17 octubre, 2004

El pollo epiléptico

Ir a cenar a un restaurante chino tiene, como todo, sus ventajas y sus inconvenientes. Imagino que muchos de los que leeis estos estaríais dispuestos a ennumerarme todos los inconvenientes habidos y por haber; esto es, que cuándo se ha visto un entierro de chinos, que si nunca tienen desperdicios, que a saber la carne que ponen, que... Ya me los sé todos, y no comparto ninguno, que le vamos a hacer. A pesar de todas las barbaridades que me dicen, yo sigo yendo a comer a un restaurante chino de vez en cuando.

Hay ventajas que son innegables. A saber, su bajo precio (los viernes por la noche, menú de 5.90 euros), la cantidad de comida que te ponen, y su buen sabor (a mi me encanta), y algo que no pasa en ningún otro restaurante: siempre les dan, a la parte femenina de la reunión) un regalito de despedida. Gracias a los restaurantes chinos tengo toda una colección de pulseras, collares, llaveros y anillos del más puro plástico de Todo a 100. Maligno es el gran perjudicado cuando intento vestirle con todo a la vez.

Pero a lo que iba, que tiendo a descentrarme (y más si pienso que mañana es lunes). El viernes estuve cenando en el chino de siempre, el de la calle Morería. Ya nos conocen y todo. Luis está a punto de comprarse un juego de catanas con los puntos que va juntando. Y Laura una barbie con kimono. Menú y, como siempre, pasamos en gran medida de lo que dice el menú haciendo la pregunta clave:¿se puede cambiar el cerdo agridulce por la pechuga de pollo con patatas? (receta china, indudablemente). Que conste que yo no puse en muchas dificultades al camarero (que, o era un chino verdaderamente moreno o era de Malasia o de la zona) y me atuve al menú: ensalada china, tallarines tres delicias y pollo al limón. Para beber agua, por favor. En el postre obvié los típicos lychis y me decanté por una tarta de whisky al más puro estilo Nestlé. Cafés, licor chino y/o licor de manzana sin alcohol. Y cuando pedimos la cuenta... tachán, tachán... aparece el chino con unas cajitas muy monas diciendo: dlegalo pala las señolitas. Al abrir la cajita, caras de sorpresa... Era un pollo (amarillo o verde). Era un llavero con pila. En algún momento tenía que lucir. De repente empiezan a parpadear todos. ¡¡Era el pollo epiléptico!! Aquí, foto del animalico.



Cuando hice la foto estaba luciendo, sólo que no se ve. Pero lanza destellos verdes y rojos esporádicamente, cuando amena entra en contacto con mi móvil o cuando recibo una llamada o me llega un sms. Es de lo más paranoico. De repente, le da el ataque al pollo. Y se para. Y así cada dos horas aproximadamente.

Me tiene loca todo el día.

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