Estoy muy vaga: llevamos ya casi 5 días en UK y no me he puesto a hacer ninguna crónica. Pero hoy hace un día gris, lloviznea, es domingo y bueno, que me he puesto. Conste que las amenazas de yami no han tenido nada que ver.
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| ¡Adiós, Madrid! |
Le daría emoción a la crónica contándoos que llevábamos preparando el viaje desde hace meses, pero la realidad es que desde que compramos los billetes allá por el mes de agosto apenas habíamos vuelto a ponernos con el tema. Otros viajes y la vida nos había tenido muy ocupados. Así que los últimos días apañamos una WunderList de tareas pendientes y resolvimos casi todo... fallamos en hacer una agenda de qué hacer, qué ver, pero ¡3 semanas! Ya habría tiempo.
Lo principal, dejar a los gatos acomodados y con un calendario de cuidadores, estaba hecho. Así que el miércoles nos levantamos antes de que pusieran las calles y salimos a coger un taxi a la noche de Madrid. La verdad es que llegamos sin incidencias a Barajas y nos llevamos la primera sorpresa: cuando dejamos la maleta en el mostrador de EasyJet nos ofrecieron facturar, gratis, el equipaje de mano. ¡Gratis! ¡En una aerolínea de bajo coste! ¿Habíamos caído en un universo paralelo y no nos habíamos enterado? No sólo eso, nos dijeron que por acceder a facturar el equipaje de mano habíamos conseguido embarque preferente en el avión.
Así que allí fuimos, todo contentos, a desayunar y embarcar antes que nadie en el avión cuando:
a. Adri despistó su DNI un rato lo suficientemente largo como para entrar con el vulgo y
b. Aena no nos asignó finger y fuimos todos apretados en un bus, así que el embarque preferente fue un MEH en toda regla. He de añadir que el vuelo iba a menos de la mitad, así que había pocos problemas de espacio.
Aterrizados en Londres - Gatwick a las 9.05 llegaba la ginkana para poder coger el tren de las 9.56: pasillos interminables no mecanizados, que nos condujeron al reconocimiento biométrico de la foto del pasaporte y a nuestra cara. Una cosa fascinante para mí, que era la primer vez que lo sufría: y así pasó, igual metí 3 veces mal el pasaporte en la máquina porque, ejem, lo metía cerrado y así era imposible que leyera la foto. Una señora, con toda la bordería de la Pérfida Albión, me ladró cómo se tenía que poner y nos dejaron acceder al país. Corriendo a la estación de tren... "Tengo que hacer pis", le digo a Adri. "Ahora no, que no llegamos". Y un tren es un tren, como todo el mundo sabe.
Una cola medianamente rápida nos permitió hacernos con una tarjeta 2Together para viajar en todos los trenes del país con un 33% de descuento durante un año. La chica que nos atendió nos comunicó que nuestros apellidos eran demasiado largos y que no cabían en la tarjeta, así que metía tijera. Pero nos dio la dichosa tarjeta y dos billetes hasta
WatfordJunction: 50£ para empezar a jugar en UK (unos 63€). Oh, milagro, eran las 9.30 aún y ¡sí! Pude ir a un baño absolutamente de lujo en el aeropuerto. En serio, el baño de mi casa (y de las vuestras, que los he visitado casi todos) es infinitamente más cutre en comparación. Y, ojo, que también era gratis.
Como Dácil nos había traído una tarjeta de teléfono inglés cuando estuvo en Madrid en octubre, ¡tenías 3G! Esto es un eufemismo, porque el que realmente tenía 3G era Adri... la tarjeta va en su teléfono que admite doble sim. "Déjame el móvil", fue un frase muy repetida mientras esperábamos el tren... hasta que decidimos que mejor sacrificábamos un poco de batería en aras del tethering y de que yo dejara de dar la brasa con un móvil que no es mío. Transbordo en Clapham Junction mediante, llegamos a Watford a la hora prevista y enfilamos a Church Road a ver a Dácil y a Kike.
El camino era sencillo y el piso está al lado de la estación. Cuando llegamos sólo estaba Dácil haciendo la maleta y organizando mientras Abril le daba patadas en la tripa por la parte de dentro. La pobre estaba cansadísima y no me extraña: los 7 meses le pesaban mucho ya. Pero nos explicó lo que nos faltaba por saber del piso, nos presentó a Eme y nos fuimos en busca del super más cercano, para tenerlo localizado, un Tesco Express muy a mano.
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| Os presento a Emme |
A las 16.30 Dácil y Kike cogieron un taxi de camino al aeropuerto y a Madrid, y nos quedamos solos con Eme, en
Watford, para pasar las siguientes 3 semanas en otro país. Lo primero, ir a hacer compra al Tesco Express para tener el frigorífico un poco lleno. Ahí fue donde empezó a horrorizarnos los precios de los alimentos en este país, con cosas tan bonitas como 2.98£ por un kilo de macarrones. Fuimos con Eme, con la correa, a pesar de que su dueña nos había dicho que se portaba muy bien e iba siempre contigo. Pero yo qué sé, nos generaba cierta inseguridad. También nos había dicho Dácil que la perra se quedaba fuera del Tesco tan pancha, pero tampoco nos fiábamos mucho y nos turnamos mientras hacíamos la compra.
SPOILER: 5 días después ya ni cogemos la correa porque Eme te sigue y te espera en los cruces de las calles para cruzar contigo.
El miércoles nos acostamos tempranísimo porque estábamos molidos... y dormimos como 12 horas seguidas. El plan del jueves era quedarnos en Watford, para conocerlo un poco y ver cómo nos organizábamos. Al final, fundamentalmente vagueamos, que estábamos cansados. También salimos tardísimo porque Adri vio en Twitter que AC/DC fijaba una segunda fecha de concierto en Madrid y estuvimos como una hora para conseguir entradas... La cola virtual de ticketmaster fue lo emocionante del día, aunque también fuimos a un super un poco más grande que está algo más lejos y que es algo más barato... sospechamos que el Tesco Express funciona como un Supercor tanto por precios como por horarios, así que ahora hacemos la compra en el Sainsbury. El pueblo es suburbio total: una calle comercial llena de franquicias, calles que realmente son carreteras, y muchos barrios residenciales que han crecido en torno a las estaciones de tren (railway, overground and underground porque hay que tener de todo) que conectan con Londres.
El viernes nos preparamos para ir a Londres. La 2together nos permite viajar con el descuento en servicios off-peak (hora valle) y, viajando en tren,
de lunes a viernes tenemos 2x1 en casi todos los monumentos que queramos ver. Teniendo en cuenta el precio estratosférico de las entradas, nuestro plan es visitar Londres entre semana y dejar los findes para el relax y para salir con las bicis por
Watford (sí, también nos han dejado un par de bicis ^_^). Así que preparamos unos bocadillos y, ¡a Londres, pequeño!
Llegamos a la estación de Euston en poco más de 20 minutos, y allí buscamos los cupones del 2x1 y compramos el boli más caro de la historia de los bolis (2,50£) porque nos habíamos dejado el nuestro en Watford y con algo teníamos que rellenar los papeles...
El modo de transporte innercity lo teníamos decidido de antemano: como no llovía, íbamos a probar la bici pública de la ciudad (conocidas como las Boris Bikes, por el alcalde que las puso en servicio... ¿os imagináis que se populariza el término BiciBotella en Madrid?). Por 2£ al día, teníamos cada uno una bici y un montón de estaciones para cogerlas y dejarlas. El trato: no más de media hora por trayecto. El cobro se hace mediante tarjeta de crédito y es comodísimo. En serio, en comparación con lo ortopédico que será en Madrid y la imposibilidad de Barcelona, el sistema nos gustó mucho.
Y a meternos por las calles de Londres con las bicis y sin conocer el callejero. Una aventurilla que nos dejó en un rato en Convent Garden durante el cual aprendimos a conducir por el otro lado (con algunas dificultades en los cruces, yo tendía a irme al otro carril), nos metimos por una calle que era prohibida y nos topamos con el típico camionero con prisas para ir a la esquina de enfrente. Vamos, lo normal con la cantidad de tráfico que hay. Y eso que estábamos en la Congestion Zone de Londres, un área a la que sólo se puede acceder pagando (mucho, ya está en 11.5£ al día). Aunque eso significa que hay camiones de carga y descarga y pijos en todo terrenos, pero en fin.
La primera parada era el museo del transporte porque TRANSPORTATION that's why. Que luego me pregunté que por qué pagamos 15£ para entrar (2x1 mediante, ojo) si estoy saliendo con la Wikipedia del transporte, pero ¡material móvil! Además, es The Year of the Bus y había un especial de publicidad y servicios, especialmente del Routemaster, el famoso bus de dos pisos de Londres, ya retirado. Estaba lleno de niños, porque entran gratis y había una excursión, pero la visita moló mucho. ¡Había hasta un trolebús! Con lo fan que soy yo de los trolebuses :_) Igual estuvimos allí 2 horas... antes de irnos a comer nuestros bocatas junto al Támesis.
Decidimos dejar el resto del día para pasear y ver Londres, que yo hacía 5 años que no estaba por aquí. Unos israelíes nos pidieron que hiciéramos una foto junto a una cita de Churchill que no, no era la de los fascistas porque sigue siendo mentira. Al llegar al parlamento y puesto que nos habíamos despertado con la noticia del butanazo a la sede del PP, el comentario fue: "Aquí no pasaría, mira qué medidas de seguridad" mientras examinábamos detenidamente las barreras y unos policías nos observaban con cara de pocos amigos. Al llegar a la Abadía de Westmister, decidimos volver a las bicis. Mal, la primera estación daba problemas con la tarjeta. Y no entendíamos bien el mensaje que nos daba el lector: "Swipe the card". "To swipe, birlar, golpear fuertemente, pegar, apandar", nos informó google translate. En serio, qué leches hacíamos. Efectivamente: irnos a otra estación, donde no teníamos que pegar a nuestra tarjeta y que nos soltó dos bicis de nuevo.
La idea era pasar por Buckingham Palace donde no supimos bien si estaba o no la Reina (bandera de UK izada) de camino a Green Park donde nos encontramos con mucha señalización horizontal que nos gritaba "NO CYCLING". Tengo que hacer un inciso para haceros ver que en UK, aparentemente, no saben lo que es un manual de señalización horizontal
como nuestra querida 8.2-IC y lo que hacen es escribir en el suelo el mensaje: SLOW o NO CYCLING es de los que más hemos visto, asumiendo que cualquiera que conduce por UK sabe hablar inglés y si no, haber tenido suerte en esta vida (o algo así). A lo que iba, que no se puede ir en bici por el parque. De hecho, siguiendo una ruta de cycling llegamos a una encrucijada de dos caminos por donde no se podía ir en bici por ninguno de los dos... Así que bici en la mano y andando que ya íbamos un poco justos para la media hora.
Nos metimos en el barrio pijo de Londres, en la zona comercial de Oxford Street buscando una estación para dejar las bicis. Consultar el plano. Llegar a una. Todas los anclajes llenos. Se lo comunicamos a la máquina y nos deja 15 minutos más para buscar otra. Consultar el plano. Llegar a otra. Estación deshabilitada. Ajá, esto se pone interesante. Consultar el plano. Llegar a la tercera. ¡Uf! Varios sitios libres, y 1 minuto hasta el límite máximo. Not bad.
El plan por aquel entonces era encontrar un sitio donde comernos un crepe con nutella porque hay caprichos así y porque estamos en el país de Cadbury y ya habíamos comido mucho (ay, esos Fingers). Pero nos dimos cuenta de que íbamos un poco justos de tiempo para coger nuestro tren off-peak y decidimos irnos andando hasta Euston que en teoría no andaba muy lejos... según palabras de Adri. Yo era incapaz de entender los planos que hay por todo Londres. Hasta que Adri me contó el truco: no están orientados al norte (ni indican donde está el norte, ejem) sino que están puestos en la dirección en la que se consultan. Una cosa terrible que hacía que Euston estuviera cada vez en un punto del plano y que yo me hiciera un taco con las calles.
Tren de nuevo y a Watford, a descubrir que Eme nos esperaba ansiosa por jugar con nosotros.

Ayer sábado nos quedamos de nuevo aquí, y aprovechamos que hacía un buen día (en términos británicos) para salir con las bicis a un parque gigante que hay cerca. No duramos mucho porque la rueda de atrás de mi bici iba perdiendo aire y creíamos que estaba pinchada... pero sirvió para probarlas y ver qué tal iban. A Eme le encantó el paseo, aunque sospechamos que se quedó con ganas de más. Por la tarde nuestro plan era irnos a tomar una cerveza a algún pub, pero el mundo suburbial tiene estas cosas terribles: o tomábamos algo en una franquicia o nada. Para que os hagáis una idea, terminamos pasando al centro comercial a ver si había cines, y ¡eco! Ahí estaba el Zara, así que eso debía ser el centro del pueblo. Cerca de casa habíamos visto un pub y decidimos parar allí a la vuelta... craso error, nos dijo el cartel de "Authentic Thai Food" que había en la puerta. Así que volvimos a casa para cenar y descubrir que Eme... no estaba. Un sustillo, sí, pero ya nos había avisado Dácil que la vecina tenía llaves y que si la escuchaba llorar algún día se la había llevado. La señora, muy maja. la trajo al poco contándonos la misma historia, y pidiéndonos permiso para cogerla el día de Navidad, ya que vendrían sus nietos... como su legítima dueña ya había dicho que sí, le aseguramos que no había problemas y nos quedamos comentando la razón que tenía Dácil cuando nos dijo que aquí tenían un rollo raro con el amor absoluto a los perros.
Poco más; hoy domingo tenemos un plan similar al de ayer, y nos vamos ahora con las bicis, que la rueda de la "mía" ya está arreglada gracias a Adri. Mañana volveremos a Londres, probablemente a ver la Torre de ídem y a volver a probar las bicis.
¡Seguiremos informando!