07 junio, 2005

Conducta en los velorios e Instrucciones para subir una escalera, de Julio Cortázar

Como tengo una memoria que no se merece tal nombre a no ser que se trate de las cosas más absurdas del universo, no recuerdo dónde encontré esta dirección, ni tengo tiempo para andar rebuscando en blogs y demás. Así que me conformaré con pasaros este enlace: La página de los cuentos.

Si le echáis un ojo, veréis que hay cuenteros invitados y cuenteros locales. Estos últimos son los participantes en la web, que envían sus relatos para ser publicados, votados y comentados por los demás. Los invitados son cuenteros famosos: Julio Cortázar, Mario Benedetti, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Eduardo Galeano, Octavio Paz, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo y Jaime Sabines. Aunque este post iba dedicado a Cortázar principalmente, no puedo dejar de hacer mención al premio que ha recibido hoy Mario Benedetti: el Premio Internacional Menéndez Pelayo. Y casualmente el otro día en la FNAC adquirí la Antología poética. In memoriam, tendría que decir.

El caso es que los asistentes a la DraCon o a la Mereth de los pueblos libres recordarán cuál es el relato que suelo yo leer... Conducta en los velorios en primera instancia, y si queda rato y ganas, Instrucciones para subir una escalera. Y están ambos en La página de los cuentos. Seleccioné unos fragmentos:

Conducta en los velorios
Por lo común mi hermana la menor se encarga de la primera escaramuza; diestramente ubicada a los pies del ataúd, se tapa los ojos con un pañuelo violeta y empieza a llorar, primero en silencio, empapando el pañuelo a un punto increíble, después con hipos y jadeos, y finalmente le acomete un ataque terrible de llanto que obliga a las vecinas a llevarla a la cama preparada para esas emergencias, darle a oler agua de azahar y consolarla, mientras otras vecinas se ocupan de los parientes cercanos bruscamente contagiados por la crisis. Durante un rato hay un amontonamiento de gente en la puerta de la capilla ardiente, preguntas y noticias en voz baja, encogimientos de hombros por parte de los vecinos. Agotados por un esfuerzo en que han debido emplearse a fondo, los deudos amenguan en sus manifestaciones, y en ese mismo momento mis tres primas segundas se largan a llorar sin afectación, sin gritos, pero tan conmovedoramente que los parientes y vecinos sienten la emulación, comprenden que no es posible quedarse así descansando mientras extraños de la otra cuadra se afligen de tal manera, y otra vez se suman a la deploración general, otra vez hay que hacer sitio en las camas, apantallar a señoras ancianas, aflojar el cinturón a viejitos convulsionados.


Instrucciones para subir una escalera
Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).

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