31 octubre, 2004

La reaparición de Bin

Hace tiempo que me parecía obvio que Bin Laden iba a reaparecer en vísperas de las elecciones en EEUU. No tenía muy claro el cómo, me parecía incluso posible que la Administración Bush nos sorprendiera con el golpe de efecto de haberle captura, casualmente, en los días previos. Finalmente, la reaparición en la cadena árabe Al Yazira ha supuesto un revuelo inaudito en la presa nacional e internacional. Y digo inaudito porque no creo que haya tenido una trascendencia relevante.

Para empezar, Bin Laden no ha dicho nada que no supiéramos ya, esto es, que la tan sobada seguridad de los EEUU no está en manos de quién presida, sino de un cambio en el pensamiento general de la nación; esto es, y dicho con palabras de Bin Laden, El país que no nos ataque no será atacado. Y es que en algún momento alguien tenía que plantarle cara a un gobierno, ya sea republicano o demócrata, que ha dedicado sus últimos años a machacar otros países, para satisfacer necesidades bélicas (si las armas no se usan, se estropean) y económicas (si el petróleo se acaba...). De la mano de uno de sus aliados incondicionales, Israel, que sigue masacrando palestinos para poder seguir conquistando a la fuerza nuevas tierras.

EEUU está acostumbrado a pelear todas las guerras fuera de su país, y eso es cómodo. Lo es porque la gente no ve destruídas sus casas, no vive el caos, la falta de alimentos y de agua potable, y la guerra se convierte cada vez más y más en un espectáculo televisivo donde, lejos de sacar a soldados muertos, se enciende el ánimo de la población con banderas ondeantes y visitas a comer pavo. Cuando la guerra que llevan haciendo durante años contra los países árabes entra en su propio país, se horrorizan y maldicen, pero lejos de hacer examen de conciencia (como creo que pasó en España cuando el 11-M), la solución yanqui es provocar aún más guerra, aún más muertos, aún más destrucción.

Evidentemente, mientras sigan con esa política de luchar contra el terrorismo con armas en vez de con diálogo y con la asunción de los errores propios, el riesgo de nuevos ataques va a estar siempre presente. Y da igual que gobierne Bush o Kerry, puesto que ambos tienen la misma concepcion de la lucha contra el terrorismo. Esta actitud me recuerda siempre a las Cruzadas de la Iglesia Católica en plena Edad Media, pensando siempre que ellos tenían toda la razón, luchando contra una religión que creían incorrecta e imponiendo la lucha armada (bien es cierto que mucho más igualada entonces) como única solución.

Pero claro, desde la Edad Media hemos evolucionado mucho... en según qué países. En Europa no se quema a los herejes en la hoguera, aunque en EEUU se sigue matando a gente casi sin pruebas; la información es medianamente libre y pública, no existe la censura (o muy poca, vaya), mientras que en el país más poderoso se ocultan hechos, y se tergiversa la información; no veo al gobierno alemán o francés maquinando para derrocar del poder a presidentes electos, pero esta ha sido la tónica general durante el siglo XX del gobierno estadounidense, y lo sigue siendo (no hay más que ver la que andan siempre liando con Chavez en Venezuela); y etc. etc.

Como anillo al dedo viene, después de tan larga diatraba editorial por mi parte, la viñeta de Máximo de El País de hoy:

30 octubre, 2004

Canción de invierno y de verano, de Ángel González

Cuando es invierno en el mar del Norte
es verano en Valparaíso.
Los barcos hacen sonar sus sirenas al entrar en el puerto de Bremen con jirones de niebla y de hielo en sus cabos,
mientras los baladros soleados arrastran por la superficie del Pacífico sur bellas bañistas.

Eso sucede en el mismo tiempo,
pero jamás en el mismo día.

Porque cuando es de día en el mar del Norte
-- brumas y sombras absorbiendo restos
de sucia luz--
es de noche en Valparaíso
-- rutilantes estrellas lanzando agudos dardos
a las olas dormidas.

Cómo dudar que nos quisimos,
que me seguía tu pensamiento
y mi voz te buscaba -detrás,
muy cerca, iba mi boca.
Nos quisimos, es cierto, y yo sé cuánto:
primaveras, veranos, soles, lunas.

Pero jamás en el mismo día.

28 octubre, 2004

24 octubre, 2004

Paloma negra, por Chavela Vargas y Chabuca Granda (de la BSO de Frida)

Ya me canso de llorar, y no amanece.
Ya no sé si maldecirte o por ti rezar.
Tengo miedo de buscarte y de encontrarte
donde me aseguran mis amigos que te vas.

Al momento, en que quisiera mejor rajarme
y arrancarme ya los clavos de mi penar.
Pero mi ojos se mueren sin mirar tus ojos,
y mi cariño con la aurora, te vuelve a esperar.

Y agarraste por tu cuenta la parranda
Paloma negra, Paloma negra, dónde, dónde andarás.
Ya no puedes, con mi honra, parrandera,
si tus caricias han de ser mías, de nadie más.

Y aunque te amo con locura, ya no vuelvas,
Paloma negra, eres la reja de un penar,
quiero ser libre, vivir mi vida, con quien yo quiera.
Dios dame fuerzas que me estoy muriendo por irla a buscar.

Y agarraste por tu cuenta las parrandas...

21 octubre, 2004

Al electorado del condado de Pasco (Florida), por John Le Carré

Tal vez hay un buen motivo -sólo uno- para reelegir a George W. Bush: obligarle a vivir con las consecuencias de sus terribles acciones y responder de sus mentiras, en vez de encomendarle la tarea a un demócrata al que se acaben reprochando las locuras de su predecesor.

Seguramente, ningún presidente estadounidense en la historia ha despertado un odio tan generalizado en el extranjero como George W. Bush: por su unilateralismo matón, su desprecio a los tratados internacionales, su indiferencia temeraria respecto a las aspiraciones de otras naciones y culturas, su desdén por las instituciones de gobierno mundial y, sobre todo, por abusar de la causa del antiterrorismo para desencadenar una guerra ilegal -y ahora la anarquía- en un país que, como tantos otros en todo el mundo, sufría una dictadura espantosa, pero no había tenido nada que ver con el 11-S, ni poseía armas de destrucción masiva, ni tenía antecedentes de terrorismo salvo como aliado de Estados Unidos en una guerra sucia contra Irán.

¿Acaso su presidente es un gran líder guerrero porque se dejó manipular por un puñado de ideólogos engañados? ¿Acaso Tony Blair es un gran líder guerrero porque comprometió tropas británicas, la política exterior y la seguridad interior en esa misma aventura descabellada?

Ustedes votan en noviembre. Nosotros votaremos el año que viene. Pero, en ambos países, el resultado dependerá, en gran parte, de la misma pregunta: ¿hasta cuándo pueden durar las mentiras ahora que, por fin, se ha dicho la verdad? La guerra de Irak se planeó mucho antes del 11-S. Osama proporcionó la excusa. Irak pagó el precio. Pagaron el precio jóvenes estadounidenses. Pagaron el precio jóvenes británicos. Nuestros políticos nos mintieron.

Al mismo tiempo que Bush libraba la guerra de su padre a costa de todos ustedes, también arruinaba al país. Enriquecía aún más a los ricos y aumentaba el número de parados. Arrebataba a los veteranos de guerra sus derechos y reducía el acceso de los niños a la educación. Y privaba de atención sanitaria a más estadounidenses que nunca. Ahora se dedica a manipular los libros, enterrar déficit y reclamar fondos de contingencia para seguir con una guerra que sus asesores le prometieron que iba a poder encender y apagar como una vela.

Mientras tanto, la Ley Patriótica ha marginado las libertades constitucionales y civiles que costó consolidar doscientos años a unos americanos valientes y que, en otro tiempo, eran la envidia de un mundo que ahora observa con horror, no sólo Guantánamo y Abu Ghraib, sino lo que están haciendo con su propio país.

Pero, por favor, no se sientan aislados de la Europa a la que salvaron en dos ocasiones. Devuélvanos la América que amábamos, y sus amigos estarán esperándoles. Y aquí, en Gran Bretaña, mientras Tony Blair siga contando las mismas patrañas que George W. Bush, sus pesadillas serán las nuestras.

[Leído en elpais.es]

20 octubre, 2004

Memoria de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez

El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen. Me acordé de Rosa Cabarcas, la dueña de una casa clandestina que solía avisar a sus buenos clientes cuando tenía una novedad disponible. Nunca sucumbí a ésa ni a ninguna de sus muchas tentaciones obscenas, pero ella no creía en la pureza de mis principios. También la moral es un asunto de tiempo, decía, con una sonrisa maligna, ya lo verás. Era algo menor que yo y no sabía de ella desde hacía tantos años que bien podía haber muerto. Pero al primer timbrazo reconocí la voz en el teléfono y le disparé sin preámbulos:

-Hoy sí.

Ella suspiró: Ay, mi sabio triste, te desapareces veinte años y sólo vuelves para pedir imposibles. Recobró enseguida el dominio de su arte y me ofreció una media docena de opciones deleitables, pero eso sí, todas usadas. Le insistí que no, que debía ser doncella y para esa misma noche. Ella preguntó alarmada: ¿Qué es lo que quieres probarte? Nada, le contesté, lastimado donde más me dolía, sé muy bien lo que puedo y lo que no puedo. Ella dijo impasible que los sabios lo saben todo, pero no todo: los únicos Virgos que van quedando en el mundo son ustedes los de agosto. ¿Por qué no me lo encargaste con más tiempo? La inspiración no avisa, le dije. Pero tal vez espera, dijo ella, siempre más resabiada que cualquier hombre, y me pidió aunque fueran dos días para escudriñar a fondo el mercado. Yo le repliqué en serio que en un negocio como aquel, a mi edad, cada hora es un año. Entonces no se puede, dijo ella sin la mínima duda, pero no importa, así es más emocionante, qué carajo, te llamo en una hora


[Evidentemente, aún no lo he leído, puesto que se pone a la venta mañana. Pero los comienzos de García Márquez son siempre, cuanto menos, impactantes. Probablemente reconocería algunos comienzos de algunos libros, sobretodo de los que he leído varias veces, pero seguro que podría reconocer el comienzo de Cien años de soledad y de Crónica de una muerte anunciada, sin dudarlo un momento. Es la fuerza que consigue García Márquez y que hace que leas el libro de un tirón hasta el final ;) Por cierto que no reconocería el comienzo de El amor en los tiempos del cólera... para animarme a leer un libro de GGM, tendré que guiarme por lo impactante de su comienzo :D]

18 octubre, 2004

La relación cliente-cliente

No, no me he vuelto loca, ni he cambiado los estudios de ing. de caminos por los de márketing (qué locura, ahora que estoy tan cerca), sino que dentro de la variedad temática de mi carrera, estoy cursando una asignatura llamada Economía y planificación del transporte. Dentro del apartado Gestión de una empresa de transportes tengo que realizar una práctica sobre cómo la empresa puede adoptar actitudes o medidas para mejorar la relación cliente-cliente.

No es una tontería, aunque pueda parecerlo, puesto que los clientes, cuando son beneficiarios de un servicio de transporte, interactúan entre sí. A todos nos resultaría francamente desagradable que, yendo en un autobús semivacío, con muchos asientos dobles todavía libres, el viajero que se sube nuevo se sentara, precisamente, al lado nuestro. Evidentemente, si el viajero va sin plaza reservada, la empresa poco puede hacer para solucionar ese conflicto. Pero hay muchas cosas que la empresa puede hacer para que los clientes, en su convivencia temporal en el viaje, se sientan menos tensos con sus acompañantes. Grandes empresas de transporte de viajeros ya han adoptado algunas medidas; imagino que muchos os habréis dado cuenta de que en muchos autobuses (por poner el ejemplo centrándome en un sólo modo de transporte) el reposabrazos central, el que va entre los dos asientos, es doble. Los dos clientes van más cómodos, puesto que no se molestan entre sí, y eso genera una imagen positiva de la empresa. Otro ejemplo es la existencia de autobuses cuyos asientos situados en el lado del pasillo pueden desplazarse unos centímetros, aumentando la distancia que hay entre viajeros.

Evidentemente, la práctica consiste en exponer una serie de medidas que se me ocurran para mejorar esta relación. Y no sólo cuando el viajero va en el vehículo, sino también cuando se encuentra en la terminal, ya sea esperando para salir, comprando el billete, o incluso en los aseos o la cafetería. Yo ya tengo una medida: la obligatoriedad de formar una sola fila para la adquisición de tickets en ventanilla. ¿O quién no ha sentido la desesperación de ver como le ha tocado el cliente más tonto del mundo, que necesita saber todos los horarios de los autobuses Madrid-Valencia, a pesar de que el quiere ir realmente a Barcelona, pero por si encuentra alguna combinación más barata?

La presentación ha de ser con transparencias y demás, y acompañada, en lo posible, de dibujitos que aclaren la medida a tomar. O al menos que la muestren. Así que os presento la primera medida, la de la fila única, para que veais en las cosas en las que gasto mi tiempo ;)



Y a ver si me dais alguna idea :)

17 octubre, 2004

El pollo epiléptico

Ir a cenar a un restaurante chino tiene, como todo, sus ventajas y sus inconvenientes. Imagino que muchos de los que leeis estos estaríais dispuestos a ennumerarme todos los inconvenientes habidos y por haber; esto es, que cuándo se ha visto un entierro de chinos, que si nunca tienen desperdicios, que a saber la carne que ponen, que... Ya me los sé todos, y no comparto ninguno, que le vamos a hacer. A pesar de todas las barbaridades que me dicen, yo sigo yendo a comer a un restaurante chino de vez en cuando.

Hay ventajas que son innegables. A saber, su bajo precio (los viernes por la noche, menú de 5.90 euros), la cantidad de comida que te ponen, y su buen sabor (a mi me encanta), y algo que no pasa en ningún otro restaurante: siempre les dan, a la parte femenina de la reunión) un regalito de despedida. Gracias a los restaurantes chinos tengo toda una colección de pulseras, collares, llaveros y anillos del más puro plástico de Todo a 100. Maligno es el gran perjudicado cuando intento vestirle con todo a la vez.

Pero a lo que iba, que tiendo a descentrarme (y más si pienso que mañana es lunes). El viernes estuve cenando en el chino de siempre, el de la calle Morería. Ya nos conocen y todo. Luis está a punto de comprarse un juego de catanas con los puntos que va juntando. Y Laura una barbie con kimono. Menú y, como siempre, pasamos en gran medida de lo que dice el menú haciendo la pregunta clave:¿se puede cambiar el cerdo agridulce por la pechuga de pollo con patatas? (receta china, indudablemente). Que conste que yo no puse en muchas dificultades al camarero (que, o era un chino verdaderamente moreno o era de Malasia o de la zona) y me atuve al menú: ensalada china, tallarines tres delicias y pollo al limón. Para beber agua, por favor. En el postre obvié los típicos lychis y me decanté por una tarta de whisky al más puro estilo Nestlé. Cafés, licor chino y/o licor de manzana sin alcohol. Y cuando pedimos la cuenta... tachán, tachán... aparece el chino con unas cajitas muy monas diciendo: dlegalo pala las señolitas. Al abrir la cajita, caras de sorpresa... Era un pollo (amarillo o verde). Era un llavero con pila. En algún momento tenía que lucir. De repente empiezan a parpadear todos. ¡¡Era el pollo epiléptico!! Aquí, foto del animalico.



Cuando hice la foto estaba luciendo, sólo que no se ve. Pero lanza destellos verdes y rojos esporádicamente, cuando amena entra en contacto con mi móvil o cuando recibo una llamada o me llega un sms. Es de lo más paranoico. De repente, le da el ataque al pollo. Y se para. Y así cada dos horas aproximadamente.

Me tiene loca todo el día.

Once upon a time, de Marlango

Once upon a time I was with you
in a castle built with dreams we had each night,
all the walls were water where the moon would dance
and the floor moved every time we touched.

But there's no sun now,
stars don't come out,
I cannot hear anyone near.

When you left I tried to drown that moon each night
and the water turned to ice that locked me up inside.

But there's no sun now,
stars don't come out,
I cannot hear anyone near.

Now I found a planet for myself
where an ocean cares for me, we beat like wounds.

And there is sun now,
stars do come out,
and I can hear everyone near.

16 octubre, 2004

El baile de la Victoria, de Antonio Skármeta

Si algún día llegara a bailar profesionalmente, aunque fuera en la sala cultura de una ínfima municipalidad de provincias, no exigiría un honorario. La gratitud era el triunfo del arte sobre los bellacos que traficaban muerte y fealdad en todas partes. El comercio no tenía derecho a proteger a las artes.
Si Ángel Santiago quería acostarse otra vez con ella, significaba que no la conocía bien. Habían compartido algunas horas, un revolcón en la colchoneta, y la inspiró, con éxito, para que volviera a clases. Estas nimiedades, en su mundo tan vacío, constituían la relación más intensa que había tenido en años, si acaso en toda su vida.
Antes de que esa convivencia fuera inevitablemente molida por el desamor, la pobreza, la grosería en su vida que él ignoraba, el estigma de su silencio atónito que sólo en la danza se redimía, acaso más valiera echar ese incipiente amor al tacho de los desperdicios, como esa servilleta arrugada encima de la salsa del chopsuí. "¿Quieres que conservemos una dulce memoria de este amor? Pues amémonos hoy mucho y mañana digamos ¡adiós!".

[7/10]

14 octubre, 2004

La cuenta que no debería existir

Ayer estuve en Alcázar de San Juan, un pueblo de Ciudad Real, por motivos de trabajo. Después de pasar gran parte de la mañana reunida, a las 13.30 me encontré sin saber qué hacer hasta las 16.17 que salía mi tren de vuelta a Ciudad Real. No conozco Alcázar, así que para comer me dirigí a la estación de trenes. En el paseo que lleva hasta ella, me encontré en una pequeña plaza esta estatua. Una estatua de la Concejalía de la Mujer del Ayuntamiento, donde van apuntando, cada año que pasa, el número de mujeres muertas a manos de sus parejas.

Realmente, los números son escalofriantes. Quizá no se vea bien en la foto, relativamente pequeña, que he colocado en el servidor, pero empieza el conteo en el año 2000 con 64 asesinatos, para seguir con 70, 73 y 77 en los años siguientes. Una progresión ascendente que por el momento parece que no tiene fin. En lo que llevamos de año, y a falta todavía de dos meses y medio para terminar, es decir, casi la cuarta parte, han muerto en España 58 mujeres a manos de sus parejas o ex-parejas (según datos de elmundo.es).

¿Hasta cuándo va a tener que seguir marcando la concejalía de la mujer de Alcázar tan escalofriantes cifras? ¿Cuándo va a llegar el fin de esta barbaridad?

En la placa que acompaña la estatua, pone:
El último eslabón del maltrato a la mujer es su asesinato por parte del compañero.
La única compensación a tanto sufrimiento inútil es nuestro trabajo por un mundo sin violencia de género.
Concejalía de la Mujer
Ayuntamiento de Alcázar de San Juan
2001

12 octubre, 2004

El juego de Ender, de Orson Scott Card

Stilson empezó a empujarle con una mano; alguien le empujó por detrás, hacia Stilson.
- ¿A qué jugamos? -dijo uno de ellos.
- ¡Tenis!
- ¡Ping-pong!
Esto no iba a acabar bien. Y Ender decidió que prefería no ser él quien acabara mal. Cuando el brazo de Stilson volvió a extenderse para empujarle, Ender intentó agarrarle. Falló.
- Oh, me vas a pegar, ¿eh? Me vas a pegar, Tercerito.
Los que estaban detrás de Ender le sujetaron.
Ender no tenía ganas de reirse, pero se rió.
- ¿Quieres decir que hacen falta otros como tú para pegar a un Tercero?
- Nosotros somos personas, no Terceros, cara de cagarro. Tienes menos fuerza que un pedo.
Pero le soltaron. En cuanto lo hicieron, Ender soltó una patada alta y fuerte que dio a Stilson justo en el esternón. El chico cayó. Ender se quedó sorprendido; no había pensado tirar al suelo a Stilson de una patada. No se le ocurrió que Stilson no había tomado en serio una pelea como ésa, que no estaba preparado para un golpe tan desesperado.
Por un momento, los otros retrocedieron y Stilson siguió en el suelo, inmóvil. Todos se preguntaban si estaba muerto. Ender, sin embargo, trataba de descubrir la forma de anticiparse a la venganza, de evitar que mañana le atacaran todos junto. "Tengo que vencer ahora, y para siempre, o tendré que pelearme todos los días y cada vez será peor".

[7.5/10]

Día de la ¿hispanidad?

09 octubre, 2004

Herzlichen Glückwunsch, Jesús!

Si es que ya nos vamos haciendo viejos... y, sintiéndolo mucho, siempre serás 19 días mayor que yo ;)

24 velas son muchas velas ya, así que mejor las pones tú, ¿vale? Después de todo, siempre he esperado que me mantengas (y a los 7 gatos y a los 7 chinos, ya sabes).

Muchas, muchas felicidades...
...y que cumplas muchos más...

07 octubre, 2004

Sobre la amistad

Esporádicamente me pregunto si realmente puede haber tantos tipos de amistad como se desprende de las opiniones de alguna gente con la que he hablado del tema. Creo que, básicamente, se pueden dividir en dos corrientes de opinión distintas, que se diferencian en algo muy básico: el tiempo.

¿Qué tiempo le dedicas a ese amigo o a esa amiga?

Yo soy de la opinión de que a un amigo hay que cuidarlo, hay que quererlo, hay que dedicarle un mínimo de tiempo. No creo que haya un tiempo fijo, ni siquiera que tenga que ser el mismo tiempo para todos, pero si esa persona es amiga, si realmente conoces a esa persona, sabrás el tiempo que necesitas dedicarle. O más bien, el tiempo que ella necesita que le sea dedicado. Evidentemente, no tiene porque ser el mismo para uno que para otro, y habrá que sopesar cuidadosamente cómo se actúa en función de la persona que tienes enfrente... de ella y de sus circunstancias. No es fácil, pero ¿quién ha dicho que tener un amigo es fácil? Y digo un amigo o una amiga de verdad, no un conocido con el que mantengas más o menos contacto.

Para mantener una amistad, para que la otra persona se sienta querida, se sienta protegida, incluso, sienta que ahí realmente tiene un amigo, que no se ha quedado todo en simples palabras, hay que trabajar, y hay que querer. Nadie es perfecto, yo la primera, y todos podemos equivocarnos. Metiéndome en otro tópico, ya se sabe que el género humano es el único que tropieza dos veces en la misma piedra. Pero ¿y cuándo ya empiezan a ser más de dos y más tres veces? ¿Hasta dónde puede llegar la capacidad de perdonar? Y no sólo eso, ¿hasta dónde puede aguantar una amistad? ¿En qué punto se rompe? A nadie que sea amigo le puede llegar a extrañar que, un día, la otra persona no aguante más. Y si realmente le extraña, si no ha sabido ver todos los síntomas y todos los detalles que han anticipado la llegada al punto de rotura (si se me permite la analogía mecánica), es que no ha procurado cuidar esa amistad. Simplemente, ha olvidado dedicar tiempo, ha olvidado dedicar algo más de todo a esa persona, que lo que se dedica a la persona que nos despacha en Mercadona.

¿Cuánto cuesta decir buenos días? ¿Cuánto preguntar por la salud? ¿Cuánto interesarse por la familia? En el momento en que este tipo de cuestiones se convierten en obligación, en el momento en que hay que pedirlo no una, ni dos veces, sino varias, infructuosamente, es señal de que algo falla. Al final, la amistad no difiere del amor en nada. Hay un momento en el que algo falla. Hay un momento en el que la confianza se pierde. Hay un momento en el que una visita o una llamada de teléfono son consideradas una obligación. ¿Y entonces qué? Cuando ya se han agotado las posibilidades de seguir pidiendo, las ganas de seguir llamando, la paciencia para seguir viéndolo... ¿entonces qué?

Siempre me he negado a huir de las situaciones complicadas. No merece la pena, y no creo que se consiga solucionar nada. Pero, ¿qué hacer cuando se tiene la impresión de que, hagas lo que hagas, te golpeas, una y otra vez, contra un muro de hormigón? Cuando no se devuelven las llamadas, ni los mensajes, y se tiene le impresión de que, si se habla alguna vez, es para no perder del todo la educación y mantener hipócritamente la apariencia de normalidad.


La otra corriente a la que me he referido al principio, es justo la contraria. Si realmente tienes un amigo, no hace falta que se cuide esa amistad. ¿Hasta qué punto es cierto? ¿Hasta qué punto una amistad puede sustentarse sin un mínimo contacto, sin un mínimo de relación? Evidentemente, siempre hay momentos mejores que otros, temporadas en las que, por una razones u otras, el contacto se reduce a la mínima expresión. Pero no creo que esa pueda ser la constante de la relación. Probablemente podría sacar argumentos que apoyasen esta corriente de pensamiento , pero puesto que no la entiendo ni creo en ella, no voy a hacer de abogada del diablo.

06 octubre, 2004

No smoking

Llego a casa, enciendo el ordenador, le echo un ojo a las portadas electrónicas de los dos periódicos más importantes del país y... gran noticia:

Renfe prohibirá fumar en los trenes con recorrido inferior a cinco horas desde el próximo 1 de febrero

Para una no-fumadora y antitabaco (muchos ya lo sabéis) es una muy buena noticia, que queréis que os diga. Además, usuaria habitual del ferrocarril, más de una vez me he encontrado con que se habían acabado las plazas en no-fumadores, y sólo quedaban en fumadores. Y más de una vez he tenido que ir sentada dos horas junto a personas que, incapaces de dejar por un momento el cigarrillo, encendían el siguiente con la colilla del que acababan de fumar. Muy desagradable, por no hablar del olor en la ropa y en el pelo con que bajaba del tren.

Poco a poco, se conseguirá que el tabaquismo sea considerado más una enfermedad y un vicio, que una costumbre social. Y los no-fumadores conseguiremos dejar de ser fumadores pasivos en multitud de situaciones.