont, y luego al Drielandpunt, el punto de las tres fronteras (donde se unen Alemania, Bélgica y Holanda). No es que sea la gran atracción turística, pero es gracioso, y más aún para unos meseteros cuya frontera más cercana está a 400km de distancia. Eso sí, el paraje es espectacular, en mitad de un bosque estilo Caperucita, pero con los móviles sonando cada vez que Orange y PepePhone cambiaba el roaming y nos daba la bienvenida a otro país.
El punto más alto de Holanda
Empezaba a anochecer y hemos decidido que mejor que no nos pillara subidos allí... y sí, digo subidos porque resulta que es el punto más alto de Holanda: 322,5m. La mayor parte de España vive al doble de altura y no nos ponemos tan ufanos, con tanto pivote y tanta placa. Es lo que tiene vivir robándole terreno al mar.

Había una señal de una capilla y hemos decidido seguirla. En Bélgica, así que volvíamos a no tener GPS. Ha sido una cosa rara: ha dejado de haber señales y hemos decidido tirar para Eupen, porque yo sabía que por allí ya cogía la autovía a Aachen con facilidad. Y nos hemos encontrado la capilla dichosa, que era bastante chula, con un monasterio y un calvario con todas las paradas preceptivas en un parque muy bonito.

Al volver a Aachen, ya con el GPS, hemos atravesado Kelmis (el pueblo de Bélgica donde viví unos meses en el año 2002). Ha crecido bastante, o yo lo recordaba más pequeño. Pero no hemos parado, había una animación por las calles similar a la de un cementerio.

Como volvíamos pronto a Aachen (cenar a las 19 era un poco demasiado), Álex me ha permitido hacer una pequeña ruta-de-la-nostalgia: a la RWTH, a pasar por Bau (la escuela de caminos). Sigue igual que siempre, con sus aulas magnas, su edifico grande y sus laboratorios, pero han puesto un gimnasio gigante justo detrás y han abierto un bar de cocktails justo delante. Eso sí, como las clases no empiezan hasta el 15, estaba todo muy tranquilo...

A la vuelta, hemos pasado por delante de la fábrica de Lindt, y de Lambeth, y por donde vivía yo, en Roermonderstrasse. Sin parar ni nada, pero me ha hecho gracia volver por ahí.

Y ya a cenar, que se nos estaba haciendo tarde. Realmente, echamos unos días tan completos andando, que es fácil adaptarse al horario local y comer y cenar pronto, terminamos reventados. A Álex le está gustando la comida local: muchas especias, pero todo rico, abundante y a buen precio.

Mañana dejamos Aachen y nos vamos a Monschau. Está en mitad de un parque natural que nos gustaría visitar, pero no sabemos qué día nos va a hacer, así que decidiremos sobre la marcha. Eso implica que no sabemos si vamos a dormir por Monschau, por Maastrich (el siguiente punto en el camino) o en Düsseldorf, y, por tanto, que quizá tengamos o quizá no, conexión a internet.

Os iré contando.

#BeDeRoadTrip, día 1

El día ha empezado temprano. Mucho más que normalmente. A las 4.15 ha sonado "Alegría" del Circo del Sol y a las 4.45 estábamos en el taxi, con bastante sueño. Yo he dormido unas 3 horas o 3 horas y media, pero Alex dice que apenas ha dormido media hora. Mis gatos se han quedado con cara de "¿pero dónde vas?", aunque creo que anoche ya sospecharon algo cuando les puse el arenero en el baño en vez del Litter Kwitter. C'est la vie.

Sorprendentemente, en Ryanair han sido mucho menos coñazo que habitualmente. No nos han hecho medir las maletas, y apenas han mirado los DNIs. Estarán flojos o no les pagarán o, sencillamente, que eran las 5.30 de la mañana. Ayer yo compré tapones para los oídos, así que conforme me he sentado en el asiento me los he puesto y, casi, casi, me he despertado en Bruselas. Vamos, que me enteré un poco de cuándo despegamos, pero poco más. Alex ni siquiera ha necesitado tapones.

Primera vez en el aeropuerto de Charleroi, pequeñito y cómodo: ni fingers ni autobuses, te bajas del avión y como una estación de bus, directo a la terminal. Y allí a por el coche. Sorpresa del día: no tienen ningún Corsa, el coche que habíamos alquilado. La de Europcar, con cara compungida, le pregunta a Alex que si puede conducir un coche automático. Respuesta afirmativa. Y es diésel, en vez de gasolina. Pues no nos vamos a quejar. Así que nuestro Opel Corsa se ha convertido en un Hyundai I3 ranchera que pasa de 0 a 100 en diez segundos, y donde nos sobra sitio por todos lados. Yo aún no lo he conducido, pero mañana me pongo. Y que conste que no lo he conducido porque tenía que hacer de copiloto por Bélgica, que allí no llevábamos GPS y la capacidad de perderse de Alex es proverbial...

De cabeza a Lieja, con parada en un área de servicio donde no hemos conseguido entendernos con el camarero, pero nos hemos hecho con un capuccino cada uno y un bollo. Teniendo en cuenta que él no hablaba otra cosa que no fuera francés y que nosotros ni papa, bastante que hemos conseguido desayunar.

Las dichosas escaleras...
Lieja la recordaba fea, no sé por qué. Estuve hace años, con mis padres, creo que en el verano que vinimos a Aachen (año 2000), y no me debió convencer mucho. Pero me ha sorprendido una ciudad bonita, aunque de este color grisáceo que tiene toda Bélgica. A la oficina de turismo, y a dar el paseo preceptivo. Nos encontramos con una calle - escalera gigante (360 escalones) que el folleto define como una obra de ingeniería (ejem) (a ver el puente de Milo les mandaba yo). Y me dice Alex que echemos una carrera para arriba, que me deja un tramo de ventaja. "Ajá... no. Pero tú sube corriendo si quieres". La subida ha merecido la pena, eso sí, pero pobre de la gente que vive en esos portales.

Por lo demás, un paseo agradable, con la lluvia respetándonos. Hemos comido en un parque enfrente de la catedral, una ensalada comprada en un Carrefour, al más puro estilo centroeuropeo. Eso sí, al ir a tomar un café hemos conseguido resistir la tentación del gofre y/o crepe que servían en la cafetería. Pero ha sido difícil. Habrá que volver a Lieja a comerse uno, en algún otro momento.

Visita a la catedral, a ver vidrieras random (de un asiático que había expuesto unas mientras las originales estaban siendo restauradas), vidrieras con los pasajes bíblicos habituales (Lázaro, los mercaderes en el templo, la santa cena) y cuadros. Sitiéndolo mucho, yo desde que leo al Hematocrítico, ya no veo del mismo modo las pinturas. Es imposible. Pero nos hemos echado unas risas, desde el respeto. Ya. Hemos obviado la pila bautismal que el señor de turismo ha definido como "una de las siete maravillas de Bélgica, 2€ cada uno" pero donde aparentemente no ha sido bautizado nadie famoso. Una pila bautismal muy fail.

Teníamos que llegar a Aachen, que era donde pensábamos pasar la primera noche. Lieja está a 40km, no es que tuviéramos una gran ruta, pero no teníamos alojamiento y preferíamos llegar temprano. Hemos puesto el GPS, con la confianza de que no fuera demasiado estricto con los límites estatales de Alemania, y nos hemos perdido solo un poco. Y es que la única indicación de autovía era Luxemburgo, y no, no teníamos dinero que blanquear. Así que hemos hecho un rato de ruta paisajística, primero por polígonos industriales SIN putas, y luego por campiña belga, hasta que el GPS ha decidido que estábamos lo suficiente cerca de Alemania para darnos indicaciones verbales, pero sin mapas. Un caprichoso, CoPilot.

Vamos a buscar hotel. Entre 40-60€ la noche, con el coche nos daba un poco igual que estuviera más o menos lejos del centro. Primer ibis: 99€ la noche, sin desayuno. Nein, danke. Segundo Mercure: 79€ la noche, sin desayuno, habitación de fumadores. Nein, nein, danke. Al tercero, la vencida: ibis budget por 49€ la noche, más 12 si queríamos desayuno. Y aquí estamos, en un ibis en un polígono industrial a 3 minutos del centro en coche, y con un desayuno a base de Brötchen prometido para mañana.

Nos hemos ido a dar una vuelta por Aachen. Lo habitual: Rathaus (ayuntamiento), Dom (catedral), Elissenbrunnen (el manantial sulfuroso), Pontstrasse. Hacía 7 años que no estaba en Aachen, y más de 10 desde la última vez que dormí aquí. Y sigue como siempre. Algún bar de menos, algún bar más, pero la Mayersche en su sitio, y las printen igual de ricas que siempre. Porque claro, había que comer Aachener printen. La bolsa pequeña (200gr) nos ha dado más calorías que todo lo comido a lo largo del día. Pero qué ricas están, de verdad. Una idea de negocio: vender printen en Madrid. Nos forrábamos.

Paseíto por Aachen, un poco de lluvia (anecdótica), y a tomar un refresco al Kaktus y cenar a Pont Pascha. Si mañana me tomó un café en la Molkerai y un helado en la San Remo, me habré vuelto a pasar todas la pruebas gastronómicas de Aachen. Falta, eso sí, ir a bailar a la B9, y a darse un baño a las termas, pero todo se andará: vamos a pasar una noche más aquí y nos hemos traído el bañador.

Así que todo muy bien. Temperatura por debajo de las condiciones normales, pero llevable. Mañana a ver Aachen, ruta guiada por la catedral incluida (en inglés, sólo a las 14), y a quedar con un amigo de mis tiempos mozos a echar un café.

Y ahora, aunque son sólo las diez de la noche, a dormir, que llevamos mucho tute encima. De hecho, Alex ya se ha dormido y creo que yo no voy a poder enviar esto hasta que no se despierte mañana: él ha sido incapaz de que su linux se conecte a la wifi, así que menos voy a poder yo.

Esta noche (si ya es domingo) o mañana, más.

26 agosto, 2012

Portugal, día 8 (y final)

Ayer se nos complicó la tarde... digamos que llegamos a Mérida, donde había cañas y amigos tomándolas y la cosa se lió y... bueno, que ya no eran horas de escribir nada. Pero no me gustaría dejar sin terminar estas pequeñas crónicas del viaje a Portugal que hemos hecho yami y yo esta semana.

Ayer salimos temprano de Lisboa. "Temprano" para estar de vacaciones, como a las 9 y media de la mañana. La idea estaba clara: salir de Lisboa sin comernos ningún atasco, que íbamos camino al sur y, por tanto, por las mismas carreteras que a las playas, y parar en algún súper para traernos vinho verde (of course!), quesos y dulces. 

La verdad es que el GPS debe estar configurado por defecto en "itinerario paisajístico" (¿Pablo? ¿Angela?), porque durante todo el viaje nos ha llevado por el camino difícil a la par que chulo. Ayer no iba a ser menos: nos llevó directas al puente 25 de abril, del que ya nos habíamos despedido a lo lejos el día que fuimos a Belem. Y es un puente realmente impresionante. Hay mil fotos en google, pero yami hizo un vídeo de nuestro paso por allí, que siempre mola más. Ya lo subirmos a youtube. 

Y después, a buscar un súper. Esto, que en España es fácil porque sabes dónde están, no lo es tanto en Lisboa. Menos aún con un GPS que intenta llevarte, sí o sí, por el camino correcto. Pero al final llegamos a un Continente, y nos dejamos unos pocos euros, entre otras cosas, en lo que nos recomendó una de las dependientas de pastelería que muy solícita, salió del mostrador, para irnos diciendo "mejor esto, mejor esto, esto no que no aguanta, esto no es muy típico", etc. Todo en un portugués que yami y yo entendimos perfectamente. Estamos por ponerlo en el CV, "nivel medio", como el general de inglés en España :P

La última parada portuguesa la hicimos en Évora. Es una ciudad medieval muy chula, con un centro histórico totalmente amurallado, y calles que ya subían y bajaban menos, flanqueadas por casitas blancas. La verdad es que fue un paseo bonito, a ver el acueducto (no tan chulo como el de Segovia, of course), y terminando en la "Capilla de los Huesos" por recomendación de Enrique, una de esas cosas que les da por hacer a los curas: "que no tenemos ladrillos, pues usamos calaveras. Total, nadie se va a dar cuenta". Y no, sí que te das cuenta. Además, todo adornado con una preciosa inscripción a la entrada: "Nós ossos que aqui estamos pelos vossos esperamos." Os lo dejo en portugués para que practiquéis. 

Aprovechamos para comer cosas del Alentejo, siguiendo con la cena del viernes noche, pero mejor. También es verdad que no pedimos gazpacho (no pidáis gazpacho en Portugal, es una cosa terrible), sino almejas a la alentejana y cordero asado. Y todo riquísimo. Tanto yami y yo nos hemos venido con ideas culinarias para aplicar a algún plato :)

Y a España, a Mérida, a pasar la noche del sábado con los amigos. La verdad es que reencontrarse con Paco después de ¡¡12 años!! fue toda una alegría. Nos reímos como siempre, aunque ni Enrique ni él quisieron ir al chino mítico de la primera vez ("ya no le damos a eso"), pero echamos muchas cañas, nos dimos paseítos por Mérida con Enrique como guía y algunos se hincharon a gintonics hasta el amanecer. Yo, para que luego me digáis, me fui a casa temprano, que hoy había que conducirse 500 km para ir a comer con mi familia y a recoger a los felinillos a Ciudad Real, y volverse a Madrid, que mañana es la vuelta al cole. 

Ya en Madrid, creo que puedo sacar algunas conclusiones del viaje a Portugal:
  • Ha sido una experiencia muy buena viajar yami y yo solas en un road trip de 2.300km en 9 días. 
  • A pesar de lo que opinen nuestros distintos caseros, no, no somos pareja.
  • Portugal es un país que se disfruta mucho en las ciudades pequeñas, que es acogedor con el visitante (todo el mundo nos ha tratado genial) y donde se come y se bebe estupendamente (excepto mojitos).
  • Los portugueses son feos y punto. 
Ea, detalles y cotilleos varios, ya en persona con la sana costumbre de las cañas españolas, o a la hora del desayuno.

25 agosto, 2012

Portugal, día 7

La verdad, no se puede decir que madruguemos. Nuestras caseras estaban muy preocupadas por la hora del desayuno y nos preguntaban que a qué hora lo queríamos. Y claro, nosotras desconcertadas, en plan "pero os lo tenemos que decir ahora?". Luego ya nos explicaron que ellas no se levantan hasta las 8 o las 8 y media... creo que se quedaron aliviadas al saber que nosotras antes de las 9 no solemos amanecer ;) Eso sí, nos preparan unos desayunos estupendos, aunque aquí no tengan leche que pueda tomar, ains.

Hoy nos hemos ido a Sintra. Está como a 30km de Lisboa y hemos decidido ir en coche para ir luego a la playa. La verdad es que el viaje ha sido bastante bueno, si no fuera porque nos estábamos quedando sin gasolina y la gasolinera más cercana siempre estaba después de nuestra salida de la autovía. Así que hemos dado un par de vueltas y al final el gps nos ha llevado a una. Evidentemente, con el depósito a medias ya (no lo llenaremos hasta llegar a España), nos hemos cruzado con 4 ó 5. Hi, Murphy! 

Sintra es un pueblín pequeño pero con mucho encanto. Está así como subido a una ladera, y es como Benidorm pero en muy bonito. A mí me recuerda un poco a Monschau, en Alemania. Había básicamente restaurantes y tiendas de souvenirs, pero si conseguías abstraerte, pues ni tan mal. Queríamos haber pasado al Palacio Real, pero eran, de nuevo, 7 euracos, y claro... nos hemos conformado con darnos un paseo por los alrededores. Tocaba subir al Castelo dos Mouros, las ruinas de una fortaleza árabe del siglo XI (siglo arriba, siglo abajo), y al Palacio da Pena, mucho más reciente. Y como parece ser que yami no había subido suficientes cuestas, ha propuesto que llegásemos andando... si total, sólo había un desnivel de unos pocos cientos de metros. Así que venga para arriba, por mitad del Parque Natural y bastante mal preparadas... si hoy no nos hemos roto un tobillo, ya creo que nos salvamos. 

Pero el paseo ha merecido la pena y no era tan duro como se esperaba (aunque a priori no lo sabíamos, para qué van a dar la información >_<). Y hemos llegado y nos hemos dado la vuelta, que entrar a cada uno de los sitios costaba 7 y 12 € respectivamente. Y yo pago 12€ por entrar a la Alhambra, pero a un palacio del XIX... no lo tengo nada claro. 

Vuelta a bajar, y al coche, que nos íbamos un rato a la playa. Había que hacer "check" en el Atlántico, aunque yo no las tenía todas conmigo, que ese agua está muy fría. Nos hemos ido de Sintra por huir del rollo turístico y por poco comemos, joer. Que a las 3 cierran los bares, así sin más. En Portugal. Con un sol de justicia. ¿Qué les pasa a estos portugueses? Al final, una amable señora de la limpieza de un bar al que nos hemos acercado -y que estaba ya cerrado- nos ha llevado a una cafetería donde nos hemos puesto hasta arriba de pescado y verduras, por 20€... 

Sobre el plano habíamos elegido una playa, la de Magoito, que nos parecía que estaba un poco más alejada y que podría estar bien... y vaya si lo estaba, una playa gigante, con no mucha gente, en la que hemos aparcado en la puerta, como quien dice, y donde se estaba muy bien. Y al final me he bañado, aunque el agua estaba helada. yamila se lo ha pasado muy bien viéndome dar grititos de "está helada", aunque en cierto momento ella ha soltado un "joder, está fría hasta para mí", que le ha salido del alma.Al final, yo he metido hasta la cabeza y he aguantado un rato jugando contra las olas. 

Pero vamos, que nos hemos tonificado en el Atlántico, hemos hecho check, y yo he aguantado un total de 1 hora y 15 minutos en la playa. Todo un record para mi talasofobia. Pero, en serio, estaba llena de sal. Y de arena. Eso no era cómodo. A mí dadme una piscina en un ático de Madrid desde donde se divise toda la ciudad y me haréis muy feliz :P

Ya de nuevo en Lisboa, hemos ido a cenar siguiendo una recomendación de última hora de mi padre: la casa do Alentejo. Tenía como punto muy a su favor que está al lado de "nuestra casa", y como mañana queremos salir temprano, no nos interesaba demasiado perdernos por el Barrio Alto. La verdad es que el restaurante ha sido toda una sorpresa: por una puerta minúscula, se accedía a una casa antigua acondicionada de restaurante, un poco como el bar de Coimbra, pero mucho más señorial. Muy buen sitio, y muy buena comida, a un precio muy razonable. Como bonus, hemos probado vinos y quesos del centro-sur, y también nos han gustado. 

Ahora me quedo con ganas de visitar el Alentejo y el Algarve portugués... pero tendrá que ser para otra visita. Mañana iremos a Évora, que sí que está en el Alentejo, y de allí a Mérida, donde espero (espero, ESPERO) que Enrique nos saque de cañas (¡cañas!) y nos lleve de visita nocturna por su ciudad, además de alojarnos ;))

La próxima crónica, mal que bien, ya desde España.

24 agosto, 2012

Portugal, día 6

Hoy ha tocado Lisboa. La verdad es que ha sido un día bastante estándar de turisteo por la ciudad. Por la mañana a Belem, a ver la torre y el Monasterio (al que no hemos pasado, que era muy caro) y por la tarde a la Alfama y al Castillo de San Jorge. Yami y yo íbamos con la firme convicción de que nos encontraríamos un dragón (muerto), pero nada, no ha habido manera. Estos portugueses no tienen ni idea.

Eso sí, hemos descubierto que el transporte público en Lisboa es un poco random. O, al menos, los tranvías. Hay uno, el 28, que se supone que es circular y va por las zonas más turísticas de la ciudad: el barrio alto y la alfama. Como nos hemos comprado un bono de 24 horas, esta noche nos hemos ido a dar el paseo, antes de cenar. Para empezar, los tranvías viejos son como una montaña rusa. Van por calles muy empinadas y sólo suben y bajan y paran donde creen conveniente dando bandazos. Pero no contentos con eso, en cierto momento se ha parado y nos han dicho: "final del trayecto", y a bajarse. Nosotras hemos pensado que habría que volver a picar, y lo hemos hecho donde nos ha dicho la conductora... pero cuál no habrá sido nuestra sorpresa que lejos de seguir la ruta teórica, nos ha vuelto a bajar por el mismo sitio. Mucho SAE y mucha historia, pero tienen un plano que no entiende nadie, y unos conductores bastante inútiles... Ha sido un circular muy WTF.

Al menos, nos ha dejado en la Alfama, que era donde pensábamos cenar. Por recomendación de Clara, nos hemos ido al Circo Chapito, pero tras conseguir llegar sin que la conductora nos tirase del tranvía y/o nos atropellase después, el sitio estaba cerrado... así que a callejear por una Alfama muy vacía, hasta que hemos cenado en un sitio que estaba bastante bien. 

yami ha probado esta mañana los famosos pasteles de Belem, sin hacer mucha cola. Yo también, una pizca, pero llevan leche >_< Estaba rico, pero tampoco espectacular, todo hay que decirlo. Donde se ponga una buena torrija...

Eso sí, esta mañana nuestras caseras nos habían preparado un desayuno gourmet a base de pan, fruta, zumo, mermeladas... todo muy chic, que para eso son artistas (sic.). 

Mañana, último día en Portugal... aprovecharemos para ir a la playa a descansar un poco, que se va notando el tute de una semana sin parar. Esperemos que el coche esté donde lo dejamos y no tengamos que llamar a la policía portuguesa. YO, como siempre, confiaré en el portuñol de yami y en su pasado navarro. 

23 agosto, 2012

Portugal, día 5

Anoche tocó salir en Coimbra. Como las indicaciones para ir a escuchar fados que nos había dado Pablo no eran demasiado precisas, decidimos preguntar en la recepción del albergue. Y nos recomendaron muchos sitios. Primero, para cenar, una taberna típica muy barata donde nos pusimos hasta arriba de bacalao y de secreto de cerdo, acompañado de una botella de vinho verde Casal García. Estaba todo muy rico. La taberna: Adega Paço do Conde, en la rua Paço do Conde, por si alguna vez os pasáis por Coimbra. 

Y luego a oír fados. De las dos opciones que teníamos, llegamos a un sitio llamado "Diligenças"... y digo llegamos porque pensábamos que estaba más lejos, pero las distancias en Coimbra son extremadamente cortas y debe ser que yami y yo todavía tenemos la mentalidad de Madrid. Y nos pasamos de largo en lo que nosotras considerábamos un paseíto. Pero mereció la pena; cantaba una fadista la mar de mona, con mucho dolor de todo. Y yo ya ando con una pregunta, ¿para que un fado sea un fado debe decirse la palabra fado? ¿Si no, no computa? No es nada sencillo, eh? 

Y entre fado y fado cayó otra botella de vinho verde, de la misma marca, para no mezclar, que somos chicas sanas. Nosotras no tuvimos la culpa, claro, es que no la ponían por copas, ni por botellas de medio, así que... y era todo tan triste... y luego el dueño / camarero se puso a cantar fados. Y yami descubrió que el WC tenía un plástico que daba vueltas. Y era todo muy triste y muy sentido y muy portugués. Y, sí, todo era muy bonito hasta que salimos y yami propuso ir a la zona de "botellón" (o eso le había entendido ella al del albergue). Y ¿dónde estaba la zona de botellón? En todo lo alto de Coimbra. Yo que por la mañana me había despedido de la Universidad... pues no, a subir cuestas otra vez, hasta llegar a todo lo alto, descubrir que había dos bares y gente en la calle y que yami dijera: pues me han recomendado otro bar. ¿Y dónde estaba el otro bar? Abajo del todo de Coimbra. Eso sí, aprovechamos para ver las Escadas Monumentais, que ya os podéis imaginar que con ese nombre no tienen una docena de escalones.

Llegamos al bar más raro que he visto yo en todo Portugal y probablemente en toda Europa. Está en una casa antigua de Coimbra, y ocupa las tres plantas. Y las mesas y las sillas distribuidas por las habitaciones. Y un camarero súper gay, que no quiso echarse una foto con nosotras. Eso sí, el bar muy curioso, pero el peor mojito que he probado en mi vida. Creo que no lo agitaron, pero lo habían hecho con aguarrás. Así que fadeando en nuestro interior la pena del mojito (que no nos bebimos), nos fuimos a subir la cuesta que llevaba hasta el albergue. Os diría el nombre del bar, pero ni yo me acuerdo, ni estaba puesto en la puerta, así que iba a servir de poco. 

Y esta mañana desayuno comunal. La verdad es que el albergue estaba muy bien organizado y nos hemos sentido muy bien tratadas. Hemos desayunado con gente de diversas nacionalidades, cada uno hablando en su idioma, pero todo como de muy buen rollo. Y nos hemos despedido del recepcionista salido de un anuncio de los años 70 que había en el hostel, camino de Lisboa.

En el camino hemos parado a ver las ruinas romanas de Conímbriga, pero no hemos entrado, que era muy caro. Eso sí, nos hemos comido todos los desvíos de obras del mundo y al final Marta, la titi del GPS, se ha cabreado con yamila. Que conste que yo me he pasado la mayor parte de los 200km durmiendo y no he tenido nada que ver.

Y ya estamos en Lisboa. En una casa en el centro, en la Praça da Figueira, con unas caseras la mar de majas. Vamos, que hemos llegado a las 2, y nos han invitado a comer. Una es italiana y la otra argentina, así que se ha hablado poco portugués y mucho menos inglés. Pero muy majas. Eso sí, deben estar forradas, el piso que tienen en el centro de Lisboa debe costar un riñón y parte del otro. Pero la habitación está estupenda, y está todo muy limpio :)) 

La odisea ha sido aparcar el coche, claro. Que aquí también hay zona SER, pero mucho más absurda que en Madrid. Hay calles en las que se paga, calles en las que no, calles en las que es carga y descarga pero funciona hasta una hora que saben los vecinos... todo muy gonadal, y sin información a priori. Evidentemente la poca zona llana que tiene Lisboa no tiene plazas de parking... así que a aparcar a las cuestas... dejémoslo en que a. ha sido toda una experiencia, b. yami ha estado a punto de comerse el carnet de conducir de pura desesperación y c. hemos dejado el coche en un sitio donde una vecina nos ha asegurado que no se lo va a llevar la policía. El viernes os lo cuento. 

Por lo demás, a la oficina de turismo, a informarnos sobre transporte y a visitar el Barrio Alto. Hemos hecho un gran descubrimiento: Lisboa resbala. Sí, así en general. Si hoy no nos hemos partido un tobillo es porque el FSM estaba de nuestro lado por haberle honrado al mediodía. Y si subiendo es una movida, bajando ya es la risa. Nuestra filosofía ha sido: si nos rompemos un tobillo, que al menos sea patinando. 

En el barrio alto, un paseíllo, algún bar típico que nos ha recomendado una de nuestras caseras, y una iglesia quemada en el terremoto de 1755. Pero ha sido más chulo imaginar que lo he hecho yo, claro, aunque he decidido no poner el pensamiento en alto, que, visto lo visto, aquí son muy religiosos y las riot nunca se sabe dónde acaban. 

La praça do Comerço y el Tajo siguen en su sitio, y los lisboetas siguen siendo una amalgama de nacionalidades bastante original. Eso por no hablar de la cantidad de turistas que hay. Los portugueses siguen siendo igual de no-guapos que en el resto del país, por cierto. En fin, yo espero reconciliarme con Lisboa en estos días...

Mañana compraremos un abono turístico de un día para poder subirnos a los tranvías y llegar a Belem, y movernos un poco más por la zona. Ya nos han dicho que tengamos cuidado con el bolso, que los carteristas andan ocupados este verano. 


Nos levantaremos a mesa puesta, que ya nos han informado de que nos preparan el desayuno a las 8.30, así que estamos como unas reinas. Sólo nos falta alguien que nos abanique (guiño, guiño, patada, codazo).