Hoy bajé a comer a casa. Lo prefiero a comer en un bar la comida hiper-calórica que nos ponen. Y total, para comerme un plato combinado... al final me pagan unos 8 euros por comida y me sale mucho más barato comer en casa, claro. Y aprovecho para venir al ciber al mediodía, que por la mañana también es más barato ;) Todo sea por ahorrar unos euros, que ya hace falta.
Ahora salgo más a la obra. Hoy me di cuenta de que se me empieza a quedar la señal del reloj y de la camiseta ;) No es que me encante, pero es cuestión de dejar de salir con falda a la calle, que no se note el contraste :P
Estoy pensando en las encrucijadas que me comentaba Estendur en el post anterior. Realmente, las encrucijadas de la vida son difíciles. Difíciles de solucionar y difíciles de vivir. Nunca me ha gustado tener una vida lineal, y de hecho, cuando mi vida entra en la monotonía (o en lo que yo entiendo por eso), suelo huir. Quizá ésto haya dado pie a haberme encontrado en muchas encrucijadas a lo largo de mi corta vida. No voy a aburriros con detalles, pero no tengo ni 24 años y puedo recordar ya varias. No sé si es mi forma de ser, o mi destino (si es que existe, cosa que no puedo dejar de dudar), pero observando retrospectivamente, me encuentro con que en todas y cada una de estas encrucijadas he fallado en algún punto clave. Decisiones incorrectas, comportamientos inadecuados. Y en varias de estas ocasiones, he tropezado en lo mismo.
Mi amigo Nasar me dice siempre que debo aprender de los errores. Es algo que no consigo. No sé si porque el mundo no ha conseguido quitarme la ilusión por muchas de las cosas bonitas que tiene la vida (la amistad, el amor) o porque, sencillamente, sigo siendo una ilusa y lo seguiré siendo toda mi vida. Que parece lo mismo, pero no es igual. Hace poco hablaba con un amigo sobre los riesgos. Sobre la famosa frase de quien no arriesga, no gana. Yo acostumbro a arriesgar demasiadas cosas, y muchas veces me cuesta demasiado. Muchas veces no he ganado nada, porque ni el aprendizaje me queda. Y otras muchas he conseguido, no sé muy bien cómo, perder todo lo que estaba en juego. Evidentemente, también he ganado muchas cosas que no cambiaría por nada.
Pero hablaba de esas encrucijadas de la vida. Esas decisiones que hay que tomar. El camino más fácil no suele ser nunca el mejor. Pero es el más fácil, y es donde suelo caer frecuentemente. Siempre es más fácil confiar, que no hacerlo. Siempre es más fácil querer, que odiar. Siempre es más fácil llorar, que mantenerse serena. Y muchas veces hay que desconfiar, hay que dejar de querer (nunca odiar, que es un sentimiento horrible), hay que mantenerse serena mientras se intenta buscar la solución adecuada. Estoy pensando que en los últimos meses, desde enero o febrero hasta ahora, desde que mi vida empezó a cambiar, he caído en las tres cosas: he confiado, y se ha demostrado que no debí hacerlo; he querido y no me han sabido o querido devolver el sentimiento; y he llorado, quizá demasiado, y siempre sola. En todo, he caído más de una vez, y sólo en estos pocos meses. He arriesgado y en esas ocasiones fracasé estrepitosamente.
Por suerte, que no todo van a ser cosas malas, he confiado y me han demostrado que eran personas que se merecían mi confianza y mucho más; he querido y me han devuelto abrazos, sonrisas, y llamadas de teléfono ;); y aunque he seguido llorando sola por otras cuestiones, en estas ocasiones no me ha hecho falta hacerlo...
Contrariamente a lo que parezca, hoy estoy contenta. Bastante, bastante contenta. Quizá esté empezando a reencauzar mi vida. O quizá no, y sólo estoy en el ojo del huracán, con una calma que no deja de ser ficticia. Pero estoy con ganas de volver a vivir, de volver a sentir.
Tengo ganas de volver a arriesgarme... ¿veis como nunca aprendo?
Un beso enorme a todos y todas...
No hay comentarios:
Publicar un comentario